martes, 23 de diciembre de 2014

Ring Lardner: ideas para escribir nuevos cuentos

La calefacción hace un ruidito medio extraño. Hay mucha nieve aún aunque cae un poco de agua. Las diablas se quedaron jugando en casa con una amiga. No me han llamado. Querían deslizarse en la nieve desde una lomita. Pero no me han llamado. Mejor. Mucho peligro. Debajo de la nieve está el hielo y una caída te rompe un hueso o la cabeza. Suena el teléfono. Es la García Moreno. Que le compre algo a la amiguita, que le trajo un regalo a la diabla mayor y hay que ser recíprocos. Veremos, le dije. Me llamas si se te ocurre algo. Está bien, contestó resignada. 

Terminé el libro de Ring Lardner. Magistral. Es un periodista deportivo que escribía excelentes cuentos, la mayoría muy cortos. Argumentos novedosos pero más me lleva su estilo: suelto, sin pelos en la lengua, con música y humor. Es al final una cuestión de gustos, admito. Pero me aburre la literatura seria tanto como los escritores (en realidad, me aburren más los escritores), me causan bostezo sus puerilidades y su mundo. Y cuando agarran el micrófono, pore favore (dijo Bonafont) no paran de hablar güevadas. Qué manera. Y cuando ganan premios, es peor todavía. Por eso siempre preferí leer a los periodistas deportivos y de crónica roja que los del periódico cultural.

Creo que el teléfono no va sonar por un buen rato. Detrás de mí está el libro de Piketty, Capital in the Twenty First Century. Ahí lo veo parqueado en la biblioteca, con el rabito del ojo nomás. No te entusiasmes Piketty que ya te di brisa. A estas alturas, todo el mundo lo comenta pero dudo que lo hayan leído completo. En estos días de vacaciones agarré el impulso para terminarlo. Gran libro, pero se corre el peligro de que una mano salga con un garrote de las páginas y te deje soñado. Hay que tener mucha valentía y fuerza para terminarlo. ¿Y qué dice? Nada nuevo: que estamos en la damier.  Lo diferente es que tiene prueba en mano: el 1% de la humanidad se lleva el 70% de la riqueza del mundo. Usa declaraciones de impuestos y propiedades de Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Algo dice de Asia pero cuando llega a América Latina se topa con la graciosa sorpresa de que no hay información. El pobre, recién se entera de que allá nadie paga impuestos, y si los pagan es como que les arrancaran las extremidades. Luego de unas páginas, y en un caballeroso y muy francés tono acepta que más o menos la gente hace lo que le da la regalada gana por esos rumbos. Y cuando encuentra información de Colombia y México, simplemente desconfía, huele que algo flota sobre el wáter. Los esquemas, figuritas y fórmulas abundan grafican la condición económica actual para la mayoría mundial: estuvimos, estamos y estaremos en la mierda por algunos cientos de años más, a no ser que todo el mundo pague sus impuestos, que estos sean más altos para los que más tienen y que haya una central mundial que concentre la información para que nadie saque ese dinero de un lado para esconderlo en algún huequito del mundo. Ajá. Esperemos sentados. ¿Chao Piketty? No todavía.

Mientras devoraba el libraco  de Piketty terminaba otro: Tales of Two Cities. Más o menos lo usé, ya en las páginas finales, para comprobar lo que Piketty dice: que el robo es planificado y que en la tan famosa Revolución Francesa hubo cambios sociales, políticos y filosóficos, pero que el dinero, el tuco, el guayabo y la guanábana se quedaron en las mismas manos de antes. Por ahí alguna ratita guillotina en mano logró su tajadita pero el resto nanay.  Piketty es un genio. Cuando leía, en el libro de Dickens, las alegres ceremonias de separación de la cabeza del resto del cuerpo, gracias a la afilada cuchilla que se venía en picada, empecé a imaginarme las escenas como la historia misma. Y terminé deprimido. A mi auxilio vino otro libro, esta vez una novela detectivesca del londinense Mark Billingham (In the Dark). Pero entre toda la vivacidad de los diálogos de los pandilleros asesinos y de los policías, en medio de la descripción de lugares, veía desde Piketty las calles del Londres que caminé hace como treinta años. Fue un día radiante que no describiré. Me preguntaba ¿para qué vivir si al final la miseria será la misma? Ya no importa la respuesta: con las diablas no me puedo dar ese lujo. Hasta ahí llega el existencialismo y la tristeza de ser pobre.


Leyendo a Lardner vienen ideas nuevas y caminos de desarrollo porque toda lectura buena estimula la creatividad. Y estoy seguro de que cualquier persona, por más ignorante, poco educada y hasta medio bestia que sea (que hay muchos de esos) puede terminar escribiendo un gran cuento, a lo Lardner. Sólo es de sentarse, escribir, ordenar las ideas, corregir, volver a darle, pulir la vaina.  Pero eso no es serio, dirán algunos. Eso es plagio. Para nada, les digo. Hay que ir solamente a la calle, encontrar los hechos y escribirlos de manera personal, captar el tufito que hace que los lectores digan: así escribe tal persona (cosa que, en la actualidad, solamente se le puede reconocer al conde Martillo). Hay un payaso longuito que escribe en El Perverso, se hace el cómico los domingos y a la peluconería le gusta porque ridiculiza al mashi (es decir, a Correa, del que dicen anda prendido del poder como garrapata en oreja de vaca). Bueno, este longuito de a risa no tiene estilo, sólo imita lo que se imagina la gente habla en la calle… Como ven, la imitación verdadera es un arte. El plagio es otra cosa. Por ejemplo: plagio es lo que escriben los poetas “malditos” (que el mismo conde Martillo califica de “malitos). Esos agarran un libro famoso y le dan vuelta, se inventan una contra-respuesta, se pegan sus malabares y pajareos verbales y ya: listo el cadáver y agarra lo que puedas.

Con Lardner es diferente: hay buen humor, tragedia, música, realidad literaria (esa hermosa invención de la ficción), hasta unas obritas de teatro y crónicas se hacen posibles leyendo a Lardner. Llegados a este punto, confieso que es mucha mi envidia y falta de tiempo por escribir como Lardner. Así que mejor escribo unas ideas al apuro, a ver si alguien las recoge, antes de que suene el teléfono para que compre algo que las diablas quieren:

1-      Escribir cuentos de personajes secundarios del deporte, la música o la crónica roja, pero desde su punto de vista: el masajista, el médico, el guardián del gimnasio, el que riega la cancha y le pone la cal a las rayas, el que limpia el camerino, el que reproduce cds, el que los vende, el que viaja a una feria de pueblo a vender sus cachivaches… Cualquiera de ellos convertido en voz narrativa o personaje porque tiene una posición privilegiada: tiene acceso a información que otros no, y desde ahí se puede ver la miseria humana. No hay que abrir libros ni cuentas bancarias. Estas ideas salen de “Caddy”, un cuento de Lardner.

2-      Escribir cuentos de personajes callejeros relacionados con la autoridad pero puestos en una situación extraordinaria: Una historia de un Dj que pone música en una salsoteca en  la cual pasa lo bueno y lo malo (te recuerdo querido Camareta del Cabo), conoce amores infieles y sabe quién y cuándo llegan a transar operaciones ilegales (el barman también puede ser usado como personaje, el guardián de carros, el vendedor ambulante). Recuerdo a organizador de ligas barriales, de partidos en canchas polvorientas. Era un viejo y gordo ya mayor, de bigotito. Tenía un amate que lo mató y hasta ahí llegó el cuento. Hay muchas historias así pero nadie las ha escrito con dignidad, a lo más burlándose de las debilidades humanas. Estas ideas salen directo de “Haircut” y de “There are Smiles” de Lardner.

3-      Escribir cuentos de pelucones (pero hay que ser pelucón de verdad o tener acceso a la peluconería para hacerlo). Describirlos en su complejidad y sin resentimientos sociales, que un cuento de amargura personal del autor es siempre una porquería literaria. Cuentos de pelucones y de peluconas. Si lo hace una mujer periodista de crónica roja o deportiva, mucho mejor: entre ladies se conocen mejor los truquitos, no importa la clase social. Hay millares de historia pero son tabú en el medio. De joven me contaron varios casos de peluconcitas que practicaban el libertinaje sexual pero, antes de casarse, se hacían coser el clítoris para pretender ser vírgenes al llegar matrimonio, lo cual en sí es de admirar (la presión del machismo es muy fuerte y hay tantos cerebros masculinos talla small que aún se preocupan de esa pendejada). Cualquiera que sea parte de ese grupo, lea a Lerdner y tenga la verraquera de escribir sobre la trágica ruindad de su propia clase social, venderá más libros que Jaime Bayly, lo cual es un mérito a todas luces (leer a este peruano nunca está de más).

La calefacción nunca dejó de hacer ese ruidito medio extraño. Sigue cayendo agua pero creo que mañana nevará otra vez. Nunca se sabe. La García Moreno no me ha llamado.  Ya está oscureciendo. A ver si a las diablas no se les ocurre ahora querer deslizarse en esa lomita que, como dije, se pueden romper el mate.

Y bueno, por ahí andaría la cosa deportiva y de crónica roja si leen a Lardner y se dejan influir por él de manera actualizada, aplicando su experiencia escritural y su estilo hasta que hallen el suyo propio. O a lo mejor también se aventuran por el lado musical (la literatura ecuatoriana, salvo poquísimas excepciones, no tiene música, aunque el pueblo siempre canta y baila). Lardner también lo hizo. Anoto su “Night and Day”, una deliciosa crónica basada en un juego de palabras sobre la letra de la canción de Cole Porter Despido el año con un abrazo a todos y una de las versiones de Sinatra:

jueves, 18 de diciembre de 2014

Barcelona y Emelec: Las trampas llamadas “garra, honor o corazón”





A Nelly, Augusto, Kakoko, Bryan,  viejo Mario, Benigno y mis patriotas del sur

Hace tres días jugaron Real Madrid y Cruz Azul: ganaron los españoles 4-0. Fue un partido entre una máquina futbolística de primer nivel (pases precisos, goles, estado físico asombroso, tácticas flexibles pero bien definidas) versus un segundo equipo que hizo lo posible dentro de sus explícitas y limitadas posibilidades técnicas. Ambas escuadras corrieron todo el tiempo. Los mexicanos dejaron todo en la cancha pero perdieron. Nadie los podrá acusar de no haber tenido “garra, honor, corazón”. Pero no fue suficiente. 

Hace poco, Barcelona y Emelec empataron 1-1 su primer encuentro de la final de fútbol ecuatoriano. A los que comentan no les importa la performance,  ni la disposición técnica, física o mental de los jugadores, su preparación, disciplina táctica o nerviosismo. No les interesa el desarrollo de la dinámica interna del partido, cuando “los jugadores dejan que el juego llegue a ellos para ser uno con el juego” (la frase es del gran Michael Jordan) o cuando “empiezan a sentir que las cosas ocurren en cámara lenta” (la frase es de Master Boise, mi maestro de karate).  Lo que se comenta hoy está encuadrado en los conceptos de “garra, honor o corazón”, y evidencia los límites de la mentalidad (sobre todo masculina) del ecuatoriano. Mi propósito es enlazar este episodio deportivo culminante -pero también de la vida cotidiana- con esos tres conceptos porque dejan ver parte de nuestra identidad. Primero algo de contexto.

La anécdota quizá más famosa de la historia imperial española es la del rey  Carlos V quien, en un momento de arrojo, invitó a pelear solos, uno a uno, a su contraparte francesa. La leyenda le ha dado los colores de caso: “donde quiera y cuando quiera”, “que escoja las armas”, etc. Este concepto del hombre bravío (un superhombre/rey), del “fiero león español” que refiere el Himno Nacional, fue heredado e impuesto en el imaginario hispanoamericano durante el período colonial como característica de los conquistadores. Con iguales o mayores atributos se habla de Aguirre, aquel que anduvo perdido en la región amazónica, y de tantos otros aventureros, muchas veces fundadores de ciudades hace más de cuatrocientos años.

Para el siglo XIX, ya en la sociedad criolla (de descendientes de españoles), la idea de "garra, honor y corazón", es heredada por la naciente sociedad independentista que la deja también como atributo clave de “la hombría” (braveza) de “los próceres” y sus nuevas mitologías nacionalistas. Hábilmente y para ganar adherentes entre los marginados, los nuevos dueños del estado mantuvieron sus privilegios pero hicieron figurativamente a los indígenas parte de su identidad (en menor medida a los negros) . Por ello, en las canciones y poemas populares del siglo XIX encontramos a Atahualpa, Rumiñahui,  Moctezuma, Lautaro  -y a un territorio/Tahuantinsuyo perdido- retratados como aguerridos, fervientes, honorables, etc.

El deporte,  particularmente el fútbol latinoamericano y ecuatoriano, no ha estado a salvo de este juego ideológico y ha elaborado sus mitologías a medio camino entre lo barrial y lo empresarial. Si al inicio el escenario deportivo fue la esquina, la calle, la canchita, el callejón del barrio, ahora el espacio es el estadio, con sus consecuentes historias y biografías ensalzadas por los cronistas románticos o postmodernos. En esta construcción de identidad cultural que le toca a Ecuador, que va del pre-capitalismo a la modernización del Estado (incluyendo la presidencia de Correa),  los conceptos de “garra, honor o corazón” son usados utilitariamente para explicar el triunfo o pérdida de una actividad humana (el partido de fútbol). Con estas palabras, hinchada, dirigentes, periodistas y directores técnicos racionalizan lo que ocurre en el terreno de juego (sic) y le dan sentido a los resultados. Es decir, promueven la mitología como explicación material, al mismo tiempo que se excluyen de toda responsabilidad en caso de pérdida.

Posiblemente, el episodio más famoso en el que se comprueba la secuela negativa de ver la performance deportiva como resultado de “garra, honor o corazón” (y no de la preparación y atributos físico-técnicos-psicológicos del jugador) es la del conocido “maracanazo”, cuando Uruguay venció a Brasil en su propio estadio. Hay ya alguna bibliografía escrita sobre este evento, volviéndolo batalla; otras páginas, de más actualidad y realismo, examinan esas trampas. De manera brutal y aleccionadora, se cuenta que el arquero brasileño Barbosa demoró muchos años en superar la derrota (la cual asumió como personal) mientras que quien hizo el gol, Ghiggia, terminó sus días siendo un vendedor de feria (ver en internet artículo “La garra charrúa : fútbol, indios e identidad en el Uruguay contemporáneo"). 

En estos días de cierre de campeonato de fútbol ecuatoriano, estas tres palabras (en realidad conceptos) han estado en boca de muchos: Nemeb, el presidente de Emelec, mencionó “el honor” como atributo principal para obtener el campeonato. Pocos días antes, Vanessa Arauz, la flamante y joven directora técnica de la selección de Ecuador (clasificada al Mundial) afirmó que su selección había ganado porque tuvo “corazón” (a pesar de las connotaciones femeninas de la palabra elegida, se refería a lo mismo que Nemeb con aquello del “honor”). Luego del primer partido jugado en el estadio de Barcelona, la prensa y las redes sociales abundaron en apreciaciones, con la fuerte tendencia a concluir que Emelec es mejor técnicamente pero Barcelona tiene más “garra” (sinónimo de "hombría", otra palabra del devaluado machismo).

Es peligroso, por decir lo menos, que seguidores de un deporte tan popular y atractivo como el fútbol empujen a los actores de la cancha -los únicos reales- a sufrir el embate y acoso de frentes mediáticos y emocionales, resultantes de las distorsiones analíticas de esos mismos seguidores. Uno de los dos equipos va a perder, y no es bueno hundir en la tragedia humana a profesionales que brindan lo mejor de sí, tampoco a la hinchada, que juega siempre a hacerse un hara-kiri, o por lo menos a regodearse en una tragedia digna de procesión de Semana Santa.

No habría problema si todo fuera un circo, un carnaval, un acto en el que participamos sonrientes y actuamos de buena gana, un escenario al cual entramos y dejamos luego de la función y al día siguiente continuamos la vida porque hay cosas más importantes. No. Mucho me temo que el fervor haya enceguecido ya a decenas de miles. Y ese sufrimiento emocional, esa desesperación, angustia y fatiga psicológica en muchos, termina siendo frustración social. He ahí el problema mayor de ver las cosas desde las ideologías y las mitologías: una pérdida del gozo y una entrada al umbral y al silencio.

Si preguntan cómo se podría expresar lo mismo sin ser hiriente, la respuesta no es sencilla; quizá diciendo: “si están en igualdad de condiciones, ganará el que tenga mayor deseo y necesidad de ese triunfo”, que es más o menos lo que se escucharía en Estados Unidos en circunstancias similares.

Los interesados pueden revisar también:



martes, 9 de diciembre de 2014

Humanismo de ojos verdes



"Profesor, yo no voy a estudiar en la universidad porque tengo mucho dinero"
(estudiante del Liceo Panamericano de Guayaquil)

Ciertamente, la política da cabida al comentario cultural. El último episodio mediático que han construido esta semana se debe a Rafael Correa, presidente de Ecuador, y Doménica Tabacchi, vice-alcaldesa de Guayaquil.
Esta, en un acto del gobierno a José Mujica, en representación del Municipio de Guayaquil -desde hace veinte años en manos de la derecha oligárquica- muy suelta de palabras, fue más o menos a demostrar lo desubicada, virulenta e hipócrita que es la derecha guayaquileña. Con un discurso preparado -con conocimento de Cancillería, dice ella- dio clases de moral y buen comportamiento, de cómo se debe ser en política y en la vida privada (humilde, perdonador y sabio). Todo en nombre de la coincidencia que tienen, dicen ellos, con Mujica: su humanismo.
A renglón seguido Correa tomó la palabra y, como era de esperarse, arremetió contra la derecha y lo dicho por Tabacchi, la misma que decidió abandonar la sala en medio de silbidos y reclamos de las barras, y ante la mirada atónita de los invitados.
En el Enlace sabatino siguiente, Correa recordó el episodio y lo glosó con un comentario despectivo a los ojos verdes, el pelo claro y la tez blanca de Tabacchi, concluyendo que ella no representa a la mujer guayaquileña (se refería obviamente a la mayoría de la población, mestiza y mulata). A los pocos días, Tabacchi, acompañada del alcalde de Guayaquil, Jaime Nebot, cuestionaron al presidente y lo fueron tildando de psicópata, acomplejado social, etc, tópicos siempre utilizados en las redes por la derecha contra él.
Hoy, Tabacchi dice que se está en contra de una vice-alcaldesa de ojos verdes pero no de un presidente de ojos verdes (risas aquí), lo cual complejiza el tema político con especulación antropológica, la inmigración europea y su representatividad y derechos sociales en Guayaquil y Ecuador (temas de extrema fragilidad para la izquierda ecuatoriana porque no sabe qué decir, es un tema muy nuevo aún). Pero deja de lado el centro del conflicto: el humanismo del que se apropia la derecha. (Vale abordar este asunto porque ocurre también en toda América Latina). Veamos.
Hace muchos años, en un escrito titulado "Marxismo y Humanismo", Louis Althusser, estableció el humanismo como una ideología burguesa que se basa y fomenta una entidad abstracta (la humanidad) para encuadrar y comprender problemas históricos, sobre todo la explotación capitalista. Al disolver dichos problemas, lo que hace, en realidad, es ocultar la lucha de clases.
El humanismo, al ser una ideología ambigua, da cabida a muchas interpretaciones, manipulaciones y orientaciones. Y ese sigue siendo el problema de los marxistas que se preocupan por el prójimo: no haber asimilado a su plataforma de lucha un humanismo por el necesitado, por el pobre o la persona en desventaja, diferenciándolo del "humanismo burgués" predicado por sus rivales. Más aún, cuando, en el caso ecuatoriano y en el mundo entero, en nombre del Humanismo, la derecha ha organizado y organiza tanto obras de caridad como invasiones a países, masacres y golpes de estado, al mismo tiempo que le roban al estado y estafan al pueblo a través de otros medios (leyes bancarias, congelamiento de salarios, aumento del costo de la vida y de los bienes -casas, educación, transporte, etc).
El problema de la izquierda es que no puede diferenciar su humanismo del de la derecha, y tampoco impedir que ésta, abierta, personal o privadamente, se identifique con el humanismo de voluntariado. La izquierda tampoco puede pretender que la única trinchera de servicio al prójimo sea desde un puesto o cargo burocrático, pues no es su patrimonio.
Tabacchi y la derecha pueden reivindicar como suyo ese humanismo capitalista y religiosón que atribuyen a Mujica. Correa y la izquierda también, sobretodo porque no han salido de balbuceos ideológicos al rescatar un humanismo (abstracción e ideología burguesa, según el prestigioso aunque lamentable Althusser) pero sin puntualizar sus diferencias epistémicas con el contrincante.
¿Y Mujica? Seguirá siendo la piedra de la discordia por sus propios actos y palabras: él sí cree en la caridad, en dar limosna (todo el mundo lo vio hacerlo hace unas semanas) ofrece albergues (¿no es acaso lo mismo que hace la Teletón?) pero también un programa social agresivo e incluyente, lo cual está más cerca del Socialismo Moderno que del Socialcristianismo. Es decir, no es del todo descabellado que Tabacchi reclame como verdadera esa coincidencia con el mandatario uruguayo, le moleste a quien le moleste, pero tampoco es de cuestionar el que Correa lleve esa agua para su molino.
Paralelamente, a Correa no le queda mucho margen para aclarar las cosas, pues él mismo es un confeso católico curuchupa, de domingos en la iglesia, confesado y comulgado, opuesto al aborto, etc, algo con lo cual sus más acérrimos enemigos de la ultra-derecha concuerdan.
El problema del humanismo continuará siendo lo que es: una ideología, un programa y un sentimiento de los que se adueñan tirios y troyanos. (No creo necesario volver al Renacimiento, que es el período en el cual empieza a formarse). Y Mujica seguirá siendo apropiado por diferentes grupos, después de todo, ¿a quién no le gusta un viejito campechano, humilde, ex-presidiario "sabio" y sin rencor?
Queda ver en qué pararán los subtemas de los ojos verdes, su simbolismo social (si Doménica Tabacchi se volverá Dominga Tabacos para ser "verderamente guayaquileña"), la relación de estética y política, el proceso de inmigración europeo en tierra de indios y negros, etc.
Tal parece, Dominga Tabacos (concedamos) y el Mashi Correa (richarichi richarichi) tienen unos rounds más a los cuales, sin duda, se van a sumar las no menos bellas: Cynthia Viteri y Viviana Bonilla, con lo cual, esperemos, el presidente dejará que sean las damas las que se aclaren entre ellas.... A ver si aparece Nebot (el instigador que empuja para que otros peleen) quien, como dijo un amigo, "prefirió no dar la cara y mandó a pelear a su hermana".

domingo, 7 de diciembre de 2014

La película "Prometeo deportado" de Fernando Mieles


Hoy, finalmente, pude verla.  Es la primera vez que encuentro representado al Ecuador como una entidad fragmentada, en discusión y proceso, pero con la mayor honestidad y valentía del caso; es decir: sin esconder taras, errores, grietas humanas y culturales, complejos raciales y regionales, retrasos políticos e ideológicos.
La trama en sencilla y simbólica: un grupo de ecuatorianos llega a un aeropuerto pero no los dejan entrar al país y son retenidos en una sala. Luego llegan nuevos grupos de inmigrantes y la sala se va llenando. Así, empiezan a desarrollarse los personajes: el empresario ladrón, la madre de familia, las viejas religiosas, el deportista, el escritor anónimo, los falsos líderes, los embaucadores, los estafadores, el matutero, los líderes improvisados, la puta, el "mago", etc. Todos quieren salir de ahí pero no regresar al Ecuador, país del cual salieron derrotados y traicionados, y han tejido una imagen de sí mismos que es una mentira. Un traficante de animales muere desde el inicio (alusión al tráfico de drogas) y se lo ve divagando por el aeropuerto sin que nadie conteste sus llamados. Esta temprana intromisión de un rasgo fantástico en el cine realista nos recuerda que en la cultura hispanoamericana ocurre con normalidad la fusión de los opuestos, algo que en Estética se conoce como "lo grotesco".
Simbólicamente, los personajes representan los estamentos, clases sociales y étnias de Ecuador, incluyendo indios amazónicos, colorados y andinos. En la sala todos se cruzan, se conocen, se atacan, se niegan y viven en una especie de antropofagia ecuatoriana progresiva que sólo por un breve lapso se detiene: cuando hacen fila para comer o para ocupar los servicios higiénicos.  No faltan apelaciones al origen nacional a través de comidas, colores patrios, slogans, ropa, maneras de hablar, humor, etc.
Cinematográficamente, "Prometeo deportado" me recuerda algunas películas mexicanas, cubanas y del ex-bloque socialista de los 70, con su barroquismo, religiosidad y despliegue de cultura popular (una herencia de la España de la Contrarreforma, tema común de análisis en los Estudios Peninsulares, Coloniales y Culturales), también la inmersión de su arte en las aguas de la historia social. Encuentro también mucho de Fellini, por su sobrecarga de motivos, la largura de algunas escenas y tomas, la exposición abierta de lo que hay a la mano, como ocurrió con los neorealistas italianos cuando salieron a las calles destruídas de Italia, luego de la Segunda Guerra Mundial.
No hay -largo respiro de alivio aquí- por suerte, los errores en los que siempre incurre el incipiente cine ecuatoriano: jugar a ser europeo, a querer hacer un cine de autor que más refleja un triste complejo tercermundista por querer ser más papistas que el papa. No. Acá aparece lo que nunca fue retratado en ningún fresco nacional ni en el cine ecuatoriano, pero todos querían ver.
Actorialmente, "Prometeo Deportado" es una filmación engrandecida del "Guayaquil Superestar" (lo que hicieron los del grupo El Juglar en los 70 y 80). De hecho, el excelente casting se preocupó por incluir a lo mejor de las viejas y nuevas generaciones del teatro nacional, y ahí aparecen muchos rostros conocidos. (Creo la mejor actuación la de las tres viejas religiosas, de dicción fresca, espontánea y 100% verosímil, y al joven que hace de Prometeo, opuestos al naciente Andrés Crespo que deberá esperar a un Sebastián Cordero para superar la dicción de principiante, el fastidioso "dejo" para hablar sin convencer).
La película tiene tres partes y creo que pudo habérsele escapado de las manos a Mieles hacia el final, aunque el director aceptó su propio desafío y triunfó: Empieza con la posibilidad de la deportación, luego viene el desarrollo de los personajes, encerrados en la sala y, al final, se integran los conflictos individuales en el contexto de la crisis nacional (que es de identidad, pobreza, saqueo bancario, corrupción  política, caos institucional y destrucción de Estado ecuatoriano, aumentados por "la triste noche neoliberal"). El momento climático es cuando todos bailan al son de una banda de pueblo, para luego pelearse: unos mueren, otros se separan, todos se rebelan y, en masa, quieren derrumbar la puerta de la sala siendo repelidos por la policía con chorros de agua.

Lentamente, Mieles reagrupa los motivos, símbolos y temas más importantes de la película, hasta ese entonces, para darle coherencia a la narracíón visual y proponer una solución: las escenas posteriores al chorro de agua retoman una conversación entre el mago (Prometeo) y la puta (Afrodita) quienes, juntos, deciden regresar (quizá) a un Ecuador idealizado, escapándose por un baúl de magia que funciona de puerta a la utopía. Advertido esto por los demás, el baúl se convierte en la alternativa al encierro. Todos se organizan nuevamente y hacen fila, esta vez para huir de la sala y de ese Ecuador de pacotilla, de identidades falsas, complejos y caos.
Hay muchas escapadas fantásticas en el arte: la de "La autopista del sur", de Julio Cortázar, me viene a la mente. Pero otros también lo hicieron antes: Moises separa las aguas del mar para liberar a su pueblo, y Prometeo (el griego) entrega libera a la gente de la ignorancia, aunque eso le cueste la vida. Reynaldo Arenas también huye de Cuba, en "El Mundo alucinante" en una torre de botellas (Mier, el personaje) y en la película "Antes que anochezca" en un globo, como un Julio Verne caribeño que pocos querían en esos años en la isla (hablo del libro, no de Mariel). Y así huyeron también, luego de vivir su calvario de purificación, Cabeza de Vaca y Estebanico, acaso el mismo Aguirre (el de "La Cólera de Dios", de Kinski-Herzog) perdido en la Amazonía.
Hay también mucho de barroco en "Prometeo deprtado" que se podría ver, por ejemplo, desde la óptica del Auberbach que en "Mímesis" escribe sobre "el mundo en la boca de Gargantúa", o Bajtin y sus conceptos de carnaval, cronotopo y dialogismo, sin olvidar a Curtius, Huzinga, Zumthor, Caillois, entre otros.
"Prometeo deportado" es una gran película: honesta, valiente, ambiciosa, tierna y dolorosa. Su nivel de actuación, admitiendo las pocas disparidades, es preponderantemente muy bueno. Su guión, idem. No he visto mejor film de Ecuador (luego de "Ratones", Sebastián Cordero no ha vuelto a hacer nada interesante o llamativo), aunque sospecho que "Mejor no hablar de ciertas cosas" también va a gustarme. (A mi edad, la pretensiones de querer ser europeo siendo medio indio y medio negro ya no funcionan).
Espero con ansias ver "Descartes", otra película de Mieles, para muchos, lo mejor que ha hecho. O verlo a él mismo en escena porque, a más de guionista y director, es también un excelente actor.



viernes, 28 de noviembre de 2014

Lectura final de The Black Swan. The Impact of the Highly Improbable



Una lectura lenta, como la gran mayoría de las que hago desde hace un par de años, por fin llegó a felíz término el día de ayer. Esto, debido en gran parte al tipo de libro y mi necesidad de pensar sus implicaciones. Mi Fabia varias veces se burló de mi velocidad pero me confesó que le pasa igual: no los quiere terminar porque sabe que el próximo no será igual de ameno…. Y así, se fue “The Black Swan. The Impact of the Highly Improbable” escrito por el autor árabe-francés-estadounidense Nassim Nicholas Taleb. Llegué a este libro y su autor por la mención que de ellos hace el Premio Nobel de Economía, experto en estadística y psicología, Daniel Kahneman en su invalorable “Thinking, Fast and Slow”.

El libro tiene 441 páginas en su edición popular. Está compuesto de cinco partes y al final se añaden varios textos post-scriptum, un vocabulario especializado y la correspondiente bibliografía comentada por el autor. Cada parte tiene muchos subcapítulos y cada uno de ellos se divide, a su vez, en pequeñas partes (2 o 3 páginas, por lo general). Su lenguaje tiene dos avenidas: aquella que es para el lector común, como yo; y la otra que es para especialistas en estadísticas, matemáticas, finanzas y economía. Generalmente Taleb las separa y advierte al lector cuándo habrá una transición. El contenido es lo mejor y más inquietante. Veamos.

En mi lectura, como siempre, he abusado del subrayado en diferentes colores y las notas  a los costados. Siempre pretendo que mi énfasis me ayudará a centrarme en esas partes en una segunda lectura. Pero he descubierto que es sólo un ejercicio mecánico de lo que me resulta más llamativo y no se compadece del afán de selección como pretendía. En las páginas que tengo al frente, en vez de armar una comprensión global o de una de sus partes, paso a compartir frases, ideas y conceptos nuevos para mí y, me parece, nuevos también en las Ciencias Sociales, tal como las hemos conocido hasta ahora. Recuerden, Taleb tiene una gran formación filosófica y literaria (Borges incluido) y escribe de manera sencilla y amena pero lo suyo es el abrumador mundo de los números y las fórmulas… hasta cierto punto. Me tomo la libertad de traducir unas cuantas de las decenas de sugerentes líneas de su libro.

A RIO REVUELTO:

Burlándose de que en el Viejo Mundo creyeran que todos los cisnes eran blancos, hasta que apareció uno negro, dice “Esto ilustra una severa limitación de nuestro aprendizaje basado en observaciones o experiencia  y la fragilidad de nuestro conocimiento. Una simple observación puede invalidar una afirmación general derivada de miles de observaciones de millones de cisnes blancos. Todo lo que se necesita es un ejemplar (y, me dicen, bastante feo) de un pájaro negro” (Prologo, xxi)

“Me detengo y resumo el triplete: rareza, impacto extremo y predictabilidad (mas no prospectiva) retrospectiva” (P, xxii). Este punto lo empieza a desarrollar a partir de la p. 8 como “Triplet of opacity”

“La lógica del Cisne Negro hace aquello que uno no sabe, mucho más relevante que aquello que uno ya sabe. Consideren que muchos Cisnes pueden ser causados y exacerbados por su ser inesperado aparecimiento” … 

“El Cisne Negro es el resultado de limitaciones (o distorsiones) epistémicas individuales y colectivas, sobre todo confianza en el conocimiento; no es un fenómeno objetivo” (xxiii)

“Si quieren tener una idea del temperamento, ética y elegancia personal de un amigo, necesitan mirarlo bajo la prueba de circunstancias severas, no bajo el rosado brillo de la vida diaria” (xxix)

Sobre los problemas de lenguaje se burla y dice que son importantes quizá para esos que leen a Wittgenstein (y sobre W), a lo mejor también para ganar prominencia en los Departamentos de Filosofía, pero que los “practicantes y tomadores de decisiones en el mundo real” dejan para los fines de semana. (xxx-xxxi)

“Mientras más uno lee, más larga es la lista de lo que no lee. Llamaremos a esta colección de libro no leídos anti-biblioteca”… Llamemos a un anti-investigador – alguien que se centra en los libros no leídos y hace un intento por no tratar su conocimiento como un tesoro, o como una posesión ni siquiera como mecanismo de fortalecimiento de su auto-estima- escéptico empirista.” (2)

“Los acontecimientos se nos presentan de manera distorsionada ” (12)

Propone evitar la lectura de periódicos y lo tóxico de la información… aunque es más “asunto de evitar los detalles del mundo de los negocios –poco elegante, fofo, pomposo, angurriento, nada intelectual, mezquino y aburrido” (17)

Introduce dos conceptos/metáforas: Mediocristán y Extremistán para ilustrar lo continuo (que puede o no ser lineal) o lo peligroso (que es generalmente devastador, sobre todo si ocurre en lo que Taleb llama desde las matemáticas: El Cuarto Cuadrante.  Ambos conceptos son abordados de manera continua a lo largo de su libro, a veces en forma metafórica pero sugerente, a veces en ejemplos ilustrativos de aplicaciones concretas. Sin embargo, no hay un definición final de los mismos (y, debo añadir, de otros conceptos también), cosa que me recuerda mucho el trabajo de uno mis autores favoritos: Kenneth Burke, con su idea de pasar por el filtro de la Gramática de los Motivos (motivo, sacado de Aristóteles) todo lo que era producción cultural, humana… Quizá Taleb no esté de acuerdo con esta comparación porque, más adelante, critica que los arquitectos vean formas geométricas en todos lados, porque ese “cualquier lado” es siempre irregular, por lo tanto, no sujeto a una fórmula (a este respecto, recuerdo el ejemplo de Taleb que propone imaginarse cómo se derrite un cubo de hielo y luego reconstruir ese proceso para demostrar la imposibilidad de la predicción)…  La Tabla 1 de la p. 636 puede dar una idea más clara de esta caracterización multiforme de Taleb sobre ambos universos.

Falacia narrativa: “Está asociada con nuestra vulnerabilidad para interpretar demasiado y nuestra predilección por historias compactas por encima de las verdades crudas. Distorsiona severamente nuestra representación mental del mundo; es particularmente aguada cuando se trata de un evento raro” (63)

La memoria es más una máquina de revisión dinámica que se sirve a sí misma: uno recuerda la última vez que recordó un acontecimiento y, sin darse cuenta, cambia la historia en cada recuerdo posterior” (71)

Hay evidencia de los investigadores empíricos de que los científicos están también sujetos a las narrativas, poniendo énfasis en títulos sexis y oraciones llamativas en vez de dedicarse a partes de contenido más importantes. (75)

"Hemos visto cuán bueno somos para narrar hacia atrás, para inventar historias que nos convencen de que comprendemos el pasado. Para muchas personas, el conocimiento tiene el poder remarcable de producir confianza en vez de aptitudes medibles… Encuentro escandaloso que, a pesar de los records empíricos, continuemos proyectando hacia el futuro, como si fuéramos buenos para eso, usando herramientas y métodos que excluyen cualquier evento extraño” (135)

OTROS SUBTEMAS:

Malas predicciones
Conocimiento /vs información; conocer vs creer conocer
Arrogancia epistémica
(Taleb confiesa haber examinado miles de horas de “predicciones” de los “expertos” de Wall Street y sus firmas, y que nunca predijeron NADA)
Libertarismo académico
Predicción de libre albedrío
Epistemocracia (humildad epistémica vs arrogancia epistémica)
Dos maneras de acercarse a la aleatoriedad (azar)
Una revisión de su concepto de la falacia narrativa (309)
Lista de errores en la comprensión del mensaje de Taleb (330-338)

¿Qué es complejidad? “Un dominio complejo se caracteriza por lo siguiente: hay un alto nivel de interdependencia entre sus elementos, tanto temporal (una variable depende de su cambio pasado) como horizontal (las variables dependen de sí mismas) y diagonal (la variable A depende de la historia pasada de la variable B). Como resultado de esta interdependencia, los mecanismos están sujetos a lo positivo, reforzando la retroalimentación…” (358).

Diez principios para una robusta sociedad Cisne Negro (374-376).... 

Y así, dejo este libro descansar por un tiempo. Ahora, frente a mí una novela policíaca de un escritor que escuché hace un par de años. Otra deuda por saldar porque, como dice Taleb: mientras más uno lee, más larga se hace la lista de lo no leído.... "Vale".

viernes, 7 de noviembre de 2014

Bibliografía mínima para un curso de Teoría (o Crítica) Literaria

Si tuviera que enseñar cursos así, usaría esta bibliografía con aplicaciones a la literatura ecuatoriana, el Cancionero Popular, Borges o autores del Renacimiento

Adams, Hazard and Leroy Searle, eds. Critical Theory Since 1965. Tallahasse. UP of Florida, 1992.
Adorno, Theodor. Minima Moralia. Reflections on a Damage Life.  London: Verso, 1974.
Auberbach, Erich. Mimesis. Princeton-New Jersey: Princeton UP, 1953.
Baktin, Mikhail. Problems of Dostoievsky’s Poetics.  Minneapolis: U of Minnesota P, 1997.
-          Rabelais and His World. Bloomington: Indiana UP, 1984.
-          The Dialogic Imagination.  Austin: U of Texas P, 1981.
Barthes, Roland. A Lover’s Discours Fragments. New York: Hill and Wang, 1985.
Benjamin, Walter. Illuminations. Essays and Reflections. New York: Schocken
Books, 1969.
-          ReflectionsEssays, Aphorisms, Autobiographical Writings. New York: Schocken
Books, 1986.  
Bergmann, Emilie; Smith, Paul Julian, eds. ¿Entiendes? Queer Readings, Hispanic Writings. Durham: Duke UP, 1995.
Bourdieu, Pierre. The Field of Cultural Production. Columbia UP, 1993.
-          The Rules of Art. Genesis and Structure of the Literary Field. Stanford: Stanford UP, 1996.
Burke, Kenneth. Attitudes Toward History. Berkeley: U of California P, 1959.
Curtius, Ernest Robert. European Literature and the Latin Middle. New York: Harper, 1963.
Eagleton, Terry. Literary Theory: An Introduction. Minneapolis: U of Minnesota P, 2008.
-          Marxism and the Literary Criticism. Berkeley: U of California P, 1976.
Genette, Gérard. Figures III. Paris: Seuil, 1972.
Greenblatt, Stephen; Gunn, Giles, eds. The Transformation of English and American Literary       Studies. New York: MLA, 1992.
During, Simon, ed. The Cultural Studies Reader. New York: Routledge, 1999.
Derrida, Jacques. Specters of Marx. The State of the Debt, the Work of Mourning, and the New International. New York: Routledge, 1994.
Foucault, Michel. Reader. New York: Pantheon, 1984.
Gramsci, Antonio. Selections from the Prison Notebooks. New York: International Publishers. 1999.
Horkheimer, Max. Critical Theory. Selected essays. New York: Cotninuum, 1989.
Huizinga, Johan. The Waning of the Middle Ages. Mineola-New York: Dover, 1999.
Kristeva, Julia. Powers of Horror. An Essay on Abjection. New York: Columbia UP, 1982.
Jakobson, Roman. Language in Literature. Cambridge: Belknap P, 1987.
Jameson, Frederic. Postmodernism or The Cultural Logic of Late Capitalism. Durham, Duke UP, 1997.
-          Marxism and Form. Twentieth Century Dialectical Theories of Literature. New Jersey: Princeton UP, 1971.
-          The Ideologies of Theory. Essays. Vol 1. Situation of Theory. Minneapolis: U of Minnesota P, 1988.
-          Vol 2. Syntax of History. Minneapolis: U of Minnesota P, 1988.
Ong, Walter. Orality and Literacy. The Technologizing of the World. London: Methuen, 1984.
Propp, Vladimir. Morphology of the Folktale. Austin: U of Texas P, 1998.
Said, Edward. Beginnings. Intention and method. New York: Columbia UP, 1985.
-          The World, the Text, and the Critic. Cambridge: Harvard UP, 1983.
Sedgwick, Eve Kosofsky. Epistemolgy of the Closet. Berkeley: U of California P, 1990.
Shklovsky, Viktor. Theory of prose. Normal-Illinois: Dalkey Archive P, 1900.
Volpe, Galvano della. Historia del gusto. Madrid: Gráficos Montaña, 1972.
West, Cornell. The Cornell West Reader. New York: Civitas, 1999.
Williams, Raymond. The Country and the City. New York: Oxford UP, 1973.
-          The Postmodern Novel in Latin America. New York; St Matin’s P, 1996.
Zumthor, Paul. La Mesure du monde. Paris: Seuil, 1993.



viernes, 10 de octubre de 2014

El aislamiento político de Rafael Correa por los medios de comunicación de izquierda y derecha

Me refiero a la soledad política que ocurre dentro de su grupo inmediato y a nivel de los cuadros encargados de promover el programa político que él enarbola. Veamos.
promover el programa político que él enarbola. Veamos.
Los medios públicos, en su gran mayoría dirigidos por quiteños centralistas (a los que llamo “longos” pero no confundo con los que entienden de qué va la cosa), sobre todo El Telégrafo, El Ciudadano y Ecuador TV, se caracterizan por nunca sacar información que hace de Correa una figura política compleja y versátil. En varias ocasiones he escuchado al presidente hablar con mucho cariño de los Estados Unidos, de sus habitantes, experiencia que tuvo como estudiante graduado en Illinois, previo a la obtención de su doctorado. “Quizá los años más felices de mi vida”, ha dicho en más de una ocasión. Sin embargo, ni un solo periodista, ni público ni privado, le ha pedido contar más de esta experiencia. No. Todos quieren un presidente que odie a los Estados Unidos porque buscar esa aberración justifica a sus “amigos” y enemigos. Veamos otro caso.
Ha tenido que ser un grupo pro-israelí extranjero el que haya dado la pauta balanceada, medida, ecuánime, de la posición de Correa en relación a Israel, un país y cultura a los que el presidente admira mucho y pone de ejemplo en varias ocasiones, sobre todo para ilustrar a un país y pueblo que ha sobrevivido siglos de persecusión y asesinato, pero tiene el nivel intelectual más alto del mundo. Nadie en Ecuador, ni de la derecha ni la izquierda, ha realzado o hecho hincapié en esto. No. Quieren un presidente que sólo hable contra los gobiernos "imperialistas" sin reparos en bemoles. Tanto la derecha como la izquierda buscan encerrar a un presidente que confunda gobierno con habitantes. Veamos otro ejemplo de este silenciamiento que sufre Correa a cargo de su propio círculo periodístico, encargado contradictoriamente de regar su mensaje.
En varias ocasiones, Correa ha atacado el centralismo y el regionalismo. En sus desplazamientos al interior del país se entera de cómo realmente marchan las cosas. Los guayaquileños conocemos esto muy bien, y él lo sabe perfectamente porque, siendo guayaquileño de cepa popular, ha sufrido en carne propia el centralismo y el burocratismo de primera mano. Lo ataca en sus enlaces y busca las reformas necesarias, dicta leyes, da órdenes. Pero, ¿cuándo han leído ustedes esto en los diarios públicos o privados? Nunca. Y lo peor: ¿Cuántas veces han visto que se apliquen las leyes contra el quiteño-centrismo? NUNCA. Si acaso se va la oficina central de FLOPEC, desplazada de Quito a Esmeraldas, por poner un ejemplo minúsculo: ¿Quiénes creen ustedes que se tienen con los puestos mejor pagados? ¿Los esmeraldeñoa? No. La camarilla burocrática dorada del centralismo. Así de sencillo. (Y anoto: las Fuerzas Armadas son la institución que mejor representa al centralismo/regionalismo andino, y es el hueso más duro de roer. Cero revolución ciudadana por ese lado). Así, es fácil que la imagen nacional e internacional de un presidente se deteriore dentro y fuera de casa porque ha sido encuadrada en un radicalismo que justifca a sus amigos y enemigos. Pero hablamos del rol de los medios de comunicación y de la política. Y en ambos casos nada, absolutamente es resultado del olvido o la ingenuidad. Siempre he sospechado que Correa es instrumento no sólo de la justa y necesaria modernización del Estado, sino también, en algunas instancias de la reafirmación de la corrupción y el subdesarrollo mental que aún caracteriza a la sociedad ecuatoriana, pero a cargo de lo que muchos llaman "los nuevos ricos". Una sociedad donde odiar está en el menú de todos los días.
En una explicación más casera de este silenciamiento al presidente, tanto de sus acólitos de izquierda y del centralismo como de la oposición de derecha (a la que llamo oposición sin cerebro), esto también se traduce en el acaparamiento de puestos claves del estado a cargo de oportunistas políticos y laborales: esos que están un día con la derecha y al día siguiente con la izquierda (y viceversa), un día atacan al gobierno y al día siguiente lo alaban (y viceversa). Por ejemplo, ver a un personaje tan funesto para el periodismo ecuatoriano (Rubén Darío Buitrón) realizar una pésima entrevista a nombre de El Ciudadano, confirma que -mientras Correa busca honestamente combatir la corrupción, la mentira y las diferencias sociales- las ratas y cucarachas se pasean “de la sala al comedor” (canción infantil).
Pedirle a estos mismos medios públicos y privados que extraigan lo mejor y menos conocido del presidente, su gusto por la pintura flamenca, por ejemplo (holandesa) es una utopía. Y así, hay tantos detalles que escapan a este punteado del fastidio...
En lo personal, si acaso se preguntan cuál es mi posición política, lo repito: soy de derecha, pero de una derecha con cerebro.

lunes, 22 de septiembre de 2014

A la memoria del niño Juan Elías Vergara Calderón

En el último Enlace, el presidente Correa habló brevemente, con tristeza e indignación, de este joven: en Quito, murió de sobredosis de drogas, las mismas que eran vendidas o dadas por un criminal que también lo violaba. Juan Elías, en su lamentable estado, ya había sido atendido en un centro de salud y debía regresar por nuevas citas. Pero no lo hizo y su madre tampoco lo llevó. Y nadie en ese centro, nadie, tampoco hizo el seguimiento necesario. La policía brilló por su ausencia. Las autoridades legales tampoco aparecieron. Ni durante, ni después de que desapareciera, ni siquiera después de su muerte.
A Juan Elías Vergara Calderón, por pobre, por joven, por drogadicto y violado, lo dejaron morir. Los encargados del caso se lavaron las manos. Las disculpas fueron las de siempre: el joven no vino, la madre no lo trajo, etc. En Ecuador y el mundo no es culpa de los burócratas de la salud, seguridad o asesoría.. Es culpa de la víctima: un joven pobre, perdido el la brutal y corta vida que le tocó vivir. Todo esto lo contó el mashi y la información salió en una reunión semanal de Gabinete. Al final, él tuvo que ordenar directamente que agarraran al criminal (habían dicho que nadie sabía quién era, que no lo encontraban). A los días lo encontraron y ya está preso. Pero Juan Elías está muerto.
No detallo más el asunto para no dar carnada a los que se afanan en criticar al presidente sin medir sus odios, su ceguera por ser de la oposición. Seguro encontrará excusas para hacerlo responsable de esa muerte. Ahí nomás lo dejo. Hoy, de manera sólida, pesada y muda, me duele la muerte de ese joven, casi niño, a quien no conocí. Ruego a Dios que el violador y traficante que terminó con su vida corra peor suerte, que nunca llegue la luz a su alma, que muera pronto y de manera violenta.
Hoy me cayó de un solo golpe la muerte todos los que de esa manera han muerto.

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Un libro demoledor de Daniel Kahneman: Thinking, Fast and Slow

Para mí, siempre es grato abrir un libro para aprender cosas nuevas, buenas y de aplicación concreta a la vida diaria (creo también es el único motivo por el cual me interesa la filosofía, el resto es pajareo). El verano, que ya termina, me dio al inicio este magno tomo que he devorado a fuego lento. Hoy he llegado a la última página. Se quedan conmigo muchas de sus líneas y preocupaciones, sobre todo las referidas a la estructura de la felicidad (que el mashi Correa en Ecuador acaso llama El Buen Vivir), las razones de la durabilidad de un matrimonio, el rol del apresuramiento, suerte o planificación en las inversiones económicas, todas ellas muy alejadas de conceptos facilistas o románticos, estilo libros de auto-ayuda.
Ganador del Premio Nobel en Economía en 2002 (junto a su colega, ya fallecido, Amos Tversky) por su trabajo sobre Toma de Decisiones (mi traducción para Decision Making), Daniel Kahneman es un psicólogo que a lo largo de sus años ha tratado de responder preguntas como: ¿De qué manera y por qué las personas toman tales o cuales decisiones? ¿Cuál es la esctructura y dinámica de ese proceso, sus errores, peligros y aciertos? entre ortras. Este libro, en realidad es una suma de varios momentos de su carrera, es de cortos capítulos que se deben leer a sorbo lento por la carga informativa y, a veces, la extrema complejidad del análisis de resultados o explicación de esquemas. Aunque, hay que reconoer, el autor siempre busca legar de manera clara y eficiente al lector laico que se interesa en estos temas.
El libro incluye encuestas, investigaciones académicas e institucionales (universidades, fundaciones) y análisis detallado de los resultados. Al final aparecen varias oraciones que sintetizan, de manera original (en estilo directo y lenguaje diario) lo fundamental del capítulo. Tiene tres partes (la lista detallada puede ser consultada en amazon.com o en cualquier otro enlace sobre el libro) 1. Dos Sistemas (se refiere a Sistema 1 y Sistema 2, que más tarde denominará Ecos y Humans, y de alguna manera nos recuerdan, aunque de manera injustamente parcializada, aquello de "lado femenino y "lado masculino" de la mente humana). 2. En esta establece los ejemplos de cómo percobimos y cómo parcializamos nuestra comprensión.  Heurística y parcialidades. 3. De Confianza Exagerada (mi traducción para Overconfidence) En este capítulo son esenciales "La ilusión de comprender" y "La ilusión de validez" que demuestra, con datos concretos, cómo funciona la memoria, el recuerdo, lo vivido, lo pensado y lo imaginado.
Al final de su obra, el autor reflexiona sobre el ímpetu humano y la preferencia por las experiencias intensas pero cortas en desmedro de las consistentes, sostenidas y de menor intensidad (un tema tan comun en las canciones latinoamericanas) y cómo estructuran, forjan una manera de ser en la cual el Sistema 1 y Sistema 2 determinan a su modo la felicidad de las personas...
Este libro, en mi lectura, sin duda queda como una obra de toda la vida de Kahneman, quien justamente, en estos días, sigue desarrolando varias de esas ideas, esta vez coincidiendo con algunos gobiernos que han tomado la iniciativa, aunque aún en estado de comprensión de estas ideas.





lunes, 25 de agosto de 2014

Goldman Sachs en Ecuador

Hace varios meses, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, anunció una negociación de varias centenas de millones de dólares en oro (que guardaba el país en un banco suizo) con Goldman Sachs, la compañía bancaria y de transacciones más grande de Estados Unidos, y una de las responsables de la crisis que desde el 2008 se vive en el norte.
Como el nombre Goldman Sachs tiene un tinte altamente negativo entre los estadounidenses, lo primero que sentí fue sorpresa, luego curiosidad y, al final, extrañeza por lo que había hecho el presidente Correa.
Primero, jamás se socializó semejante negociación: no se explicó al ciudadano en qué mismo consistía, peor aún, por qué se había elegido a esta empresa. Segundo: nunca se explicó en detalle la negociación: ni los diarios de oposición ni del estado, ni los políticos del o contra el gobierno, ahondaron en el tema. A lo mucho, alguna vaga consigna a favor o en contra, propia de los actantes de la escena partidista. Tercero: todo el mundo entró en un silencio cómplice, nadie volvió a tocar el asunto y, ahora mismo, es tema olvidado.
Sin embargo, como simple seguidor de la política ecuatoriana, me animé a leer este libro (Money and Power) que detalla el nacimiento y crecimiento de Goldman Sachs. Ahora que entramos a la etapa final del verano, y luego de un período de displicencia o preferencia por temas más apasionantes, lo he terminado.
El libro tiene más de 600 páginas, formato de letra pequeña en la edición de pasta dura. Es un recuento cronológico institucional basado en testimonio personales tomados de varias fuentes (libros, artículos, entrevistas, etcs). Por ello, se resalta mucho la actuación individual, el ímpetu personal, la brillantez y capacidad de los involucrados (algo que, sin duda, podría seducir a cualquier estudiante de economía como ejemplo a seguir).
Sólo a ratos, y casi a pinceladas, se le recuerda al lector que ese proceso individual desembocó en una manipulación inmoral del dinero de los otros, los que confiaron en Goldman Sachs. Muchos de ellos perdieron su dinero pero los jefes de secciones y los clientes importantes ganaron. Inclusive en los años de la crisis (desde el 2008) siguieron ganando, mientras la clase media y los pobres de Estados Unidos fueron en picada social, sin casas, con deudas y con un dólar que ha perdido notablemente su poder adquisitivo.
En esas pinceladas que se pueden perder en medio de tanta cita y detalles personales, se dice también cómo Goldman Sachs sirve a dos amos, a tres o a cuatro, que son ellos mismos, mientras roba, especula, rifa, manipula y despilfarra un dinero ajeno... El factor "suerte", tan citado en el mundo de los negocios, aquí es tal cuando se refiere a ganancia de los inversionistas pequeños, porque lo que se mantiene de manera estable y planificada es la ganancia exclusivamente de los "peces gordos".
A otro nivel, el libro presenta varios problemas serios: a- no demuestra que dicho banco "domine al mundo" (de hecho, hay sólo un par de menciones a Mexico, Indonesia y China, Londres, acaso Francia) y más vale, b- se queda en lo puramente nacional (en EEUU los equipos de béisbol y de baloncesto aún son proclamados "campeones mundiales" aunque nunca hayan jugado con equipo de otro país). Además, c- no analiza de manera la función del banco durante la crisis en EEUU, d- tampoco examina su impacto social en los resultados. En otras palabras, no tiene una visión de conjunto.
El libro reafirma lo que he venido leyendo en los diarios desde que todo este problema empezó. Así que no es material nuevo para mí. Los nombres de los alcahuetes y forjadores de esta crisis, tanto en filas republicanas como demócratas, desde el período anti-regulatorio de Reagan y Bill Clinton hasta el más triste del ya tristemente célebre George Bush, también son conocidos (la conexión Goldman Sachs-Rubin-Paulson, etc) y sabemos que ellos siguen muy campantes, mientras el gobierno de Obama trata de recuperar aunque sea con multas el dinero que el mismo gobierno de Obama le prestó a estos bancos para que no colapsara el sistema financiero.
Luego de esa lectura, las preguntas iniciales se mantienen, pero ya no espero que alguien las conteste: ¿Por qué el gobierno de Ecuador hizo negocios con un banco culpable, con otros, de la debacle financiera en Estados Unidos? ¿Por qué asumen que ganarán algo con ladrones? ¿Por qué ni el gobierno ni la oposición han cuestionado esto?

jueves, 14 de agosto de 2014

Notas de mi aventurada lectura del libro "Capital en el siglo XXI" de Thomas Piketty


"Mas, me parece que todos los cientistas sociales, todos los periodistas y comentadores, todos los activistas en los sindicatos y en la política de cualquier tipo y, especialmente, todos los ciudadanos, deberían tener un serio interés en el dinero, en sus medidas, en los hechos que lo rodean y en su historia. Aquellos que tienen mucho dinero nunca dejan de defender sus intereses. Rechazar el tener que lidiar con números raramente sirve a los intereses de los menos favorecidos" (577)



Para estos días, el libro de este economista francés es ya un best seller. Su impacto en la vida diaria y en la academia, mucho me temo, está aún por verse. De su sonado éxito inicial pasó a un breve silencio en la recepción, luego fue cuestionado por la derecha y sus intelectuales (en algunos artículos de The Economist y The Financial Times y por voceros de Wall Street), para, finalmente, ser otra vez restablecido como un digno capolavoro por el mismo Piketty en sus aclaración y defensa publicada en el New York Times y respaldada por economistas de la talla de Paul Krugman.
¿Por qué el escándalo? Porque el diagnóstico que Piketty hace del Capitalismo, como un orden social y económico intrínsecamente injusto, cae como balde de agua fría a estas alturas, en las que rejuvenecidos derechistas y neoliberales se reorganizan en políticas globales y encuentros internacionales, viajan, se invitan, participan en la escena local o regional con más fuerza que antes, sobre todo en América Latina. En Estados Unidos nunca falta la referencia a la era Reagan y a la idea de que el Mercado es un espacio o sistema que se auto-regula, pues dada su indiscutible bondad es lo mejor para el ser humano (algo en lo que el propio Bill Clinton se afanó en comunicar en el mundo). Sin embargo, tanto el rechazo de la derecha a Piketty y los argumentos utilizados son fácilmente derrumbados: Se lo hace evidencia en mano. Por ejemplo, en un país "laboratorio", como Ecuador, fueron claros los efectos y errores del neoliberalismo, así como las políticas de presión impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a través de los malintencionados contratos entre ellos y los gobiernos de turno. Pero si acaso queda algún novicio que se afana en negar lo rotundo de estos ejemplos, es fácil recordarles el saqueo de la banca ecuatoriana a los fondos de los contribuyentes (hermanos Isaías en Miami) con el favor de los políticos identificados como "la partidocracia".
Pero volvamos al libro de Piketty y su novedad: en poco menos de 700 páginas, el autor da cuenta extremadamente detallada de cómo hoy, así como hace uno o dos siglos atrás (según el país y las estadísticas que maneja) la acumulación de la riqueza ha quedado en menos manos y, lo que es más brutal: no ha cambiado de manos. Para demostrarlo acude a una gran cantidad de fuentes de pago de impuestos y demuestra cómo en torno a la política de recaudación fiscal se tejen y organizan las políticas económicas de los Estados y la manera en que esa riqueza en bruto (la del pago de impuestos de los ricos) no llega a su destino final, es decir, el erario nacional (fuente principal del presupuesto de cada país) sino que se pierde en políticas de inversiones privadas de bonos, acciones, inversiones aquí y allá, en regateos con cobros de herencia, en no pagos o reducción de pagos a los ricos mientras aumentan los impuestos a los pobres y la clase media (esto los estadounidenses lo conocen muy bien), o a través de la simple evasión legalizada: la ganancia es sacada del país y depositada en cuentas internacionales para no pagar impuesto en el lugar en el que fue creada.
El libro de Piketty tiene cuatro partes, cada una con subdivisiones, centradas en diferentes países y áreas económicas. Resaltan los casos de Francia y EEUU porque existe mayor documentación -que es la prueba, la evidencia- al respecto. ¿Y qué es lo que demuestra su libro? En palabras del autor: "La conclusión general de este estudio es que la economía de mercado basada en la propiedad privada, si se la deja sola, contiene poderosas fuerzas de convergencia, asociadas en particular a la difusión de conocimientos y destrezas; pero contiene también poderosas fuerzas de convergencia, las cuales amenzan potencialmente a las sociedades democráticas y a los valores de justicia sobre los cuáles éstas se basan... La principal fuerza desestabilizadora tiene que ver con el hecho de que el volumen privado de la ganancia o retorno del capital puede ser significativamente más alto durante largos períodos que el volumen de aumento de ingresos y egresos per cápita... Esto significa que el volumen de riqueza acumulada en el pasado crece más rápidamente que el de los sueldos... El pasado devora el futuro"  (Traducción mía, desconozco la edición en español).
Obviamente, esta conclusión tiene sentido y validez luego de haber leído con atención el laborioso trabajo de Piketty, caso contrario, puede ser sólo una generalidad o lugar común del discurso marxista.
Sobre este último punto, lo siguiente: refiero como curiosidad erudita y de chismografía la penúltima sección del libro: la de las Notas. Como es obvio, en ésta se explican, amplían o especifican líneas del libro, la mayoría muy interesante. Sin embargo, me llamó la atención una que concentra el delicioso aunque ligero tono revisionista que a veces emerge de la pluma de Piketty: Escribe el francés: "Cuando uno lee filósofos como Jean-Paul Sartre, Luois Althusser y Alain Badiou sobre sus compromisos marxistas y/o comunistas, a veces uno tiene la impresión de que los temas de Capital y desigualdad de clases son sólo de interés moderado para ellos y sirven principalmente como un pretexto para justas de una naturaleza enteramente distinta"

martes, 5 de agosto de 2014

Imágenes de un pasado remoto (Paris)

Esta es la calle d'Eylau, en el barrio16th. Vivía en una de esas bohardillas. Al fondo se ve la Plaza de México, hacia atrás está la Torre Eiffel. Debajo de mi piso quedaba una agencia informativa de EEUU. Un día los árabes pusieron una bomba que, por suerte, no estalló. A mi regreso, la policía tenía acordonada la vereda y debía mostrar mi cédula de identidad cada que vez que entraba al edificio. Lo mejor de esa época: las policías: eran bellísimas.

Esta es la calle Juge. Viví los primeros meses en un apartamentito húmedo, sucio y caro, frí hasta más no poder. En la esquina, hacie el otro lado de la imagen, había un bar al que íbamos con relativa frecuencia.

Este bar en realidad queda a otro que ya ha desaparecido, legendario. En él una vez nos sentamos Miguel Donoso y yo, bebemos vino Beaujolais mirando las pinturas de borrachos campesionos que alegremente cantaban y comían. Está frente a la iglesia de Saint Sulpice. Una tarde caminé desde allí hacia mi antiguo cuarto en la rue Juge, como recogiendo los pasos, y me encontré con un mercado viejo que me recordó mucho el de Guayaquil (detrás del Club de la Unión). Fue una tarde de gloria: yo estaba libre por fin de mí mismo y de todo.

No digo con quién pero muchas veces caminé por estos puentes detrás de la zona de la Bastilla, haciendo la Tournée du Duque, que consiste en probar una cerveza (o vino) diferente en cada bar de la zona...

Nuevamente la calle d'Eylau, esta vez desde la acera del frente y con vista hacia la Torre.