sábado, 12 de septiembre de 2020

Ahora, un poema

 


... y leyendo Estación Bratsk de Evtushenko

poco a poco el recuerdo de mi hermano Nelson 

se fue instalando en las páginas del libro

a lo mejor porque es la muerte que aún no he llorado

a lo mejor porque es una muerte que no debo llorar

-siempre hay alguien que te dice qué debes sentir cuando muere un ser querido

te prestan su hombro, te consuelan, quieren que les cuentes tus dolores.

Pero Nelson, que era más de la guardia de choque que de la vieja guardia,

se me aparecía como Lenin o acaso Pushkin antes del duelo

agitando masas y viajando en trenes por las estepas

-arte logrado en el desenfado de ser otro 

como actor o conversador de esquina.

Ahora, un poema

me iba diciendo mientras avanzaba en la lectura

de ese viejo ejemplar que saqué de la biblioteca pública

en el que, cada ciertas páginas 

el primer lector anotó con lápiz

cuánto se demoró en leer cada poema.

Meticuloso en la medición de tiempo 

también fue escribiendo

quién era quién en las escenas: 

"Galia, mujer de Evtuchenko

Vronsky, Kerenin y Levin, personajes de Ana Karenina..."

aunque páginas más adelante dejó de hacerlo 

quizá perdido, como yo, en las callejuelas de Zima o Petrogrado.

Los poemas y los apuntes 

me resultaban familiares porque

a mí ya me habían hablado de esa manera

hacía mucho, cuando pretendía ser un sucio comunista

un "marxista-leninista" que gustaba de la música de EEUU y su literatura.

Nelson era contrario a la seriedad de esos libelos

con él funcionaban las bromas 

y el ávido consumo de novelas y revistas

cosa que había cultivado por su cuenta

casi en secreto.

¿Cómo el loco de mi hermano podía ser él mismo 

y tantos otros a la vez? Esa habilidad de ocurrencias 

su arte de mirar las cosas fría y simplemente 

para mí siempre fueron inalcanzables.

Ahora, un poema

me digo mientras recorro la vida del poeta ruso 

que como tantos de su tierra fue acusado injustamente.

Ahora, un poema

en el que mi hermano Nelson sigue conversando

con la otra mitad de su alma (John, el mellizo)

beben cerveza y cantan pasillos, tangos y valses peruanos

en una cantina del sur o afuera de su casa

porque siendo la vida cosa breve

en esa brevedad cabe todo el universo.

Ahora, un poema, me digo 

volteando las últimas páginas de Evtushenko