domingo, 22 de noviembre de 2020

¿Quién ganó las elecciones de EEUU?


Joe Biden y Kamala Harris. 

Pero Trump no quiere reconocer la derrota.Veamos este nuevo capítulo de la serie "Democracia de juguete"

Sabemos que Biden ganó el voto popular por más de 6 millones. Pero también sabemos que eso no importa en EEUU, pues quienes eligen al presidente son los miembros de una camarilla montada hace dos siglos, llamada Colegio Electoral. 

Desde el momento en que los medios de comunicación dieron a conocer al mundo al triunfador, se evidenció que un 53% frente a 47% era en realidad el reflejo de un país dividido. Ambos bandos salieron a la calles: los unos a festejar, los otros a reclamar por un fraude hasta ahora no comprobado. Desde el 7 de Noviembre,  Trump se ha empeñado en desprestigiar el proceso de votación y utilizado todos los mecanismos y maniobras a su alcance para declararse presidente por cuatro años. (Se incluye aquí el ridículo y vergonzoso episodio de declararse vencedor antes de que se terminara el contento y cuando ni siquiera se habían abierto los sobres del voto por correo).

Estas jugarretas sobre el inventado fraude electoral, los truquitos para ganar aunque hayan perdido, pan diario en América Latina con sus Evo Morales, Maduros y similares, en Estados Unidos ocurre por primera vez, al menos con semejante descaro y magnitud: Trump bombardea juzgads con denuncias que no progresan, pues al final confía en que la Corte Suprema de Justicia, por el hecho de tener en su mayoría a conservadores republicanos, simplemente le regale la presidencia con la excusa de un fraude que no existe. Trump llama a legisladores de los estados en disputa para que se inventen cualquier leguleyada y le den el voto, se tira contra las farmacéuticas porque no produjeron la vacuna contra el Covid para él llevarse el mérito o amenaza con bombardear Irán (todo autócrata sabe que no hay nada mejor que una guerrita para declararse dictador).  Paralelamente,  junto al Partido Republicano, le ha cerrado puertas a Biden, negándole información crucial para el traspaso de poder de manera ordenada. A los perdedores no les importan el cuarto de millón de muertos de Covid, los cientos de miles de nuevos casos (unos 10 millones de infectados hasta el momento), ni el galopante desempleo. No. Trump se va a jugar golf mientras sus seguidores van a entorpecer el recuento de votos o salen armados a las calles a amedrantar a los ganadores o los legisladores republicanos beben un caro vino en un vacío, grande y mal gusto hotel Trump.


La historia del recuento de votos es porque hay casos de triunfo con un margen mínimo, como el del estado de Georgia  (14 mil). Pero ya están confirmados. Y en casos en los cuales el margen es mucho mayor y es imposible que un recuento lo cambie, pues se inventan que han votado gente muerta, quemado votos a favor de Trump o imprimieron otros a favor de Biden. Dicen cualquier idea descabellada, de esas que, sin embargo, son tan reales en nuestras repúblicas del sur.

El problema de hoy en EEUU es triple: 1- un presidente vulgar, violento y vengativo ha sido derrotado y no sabe reconocer su derrota; 2- un país dividido en dos en una sociedad en franco retroceso; 3- el minar el funcionamiento orgánico de las instituciones. La crisis del Covid, por ejemplo, se da en gran parte porque los gobernadores republicanos de muchos estados y sus autoridades locales nunca obligaron a seguir la orden de distancia social o uso de mascarillas. Permitieron y hasta fomentaron el caos en nombre de una supuesta libertad individual. Lo que se llama anarquía, irresponsabilidad y quemeimportismo. Basura pelucona.

Lo que viene, en caso de que no se dé un golpe de estado (nada descartable, según las jugarretas políticas) será una reconstrucción nacional en época de crisis. A Obama, los racistas nunca le perdonaran su paso por la Casa Blanca. Algo parecido se empieza a ver con Kamala Harris. Los republicanos ya han advertido que pondrán en jaque a Biden y harán lo posible por impedir su éxito. No se diga que la nueva vice-presidenta quiera ser primera mandataria en el segundo período (2024), pues no es posible que siendo mujer y negra lo merezca. Peor aún, al estar casada con un judío. Así está el racismo en EEUU: galopante y oculto en ese 47% de apoyo a Trump.

El futuro de Trump se mueve entre su obvio temor a que le lluevan juicios por impertinencias personales, desfalcos o evasión de impuestos -pues ya no tendrá el poder ejecutivo bajo el cual se ha defendido- la notable caída de su imagen en el mundo (obvio) y entre sus seguidores, el fin del favoritismo de sus aliados internacionales (Putin, Bolsonaro, López Obrador, etc) o postularse nuevamente a la presidencia en el 2024.