viernes, 16 de junio de 2023

Todos hablan de Bukele


El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, ha práctimanete eliminado el pandillerismo y sus secuelas. En cosa de dos años cambió su país de ser uno de los más peligrosos del mundo al más seguro de América Latina. Esto ha llamado la atención, abierto foros de comentaros sobre su gran labor y logrado el apoyo de los beneficiados. Pero también ha sido muy criticado por los criminales, sus familiares, los partidos de oposición y algunas ONG, la OEA y la ONU. ¿Por qué? El cuento es que él no respeta los "derechos humanos" (de los corruptos, obviamente). Pero hay más. Veamos.

Bukele, para terminar con la criminalidad, a través de sus co-idearios en el congreso, eliminó leyes que imposibilitaban la seguridad nacional, hizo cambios de autoridades cómplices de las pandillas (Mara Salvatrucha y Barrio 18) y acaba de proponer la reducción del número de representates en el congreso a 60 y reducir los 200 y tantos municipios a solo 44. Este gran alivio para las arcas del estado eliminará la burocracia parasitaria, tan común en nuestros países, y creará condiciones ágiles de trabajo para todos. En las últimas semanas se ha informado de un paso nuevo en la lucha anti-delincuencial: apresar a las autoridades y políticos corruptos, gente que lleva años enquistada en el poder e incluye a los cuadros del ultra-derechista partido ARENA, así como a los ladrones y traidores del que fuera hace cuarenta años el glorioso FMLN. Bukele también ha empezado de publicitar su política social y educativa con construcciones de obras de infraestructura y becas para los jóvenes (me llamó la atención que la "beca presidencial" llevara el nombre de un izquierdista, el recordado poeta Roque Dalton, fusilado justamente por su partido, el ERP). Obviamente, todo esto es bienvenido, pero para el salvadoreño común, la simple accción de poder trabajar sin amenezas, dormir en paz o salir a las calles para pasear sin verse asaltado por los criminales es un logro histórico.

La imagen de Bukele también llama la atención: es un tipo sencillo, directo, sin poses, extremadamente inteligente, bien informado, de fácil y versátil hablar, accesible y rápido en sus respuestas. Claramente, él confirma la imagen que la firmeza no es sinónimo de vulgaridad ni violencia. Devoto creyente y padre de familia, Bukele se ha defendido de los ataques de izquierda y derecha. Sus puntos débiles aún no se muestran, pero se relacionan con su política económica y con decisión de hacer de los bitcoins moneda paralela al dólar, criticar al gobierno de Biden y acercarse a la ultra-derecha fascista y racista de EEUU, como fue evidente en una lamentable entrevista con el hoy despedido periodista de la FOX, Tucker Carlson. 

En la vida política de hoy, y mucho más si hay elecciones en camino, la referencia a Bukele y comparaciones con él son inevitables (la violanecia y la corrupción dominan nuestras repúblicas). Y eso es una estrategia ingenua pero efectiva. Todos se quieren subir a la camioneta Bukele pero sin hacer lo que él ha hecho. Por ejemplo, todos quieren "disminuir la violencia" pero repitiendo lo que no  funciona y que solo es maniobra publicitaria: sacar a los militares por dos semanas a "patrullar las calles" (y cero resultados), hacer redadas con previo aviso y en las calles céntricas (no en los escondrijos de los rateros) o visitar las cárceles y hablar con los guardias. Nadie tiene una política de apresamiento y aislamiento permanente contra sicarios y extorsionadores. Nos dicen: No, eso es asunto de los jueces (esos corruptos). No, eso le compete a los organismos de vigilancia de acuerdo a leyes internacionales (los burócratas que cómodamente vieven en otro país). A lo máximo, decomisan unos cuantos cuchillos oxidados, pistolas hechas a mano o garrotes de palo viejo.

Frente a las cámaras, todos hablan de Bukele. Se le quieren parecer, dicen que harán lo mismo (sin saber lo que el salvadoreño ha hecho, ni cómo lo ha hecho). Y como viven en sus fantasías, creen que el tono amenazante convence, arrastra votos. Se venden como expertos en seguridad, como anti-corruptos, como "de centro", como dispuestos a servir solo al pueblo. Y en ese afán, ya asincerados y con la mano en el pecho, se lanzan algunas perlas, como la de un candidato en Ecuador que dice que la solución al narco-tráfico es subir el costo del transporte de la droga para el país no les resulte competitivo a los Carteles. O, como un candidato en Guatemala, que en su infinita sabiduría descubrió que la solución es apresar a los delicuentes salvadoreños y expatriarlos a El Salvador. O, como un político argentino que hasta se fue él mismo con cámara y micrófono, cual reportero barrial, a El Salvador, "para aprender de Bukele". O, como un político español que, oh fin del colonialismo, quiere aplicar lo de Bukele a España.

Todos hablan de Bukele. Todos quieren ser como Bukele. Pero, en realidad no les interesan ni Bukele ni sus propios países, solo llegar al poder. Una vez ahí, nos van a decir lo difícil que es todo y la manera en que los boicotean. Así van nuestros países: de burla en burla, de crisis en crisis y de tragedia en tragedia. El resto de esta historia es miseria (Venezuela desde hace años y hoy Argentina, acaso Brasil en el futuro), propaganda (Colombia o Chile) o todo lo malo combinado (Cuba, Nicaragua, Haití, Ecuador).

Y, como siempre, nunca será culpa de ellos ni de nadie, pero siempre del peligroso "imperialismo norteamericano".