miércoles, 21 de junio de 2017

Tardes de sol en Plattsburgh

Blaise Cendrars es el más americano de los escritores franceses, escribió Henry Miller. Lo recordé mientras hablaba con Margaret. Me voy a Niza, dijo ella contenta. Hablamos un poco más de los problemas del trabajo pero se me quedó en la mente la frase de Miller. Ten cuidado le dije, ese Buda que sostiene tus libros se puede caer, mientras le mostraba la estatua al borde de la percha. No, dijo aún sonriente, es muy pesado. No si está junto a Camus o Balzac, repliqué. Le conté que Serafita y Luis Lambert eran dos libros favoritos de Miller. Ah, tendré que leerlos. Nos despedimos. Me metí a la oficina e inmediatamente sonó el teléfono. Era Phil. Nos vemos el viernes, dijo. Seguro, te llevo esas cervezas baratas y malas te gustan. Ok, terminó.



Lo vi temprano en su casa. Como siempre, tenía las puertas de los garages levantadas dejando divisar las herramientas colgadas en las paredes, el Mercedes convertible, la podadora y la Ford blanca doble cabina. Junto a él, el nuevo inquilino: Martin, un perro labrador que había rescatado de Texas dos semanas atrás. Como Phil, Martin era "un gigante delicado". Sólo bastaba acercársele y él ponía su cabeza en el regazo y se quedaba inmóvil, recibiendo caricias.  La primera vez que Phil me vio arreglando el jardín puso junto a la puerta una sierra de cortar ramas. Le fui a agradecer. No hay de qué, yo tengo dos y esa pertenecía al anterior dueño de casa. Ese árbol en tu patio, de joven yo podía escalarlo sin problemas. Pero no ahora. Tengo la espalda hecha pedazos. Mira, dijo, mostrándome las cicatrices de las operaciones. A veces el dolor me llega a las piernas. Ya llevo mucho así pero este será mi año de recuperación porque no me puede ir tan mal por tanto tiempo, concluía mientras limpiaba unas piezas del carro.

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Phil vivía al cruzar la calle. Al lado derecho vivía una familia de tres que incluía al pequeño Thomas. Mientras hablaba con Phil lo veíamos andando en su monopatín a toda velocidad. Dos veces había hablado con él. La primera fue para decirle que no golpeara el pequeño árbol que habíamos sembrado, y la segunda cuando me preguntó si quería verlo andar en su monopatín. Claro, contesté, mientras iba veloz y contento desmostrando pericia a lo largo de la vereda. Muy bien, añadí casi saber qué más decir. ¿Tienes padre? preguntó. Sí, le contesté, pero ya es muy viejo. ¿Eres un buen padre? Trato de serlo, contesté. Yo tengo un padre, continuó, pero es un mal padre. Y partió veloz nuevamente mientras yo agarraba las fundas de compras y me metía a la casa.

El verano había demorado en llegar. De hecho, estábamos a finales de Junio y solo habíamos tenido un par de días de calor insoportable. El viernes fuimos donde Phil. La tarde estaba hermosa,  tranquila y soleada pero el lago aún frío. Las nenas jugaron con Martin y la madre bebió unas cervezas. Me tiré al cesped, junto a un árbol, viendo las nubes. Estaba ya muy lejos de todo. El tiempo y su geografía eran recuerdos cada vez más lejanos. Solo quedaban las nubes. Y, a lo mejor, ni siquiera eso.

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martes, 30 de mayo de 2017

20 años en Plattsburgh, New York

Llegué a Plattsburgh en Agosto del 98. Pronto vino el otoño y después el largo, frío y temible invierno con nieve y ventarrones, y el lago Champlain se convirtió en una inmensa estepa de hielo en donde, cercanos a la orilla, algunos pescadores hacían un hueco y se sentaban a esperar que mordieran el anzuelo. En estos casi veinte años he visto cómo el tiempo pasa y cómo se detiene. Por ejemplo, en los días cálidos el cielo azul y el escurridizo sol me llevaban al trópico de mi infancia. En los primeros años en Plattsburgh sentía que estaba solo pero conmigo, de alguna manera atrapado en un eterno pasado con los patriotas del sur. Lo recreaba mientras caminaba descalzo por las limpias veredas y el cesped del pueblo.

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Quizá por ello, con el paso de los años, Plattsburgh se convirtió también en un espacio literario: poemas personales, crónicas y cuentos reproducen vivencias y personajes que he visto, vivido o imaginado: la Guereja, por ejemplo, una mujer albina con un niño en un coche, que recorría las calles a pié y aparecía en los lugares y momentos menos esperados, vivía cerca de casa. Ahora habita mucho más lejos y su niño ha crecido. Pero ella aún camina las calles. Igual me pasaba con un hombre alto y gordo, de lentes, de piel bronceada, que caminaba todo el año sin mirar a nadie y luego se hizo muy delgado y dejé de ver hace un par de años. Alguna vez me dijeron que estaba enfermo. Lo mismo debería decir de otro hombre, éste muy bajo de estatura, de barba, callado, de quien sé no puede dejar de caminar porque comienza a escuchar voces y se pierde. Extrañamente, ahora también cruza por mi casa en las mañanas.


En estos años de Plattsburgh también ha ocurrido algo extraño que no disputo: en la calle o en algún almacén, a veces me saludan afectuosamente y con familiaridad, me preguntan algo y contesto de la manera más natural posible. Pero sé que me han confundido con alguien porque una vez un ex-estudiante (ahora maestro del colegio de mi Fabia) se acercó sonriente y me dijo: "profesor, muchos saludos, pero sepa que lo confundí con mi amigo Mike Bruso" (he logrado dar con la imagen de Bruso y, efectivamente, nos parecemos)... Así, cuando saludan a quien imaginan saludar, simplemente, como Borges, me dejo ser otro sin disputar identidades, sin aclarar lo innecesario.
No ha cambiado nada en Plattsburgh pero ha cambiado mucho: con mis ladies la vida es otra y con el paso del tiempo ese cambio se acentúa. He pensado escribir la historia de Plattsburgh, de su gente, de lo aquí pasa o no pasa (dice Fabia que algún día hará una película de Plattsburgh, algo como mi "Los patriotas del sur"). He pensado, por ejemplo, entrevistar a los veteranos de guerra. Debe haber alguno que otro de la segunda Guerra Mundial, con seguridad varios de la guerra con Corea, muchos de la guerra con Vietnam y muchos más que hicieron su carrera en el Medio Oriente. Para ellos, los nombres de Afaganistán e Irak son comunes. Pero no estoy seguro de que sea una obra apreciada, publicable.
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El deseo de escribir esas historias aparece cuando recuerdo a Bob, un mecánico graduado en Filosofía que fue a Vietnam y a su regreso tomó su Harley Davidson y con su esposa recorrieron los EEUU. O cuando pienso en el mismo presidente de la universidad, quien un día me dijo: "Hace tanto de eso... Justamente el otro día, mientras viajaba en un avión, supe que el hombre que iba a mi lado también había sido piloto de bombardero. Fuimos a Vietnam porque no quedaba otra, sin pensarlo. Yo era muy joven..." En esa misma línea de vida testimonial está el papa de Anna, una amiga de mi Fabia, quien peleó en Afganistán y quedó lisiado. Vivía en el campo pero, para estar más cerca de sus hijas, se compró un departamento en el pueblo. Pienso en Lee, mi vecino, indio Mohawk de la reservación de Messina, al norte del estado de New York. Ex-marine, ocho años en servicio. Lee es callado y servicial y trabaja en lo que venga y con orgullo también sale en su ruidosa Harley Davidson.
A veces, Lee se pone de acuerdo con Phil.
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Phil era bombero y ahora, luego de muchas tribulaciones con su salud y los trámites médicos, se ha jubilado. Tiene un permanente dolor en la espalda que esperamos haya terminado con su última operación. Abre su garage y se pasa horas de horas limpiando y arreglando. Tiene todas las herramientas para reparar cualquier cosa. A veces, mira los altos árboles del barrio y con nostalgia dice: "de joven los subía muy rápido". Lee y Phil, como buenos y típicos yankees, arreglan casi todo lo que se dañe en casa: "Si no lo haces tú, te va a costar muy caro". Les pregunto qué cervezan beben y me dicen que Bud Light y me les río. Esa cerveza mala y barata es para solteros, replico. ¿Richard bebe? le pregunto a Phil. Claro, dice con seriedad, le gusta la misma mierda amarga esa que tú tomas, esos ales. Y ahí nos ponemos a pelear sobre quién canta qué canción que suena en la radio o me cuenta cómo los Dire Straits escribieron Money for nothing.


Hay días de lluvia en el verano y me entristecen porque nuevamente me envían a las vacaciones escolares del trópico. Hay tantas historia aquí y en cualquier parte del mundo, es asunto de descubrirlas y valorarlas, como la de Steve o la de Beverly y Jack... Hay tantas historias como la vida misma.
Así han pasado y pasan los años en Plattsburgh, New York. Pero, como digo a todos: de aquí ya no me muevo.

viernes, 28 de abril de 2017

MEMORIAS DEL HOMBRE CALVO


El hombre que se está quedando calvo, para despistar usa sombrero, se deja crecer la melena (como caricatura de Quino), la barba, las cejas y hasta los pelos de las orejas.




Sentado en su casa, mira a través de la ventana y con nostalgia recuerda sus años mozos, cuando tenía una leónica cabellera que incitaba las más bajas pasiones en las damiselas de su barrio y mataba de envidia a los otros, esos que ya se le habían adelantado en el camino calvil.




Cuando notó los primeros síntomas de su calvicie aún era joven, no llegaba a los treinta. Reacio como aquel que no quiere aceptar el cruel destino, empezó a usar viseras, pañoletas de pandillero (esas que llaman bandanas) y hacía como que manejaba una Harley-Davidson a todo vapor por las carreteras de su campo, engalanado su rostro con unas gafas Ray-Ban y acaso un chaleco de cuero.




Frente al espejo, mientras con cuidado se afeita los pelos de la cara para no desbalancear la barba, como al descuido toma un pequeño espejo y lo pone sobre la coronilla. Lleno de valentía mira la claridad que se perfila debajo de la rala cubierta. Se peina echando los mechones hacia adelante mientras lucha por ocultar, al mismo tiempo, las entradas de la inobjetable frente de playa que tiene consagrada. Vencido por el tiempo y la ausencia de pelaje, dice: "qué chucha, no soy el primero ni el último". Y sale del baño perfumado, casi heroico...

En sus mensajes anota también lo que le cuentan al compartir sus preocupaciones con amigos y allegados. Así, le dice Patricia León que puede peinarse con gel, pero Francisco Oliva replica que no hace falta porque los calvos somos cabezas brillantes.

Luego de bregar consigo mismo, el tiempo, la peinilla y el pelo ralo, recuerda haber leído que a las mujeres les gustan los hombres calvos, que son sexis, muy varoniles, maduros. Envalentonado con esta última memoria, busca afanoso el diario. Llama por teléfono, le dan los horarios y anotan su nombre. Desde el lunes, alzar pesas y caminar desaforado por las calles para combinar calvicie con cuerpo de Adonis, como sale en los videos.





 





miércoles, 5 de abril de 2017

Dos viejos poemas


mi padre y yo caminábamos

hacia un terreno baldío y abierto al campo

como si fuera una película de Fellini

a la izquierda había un circo inmenso

a la derecha, un sendero que se transformaba

en un largo camino cubierto de árboles

vamos por el bosque, me dijo

y a la entrada del mismo, en una pequeña habitación

nos encontramos con un hombre ya mayor y otro muy joven

que nos preguntaron cómo mismo era la letra de una canción

¡ah! ¡Benedicto! ¿recuerdas cómo era? le pregunté

y mientras tarareaba la melodía

nos pusimos a cantar a todo pecho:

ayer era tu amante enternecido

ahora soy tu amigo de ocasión

tú quieres que yo vuelva arrepentido

y yo jamás iré a pedir perdón

y así, abrazados y cantando

nos metimos por ese sendero protegido de árboles

como el viejo león y el hombre de lata

que se pierden por el camino de ladrillos amarillos

 
 
* * *

En el 2002 éramos otros

En el sueño los mismos

Miguel Donoso Pareja

Era también el mismo

Con nosotros jugaba desaforadamente fútbol

En medio del polvo y la ventisca

(¡Oh! ¡Nublado y hermoso día del verano guayaquileño!

¡Cuántas buenas sorpresas nos trajiste!)

En el sueño nos habíamos reconciliado:

Mario Campaña se reía

Y Juan Moreno y Ricardo Maruri

Corrían en lo alto de la colina

Como en una escena de Bergman

Mientras entonaban cantos infantiles

Pero sin ser llevados de la mano por la muerte

Y también estaba Hugo Salazar Tamariz y Agustín Vulgarín

Que me hablaba de su Cuadernos de Bantú

Eramos los que siempre quisimos ser

Luego, cansados ya de tanta lucha y competencia

Bajamos pequeñas elevaciones y cruzamos el Puente 5 de Junio

Eramos tres grupos e íbamos uno detrás del otro

Junto a mí iba Jorge y otro amigo del Colegio Eloy Alfaro

(a quien nunca más vi y que era todos a quienes nunca más vi)

Detrás venían el gordo Páez, el negro Jaén, el cholo Cepeda

Mi querido sobrino Germán Simisterra, mis hermanos y mi padre

Y contentos caminábamos esa mañana de nuestra vida
 
 

jueves, 23 de marzo de 2017

Un largo adiós al gordo Nieto (3 de 3)



Recuerdos:
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la primera vez que oí el nombre y música de bola de nieve fue por el gordo nieto. estaba en unos cassettes que había mandado de méxico, creo que los tenia el conde..
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siempre me extrañó que el gordo no conociera "el king" (la cantina más bacana en el cristo del consuelo). cuando estuvo en guayaquil por última vez, en esos días de pez que fuma, lo invité y nos fuimos, creo con el conde... el gordo bramaba por una de esa negras hermosísimas y gigantes que trabajaban ahí... los presenté y se pusieron a conversar... luego bailaron, y otra vez verbo... luego ella se paró y me dijo: parece que su amigo no quiere nada. le dije al gordo: aplícate. el hombre se le acercó y se encerraron en un cuartito que estaba en la cantina... BELLEZA... me contó el gordo que la había invitado a ir al cine el domingo...
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en eeuu, durante años he recitado los poemas del gordo frente a mis estudiantes. jamás logré terminarlos. siempre me quedé a medio camino del dolor, del llanto, de la mueca... dije cosas como: "eres la mujer que conocí en el parque/ la que me dijo vamos al cine pero me respetas/ la que me contó de sus hijos de sus horas de abando/ la que no quiso acostarse de primavera conmigo/ después te malenseñas, solo me buscarías para eso y yo llegaría a odiarte/ eres la niña que jugaba en la vereda/ vino tu tio y te dio tres caramelos si te dejabas coger... el resto nunca sale en las telenovelas pero lo sabemos..." el poema pertenece a su "de buenas a primeras" el librito que se llevaba mi hermano kukuku buscando amor rumbo a esmeraldas, allá por el 76...
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todo cambia tan rápido. recuerdo que hace como 15 años, ya con mi residencia segura y mi trabajo permanente en eeuu, dije voy a guayaquil y luego a méxico (tabasco) a visitar al gordo... pero luego me casé y ya no se pudo.... recuerdo que seis veces, por lo menos, me pidió mi dirección de casa para mandarme su libro. la primera vez fue en el 84, la última hace pocos meses. le recordé que siempre decía lo mismo y nunca llegaba nada...pero igual se la di. y, como antes, ningún libro llegó.
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... contaba que entramos al pez que fuma (local cerrado, eran solo las 3 de la tarde) y nos instalamos. luego, golpe de 5, llego kukuku (el gordo era su ídolo, pues kukuku se llevaba "de buenas a primeras" como libro de lectura rumbo a esmeraldas, dije arriba). lo vio y se saludaron como hermanos y me dijo kukuku: que no pague nada. y nos instalamos con balseca y el gordo. no había dj, así que puse música de la fania...
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una noche, en casa de guarderas, que acababa de regresar de brasil, con el gordo, los villavicencio y el negro ulloa, nos pusimos a escuchar el lp de chico buarque, mientras guarderas nos traducia... ¿estaba aún nieto en Guayaquil o ya se habia ido?
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colegiales aún, ya en sicoseo, una noche, los viejos del taller se fueron al drill domino y nos metieron de agache: vimos a la dama desnuda con una rosa en esa parte, bailando en un escenario con forma de concha... 16 o 17 años tenía...gracias gordo lindo.
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en los años de sicoseo, el llorado carlos calderón chico nos llevó a yaguachi a dar un recital de poesía (sí, a yaguachi). yo leí mis cositas y todo el mundo lo suyo. al final, el gordo nieto leyó sus poemas de salsa, putas y el guayaquil de la calle.. el negro ulloa, que estaba al fondo del salón, contaba después que uno de esos campiranos, oyendo los poemas del gordo, se puso salsoso y medio bailaba y movía el brazo de un lado a otro, como hacían los bacanos en esos años....
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de su corta estadía en cuba supimos dos anécdotas: estando los escritores frente a fidel castro, cuando llegó la hora de saludar, éste le preguntó al gordo: ¿de ecuador? y él le contestó: no, de guayaquil.... la otra es que un escritor cuyo nombre no recuerdo, había dicho que el caribe llegaba hasta guayaquil. gracias al gordo, al poco tiempo se regó la frase "guayaquil, último puerto del caribe"
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De mi novela: Si es que te queda cariño (y otras aventuras del Cholo Cepeda)
www.todosvuelven.com
El almanaque contemplo con tristeza
Guayaquil 1979. El gordo Nieto un día tomó el avión y se fue a México. Con el Conde de Montecristi y el negro Ulloa fuimos a despedirlo al aeropuerto. Nos dijimos adiós con un abrazo y subimos a la terraza a ver cómo el avión despegaba y se hacía chiquito en el azul del cielo. Imaginábamos que el gordo ya habría abierto la primera cerveza o sentiría la grave tristeza de dejar el terreno que uno quiere, el lugar en donde nacemos y crecemos. ¿Teniendo trabajo y amigos viajar al extranjero, para qué? Todo lo que quise yo/ tuve que dejarlo lejos. Nieto estaría como el personaje de Velasco Mackenzie, la chica que viaja al norte protegida sólo con una chaquetita y sus sueños de emigrante. En los sueños de esa chica iban también los sueños de todas las muchachas de Ecuador, y en el viaje del gordo nos íbamos también nosotros.
Cuando el avión desapareció en el cielo empezamos a sentir un extraño vacío. Con ese mismo vacío, interior y desconocido, tomamos un bus de regreso al centro de la ciudad, pero nos bajamos a medio camino, en el Coliseo Cerrado, que estaba atestado de colegialas. Con el Conde y el negro tratamos de perdernos en la multitud, pero en nuestra incómoda desazón sentíamos el peso del hermano mayor que se había muerto. ¿Cuándo volvería? ¿Qué mierda haríamos ahora sin él? ¿En qué quedaría el grupo Sicoseo? ¿Quién nos prestaría sus libros, nos llevaría al Drill Dominó y nos haría escuchar los últimos discos de la Fania? El gordo se había ido, la suerte estaba echada. Luego pasarían algunas cosas, más de las que hubiéramos deseado.
Al principio era el pez
Ok, vamos a refrescar cómo fue todo. Esto empieza más o menos así. Guayaquil, Barrio de Astillero, verano de 1980. Estábamos Kukuku, Pancho Ronquillo, Cafecito Arteaga y yo. Kukuku dijo voy a poner una barra de salsa, va a tener luz roja, un espejo inmenso detrás del mostrador para que los butinos se engrupan y empluten hasta las cachas, le voy a decir al negro Pescao que ponga música. El piso debe estar brillante, la melodía certera para el bacaneo y el aire acondicionado a full. ¿Y qué nombre le ponemos? Yo abro el pico y le digo ponle El pez que fuma, en homenaje a la película venezolana.
A las pocas semanas funcionaba El pez que fuma en las calles de Chimborazo y Colombia (esquina). La inauguración fue una chupiza a vaca mú. Kukuku había invitado a unos vecinos que pensaban que la barra sería un prostíbulo “a pocas cuadras de un colegio de señoritas”, según la volante que repartieron. Era sábado y hacía un sol de hijue. Por esa época yo andaba con Lucía, el Conde de Montecristi ya era mi pana, así como Cucharón de Oro y el poeta greco-chipriota Urías Fuenzalida, exiliado de Pinochet (con esa delantera Ecuador sí podría clasificar al mundial).
Al negro Ulloa, al ronco Artieda y al manaba los veíamos sólo de repente, ergo, se perdieron la inauguración del local. Estaba la gente del barrio y la plana mayor del MRIC, el grupillo politiquero al cual el Conde llamaba La nave de los locos, dada la inefabilidad de sus líderes, sobre todo del célebre Comandante Gargajito.
Yo caía por el pez a veces enjebado a veces solitario, con un yunta o la gente del barrio, cualquier noche de tragos era dedicada a los clásicos de la salsa, la Sonora Matancera y sus boleristas, un poco de Beny Moré y Celia Cruz cuando decía usteeeed abusooooó/ sacó provecho de mí/ abusooooó/ de mi cariño usted se burló/ se rió/ me dejó.
Una noche estábamos Rockolita y yo. Papaíto decía para ti/ yo canto madre querida/ para ti y Roberto Roena tocaba el himno de un amor imposible potente cual marejada fue su amor/ la playa de mi cariño la arrasó/ marejada felíz/ vuelve y pasa por mí/ aún yo digo que sí/ que todavía pienso en ti, mientras en un flash-back Ismael Miranda recordaba que para componer un son/ se necesita un motivo/ y un tema constructivo/ y también inspiración. Pero las mujeres llegaban al bar repentinamente y luego se iban a buscar otros mares de locura. Y muerte y resurrección ocurrían a un mismo tiempo. Desde la atalaya, que era la cabina de música, veíamos desfilar en la pista de baile a banqueros, escritores, albañiles, futbolistas. Desde la cabina de música, Rockolita y yo, celebrábamos nuestras derrotas amorosas, el desembarco de la nave de los locos, la pérdida del poco equilibrio que nos quedaba y la búsqueda de una razón para vivir. Desde nuestra atalaya todo se iba poco a poco iluminando a punta de cubalibres y cigarrillos. Y la magia del trópico dejaba de ser la cruel realidad para convertirse en una película que vemos casi distraídamente en un cine de segunda.
El sueño de la razón produce más sueños
1981. Pesar de los pesares, el MRIC, la nave de los locos se fue a pique, la economía nacional a la mierda, Lucía desapareció y llegó el Fenómeno del Niño, el invierno tropical adueñándose de la Costa. Años de diaria lluvia torrencial, inundaciones y destrucción de la esperanza. El pez que fuma también se fue a la mierda: los policías, los comisarios de turno o cualquier cojudo de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil aparecían pidiendo dinero “para la campaña del partido”. El amor, la militacia, la rumba, todo se fue volviendo como una canción de Felipe Pirela y la orquesta que se retira de a poquito, dejando sonar de uno en uno los instrumentos hasta que pum se acabó.
Con el Conde, en esos permanentes arrastres de la tristeza o el odio, religiosamente, cada sábado por la mañana, íbamos a casa de Velasco Mackenzie. Ahí estaba él esperándonos con sus libros, caminando lento con nosotros por la Avenida Quito hasta llegar a la esquina de Maracaibo, sentarnos, chismear y conversar de literatura y pedir las primeras cervezas, carne de cerdo y condimentos. El gordo Nieto se había ido y Velasco Mackenzie nos aguantaba la caña con paciencia de madre, hasta nos tomaba en serio. Nos hacía entrar a su casa y nos contaba lo que estaba escribiendo. ¿Cómo sería posible escribir algo mejor que De vuelta al paraíso? me preguntaba a mí mismo. De su casa íbamos directo a la tienda de doña Julita, a rematar con canciones de Julio Jaramillo, o llegábamos entusiasmados a la cima de la montaña y desde allí, sentados y en silencio, veíamos Guayaquil hacia el sur, mientras el sol caía sobre nuestras espaldas y sonaban canciones de John Denver, James Taylor, Jim Croce, América o Seals and Croft. ¿Para qué nos sirvieron esos años en la nave de los locos? ¿Por qué acudimos una y otra vez a esos bares y canciones?
Ahora que estoy escribiendo esto me doy cuenta que El pez que fuma ha quedado de alguna manera en todos los que allí escuchamos la canción que dice nació en el mismo solar que yo nací/ y canta como yo/ le canto la melodía de los suburbios que Santiago Cerón nos enseñaba mientras el Cuervo Zavala repite que fue una nota turra vender el pez, sobre todo los discos, y, abriendo los brazos al cielo sentencia: toda una historia, toda una vida bróder y pide tres más y le dice a Rockolita que ponga un bolero Bobby Capó y que sigamos chupando.
Un ensayo (incluido en mi El libro del barrio):
Fernando Nieto Cadena (III): poética del tiempo
Todo esto vivirá en el recuerdo de mis momentos cruciales
podré decir que fueron instancias culminantes de mi escombro mental
podré romper las telarañas de tanta huella
decorar con fras es sinceras insistir en los destierros a las lentas suaves
disconformes patrias del chisme
Después de todo nunca confesé que soy felíz
a lo mucho que soy felíz cuando lamo tu pubis tus muslos tus senos
el estero de miel de tu sexo
Lo juro jamás volveré a decir que fui felíz
tan sólo sueño recuperarme en la encrucijada de tus piernas
(Exilios)
Entre 1995 y 1996 Fernando Nieto Cadena escribió Exilios, libro que nos muestra su profunda meditación sobre la herida existencial que todos llevamos dentro, lo que a veces llamamos casi al desgano “el sentido de la vida”. Su voz poética tiene mucha fuerza expresiva y refleja una gran tristeza. Por ello, es difícil leerlo sin abrumarse o desconsolarse. Antes y después de esos años encontramos una producción poética abundante, ideal para quien se quiera adentrar en una estructura emocional construída a lo largo de varias décadas, y de un arte combinatoria poco común en América Latina.
A Carl Jung, en más de una oportunidad, se le ha endilgado que en momentos de crisis personales el replicaba: "Excelente! Ahora abramos una botella de champagne y celebremos porque ya nada peor puede suceder; esta es la mejor oportunidad para aprender y hacer algo nuevo". Este optimismo tiene su origen en el sentido práctico y realista de la sociedad en que vivió: resolver los problemas, en vez de prolongarlos. Concordemos o no con Jung, su manera de asumir los desafios es un producto histórico de fuerte impacto en el mundo occidental, más que una muestra de alegre superficialidad.
Sin embargo, en América Latina, la vida no es concebida como un continuum irrepetible que va de menor a mayor o de peor a mejor. Por determinantes culturales, nosotros los latinoamericanos perseveramos en el dolor, no tenemos a dónde ir pero si mucho tiempo para esperar el regreso de la felicidad. No tenemos en la mente los conceptos de progreso individual, seguir adelante o salir victorioso después de una derrota. Nosotros vivimos siempre en el mismo lugar y con la misma gente -como diría Juan Gabriel- o hacemos de la nueva geografia de emigrantes el espacio en el que van a emerger, una vez más, nuestras viejas historias, a la usanza de los conquistadores que veían el Nuevo Mundo como una repetición de Europa, sus fantasías y sus mitos. La obra de Fernando Nieto Cadena es testimonio de ese latinoamericanismo que se opone a otras formas de asumir la vida.
En América Latina suponemos que lo que somos es eterno, y negarlo es negar nuestra propia identidad; pensar lo contrario es ceder al enemigo y estar testarudamente dispuestos a que, más tarde, la vida ajuste cuentas con nuestros mismos viejos errores. Así, vivimos (¿leemos?) en una disyuntiva: o el pasado es una totalidad cerrada y un archivo del que sacamos fichas para verificarlas en el presente, o lo asumimos como un proceso formativo (Williams 129-135). En palabras más crudas: O dejamos abierta la herida hasta morir o la cicatrizamos por vivir. La voz poética de Exilios, opta por la primera posibilidad. Aunque tiene la solidaridad de mujeres que lo entienden y se conduelen de su historia de hombre solo, vive siempre poseído de dolor. Así, Exilios deviene en un cuadro vivo, inconcluso y específico, de la vida de un sujeto masculino existencialmente herido. Esa herida fue hecha años atrás, pero la expresión de sus efectos se la ha venido puliendo a través del tiempo. Veamos el contexto general de dichos sucesos para luego tratar de situarlo en su exilio.
Fernando Nieto Cadena empezó a escribir a principios de la decada del setenta, época de la última dictadura militar en Ecuador. Le gusta mencionar entre sus preferencias a Ernesto Cardenal, César Vallejo, Ezra Pound, Fernando Pessoa y James Joyce. Profesor de literatura, es asiduo lector de los clásicos griegos y latinos, la generación beat y la literatura latinoamericana. Participó activamente en la vida política y académica de Ecuador y fue miembro fundador del grupo Sicoseo, interesado en experimentar con el lenguaje coloquial de su ciudad, la música y la cultura popular. Ha publicado varios libros de poesía y uno de cuentos, y consta en diversas antologías. Vive en México desde 1980 y trabaja dirigiendo organismos culturales y talleres literarios, dicta conferencias y escribe para revistas y periódicos. Tiene varios libros inéditos, de los cuales Bulevard Manigua, De última hora, y El cuento de la Isla, están en vías de publicación.
La poesía de Fernando Nieto Cadena no ha recibido la atención de la crítica por falta de divulgación editorial y porque su discurso no pertenece a los "grandes relatos" ni al vanguardismo literario, tampoco a la llamada literatura comprometida, tan de moda durante los años en que el empezó a escribir. Su poesía tampoco se empecina en ser marginal, rasgo predominante en muchos escritores e intelectuales de su generación. En cambio, siempre nos muestra lo que conoce mejor: al hombre de clase media popular con el cual se identifíca plenamente. Su perspectiva es la de un flaneur que quiere entender los sucesos y personajes de su medio, y establecer los dilemas de su vida. En este sentido, su extenso trabajo puede ser leído también como un permanente esfuerzo de autocrítica. La voz y perspectiva de Nieto tienen varias caracteristicas: Lo caribe, el humor, el. existencialismo y la nostalgia por el pasado. Lo caribe se muestra a partir de la influencia cultural que esta región ejerce sobre Guayaquil (la ciudad real de Nieto), así como sus amadas Isla del Carmen, Villlahermosa, o el DF, con su manera de hablar y música alegre que llega vías boleristas y cantantes de música salsa, así como por la fuerte presencia negra. Lo caribe, en Nieto, es el realce de la herencia africana, junto a la india y europea, que son la base de la cultura latinoamericana. Su poética se emparenta con el concepto de trietnicidad del colombiano Zapata Olivella (Jackson 1998) y el de etnopoética de Richard Jackson (1979).
La segunda característica de la poesía de Nieto es el humor. Este aparece en medio de alta tensión provocada por el cuestionamiento a las razones para vivir, la injusticia social o la política. El uso del humor sigue el viejo consejo de no tomarnos tan en serio en la vida y llega a ser ironía o sarcasmo, sobre todo cuando la razón se agota y la vida es algo absurdo. Esta circunstancia se emparenta con la tercera característica de su poesía: El existencialismo. Por un lado, la poesía de Nieto interroga y sospecha de la rutina, por otro, no ofrece ninguna solución a la domesticación del tiempo cuanto una llamada a estar alerta frente a lo que representa. Este existencialismo, personal y militante, sólo encuentra balance en el humor.
La cuarta característica de su poesía es más sutil y delicada: la nostalgia por la infancia y la adolescencia, en medio de la evidente pero jamás nombrada ausencia del padre. La poesía de Nieto extraña el mundo materno: la calidez de una casa donde hay una madre que nos alimenta y nos enseña y abre a la dimensión del amor, el tiempo en el que salimos a las calles y conocimos a los que serán nuestros amigos y enemigos. En Nieto, las referencias al pasado, el alimento familiar y el amor materno, emergen en sus textos y se traducen en encuentros con amigas, parientes o prostitutas, a través de canciones infantiles o anécdotas de personajes de la calle. Estas cuatro características distinguen la particularidad de su poesía y especifican la manera en que el hombre latinoamericano de la clase media popular construye su identidad.
La obra de Nieto Cadena, a ratos barroca y complicada por el exacerbado uso de localismos o referencias eruditas, puede ser leída como arte verbal y también como documento personal y cultural. En tanto arte verbal, sus poemas son una especie de Carmina Burana o lejanos herederos de la tradición medieval que los estudiosos (Auberbach, Spitzer, Curtius y Huizinga) denominan mezcla de alta y baja cultura, aunque expresadas en las condiciones históricas de América Latina. En tanto documento personal y cultural, hemos dicho que es la memoria de un hombre de clase media pobre, que vive en un espacio concreto y es marcado por las contradicciones de su tiempo, geografía, culturas y conflictos diarios.
Su estilo, que ya catalogamos de "caribe, existencial, humorístico y nostálgico" aborda también temas como el costo de la vida, los encuentros con las prostitutas, los amores que terminaron, la topografia de calles y cantinas, las vidas de inmigrantes del interior, de los sub-empleados y personajes de la calle. Notamos en su estilo una combinatoria que une largos versos con frases sencillas, localismos y letras de canciones populares (boleros, rancheras, pasillos, valses y baladas), frases en latín y francés con disquisiciones intelectuales sobre autores como Freud, Lacan, Marx, Huidobro y Góngora, o personajes como Fidel Castro o el Che Guevara. En su poesía también encontramos una clara tendencia de libre fluir de la conciencia que genera lo que Kenneth Burke llama "perspectiva por incongruencia", aquello que, a pesar de su barroquismo, “no pertenece al culto del virtuosisrno sino que nos lleva a la verdad sencilla" (309). Es decir, se trata un ejercicio de escritura en el cual los medios retóricos son enfatizados y usados de manera diferente a la usual: por ejemplo, una canción infantil no servirá para dormir a un niño sino para enfrentar el presente conflictivo con el pasado idealizado, a la manera de Walter Benjamin cuando habla del amor de las empleadas que cuidaban de él (3). Esta "perspectiva por incongruencia" utiliza un tono burlón o la perspectiva de un niño o bufón, y aparece muchas veces en espacios públicos, como parques, plazas, cines o calles, tal como ocurre en Somos asunto de muchisimas personas:
Entretanto
Mesié Lacan me sicosea el mate
Me pela los cables
Y no salgo de mi confusión
...
Regreso entonces
Galopante edipismo
Ni modo
A las tardes cuando mamá me chantajeaba para hacerme dormir
Con esa canción de cuna que repentinamente se desboca al papel
- señora santa ana
- ¿por qué llora el niño?
- por una manzana (niñito)
- que se le ha perdido bataclán
No tienes componte dijo mi madre
Al verme regresar a altazores de la noche (84-85)
Otras veces, la "perspectiva por incongruencia" se construye a través de juegos de palabras crípticas y oscuros conceptismos, ambos dentro del argot de la calle:
Ese decir de esos decires
- al rato
- ahorita mismo
- yatuvés
- híjole manito
- alza loquillo
- te lleva a la constelación de los circunloquios
- de los circos e loco
- caes en la cuenta
- pero ya es tarde
volver volver a tus brazos otra vez. (77-78)
Encontramos en su obra también la burla al nacionalismo patriotero, así como la imposibilidad de resolver una herencia cultural conflictiva. Una vez que la voz poética explora estas circunstancias, generalmente se deja llevar por el ritmo de los acontecimientos o, casi vencida, cierra el poema con una sentencia de aprendizaje:
confundir en las nieblas de tu memoria
los comunes lugares oh de mi patria tricolor harapo
amarilloazulyrojoesperanzacomepiojo
de no saber hacia donde pedalear tu amazónico conjunto de
inservibles recuerdos. (83)
En otros versos que ilustran la combinatoria de burla infantil con pobreza social y conflictos familiares, dice:
la dirección de la zorrita que me pidió la visitara en el DF
ella trabaja cuento de meca para mantener a sus tres niños
nunca lo ha hecho en la capital porque no quiere que sus niños
lleguen a enterarse releo
ese oficio no me gusta mantantirun tirulán. (85-86)
Si los poemas anteriores ilustran en parte lo que Fernando Nieto Cadena ha venido desarrollando, los que fueron escritos entre 1995-1996 susbtraen de ese corpus los más afinados elementos para organizar una poética del destierro. Los parráfos siguientes tratan de mostrar la fenomenología de esa experiencia de descenso al infierno, y centran la lectura de Exilios en los temas amor, sexo, muerte y orfandad.
En su ensayo Hacia una crítica dialéctica, Frederick Jameson sostiene que:
La fenomenología es precisamente el intento de decir no lo que es un pensamiento, tanto como la manera en que se siente. No busca hacer afirmaciones sobre el contenido (aquello que es de manera momentánea puesto entre paréntesis) sino describir las operaciones mentales que corresponden a ese contenido en toda su especificidad temporal. Su modo de prueba, para el lector, no consiste en la argumentación lógica sino en el shock o la falla del reconocimiento. (306)
Para Jameson, hay que leer un texto con la predisposición de detectar la perspectiva de quien escribe y establecer "las operaciones mentales que corresponden a ese contenido" emitido por la voz poética. Esa lectura, en el caso de los poemas de Nieto, parte del reconocimiento de que la voz poética vive el amor de manera conflictiva, no como algo estable (monogamia, sólido compromiso de pareja o familia), sino como sexo fugaz que se afana en eternizarse. Esta pérdida y afanosa recuperación del amor y tiempo personal estructuran la encrucijada de su vida.
En otros libros, Nieto habla desde un sujeto masculino que mantiene la frescura del humor adolescente y la picardía del amante ilícito, que está dispuesto al debate y rehúsa hacer de su vida un cómodo trampolín para afiliarse a una mentalidad burguesa que se olvida del dolor o abandera un gratuito egoísmo. En otros libros indica también que sólo el amor nos redime de la orfandad y el abandono, pues quizá de esta manera podamos entender el shock y la falla fenomenológica de sus poemas y de la que nos habla Jameson. Este desgarre personal y cultural es una de las característica mas notables de una masculinidad latinoamericana conflictiva y agobiada en su proceso de transformación y madurez, que ha pagado un precio muy alto por hacer de la duda permanente su principio de vida.
Exilios no se refiere al exilio político al que millones se vieron abocados a causa de la intolerancia de los régimenes dictatoriales, sino al otro: al exilio de la familia y de sí mismo, es un canto a la orfandad y a la imposibilidad de realizar los sueños y deseos. En Exilios, la subjetividad de la voz masculina se expresa como un incesante ajetreo de emociones y muestrario de cicatrices que el tiempo ha dejado, a través de las máscaras que usamos para ocultar nuestras responsabilidades, temores y debilidades. La ausencia del padre y el recuerdo de la madre se convierten en la fuerza totalizadora que hegemoniza el pasado y determina el presente. Exilios es un recuento grave, por instantáneas, que nos remite a los grandes exiliados de la historia: las víctimas, Cristo, los personajes de Kafka y Dostoviesky; los criminales y el hombre común de la calle asomado al oscuro abismo que es Dios y que no entiende; o al destino o al tiempo o a la cultura. En Exilios vivimos el momento de mayor oscuridad y desasosiego que Nieto haya mostrado hasta ahora. Es el cuadro de una severa crisis. Aquí demuestra que la felicidad no depende de las voluntades individuales y que no se puede vivir el presente mientras se niega que el pasado es, en realidad, un proceso. Sin embargo, prepararse para aceptar el pasado como una fuerza transformadora requiere de braveza y lucidez, pues hay que pasar por un momenta de transición que incluye grandes riesgos:
Un paquete de basura navega por el estero.
Trato de responder a esa pregunta de hace mil años
trato de responder cuál ha sido mi día más triste y caigo en el replagio de
repetir lo ya dicho
mi día mas triste no ha llegado todavía
sé que pronto llegará
sé que pronto estas palabras ya no tendrán ningún sentido
Una mujer lloró leyendo estos versos
me dijo cómo puede alguien vivir con esta soledad tan grande
no pude contestarle no le pude decir que desde hace mucho esto no es vida ni muerte ni nada
no le pude decir que esta soledad tan grande es todo lo único que he tenido
Esta noche al decirte adiós sé que empecé a despedirme de la isla.
Busco alguna salida un camino que me permita descaminar todo  
lo desandado ya no quiero jugar con palabras de otros desalientos
ya no las palabras este ardid espectral de sombras y misterios
Pero a una resolución le sucede una negación. En el umbral de los grandes cambios hay un instante en que volvemos a negarlo todo y vemos las cosas de manera invertida: el dinamismo del pasado se niega en nombre de una estabilidad presente que se supone (y suponemos) eterna, el amor se convierte en rabia y el optimismo pasa a ser la nueva forza totalizadora:
debo pensarlo bien debo contestar si va en serio lo de mi regreso
debo preparar mis cosas qué dejaré qué llevaré dejo un fracaso infinito
una frustración monumental
¿de qué ha servido todo?
¿para qué este desperdicio de tanta vida inutil gastada entre libros y poemas?
Ahora entiendo mejor aquello de la vana existencia
Camus fue un capo
el único problema filosófico serio es responder si la vida merece la pena
Regreso
Empiezo a escribir que despues de todo morir enredado en tu pelo
sería etc. etc.
Si el pasado no es asumido como proceso sino como un mero archivo al que creemos poder utilizar según nuestras conveniencias, volveremos, tarde o temprano, al mismo punto de partida: el que nos hace suponer o presumir de que somos muy objetivos:
debo decir que estoy recuperando después de muchos años
un pasado que pretendí olvidar para enfrentar el presente
sin lastimaduras patrioteras
puedo hacerlo ahora que supongo haber asimilado el dolor de la patria
tras un ejercicio de presunta objetividad sepultadora de la subjetividad
que el terruño desparrama
esto del dolor se siente en los riñones hígados testículos estómagos
no importa que sea de la patria grande o chica el despelote es el mismo pienso haber asimilado ya ese dolor pienso
Pero volver al inicio es volver al recuerdo. Y el recuerdo, cuando no nos ayuda a revalorar la vida, puede ser también el final del ciclo y la última página del libro. Nieto lo sabe y deja que la prudencia aparezca en medio del temor, como una ayuda del antiguo guerrero al niño o adolescente que todos llevamos dentro:
me instalo en la lectura de estos años vividos al margen de ese amargo dolor de patria
de esa histeria en trance de naufragio alguien dice que nunca me fui
que permanecí entre ellos tal vez sea cierto
encontré una isla donde pude sobrevivir con la precaria memoria puesta en el presente
hice planes para mañana porque nunca tuve más futuro para asombrarme de estar vivo
una mujer me acompaña en medio de sobresaltos y desencuentros
le digo que escribo para ella y no me cree encuentra indicios que no le corresponden no se percata del disfraz del extremo cuidado
que debo poner para el despiste a ratos
uno -yo- pienso que los poetas románticos no se complicaban tanto la escritura
a ratos mejor vuelvo a mi negativa de regresar por unos meses
a esa ciudad que sólo existe en mis recuerdos
ni siquiera la edición de unos libros me entusiasma
aun no estoy preparado aun no es hora aun debo resolver ciertos ajustes conmigo mismo entre tanto
En Exilios, el proceso de revisión del sujeto masculino marginal es arduo, brutal y conmovedor. Cuando se acomete dicha empresa hay que tener objetivos claros, vislumbrar de antemano los posibles errores, evaluar el terreno y las fuerzas del enemigo, pues es el combate del instinto contra el cansancio, de la sospecha contra la fragilidad, de la razón contra lo imaginario burocratizado (Burke 225-29), de la oportunidad de regresar y recuperar el ritmo que dejamos atrás versus la ingenua totalización de un tiempo hegemónico que se autodenomina "ideal" "perfecto" o "bendito". Caso contrario, haremos de nuestro presente un exilio, esta vez permante y fatal:
Voy a empezar a contar mi cuenta regresiva.
Al fin y al cabo nadie me echara de menos cuando falte
a la hora de los recuerdos
nadie que no sea el eco de trabalenguas aun no descifrados en los parques.
Hablé de mi ciudad como si no supiera que nunca tuve una ciudad
para mi duelo
nunca tuve a mano cuando más necesite el abrazo de una mujer enamorada jamás supe de un beso cuando la depresión aprisionó
mis falsos optimismos ante la muerte.
No me quejo.
Entiende por favor que no me quejo tan sólo me despido
En este comentario he tratado de establecer la encrucijada existencial que Fernando Nieto Cadena plantea en Exilios, algunos de sus temas centrales y la manera en que la obra poética es representativa de un momento de la escritura de su autor y de una actitud que corresponde a una gran parte de la población masculina latinoamericana. De allí su doble e inmenso valor. Exilios requiere de una lectura realizada a varios tiempos, pues el peso de su mensaje puede servir para reafirmar algunas sospechas y presupuestos de la propia rutina y el tiempo domesticado que quiere combatir, o para labrar dialécticamente una actitud más positiva, saludable y madura. Cuando logremos hacer esto último, podremos invitar a Jung, Jameson y a todos aquellos que llevamos dentro, y agradecerle a Fernando Nieto Cadena lo mucho que nos ha ayudado a pensar mejor la vida que llevamos.
obras citadas
Benjamin, Walter. Reflections. New York: Schocken Books, 1986.
Burke, Kenneth. Attitudes Toward History. Berkeley: U of California P, 1984.
Jackson, Richard L. Black Writers and Latin America. Cross-Cultural Affinities.  Washington, DC: Howard UP, 1998.
---. Black Writers in Latin America. Albuquerque: U of New Mexico P, 1979.
Jameson, Frederick. "Hacia una crítica dialéctica" en Marxism and Form. Twentieth
---. Century Dialectical Theories of Literature. Princeton: Princenton UP, 1974.
Nieto Cadena, Fernando. Exilios.
---. Somos asuntos de muchísimas personas. Mexico: Boldó & Climens, 1984.
Williams, Raymond. Marxism and Literature. Oxford: Oxford UP, 1977.

jueves, 16 de marzo de 2017

Fernando Nieto Cadena: Roberto Roena y cartas desde México (2 de 3)

Murió "el gordo Nieto" y algo se ha movido en el mundo literario de Guayaquil, Tabasco y Campeche (isla del Carmen) y quizá el DF. Y comienzan las especulaciones e iniciativas por rendirle justicia post-mortem. Entiendo el afán de quienes lo conocieron pero lo que no se da (o consigue) en la vida, no tiene sentido darlo (o conseguirlo) en la muerte. Vivir para la eternidad es parte de un discurso adoptado, pocas veces pensado y mucho menos sentido. Esta postura tampoco es nueva: existe y es documentable a lo largo de la historia: Ubi Sunt vs Carpe Diem o, de manera más amplia, en las "Meditaciones" de Marcos Aurelius.
¿Qué harán las autoridades del Consulado de Ecuador en México con las cenizas de Nieto? ¿Acaso publicarán sus tantas obras inéditas? ¿En qué manipulaciones entrarán sus "amigos de última hora" y los burócratas de la cultura de Ecuador (esos que tanto detestaba el gordo) para aparentar cercanía con alguien de quien supieron solo de lo lejos? No lo sé. Personalmente pienso tiene sentido que sus cenizas queden en la tierra que le dio cariño y lo recibió mejor que su lugar natal. Creo también que su obra debe ser puesta en la red, de manera gratuita, de libre acceso y sin restricciones de ningún tipo, pues Nieto tenía varias obras, inclusive diagramadas, listas para ser impresas. (Me contó una vez que eran más de nueve y yo mismo tuve copias de tres poemarios de versos largos, casi prosa, muy en la línea coloquial y personal que lo caracterizaban). Digo esto porque posiblemente no se publiquen de otra manera y, más vale, aparecerán algunos que creerán que hay dinero detrás y reclamarán derechos de copia o autoría, como ocurre frecuentemente en nuestras ingratas repúblicas. Que esto quede de lección para todos nosotros, para cuando nos llegue la hora del viaje: hay que dejar la casa en orden, las cosas definidas y no cargárselas a los demás. Irresponsables en la vida nunca son perdonados en la muerte. "Lo que me vayan a dar / que me lo den en vida" dice Roberta Roena:

Incluyo abajo dos publicaciones, del 89 y el 90, en las aparece claramente lo que mi querido gordo Nieto pensaba de su identidad, Guayaquil, la política y la amistad. Hasta donde sé y recuerdo, se mantuvo fiel a su pensamiento, refrescado acaso (¿profundizado?) por su residencia en México.