miércoles, 11 de agosto de 2021

La fortuna de una familia

 


Me refiero al dinero y a la riqueza que una familia puede acumular durante generaciones.

El dinero es una cosa, la riqueza es otra mayor y mejor. El dinero entra y sale, generalmente, en la vida de la clase media y de los pobres. Pero en manos del 1% crece, se multiplica, se solidifica y es celosamente resguardado para que siga creciendo de manera segura. Esto segundo es la riqueza.

El comediante y actor Chris Rock explica la diferencia entre millonario y billonario (rico, wealthy): "Shaq O'Neil es millonario. Pero su jefe, el dueño de los Miami Heats, es billonario". Así mismo, una cosa es tener dinero y otra es tener riqueza. Obviamente, a lo que se apunta dentro del Capitalismo es a la concentración de dinero y a su uso bajo diferentes formas de poder. Para lograrlo hay que perseverar durante toda la vida y durante varias generaciones (dos o tres, al menos) pues se necesitan formas de negociación y transacción consistentes y permanentes para entrar al círculo de los "ricos" (de riqueza), aquellos que los viejos llaman "oligarquía". 

En ese afán, los "nuevos ricos" siempre se marean, pues se pierden en lo que es la rápida adquisición y despilfarro de dinero durante su vida, en detrimento del ahorro, disciplina e inversión y control que demanda la riqueza (suponiendo que se quiera ser rico de verdad, ser parte del 1%). A lo más, tienen algunas propiedades que, al final, deben rematar para pagar deudas acumuladas de esas inversiones chuecas o por despilfarros personales. (Ojo: no me refiero a los siendo de clase media luchan, consiguen un capital y siguen luchando diariamente por mejorar su vida y la de sus hijos. Para esos: mi respeto). 

Una diferencia entre ricos y adinerados es que los primeros nunca invierten su dinero: invierten el dinero de los otros y se quedan con la mayor parte de las ganancias. Y cuando hay pérdida, pues esa nunca la absorben ellos sino los otros inversionistas: Miles de ecuatorianos perdieron sus ahorros e inversiones y se volvieron pobres de la noche a la mañana, pero los Isaías se hicieron más ricos, pues no era su riqueza la que estuvo en juego. De hecho, ahora tienen más dinero y riqueza que antes.

Anoto estos comentarios porque he visto a varios tener mucho dinero (millones de dólares) y hacerlos picadillo de la manera más aborrecible, dejando a su familia en la pobreza extrema. He visto a muchos partirse el lomo toda la vida y a duras penas lograr una vida mínimamente decente, quizá tranquila, pero no alegre, rozando penurias. Y sé de otros que han trabajado duro en todos los frentes posible de manera simultanea, todo para que su nueva generación no se interese en transformar ese dinero en riqueza. Asunto lamentable pero incontrolable, y quizá con mucho sentido desde otro punto de vista.

He visto cómo el dinero acumulado, en vías de consolidar una riqueza, pasa a segundas manos por alguna tragedia familiar (ah, esas viejas cuentas que nunca se terminan de pagar), y deja de ser de aquél que tanto se esforzó en dejar algo para su familia. He visto cómo los gallinazos vuelan bajo y despedazan, roban lo que se pueda, al menor descuido, y luego siguen campantes como si no hubieran hecho nada. He visto, en la misma circunstancia, nuevos amigos que nunca fueron amigos, solo ladrones del momento. 

¿Qué le deja uno a su familia luego de una vida trabajo? ¿Se debe esperar que otros tomen la posta? Esos son dilemas de "nuevos ricos". En cambio, los que tienen la riqueza, ese 1%, sabe siempre cómo hacer que las cosas marchen, para bien o para mal, sin que a ellos les afecte. A esos les da igual que la gente muera de COVID o de despecho, en un accidente de tránsito o de viejos, simplemente no les afecta.

En ese 1% se encuentran las familias "famosas", de reigambre y estirpe, de pedigrée o títulos comprados, aquellos que se inventan algún ancestro o patrimonio nacional de su propiedad, esos grupos de castas o estamentos que pululan en las instancias estatales y del risible Congreso. Son los mismos que escriben la historia nacional y pagan (siempre hay alguien que se vende, alguna fundación, universidad, grupo de investigación) para que escriban desde su punto de vista (incluyo en estas líneas a los intelectuales centralistas de Quito y de otros lugares, generalmente pagados por ese 1%) y le den sentido orgánico, de destino divino, a ese asunto de tener riqueza. De la misma manera, ellos son también los que fomentan y sostienen un gusto según sus necesidades, en la vida diaria como en la alta cultura (libros, por ejemplo, en los cuales se critica lo casual, no se ataca el mal en sus raíces), en las noticias de la prensa o en las oleadas de rumores y desinformación que ahora son la última frontera de control del 1%, acaso mucho más peligrosa que antes porque se viste justamente de contestataria, de anti-control. (Así empezaron Hitler y sus asesinos).

La fortuna de una familia es un tema común en la literatura del siglo XIX, pero no recuerdo haber leído que la dinámica de su obtención sea diferente dos siglos después. Lo que sí he visto es una profunda ignorancia sobre el tema, no se diga sobre la magna empresa que significa empezar desde cero y mantenerse en alto, de haber acumulado riqueza y poder ser hoy del 1%, es decir de los que controlan y deciden cómo deben vivir los demás.