Blaise Cendrars es el más americano de los escritores franceses, escribió Henry Miller. Lo recordé mientras hablaba con Margaret. Me voy a Niza, dijo ella contenta. Hablamos un poco más de los problemas del trabajo pero se me quedó en la mente la frase de Miller. Ten cuidado le dije, ese Buda que sostiene tus libros se puede caer, mientras le mostraba la estatua al borde de la percha. No, dijo aún sonriente, es muy pesado. No si está junto a Camus o Balzac, repliqué. Le conté que Serafita y Luis Lambert eran dos libros favoritos de Miller. Ah, tendré que leerlos. Nos despedimos. Me metí a la oficina e inmediatamente sonó el teléfono. Era Phil. Nos vemos el viernes, dijo. Seguro, te llevo esas cervezas baratas y malas te gustan. Ok, terminó.
Lo vi temprano en su casa. Como siempre, tenía las puertas de los garages levantadas dejando divisar las herramientas colgadas en las paredes, el Mercedes convertible, la podadora y la Ford blanca doble cabina. Junto a él, el nuevo inquilino: Martin, un perro labrador que había rescatado de Texas dos semanas atrás. Como Phil, Martin era "un gigante delicado". Sólo bastaba acercársele y él ponía su cabeza en el regazo y se quedaba inmóvil, recibiendo caricias. La primera vez que Phil me vio arreglando el jardín puso junto a la puerta una sierra de cortar ramas. Le fui a agradecer. No hay de qué, yo tengo dos y esa pertenecía al anterior dueño de casa. Ese árbol en tu patio, de joven yo podía escalarlo sin problemas. Pero no ahora. Tengo la espalda hecha pedazos. Mira, dijo, mostrándome las cicatrices de las operaciones. A veces el dolor me llega a las piernas. Ya llevo mucho así pero este será mi año de recuperación porque no me puede ir tan mal por tanto tiempo, concluía mientras limpiaba unas piezas del carro.
Phil vivía al cruzar la calle. Al lado derecho vivía una familia de tres que incluía al pequeño Thomas. Mientras hablaba con Phil lo veíamos andando en su monopatín a toda velocidad. Dos veces había hablado con él. La primera fue para decirle que no golpeara el pequeño árbol que habíamos sembrado, y la segunda cuando me preguntó si quería verlo andar en su monopatín. Claro, contesté, mientras iba veloz y contento desmostrando pericia a lo largo de la vereda. Muy bien, añadí casi saber qué más decir. ¿Tienes padre? preguntó. Sí, le contesté, pero ya es muy viejo. ¿Eres un buen padre? Trato de serlo, contesté. Yo tengo un padre, continuó, pero es un mal padre. Y partió veloz nuevamente mientras yo agarraba las fundas de compras y me metía a la casa.
El verano había demorado en llegar. De hecho, estábamos a finales de Junio y solo habíamos tenido un par de días de calor insoportable. El viernes fuimos donde Phil. La tarde estaba hermosa, tranquila y soleada pero el lago aún frío. Las nenas jugaron con Martin y la madre bebió unas cervezas. Me tiré al cesped, junto a un árbol, viendo las nubes. Estaba ya muy lejos de todo. El tiempo y su geografía eran recuerdos cada vez más lejanos. Solo quedaban las nubes. Y, a lo mejor, ni siquiera eso.
miércoles, 21 de junio de 2017
martes, 30 de mayo de 2017
20 años en Plattsburgh, New York
Llegué a Plattsburgh en Agosto del 98. Pronto vino el otoño y después el largo, frío y temible invierno con nieve y ventarrones, y el lago Champlain se convirtió en una inmensa estepa de hielo en donde, cercanos a la orilla, algunos pescadores hacían un hueco y se sentaban a esperar que mordieran el anzuelo. En estos casi veinte años he visto cómo el tiempo pasa y cómo se detiene. Por ejemplo, en los días cálidos el cielo azul y el escurridizo sol me llevaban al trópico de mi infancia. En los primeros años en Plattsburgh sentía que estaba solo pero conmigo, de alguna manera atrapado en un eterno pasado con los patriotas del sur. Lo recreaba mientras caminaba descalzo por las limpias veredas y el cesped del pueblo.
Quizá por ello, con el paso de los años, Plattsburgh se convirtió también en un espacio literario: poemas personales, crónicas y cuentos reproducen vivencias y personajes que he visto, vivido o imaginado: la Guereja, por ejemplo, una mujer albina con un niño en un coche, que recorría las calles a pié y aparecía en los lugares y momentos menos esperados, vivía cerca de casa. Ahora habita mucho más lejos y su niño ha crecido. Pero ella aún camina las calles. Igual me pasaba con un hombre alto y gordo, de lentes, de piel bronceada, que caminaba todo el año sin mirar a nadie y luego se hizo muy delgado y dejé de ver hace un par de años. Alguna vez me dijeron que estaba enfermo. Lo mismo debería decir de otro hombre, éste muy bajo de estatura, de barba, callado, de quien sé no puede dejar de caminar porque comienza a escuchar voces y se pierde. Extrañamente, ahora también cruza por mi casa en las mañanas.
En estos años de Plattsburgh también ha ocurrido algo extraño que no disputo: en la calle o en algún almacén, a veces me saludan afectuosamente y con familiaridad, me preguntan algo y contesto de la manera más natural posible. Pero sé que me han confundido con alguien porque una vez un ex-estudiante (ahora maestro del colegio de mi Fabia) se acercó sonriente y me dijo: "profesor, muchos saludos, pero sepa que lo confundí con mi amigo Mike Bruso" (he logrado dar con la imagen de Bruso y, efectivamente, nos parecemos)... Así, cuando saludan a quien imaginan saludar, simplemente, como Borges, me dejo ser otro sin disputar identidades, sin aclarar lo innecesario.
No ha cambiado nada en Plattsburgh pero ha cambiado mucho: con mis ladies la vida es otra y con el paso del tiempo ese cambio se acentúa. He pensado escribir la historia de Plattsburgh, de su gente, de lo aquí pasa o no pasa (dice Fabia que algún día hará una película de Plattsburgh, algo como mi "Los patriotas del sur"). He pensado, por ejemplo, entrevistar a los veteranos de guerra. Debe haber alguno que otro de la segunda Guerra Mundial, con seguridad varios de la guerra con Corea, muchos de la guerra con Vietnam y muchos más que hicieron su carrera en el Medio Oriente. Para ellos, los nombres de Afaganistán e Irak son comunes. Pero no estoy seguro de que sea una obra apreciada, publicable.

El deseo de escribir esas historias aparece cuando recuerdo a Bob, un mecánico graduado en Filosofía que fue a Vietnam y a su regreso tomó su Harley Davidson y con su esposa recorrieron los EEUU. O cuando pienso en el mismo presidente de la universidad, quien un día me dijo: "Hace tanto de eso... Justamente el otro día, mientras viajaba en un avión, supe que el hombre que iba a mi lado también había sido piloto de bombardero. Fuimos a Vietnam porque no quedaba otra, sin pensarlo. Yo era muy joven..." En esa misma línea de vida testimonial está el papa de Anna, una amiga de mi Fabia, quien peleó en Afganistán y quedó lisiado. Vivía en el campo pero, para estar más cerca de sus hijas, se compró un departamento en el pueblo. Pienso en Lee, mi vecino, indio Mohawk de la reservación de Messina, al norte del estado de New York. Ex-marine, ocho años en servicio. Lee es callado y servicial y trabaja en lo que venga y con orgullo también sale en su ruidosa Harley Davidson.
A veces, Lee se pone de acuerdo con Phil.
Phil era bombero y ahora, luego de muchas tribulaciones con su salud y los trámites médicos, se ha jubilado. Tiene un permanente dolor en la espalda que esperamos haya terminado con su última operación. Abre su garage y se pasa horas de horas limpiando y arreglando. Tiene todas las herramientas para reparar cualquier cosa. A veces, mira los altos árboles del barrio y con nostalgia dice: "de joven los subía muy rápido". Lee y Phil, como buenos y típicos yankees, arreglan casi todo lo que se dañe en casa: "Si no lo haces tú, te va a costar muy caro". Les pregunto qué cervezan beben y me dicen que Bud Light y me les río. Esa cerveza mala y barata es para solteros, replico. ¿Richard bebe? le pregunto a Phil. Claro, dice con seriedad, le gusta la misma mierda amarga esa que tú tomas, esos ales. Y ahí nos ponemos a pelear sobre quién canta qué canción que suena en la radio o me cuenta cómo los Dire Straits escribieron Money for nothing.
Hay días de lluvia en el verano y me entristecen porque nuevamente me envían a las vacaciones escolares del trópico. Hay tantas historia aquí y en cualquier parte del mundo, es asunto de descubrirlas y valorarlas, como la de Steve o la de Beverly y Jack... Hay tantas historias como la vida misma.
Así han pasado y pasan los años en Plattsburgh, New York. Pero, como digo a todos: de aquí ya no me muevo.
Quizá por ello, con el paso de los años, Plattsburgh se convirtió también en un espacio literario: poemas personales, crónicas y cuentos reproducen vivencias y personajes que he visto, vivido o imaginado: la Guereja, por ejemplo, una mujer albina con un niño en un coche, que recorría las calles a pié y aparecía en los lugares y momentos menos esperados, vivía cerca de casa. Ahora habita mucho más lejos y su niño ha crecido. Pero ella aún camina las calles. Igual me pasaba con un hombre alto y gordo, de lentes, de piel bronceada, que caminaba todo el año sin mirar a nadie y luego se hizo muy delgado y dejé de ver hace un par de años. Alguna vez me dijeron que estaba enfermo. Lo mismo debería decir de otro hombre, éste muy bajo de estatura, de barba, callado, de quien sé no puede dejar de caminar porque comienza a escuchar voces y se pierde. Extrañamente, ahora también cruza por mi casa en las mañanas.
En estos años de Plattsburgh también ha ocurrido algo extraño que no disputo: en la calle o en algún almacén, a veces me saludan afectuosamente y con familiaridad, me preguntan algo y contesto de la manera más natural posible. Pero sé que me han confundido con alguien porque una vez un ex-estudiante (ahora maestro del colegio de mi Fabia) se acercó sonriente y me dijo: "profesor, muchos saludos, pero sepa que lo confundí con mi amigo Mike Bruso" (he logrado dar con la imagen de Bruso y, efectivamente, nos parecemos)... Así, cuando saludan a quien imaginan saludar, simplemente, como Borges, me dejo ser otro sin disputar identidades, sin aclarar lo innecesario.
No ha cambiado nada en Plattsburgh pero ha cambiado mucho: con mis ladies la vida es otra y con el paso del tiempo ese cambio se acentúa. He pensado escribir la historia de Plattsburgh, de su gente, de lo aquí pasa o no pasa (dice Fabia que algún día hará una película de Plattsburgh, algo como mi "Los patriotas del sur"). He pensado, por ejemplo, entrevistar a los veteranos de guerra. Debe haber alguno que otro de la segunda Guerra Mundial, con seguridad varios de la guerra con Corea, muchos de la guerra con Vietnam y muchos más que hicieron su carrera en el Medio Oriente. Para ellos, los nombres de Afaganistán e Irak son comunes. Pero no estoy seguro de que sea una obra apreciada, publicable.

El deseo de escribir esas historias aparece cuando recuerdo a Bob, un mecánico graduado en Filosofía que fue a Vietnam y a su regreso tomó su Harley Davidson y con su esposa recorrieron los EEUU. O cuando pienso en el mismo presidente de la universidad, quien un día me dijo: "Hace tanto de eso... Justamente el otro día, mientras viajaba en un avión, supe que el hombre que iba a mi lado también había sido piloto de bombardero. Fuimos a Vietnam porque no quedaba otra, sin pensarlo. Yo era muy joven..." En esa misma línea de vida testimonial está el papa de Anna, una amiga de mi Fabia, quien peleó en Afganistán y quedó lisiado. Vivía en el campo pero, para estar más cerca de sus hijas, se compró un departamento en el pueblo. Pienso en Lee, mi vecino, indio Mohawk de la reservación de Messina, al norte del estado de New York. Ex-marine, ocho años en servicio. Lee es callado y servicial y trabaja en lo que venga y con orgullo también sale en su ruidosa Harley Davidson.
A veces, Lee se pone de acuerdo con Phil.
Phil era bombero y ahora, luego de muchas tribulaciones con su salud y los trámites médicos, se ha jubilado. Tiene un permanente dolor en la espalda que esperamos haya terminado con su última operación. Abre su garage y se pasa horas de horas limpiando y arreglando. Tiene todas las herramientas para reparar cualquier cosa. A veces, mira los altos árboles del barrio y con nostalgia dice: "de joven los subía muy rápido". Lee y Phil, como buenos y típicos yankees, arreglan casi todo lo que se dañe en casa: "Si no lo haces tú, te va a costar muy caro". Les pregunto qué cervezan beben y me dicen que Bud Light y me les río. Esa cerveza mala y barata es para solteros, replico. ¿Richard bebe? le pregunto a Phil. Claro, dice con seriedad, le gusta la misma mierda amarga esa que tú tomas, esos ales. Y ahí nos ponemos a pelear sobre quién canta qué canción que suena en la radio o me cuenta cómo los Dire Straits escribieron Money for nothing.
Hay días de lluvia en el verano y me entristecen porque nuevamente me envían a las vacaciones escolares del trópico. Hay tantas historia aquí y en cualquier parte del mundo, es asunto de descubrirlas y valorarlas, como la de Steve o la de Beverly y Jack... Hay tantas historias como la vida misma.
Así han pasado y pasan los años en Plattsburgh, New York. Pero, como digo a todos: de aquí ya no me muevo.
viernes, 28 de abril de 2017
MEMORIAS DEL HOMBRE CALVO
El hombre que se está quedando calvo, para despistar usa sombrero, se deja crecer la melena (como caricatura de Quino), la barba, las cejas y hasta los pelos de las orejas.

Sentado en su casa, mira a través de la ventana y con nostalgia recuerda sus años mozos, cuando tenía una leónica cabellera que incitaba las más bajas pasiones en las damiselas de su barrio y mataba de envidia a los otros, esos que ya se le habían adelantado en el camino calvil.

Cuando notó los primeros síntomas de su calvicie aún era joven, no llegaba a los treinta. Reacio como aquel que no quiere aceptar el cruel destino, empezó a usar viseras, pañoletas de pandillero (esas que llaman bandanas) y hacía como que manejaba una Harley-Davidson a todo vapor por las carreteras de su campo, engalanado su rostro con unas gafas Ray-Ban y acaso un chaleco de cuero.

Frente al espejo, mientras con cuidado se afeita los pelos de la cara para no desbalancear la barba, como al descuido toma un pequeño espejo y lo pone sobre la coronilla. Lleno de valentía mira la claridad que se perfila debajo de la rala cubierta. Se peina echando los mechones hacia adelante mientras lucha por ocultar, al mismo tiempo, las entradas de la inobjetable frente de playa que tiene consagrada. Vencido por el tiempo y la ausencia de pelaje, dice: "qué chucha, no soy el primero ni el último". Y sale del baño perfumado, casi heroico...
En sus mensajes anota también lo que le cuentan al compartir sus preocupaciones con amigos y allegados. Así, le dice Patricia León que puede peinarse con gel, pero Francisco Oliva replica que no hace falta porque los calvos somos cabezas brillantes.
Luego de bregar consigo mismo, el tiempo, la peinilla y el pelo ralo, recuerda haber leído que a las mujeres les gustan los hombres calvos, que son sexis, muy varoniles, maduros. Envalentonado con esta última memoria, busca afanoso el diario. Llama por teléfono, le dan los horarios y anotan su nombre. Desde el lunes, alzar pesas y caminar desaforado por las calles para combinar calvicie con cuerpo de Adonis, como sale en los videos.
miércoles, 5 de abril de 2017
Dos viejos poemas
mi padre y yo caminábamos
hacia un terreno baldío y abierto al campo
como si fuera una película de Fellini
a la izquierda había un circo inmenso
a la derecha, un sendero que se transformaba
en un largo camino cubierto de árboles
vamos por el bosque, me dijo
y a la entrada del mismo, en una pequeña habitación
nos encontramos con un hombre ya mayor y otro muy joven
que nos preguntaron cómo mismo era la letra de una canción
¡ah! ¡Benedicto! ¿recuerdas cómo era? le pregunté
y mientras tarareaba la melodía
nos pusimos a cantar a todo pecho:
ayer era tu amante enternecido
ahora soy tu amigo de ocasión
tú quieres que yo vuelva arrepentido
y yo jamás iré a pedir perdón
y así, abrazados y cantando
nos metimos por ese sendero protegido de árboles
como el viejo león y el hombre de lata
que se pierden por el camino de ladrillos amarillos
* * *
En el 2002 éramos otros
En el sueño los mismos
Miguel Donoso Pareja
Era también el mismo
Con nosotros jugaba desaforadamente fútbol
En medio del polvo y la ventisca
(¡Oh! ¡Nublado y hermoso día del verano guayaquileño!
¡Cuántas buenas sorpresas nos trajiste!)
En el sueño nos habíamos reconciliado:
Mario Campaña se reía
Y Juan Moreno y Ricardo Maruri
Corrían en lo alto de la colina
Como en una escena de Bergman
Mientras entonaban cantos infantiles
Pero sin ser llevados de la mano por la muerte
Y también estaba Hugo Salazar Tamariz y Agustín Vulgarín
Que me hablaba de su Cuadernos de Bantú
Eramos los que siempre quisimos ser
Luego, cansados ya de tanta lucha y competencia
Bajamos pequeñas elevaciones y cruzamos el Puente 5 de Junio
Eramos tres grupos e íbamos uno detrás del otro
Junto a mí iba Jorge y otro amigo del Colegio Eloy Alfaro
(a quien nunca más vi y que era todos a quienes nunca más
vi)
Detrás venían el gordo Páez, el negro Jaén, el cholo Cepeda
Mi querido sobrino Germán Simisterra, mis hermanos y mi
padre
Y contentos caminábamos esa mañana de nuestra vida
jueves, 23 de marzo de 2017
Un largo adiós al gordo Nieto (3 de 3)
Recuerdos:
***
la primera vez que oí el nombre y música de bola de
nieve fue por el gordo nieto. estaba en unos cassettes que había mandado de
méxico, creo que los tenia el conde..
***
siempre me extrañó que el gordo no conociera
"el king" (la cantina más bacana en el cristo del consuelo). cuando
estuvo en guayaquil por última vez, en esos días de pez que fuma, lo invité y
nos fuimos, creo con el conde... el gordo bramaba por una de esa negras
hermosísimas y gigantes que trabajaban ahí... los presenté y se pusieron a
conversar... luego bailaron, y otra vez verbo... luego ella se paró y me dijo:
parece que su amigo no quiere nada. le dije al gordo: aplícate. el hombre se le
acercó y se encerraron en un cuartito que estaba en la cantina... BELLEZA... me
contó el gordo que la había invitado a ir al cine el domingo...
***
en eeuu, durante años he recitado los poemas del
gordo frente a mis estudiantes. jamás logré terminarlos. siempre me quedé a
medio camino del dolor, del llanto, de la mueca... dije cosas como: "eres
la mujer que conocí en el parque/ la que me dijo vamos al cine pero me
respetas/ la que me contó de sus hijos de sus horas de abando/ la que no quiso
acostarse de primavera conmigo/ después te malenseñas, solo me buscarías para
eso y yo llegaría a odiarte/ eres la niña que jugaba en la vereda/ vino tu tio
y te dio tres caramelos si te dejabas coger... el resto nunca sale en las telenovelas pero lo
sabemos..." el poema pertenece a su "de buenas a primeras" el
librito que se llevaba mi hermano kukuku buscando amor rumbo a esmeraldas, allá
por el 76...
***
todo cambia tan rápido. recuerdo que hace como 15
años, ya con mi residencia segura y mi trabajo permanente en eeuu, dije voy a guayaquil
y luego a méxico (tabasco) a visitar al gordo... pero luego me casé y ya no se
pudo.... recuerdo que seis veces, por lo menos, me pidió mi dirección de casa
para mandarme su libro. la primera vez fue en el 84, la última hace pocos
meses.
le recordé que siempre decía lo mismo y nunca llegaba nada...pero igual se la
di. y, como antes, ningún libro llegó.
***
... contaba que entramos al pez que fuma (local
cerrado, eran solo las 3 de la tarde) y nos instalamos. luego, golpe de 5,
llego kukuku (el gordo era su ídolo, pues kukuku se llevaba "de buenas a
primeras" como libro de lectura rumbo a esmeraldas, dije arriba). lo vio y se saludaron
como hermanos y me dijo kukuku: que no pague nada. y nos instalamos con
balseca y el gordo. no había dj, así que puse música de la fania...
***
una noche, en casa de guarderas, que acababa de
regresar de brasil, con el gordo, los villavicencio y el negro ulloa, nos
pusimos a escuchar el lp de chico buarque, mientras guarderas nos
traducia... ¿estaba aún nieto en Guayaquil o ya se habia ido?
***
colegiales aún, ya en sicoseo, una noche, los viejos del taller se fueron al drill domino
y nos metieron de agache: vimos a la dama desnuda con una rosa en esa parte, bailando
en un escenario con forma de concha... 16 o 17 años tenía...gracias gordo lindo.
***
en los años de sicoseo,
el llorado carlos calderón chico nos llevó a yaguachi a dar un recital de
poesía (sí, a yaguachi). yo leí mis cositas y todo el mundo lo suyo. al final, el
gordo nieto leyó sus poemas de salsa, putas y el guayaquil de la calle.. el negro
ulloa, que estaba al fondo del salón, contaba después que uno de esos
campiranos, oyendo los poemas del gordo, se puso salsoso y medio bailaba y
movía el brazo de un lado a otro, como hacían los bacanos en esos años....
***
de su corta estadía en cuba supimos dos anécdotas:
estando los escritores frente a fidel castro, cuando llegó la hora de saludar,
éste le preguntó al gordo: ¿de ecuador? y él le contestó: no, de guayaquil.... la
otra es que un escritor cuyo nombre no recuerdo, había dicho que el caribe
llegaba hasta guayaquil. gracias al gordo, al poco tiempo se regó la frase "guayaquil,
último puerto del caribe"
***
De mi novela: Si
es que te queda cariño (y otras aventuras del Cholo Cepeda)
www.todosvuelven.com
El
almanaque contemplo con tristeza
Guayaquil 1979. El gordo Nieto un día tomó el avión
y se fue a México. Con el Conde de Montecristi y el negro Ulloa fuimos a
despedirlo al aeropuerto. Nos dijimos adiós con un abrazo y subimos a la
terraza a ver cómo el avión despegaba y se hacía chiquito en el azul del cielo.
Imaginábamos que el gordo ya habría abierto la primera cerveza o sentiría la
grave tristeza de dejar el terreno que uno quiere, el lugar en donde nacemos y
crecemos. ¿Teniendo trabajo y amigos viajar al extranjero, para qué? Todo lo que
quise yo/ tuve que dejarlo lejos. Nieto estaría como el personaje de Velasco
Mackenzie, la chica que viaja al norte protegida sólo con una chaquetita y sus
sueños de emigrante. En los sueños de esa chica iban también los sueños de
todas las muchachas de Ecuador, y en el viaje del gordo nos íbamos también
nosotros.
Cuando el avión desapareció en el cielo empezamos a
sentir un extraño vacío. Con ese mismo vacío, interior y desconocido, tomamos
un bus de regreso al centro de la ciudad, pero nos bajamos a medio camino, en
el Coliseo Cerrado, que estaba atestado de colegialas. Con el Conde y el negro
tratamos de perdernos en la multitud, pero en nuestra incómoda desazón
sentíamos el peso del hermano mayor que se había muerto. ¿Cuándo volvería? ¿Qué
mierda haríamos ahora sin él? ¿En qué quedaría el grupo Sicoseo? ¿Quién nos
prestaría sus libros, nos llevaría al Drill Dominó y nos haría escuchar los
últimos discos de la Fania? El gordo se había ido, la suerte estaba echada.
Luego pasarían algunas cosas, más de las que hubiéramos deseado.
Al
principio era el pez
Ok, vamos a refrescar cómo fue todo. Esto empieza
más o menos así. Guayaquil, Barrio de Astillero, verano de 1980. Estábamos
Kukuku, Pancho Ronquillo, Cafecito Arteaga y yo. Kukuku dijo voy a poner una
barra de salsa, va a tener luz roja, un espejo inmenso detrás del mostrador
para que los butinos se engrupan y empluten hasta las cachas, le voy a decir al
negro Pescao que ponga música. El piso debe estar brillante, la melodía certera
para el bacaneo y el aire acondicionado a full. ¿Y qué nombre le ponemos? Yo
abro el pico y le digo ponle El pez que fuma, en homenaje a la película
venezolana.
A las pocas semanas funcionaba El pez que fuma en
las calles de Chimborazo y Colombia (esquina). La inauguración fue una chupiza
a vaca mú. Kukuku había invitado a unos vecinos que pensaban que la barra sería
un prostíbulo “a pocas cuadras de un colegio de señoritas”, según la volante
que repartieron. Era sábado y hacía un sol de hijue. Por esa época yo andaba
con Lucía, el Conde de Montecristi ya era mi pana, así como Cucharón de Oro y
el poeta greco-chipriota Urías Fuenzalida, exiliado de Pinochet (con esa
delantera Ecuador sí podría clasificar al mundial).
Al negro Ulloa, al ronco Artieda y al manaba los
veíamos sólo de repente, ergo, se perdieron la inauguración del local. Estaba
la gente del barrio y la plana mayor del MRIC, el grupillo politiquero al cual
el Conde llamaba La nave de los locos, dada la inefabilidad de sus líderes,
sobre todo del célebre Comandante Gargajito.
Yo caía por el pez a veces enjebado a veces
solitario, con un yunta o la gente del barrio, cualquier noche de tragos era
dedicada a los clásicos de la salsa, la Sonora Matancera y sus boleristas, un
poco de Beny Moré y Celia Cruz cuando decía usteeeed abusooooó/ sacó provecho
de mí/ abusooooó/ de mi cariño usted se burló/ se rió/ me dejó.
Una noche estábamos Rockolita y yo. Papaíto decía
para ti/ yo canto madre querida/ para ti y Roberto Roena tocaba el himno de un
amor imposible potente cual marejada fue su amor/ la playa de mi cariño la
arrasó/ marejada felíz/ vuelve y pasa por mí/ aún yo digo que sí/ que todavía
pienso en ti, mientras en un flash-back Ismael Miranda recordaba que para
componer un son/ se necesita un motivo/ y un tema constructivo/ y también
inspiración. Pero las mujeres llegaban al bar repentinamente y luego se iban a
buscar otros mares de locura. Y muerte y resurrección ocurrían a un mismo
tiempo. Desde la atalaya, que era la cabina de música, veíamos desfilar en la
pista de baile a banqueros, escritores, albañiles, futbolistas. Desde la cabina
de música, Rockolita y yo, celebrábamos nuestras derrotas amorosas, el
desembarco de la nave de los locos, la pérdida del poco equilibrio que nos
quedaba y la búsqueda de una razón para vivir. Desde nuestra atalaya todo se
iba poco a poco iluminando a punta de cubalibres y cigarrillos. Y la magia del
trópico dejaba de ser la cruel realidad para convertirse en una película que
vemos casi distraídamente en un cine de segunda.
El
sueño de la razón produce más sueños
1981. Pesar de los pesares, el MRIC, la nave de los
locos se fue a pique, la economía nacional a la mierda, Lucía desapareció y
llegó el Fenómeno del Niño, el invierno tropical adueñándose de la Costa. Años
de diaria lluvia torrencial, inundaciones y destrucción de la esperanza. El pez
que fuma también se fue a la mierda: los policías, los comisarios de turno o
cualquier cojudo de la Muy Ilustre Municipalidad de Guayaquil aparecían
pidiendo dinero “para la campaña del partido”. El amor, la militacia, la rumba,
todo se fue volviendo como una canción de Felipe Pirela y la orquesta que se
retira de a poquito, dejando sonar de uno en uno los instrumentos hasta que pum
se acabó.
Con el Conde, en esos permanentes arrastres de la
tristeza o el odio, religiosamente, cada sábado por la mañana, íbamos a casa de
Velasco Mackenzie. Ahí estaba él esperándonos con sus libros, caminando lento
con nosotros por la Avenida Quito hasta llegar a la esquina de Maracaibo,
sentarnos, chismear y conversar de literatura y pedir las primeras cervezas,
carne de cerdo y condimentos. El gordo Nieto se había ido y Velasco Mackenzie
nos aguantaba la caña con paciencia de madre, hasta nos tomaba en serio. Nos
hacía entrar a su casa y nos contaba lo que estaba escribiendo. ¿Cómo sería
posible escribir algo mejor que De vuelta al paraíso? me preguntaba a mí mismo.
De su casa íbamos directo a la tienda de doña Julita, a rematar con canciones
de Julio Jaramillo, o llegábamos entusiasmados a la cima de la montaña y desde
allí, sentados y en silencio, veíamos Guayaquil hacia el sur, mientras el sol
caía sobre nuestras espaldas y sonaban canciones de John Denver, James Taylor,
Jim Croce, América o Seals and Croft. ¿Para qué nos sirvieron esos años en la
nave de los locos? ¿Por qué acudimos una y otra vez a esos bares y canciones?
Ahora que estoy escribiendo esto me doy cuenta que
El pez que fuma ha quedado de alguna manera en todos los que allí escuchamos la
canción que dice nació en el mismo solar que yo nací/ y canta como yo/ le canto
la melodía de los suburbios que Santiago Cerón nos enseñaba mientras el Cuervo
Zavala repite que fue una nota turra vender el pez, sobre todo los discos, y,
abriendo los brazos al cielo sentencia: toda una historia, toda una vida bróder
y pide tres más y le dice a Rockolita que ponga un bolero Bobby Capó y que
sigamos chupando.
Un
ensayo (incluido en mi El
libro del barrio):
Fernando Nieto Cadena (III):
poética del tiempo
Todo esto vivirá en el recuerdo de mis momentos
cruciales
podré decir que fueron instancias culminantes de mi
escombro mental
podré romper las telarañas de tanta huella
decorar con fras es sinceras insistir en los destierros
a las lentas suaves
disconformes patrias del chisme
Después de todo nunca confesé que soy felíz
a lo mucho que soy felíz cuando lamo tu pubis tus
muslos tus senos
el estero de miel de tu sexo
Lo juro jamás volveré a decir que fui felíz
tan sólo sueño recuperarme en la encrucijada de tus
piernas
(Exilios)
Entre 1995 y 1996 Fernando Nieto Cadena escribió
Exilios, libro que nos muestra su profunda meditación sobre la herida
existencial que todos llevamos dentro, lo que a veces llamamos casi al desgano
“el sentido de la vida”. Su voz poética tiene mucha fuerza expresiva y refleja una
gran tristeza. Por ello, es difícil leerlo sin abrumarse o desconsolarse. Antes
y después de esos años encontramos una producción poética abundante, ideal para
quien se quiera adentrar en una estructura emocional construída a lo largo de
varias décadas, y de un arte combinatoria poco común en América Latina.
A Carl Jung, en más de una oportunidad, se le ha
endilgado que en momentos de crisis personales el replicaba: "Excelente!
Ahora abramos una botella de champagne y celebremos porque ya nada peor puede
suceder; esta es la mejor oportunidad para aprender y hacer algo nuevo".
Este optimismo tiene su origen en el sentido práctico y realista de la sociedad
en que vivió: resolver los problemas, en vez de prolongarlos. Concordemos o no
con Jung, su manera de asumir los desafios es un producto histórico de fuerte
impacto en el mundo occidental, más que una muestra de alegre superficialidad.
Sin embargo, en América Latina, la vida no es
concebida como un continuum irrepetible que va de menor a mayor o de peor a
mejor. Por determinantes culturales, nosotros los latinoamericanos perseveramos
en el dolor, no tenemos a dónde ir pero si mucho tiempo para esperar el regreso
de la felicidad. No tenemos en la mente los conceptos de progreso individual,
seguir adelante o salir victorioso después de una derrota. Nosotros vivimos
siempre en el mismo lugar y con la misma gente -como diría Juan Gabriel- o
hacemos de la nueva geografia de emigrantes el espacio en el que van a emerger,
una vez más, nuestras viejas historias, a la usanza de los conquistadores que
veían el Nuevo Mundo como una repetición de Europa, sus fantasías y sus mitos.
La obra de Fernando Nieto Cadena es testimonio de ese latinoamericanismo que se
opone a otras formas de asumir la vida.
En América Latina suponemos que lo que somos es
eterno, y negarlo es negar nuestra propia identidad; pensar lo contrario es
ceder al enemigo y estar testarudamente dispuestos a que, más tarde, la vida
ajuste cuentas con nuestros mismos viejos errores. Así, vivimos (¿leemos?) en
una disyuntiva: o el pasado es una totalidad cerrada y un archivo del que
sacamos fichas para verificarlas en el presente, o lo asumimos como un proceso
formativo (Williams 129-135). En palabras más crudas: O dejamos abierta la
herida hasta morir o la cicatrizamos por vivir. La voz poética de Exilios, opta
por la primera posibilidad. Aunque tiene la solidaridad de mujeres que lo
entienden y se conduelen de su historia de hombre solo, vive siempre poseído de
dolor. Así, Exilios deviene en un cuadro vivo, inconcluso y específico, de la
vida de un sujeto masculino existencialmente herido. Esa herida fue hecha años
atrás, pero la expresión de sus efectos se la ha venido puliendo a través del
tiempo. Veamos el contexto general de dichos sucesos para luego tratar de
situarlo en su exilio.
Fernando Nieto Cadena empezó a escribir a principios
de la decada del setenta, época de la última dictadura militar en Ecuador. Le
gusta mencionar entre sus preferencias a Ernesto Cardenal, César Vallejo, Ezra
Pound, Fernando Pessoa y James Joyce. Profesor de literatura, es asiduo lector
de los clásicos griegos y latinos, la generación beat y la literatura
latinoamericana. Participó activamente en la vida política y académica de
Ecuador y fue miembro fundador del grupo Sicoseo, interesado en experimentar
con el lenguaje coloquial de su ciudad, la música y la cultura popular. Ha
publicado varios libros de poesía y uno de cuentos, y consta en diversas
antologías. Vive en México desde 1980 y trabaja dirigiendo organismos
culturales y talleres literarios, dicta conferencias y escribe para revistas y
periódicos. Tiene varios libros inéditos, de los cuales Bulevard Manigua, De
última hora, y El cuento de la Isla, están en vías de publicación.
La poesía de Fernando Nieto Cadena no ha recibido la
atención de la crítica por falta de divulgación editorial y porque su discurso
no pertenece a los "grandes relatos" ni al vanguardismo literario,
tampoco a la llamada literatura comprometida, tan de moda durante los años en
que el empezó a escribir. Su poesía tampoco se empecina en ser marginal, rasgo
predominante en muchos escritores e intelectuales de su generación. En cambio,
siempre nos muestra lo que conoce mejor: al hombre de clase media popular con
el cual se identifíca plenamente. Su perspectiva es la de un flaneur que quiere
entender los sucesos y personajes de su medio, y establecer los dilemas de su
vida. En este sentido, su extenso trabajo puede ser leído también como un
permanente esfuerzo de autocrítica. La voz y perspectiva de Nieto tienen varias
caracteristicas: Lo caribe, el humor, el. existencialismo y la nostalgia por el
pasado. Lo caribe se muestra a partir de la influencia cultural que esta región
ejerce sobre Guayaquil (la ciudad real de Nieto), así como sus amadas Isla del
Carmen, Villlahermosa, o el DF, con su manera de hablar y música alegre que
llega vías boleristas y cantantes de música salsa, así como por la fuerte
presencia negra. Lo caribe, en Nieto, es el realce de la herencia africana,
junto a la india y europea, que son la base de la cultura latinoamericana. Su
poética se emparenta con el concepto de trietnicidad del colombiano Zapata
Olivella (Jackson 1998) y el de etnopoética de Richard Jackson (1979).
La segunda característica de la poesía de Nieto es
el humor. Este aparece en medio de alta tensión provocada por el
cuestionamiento a las razones para vivir, la injusticia social o la política.
El uso del humor sigue el viejo consejo de no tomarnos tan en serio en la vida
y llega a ser ironía o sarcasmo, sobre todo cuando la razón se agota y la vida
es algo absurdo. Esta circunstancia se emparenta con la tercera característica
de su poesía: El existencialismo. Por un lado, la poesía de Nieto interroga y
sospecha de la rutina, por otro, no ofrece ninguna solución a la domesticación
del tiempo cuanto una llamada a estar alerta frente a lo que representa. Este
existencialismo, personal y militante, sólo encuentra balance en el humor.
La cuarta característica de su poesía es más sutil y
delicada: la nostalgia por la infancia y la adolescencia, en medio de la
evidente pero jamás nombrada ausencia del padre. La poesía de Nieto extraña el
mundo materno: la calidez de una casa donde hay una madre que nos alimenta y
nos enseña y abre a la dimensión del amor, el tiempo en el que salimos a las
calles y conocimos a los que serán nuestros amigos y enemigos. En Nieto, las
referencias al pasado, el alimento familiar y el amor materno, emergen en sus
textos y se traducen en encuentros con amigas, parientes o prostitutas, a
través de canciones infantiles o anécdotas de personajes de la calle. Estas
cuatro características distinguen la particularidad de su poesía y especifican
la manera en que el hombre latinoamericano de la clase media popular construye
su identidad.
La obra de Nieto Cadena, a ratos barroca y
complicada por el exacerbado uso de localismos o referencias eruditas, puede
ser leída como arte verbal y también como documento personal y cultural. En
tanto arte verbal, sus poemas son una especie de Carmina Burana o lejanos
herederos de la tradición medieval que los estudiosos (Auberbach, Spitzer,
Curtius y Huizinga) denominan mezcla de alta y baja cultura, aunque expresadas
en las condiciones históricas de América Latina. En tanto documento personal y
cultural, hemos dicho que es la memoria de un hombre de clase media pobre, que
vive en un espacio concreto y es marcado por las contradicciones de su tiempo,
geografía, culturas y conflictos diarios.
Su estilo, que ya catalogamos de "caribe,
existencial, humorístico y nostálgico" aborda también temas como el costo
de la vida, los encuentros con las prostitutas, los amores que terminaron, la
topografia de calles y cantinas, las vidas de inmigrantes del interior, de los
sub-empleados y personajes de la calle. Notamos en su estilo una combinatoria
que une largos versos con frases sencillas, localismos y letras de canciones
populares (boleros, rancheras, pasillos, valses y baladas), frases en latín y
francés con disquisiciones intelectuales sobre autores como Freud, Lacan, Marx,
Huidobro y Góngora, o personajes como Fidel Castro o el Che Guevara. En su
poesía también encontramos una clara tendencia de libre fluir de la conciencia
que genera lo que Kenneth Burke llama "perspectiva por
incongruencia", aquello que, a pesar de su barroquismo, “no pertenece al
culto del virtuosisrno sino que nos lleva a la verdad sencilla" (309). Es
decir, se trata un ejercicio de escritura en el cual los medios retóricos son
enfatizados y usados de manera diferente a la usual: por ejemplo, una canción
infantil no servirá para dormir a un niño sino para enfrentar el presente
conflictivo con el pasado idealizado, a la manera de Walter Benjamin cuando
habla del amor de las empleadas que cuidaban de él (3). Esta "perspectiva
por incongruencia" utiliza un tono burlón o la perspectiva de un niño o
bufón, y aparece muchas veces en espacios públicos, como parques, plazas, cines
o calles, tal como ocurre en Somos asunto de muchisimas personas:
Entretanto
Mesié Lacan me sicosea el mate
Me pela los cables
Y no salgo de mi confusión
...
Regreso entonces
Galopante edipismo
Ni modo
A las tardes cuando mamá me chantajeaba para hacerme
dormir
Con esa canción de cuna que repentinamente se
desboca al papel
- señora santa ana
- ¿por qué llora el niño?
- por una manzana (niñito)
- que se le ha perdido bataclán
No tienes componte dijo mi madre
Al verme regresar a altazores de la noche (84-85)
Otras veces, la "perspectiva por
incongruencia" se construye a través de juegos de palabras crípticas y
oscuros conceptismos, ambos dentro del argot de la calle:
Ese decir de esos decires
- al rato
- ahorita mismo
- yatuvés
- híjole manito
- alza loquillo
- te lleva a la constelación de los circunloquios
- de los circos e loco
- caes en la cuenta
- pero ya es tarde
volver volver a tus brazos otra vez. (77-78)
Encontramos en su obra también la burla al
nacionalismo patriotero, así como la imposibilidad de resolver una herencia
cultural conflictiva. Una vez que la voz poética explora estas circunstancias,
generalmente se deja llevar por el ritmo de los acontecimientos o, casi
vencida, cierra el poema con una sentencia de aprendizaje:
confundir en las nieblas de tu memoria
los comunes lugares oh de mi patria tricolor harapo
amarilloazulyrojoesperanzacomepiojo
de no saber hacia donde pedalear tu amazónico
conjunto de
inservibles recuerdos. (83)
En otros versos que ilustran la combinatoria de
burla infantil con pobreza social y conflictos familiares, dice:
la dirección de la zorrita que me pidió la visitara
en el DF
ella trabaja cuento de meca para mantener a sus tres
niños
nunca lo ha hecho en la capital porque no quiere que
sus niños
lleguen a enterarse releo
ese oficio no me gusta mantantirun tirulán. (85-86)
Si los poemas anteriores ilustran en parte lo que
Fernando Nieto Cadena ha venido desarrollando, los que fueron escritos entre
1995-1996 susbtraen de ese corpus los más afinados elementos para organizar una
poética del destierro. Los parráfos siguientes tratan de mostrar la
fenomenología de esa experiencia de descenso al infierno, y centran la lectura
de Exilios en los temas amor, sexo, muerte y orfandad.
En su ensayo Hacia una crítica dialéctica, Frederick
Jameson sostiene que:
La fenomenología es precisamente el intento de decir
no lo que es un pensamiento, tanto como la manera en que se siente. No busca
hacer afirmaciones sobre el contenido (aquello que es de manera momentánea
puesto entre paréntesis) sino describir las operaciones mentales que
corresponden a ese contenido en toda su especificidad temporal. Su modo de
prueba, para el lector, no consiste en la argumentación lógica sino en el shock
o la falla del reconocimiento. (306)
Para Jameson, hay que leer un texto con la
predisposición de detectar la perspectiva de quien escribe y establecer
"las operaciones mentales que corresponden a ese contenido" emitido
por la voz poética. Esa lectura, en el caso de los poemas de Nieto, parte del
reconocimiento de que la voz poética vive el amor de manera conflictiva, no
como algo estable (monogamia, sólido compromiso de pareja o familia), sino como
sexo fugaz que se afana en eternizarse. Esta pérdida y afanosa recuperación del
amor y tiempo personal estructuran la encrucijada de su vida.
En otros libros, Nieto habla desde un sujeto
masculino que mantiene la frescura del humor adolescente y la picardía del
amante ilícito, que está dispuesto al debate y rehúsa hacer de su vida un
cómodo trampolín para afiliarse a una mentalidad burguesa que se olvida del
dolor o abandera un gratuito egoísmo. En otros libros indica también que sólo
el amor nos redime de la orfandad y el abandono, pues quizá de esta manera
podamos entender el shock y la falla fenomenológica de sus poemas y de la que nos
habla Jameson. Este desgarre personal y cultural es una de las característica
mas notables de una masculinidad latinoamericana conflictiva y agobiada en su
proceso de transformación y madurez, que ha pagado un precio muy alto por hacer
de la duda permanente su principio de vida.
Exilios no se refiere al exilio político al que
millones se vieron abocados a causa de la intolerancia de los régimenes
dictatoriales, sino al otro: al exilio de la familia y de sí mismo, es un canto
a la orfandad y a la imposibilidad de realizar los sueños y deseos. En Exilios,
la subjetividad de la voz masculina se expresa como un incesante ajetreo de
emociones y muestrario de cicatrices que el tiempo ha dejado, a través de las
máscaras que usamos para ocultar nuestras responsabilidades, temores y
debilidades. La ausencia del padre y el recuerdo de la madre se convierten en
la fuerza totalizadora que hegemoniza el pasado y determina el presente.
Exilios es un recuento grave, por instantáneas, que nos remite a los grandes exiliados
de la historia: las víctimas, Cristo, los personajes de Kafka y Dostoviesky;
los criminales y el hombre común de la calle asomado al oscuro abismo que es
Dios y que no entiende; o al destino o al tiempo o a la cultura. En Exilios
vivimos el momento de mayor oscuridad y desasosiego que Nieto haya mostrado
hasta ahora. Es el cuadro de una severa crisis. Aquí demuestra que la felicidad
no depende de las voluntades individuales y que no se puede vivir el presente
mientras se niega que el pasado es, en realidad, un proceso. Sin embargo,
prepararse para aceptar el pasado como una fuerza transformadora requiere de
braveza y lucidez, pues hay que pasar por un momenta de transición que incluye
grandes riesgos:
Un paquete de basura navega por el estero.
Trato de responder a esa pregunta de hace mil años
trato de responder cuál ha sido mi día más triste y
caigo en el replagio de
repetir lo ya dicho
mi día mas triste no ha llegado todavía
sé que pronto llegará
sé que pronto estas palabras ya no tendrán ningún
sentido
Una mujer lloró leyendo estos versos
me dijo cómo puede alguien vivir con esta soledad
tan grande
no pude contestarle no le pude decir que desde hace
mucho esto no es vida ni muerte ni nada
no le pude decir que esta soledad tan grande es todo
lo único que he tenido
Esta noche al decirte adiós sé que empecé a
despedirme de la isla.
Busco alguna salida un camino que me permita
descaminar todo
lo desandado ya no quiero jugar con palabras de
otros desalientos
ya no las palabras este ardid espectral de sombras y
misterios
Pero a una resolución le sucede una negación. En el
umbral de los grandes cambios hay un instante en que volvemos a negarlo todo y
vemos las cosas de manera invertida: el dinamismo del pasado se niega en nombre
de una estabilidad presente que se supone (y suponemos) eterna, el amor se
convierte en rabia y el optimismo pasa a ser la nueva forza totalizadora:
debo pensarlo bien debo contestar si va en serio lo
de mi regreso
debo preparar mis cosas qué dejaré qué llevaré dejo
un fracaso infinito
una frustración monumental
¿de qué ha servido todo?
¿para qué este desperdicio de tanta vida inutil gastada
entre libros y poemas?
Ahora entiendo mejor aquello de la vana existencia
Camus fue un capo
el único problema filosófico serio es responder si
la vida merece la pena
Regreso
Empiezo a escribir que despues de todo morir
enredado en tu pelo
sería etc. etc.
Si el pasado no es asumido como proceso sino como un
mero archivo al que creemos poder utilizar según nuestras conveniencias,
volveremos, tarde o temprano, al mismo punto de partida: el que nos hace
suponer o presumir de que somos muy objetivos:
debo decir que estoy recuperando después de muchos
años
un pasado que pretendí olvidar para enfrentar el
presente
sin lastimaduras patrioteras
puedo hacerlo ahora que supongo haber asimilado el
dolor de la patria
tras un ejercicio de presunta objetividad sepultadora
de la subjetividad
que el terruño desparrama
esto del dolor se siente en los riñones hígados
testículos estómagos
no importa que sea de la patria grande o chica el
despelote es el mismo pienso haber asimilado ya ese dolor pienso
Pero volver al inicio es volver al recuerdo. Y el
recuerdo, cuando no nos ayuda a revalorar la vida, puede ser también el final
del ciclo y la última página del libro. Nieto lo sabe y deja que la prudencia
aparezca en medio del temor, como una ayuda del antiguo guerrero al niño o
adolescente que todos llevamos dentro:
me instalo en la lectura de estos años vividos al
margen de ese amargo dolor de patria
de esa histeria en trance de naufragio alguien dice
que nunca me fui
que permanecí entre ellos tal vez sea cierto
encontré una isla donde pude sobrevivir con la
precaria memoria puesta en el presente
hice planes para mañana porque nunca tuve más futuro
para asombrarme de estar vivo
una mujer me acompaña en medio de sobresaltos y
desencuentros
le digo que escribo para ella y no me cree encuentra
indicios que no le corresponden no se percata del disfraz del extremo cuidado
que debo poner para el despiste a ratos
uno -yo- pienso que los poetas románticos no se complicaban
tanto la escritura
a ratos mejor vuelvo a mi negativa de regresar por
unos meses
a esa ciudad que sólo existe en mis recuerdos
ni siquiera la edición de unos libros me entusiasma
aun no estoy preparado aun no es hora aun debo
resolver ciertos ajustes conmigo mismo entre tanto
En Exilios, el proceso de revisión del sujeto
masculino marginal es arduo, brutal y conmovedor. Cuando se acomete dicha
empresa hay que tener objetivos claros, vislumbrar de antemano los posibles
errores, evaluar el terreno y las fuerzas del enemigo, pues es el combate del
instinto contra el cansancio, de la sospecha contra la fragilidad, de la razón
contra lo imaginario burocratizado (Burke 225-29), de la oportunidad de
regresar y recuperar el ritmo que dejamos atrás versus la ingenua totalización
de un tiempo hegemónico que se autodenomina "ideal"
"perfecto" o "bendito". Caso contrario, haremos de nuestro
presente un exilio, esta vez permante y fatal:
Voy a empezar a contar mi cuenta regresiva.
Al fin y al cabo nadie me echara de menos cuando
falte
a la hora de los recuerdos
nadie que no sea el eco de trabalenguas aun no
descifrados en los parques.
Hablé de mi ciudad como si no supiera que nunca tuve
una ciudad
para mi duelo
nunca tuve a mano cuando más necesite el abrazo de
una mujer enamorada jamás supe de un beso cuando la depresión aprisionó
mis falsos optimismos ante la muerte.
No me quejo.
Entiende por favor que no me quejo tan sólo me
despido
En este comentario he tratado de establecer la
encrucijada existencial que Fernando Nieto Cadena plantea en Exilios, algunos
de sus temas centrales y la manera en que la obra poética es representativa de
un momento de la escritura de su autor y de una actitud que corresponde a una
gran parte de la población masculina latinoamericana. De allí su doble e
inmenso valor. Exilios requiere de una lectura realizada a varios tiempos, pues
el peso de su mensaje puede servir para reafirmar algunas sospechas y presupuestos
de la propia rutina y el tiempo domesticado que quiere combatir, o para labrar
dialécticamente una actitud más positiva, saludable y madura. Cuando logremos
hacer esto último, podremos invitar a Jung, Jameson y a todos aquellos que
llevamos dentro, y agradecerle a Fernando Nieto Cadena lo mucho que nos ha
ayudado a pensar mejor la vida que llevamos.
obras
citadas
Benjamin, Walter. Reflections. New York: Schocken Books, 1986.
Burke, Kenneth. Attitudes
Toward History. Berkeley: U of California P, 1984.
Jackson, Richard L. Black Writers and Latin America. Cross-Cultural Affinities. Washington, DC: Howard UP, 1998.
---. Black
Writers in Latin America. Albuquerque: U of New Mexico P, 1979.
Jameson, Frederick. "Hacia una crítica
dialéctica" en Marxism and Form.
Twentieth
---. Century
Dialectical Theories of Literature. Princeton: Princenton UP, 1974.
Nieto Cadena, Fernando. Exilios.
---. Somos
asuntos de muchísimas personas. Mexico: Boldó & Climens, 1984.
Williams, Raymond. Marxism and Literature. Oxford: Oxford UP, 1977.
jueves, 16 de marzo de 2017
Fernando Nieto Cadena: Roberto Roena y cartas desde México (2 de 3)
Murió "el gordo Nieto" y algo se ha movido en el mundo literario de Guayaquil, Tabasco y Campeche (isla del Carmen) y quizá el DF. Y comienzan las especulaciones e iniciativas por rendirle justicia post-mortem. Entiendo el afán de quienes lo conocieron pero lo que no se da (o consigue) en la vida, no tiene sentido darlo (o conseguirlo) en la muerte. Vivir para la eternidad es parte de un discurso adoptado, pocas veces pensado y mucho menos sentido. Esta postura tampoco es nueva: existe y es documentable a lo largo de la historia: Ubi Sunt vs Carpe Diem o, de manera más amplia, en las "Meditaciones" de Marcos Aurelius.
¿Qué harán las autoridades del Consulado de Ecuador en México con las cenizas de Nieto? ¿Acaso publicarán sus tantas obras inéditas? ¿En qué manipulaciones entrarán sus "amigos de última hora" y los burócratas de la cultura de Ecuador (esos que tanto detestaba el gordo) para aparentar cercanía con alguien de quien supieron solo de lo lejos? No lo sé. Personalmente pienso tiene sentido que sus cenizas queden en la tierra que le dio cariño y lo recibió mejor que su lugar natal. Creo también que su obra debe ser puesta en la red, de manera gratuita, de libre acceso y sin restricciones de ningún tipo, pues Nieto tenía varias obras, inclusive diagramadas, listas para ser impresas. (Me contó una vez que eran más de nueve y yo mismo tuve copias de tres poemarios de versos largos, casi prosa, muy en la línea coloquial y personal que lo caracterizaban). Digo esto porque posiblemente no se publiquen de otra manera y, más vale, aparecerán algunos que creerán que hay dinero detrás y reclamarán derechos de copia o autoría, como ocurre frecuentemente en nuestras ingratas repúblicas. Que esto quede de lección para todos nosotros, para cuando nos llegue la hora del viaje: hay que dejar la casa en orden, las cosas definidas y no cargárselas a los demás. Irresponsables en la vida nunca son perdonados en la muerte. "Lo que me vayan a dar / que me lo den en vida" dice Roberta Roena:
Incluyo abajo dos publicaciones, del 89 y el 90, en las aparece claramente lo que mi querido gordo Nieto pensaba de su identidad, Guayaquil, la política y la amistad. Hasta donde sé y recuerdo, se mantuvo fiel a su pensamiento, refrescado acaso (¿profundizado?) por su residencia en México.
¿Qué harán las autoridades del Consulado de Ecuador en México con las cenizas de Nieto? ¿Acaso publicarán sus tantas obras inéditas? ¿En qué manipulaciones entrarán sus "amigos de última hora" y los burócratas de la cultura de Ecuador (esos que tanto detestaba el gordo) para aparentar cercanía con alguien de quien supieron solo de lo lejos? No lo sé. Personalmente pienso tiene sentido que sus cenizas queden en la tierra que le dio cariño y lo recibió mejor que su lugar natal. Creo también que su obra debe ser puesta en la red, de manera gratuita, de libre acceso y sin restricciones de ningún tipo, pues Nieto tenía varias obras, inclusive diagramadas, listas para ser impresas. (Me contó una vez que eran más de nueve y yo mismo tuve copias de tres poemarios de versos largos, casi prosa, muy en la línea coloquial y personal que lo caracterizaban). Digo esto porque posiblemente no se publiquen de otra manera y, más vale, aparecerán algunos que creerán que hay dinero detrás y reclamarán derechos de copia o autoría, como ocurre frecuentemente en nuestras ingratas repúblicas. Que esto quede de lección para todos nosotros, para cuando nos llegue la hora del viaje: hay que dejar la casa en orden, las cosas definidas y no cargárselas a los demás. Irresponsables en la vida nunca son perdonados en la muerte. "Lo que me vayan a dar / que me lo den en vida" dice Roberta Roena:
Incluyo abajo dos publicaciones, del 89 y el 90, en las aparece claramente lo que mi querido gordo Nieto pensaba de su identidad, Guayaquil, la política y la amistad. Hasta donde sé y recuerdo, se mantuvo fiel a su pensamiento, refrescado acaso (¿profundizado?) por su residencia en México.
jueves, 9 de marzo de 2017
Fernando Nieto Cadena ha muerto (1 de 3)
Lo supe hoy. Me dicen que encontraron su cuerpo ya abandonado a las horas (o días). No quiero pensar más en esos detalles. Diré como Machado en su poema: "No puedo cantar ni quiero/ a ese Jesus del madero/ sino al que anduvo en la mar". Que los dioses te acompañen gordo querido, mucho nos diste en la vida, no espero más en la muerte.
Pongo estos sus poemas y una vieja entrevista que salió en
mi "El eco de un tambor":
NUEVOS SILENCIOS
(Fragmentos)
Alguien se conmueve por el buen uso de los paréntesis de un
poeta
lo chévere es que lo dice en serio sin aguafiestas ánimo
irónico
A veces soy yo quien se pregunta cómo se puede llamar a eso
crítica
cómo se puede publicar impunemente un adefesio así
Alguien se felicita por ser fan de un poeta que utiliza
admirablemente las comillas
otro se conturba con el sabio manejo de los desaprensivos
guiones
Me sigo cuestionando si eso es crítica yo podría escandir el
recurso de los
pronominales líricos como si se tratara de pantaletas en
desuso tras la pausa menstrual de una ferviente dispensadora de membresías
parnasianas
Alguien lee por sobre mi hombro izquierdo lo que desescribo
con la mano derecha
otro festeja los tachones sin escribir de la página en
blanco
…..
* * *
Ya sé me contento con poco
Ahora me preocupa echar un pie con el cuero más sabroso de
esa mulatez confesa
y en ejercicio de sabrosura que me acompaña hoy
vino a visitarme porque le dijeron que estaba solo
ejerciendo mi oficio de solitario
ella es mi paisana mi ñera esmeraldeña mi socia de catres y
otros danzoneste voy a prepará chupé de pescao con bolón de verdey lo cumple
literalmente literal sumando arroz con coco para que no te queje mi sangre para
que ya no diga que no se le quiere
Y plan rataplán marimba niche de caña gadúa
con todos los fierros mi pana paiserita del alma mi negra santa
cómo no voy a quererte si me seduces si me alegras si me
arrebujas entre tus
muslos si me llevas a los edenes de la muerte pequeñita y me
regresas por los acantilados de los engarces al desgaire mientras las congas el
bajo los bongós los timbales las campanas festejan nuestro bembé horizontal si
el oru nos despierta nos levanta nos lleva y trae baja Ochún se apropia se hace
uno en nuestros cuerpos madruga y anochece con nosotros y nos vemos plácidos
felices gozosos en espera de más y más pero no todo se ha de gastar en un día
Debemos irnos cada quien a sus territorialidades
doméstico-académicas
cada quien con su plante cada quien a sus respectivas
muertes intransferibles
…
* * *
Se dice en mi ciudad si es que se sigue diciendo habla serio
loco
y los políticos como siempre enriqueciéndose desaforadamente
y los curas como siempre llevándose a la cama cuanta beata
rica cae por la sacristía
y el papa como siempre jodiendo las mujeres no deben abortar
porque es pecado
-Habla serio loco
-Serio te estoy hablando
Supongo sólo supongo
no ha cambiado mucho mi ciudad
tal vez unos cuantos arreglos urbanos en su patrimonio
arquitectónico
unas cuantas modernizaciones para que no se diga que sólo la
capital es visitable
Veo fotos una revista
esa ciudad ya no es mi ciudad
la que nostalgizo a la que me aferro como tabla de salvación
no existe
sólo quedan residuos restos de naufragio
después de veinte y pico de años ¿qué me esperaba?
¿qué se iba a conservar tal como la dejé?
-Habla serio loco
-Serio te estoy hablando
Ayer por un choque el autobús permaneció una hora cuarenta y
cinco minutos
parado en espera que
se despeje la carretera
los pasajeros inician su ronda de elucubraciones
…
* * *
Te pones como quien dice en trance de inventario
notarizas los tiempos muertos los tiempos idos el óbito de
los recuerdos
te instalas en las equinas equinoccidades esquineras
te das tiempo haces pausa
plantas el callado cayado en la mitad del patio
Recobras un poco de aire aunque sabes que no hay sueste que
sople a esta hora
en la pizarra apuntas que los silogismos del sueño
patentizan dos bifurcaciones
retrocedes a la página donde subrayaste algo sobre los
manierismos posmodernistas
los humores los turbios humores los bajos humores se te
suben a media frase
Tu nueva amiga te dice voy a poner filósofo para saber que
este teléfono es tuyo
y la verdad que sí es nueva porque evidentemente tú no giras
de pensador
uno es lo que los demás determinan que es
atentti cuenta las veces ya escritas de ques no se debe
abusar no te amaches poeta
estadística I estadística II finanzas psicología laboral
taller de mercadotecnia
Tu próximo trabajo será marcar las ideas básica para la
mejor comprensión y
asimilación de un
texto
miro la triste mirada del tristísimo mirar los miramientos
entristecidos de la tristeza
las palabras aunque no lo creas descreído de mierda son
instrumento de poder
de poder a poder de qué poder se habla así no se va a poder
usar el poder del poder
Calma y nos amanecemos con este íngrimo pomo whiskero
por la salud de las ausentes diosas de los congales a
vosotras invoco mis guardianas
angelicales mis
venerables heroínas las únicas de verdad heroicas
por qué se mueven los pies por qué se acompasan en los
ladrillitos del alma
por qué los tambores las congas las flautas las claves
rumba pa ti mi negra rumba pa el que quiera bailarla con un
poco de inspiración
si todo el mundo lo está bailando porque no bailas mi rico
yambú pa gozá
Tinieblas telarañas en mi sesera
tanto Edipo suelto en la isla me distrae me abruma me
desconcierta
todos babeantes por su santa madrecita
todos engallados porque madre sólo hay una
todos en fila incestuosos incontinentes quién lo creyera tan
seriecitos que parecen
Camino por el malecón voy al mercado los autos no pueden
circular
puto embotellamiento se desgañitan los taxistas y camioneros
las bocinas a todo volumen lleve el regalo que nunca
olvidará su dadora de vida
bravo eso es de eso se trata hay que vender ahora es agosto
en pleno mayo
cruzo por el parque una mujer se planta frente a un hombre y
le exige le reclama
van para tres meses que no se haga el menso el que le
pellizcan las vírgenes porque debe dar la pensión que no manche
en el día de las madres he venido a felicitarte
tararí tarará yambeque otra vez hasta cuándo
un poco más y se arma la zafacoca de las mil putas sin
agraviar a las presentes
un poco más allá otra mujer se engarza con su perrísimo
hombre en un clinch sin
límite de hartazgo en un beso mordelón ahí namá a la vista
de todo cuanto dios cruza frente a la iglesia ¡cristo bendito!
despierta mami despierta mira que ya amaneció
hace rato que amaneció conchetumadre bocinero
Martes 10 en otros lugares se festeja a las madres el
segundo domingo de mayo
por puro gadejo o sea por lo mismo busco las novelas de
Fernando Vallejo
sobre todo La virgen de los sicarios y El desbarrancadero
para transitar por los
extremos edípicos mal resueltos diría el locuaz aprendiz
psicoanalista de pacotilla que anida en todo literato
ENTREVISTA A FERNANDO NIETO CADENA
Tu poesía empieza a
ser conocida durante los años 70, alrededor del trabajo del grupo Sicoseo. Pero
eso, en cierta medida, es el resultado de un proceso que se venía dando desde
los años 60. En tu caso, cuáles son las fuentes personales, artísticas,
ideológicas e intelectuales que estructuran ese proceso que desemboca en
Sicoseo.
De golpe, sin anestesia, caer otra vez en los recovecos de
una nostalgia prehistórica, me convierte en el animal memorioso y sentimental
de siempre, porque contestar la pregunta casi me obliga a realizar un
inesperado ajuste de cuentas (y cuentos) con algún olor a testamento pre-rigoris
mortis o como se diga en la jerga de los anticuarios con el latinajo a flor de
labios. Sea.
Se supone que debo
ponerle orden a la saudade.
a) Sobre las fuentes personales. Una mujer, Doris, bailarina
por entonces (el entonces se refiere a los años 60 o 61, en mis años de
adolescente con ojos boquiabiertos) estrella del Candy Boite Club (simple y
llano cabaret de puerto con una que otra influencia escenográfica de película
mexicana a lo Juan Orol) me dijo que yo tenía cara de poeta. Ofendido en mi más
insidiosa pubertad le contesté con el machismo ya atesorado a mi destierna edad
que a mi nadie me decía marica (todo esto al amparo de los amigos de la neivi
nativa que para evitar me haga cura –decían- por estudiar en el colegio San
José, La Salle, me llevaban a esos centros culturales nocturnos para que las
féminas me iniciaran en los embelesos de la cumbia horizontal. Después, romance
más o menos febril, ella me prestó libros de poesía porque curiosamente leía
poemas que por supuesto iban del medroso Bécquer al edípico Acuña por aquello
de ‘en medio de nosotros mi madre como un dios’. Entre esos libros me prestó
uno que me perdió para siempre, Los heraldos negros. Doris me explicó, teoría y
práctica, la vida de los poetas y que las costumbres hormonales nada tienen que
ver con este oficio que sí me gusta, matantirun tirulán.
b) De las fuentes artísticas que por lo mismo son
ideológicas e intelectuales. Por la edad risueña antes mencionada ya era un
lector más o menos voraz de todo cuanto pudiera ser susceptible de leerse,
desde los clásicos ilustrados de Novaro Editores, Barrabases, Life, Okey,
Ecrán, El llanero solitario, Tarzán, Superman y todos las historietas posibles
que llegaban a un puesto de revistas a cinco metros del hogar dulce hogar. Para
entonces ya me había leído todo el acerbo –que por lo visto no era mucho- de una
librería infantil que el municipio puso por la esquina noroeste del parque
Centenario. También por esa época había leído y me había atormentado sin saber
por qué con las Poesías escogidas de Medardo Ángel Silva en la edición francesa
con prólogo de Gonzalo Zaldumbide (lo de Medardo, marcó más que mi poesía mi
visión de la vida por ese pesimismo que dicen quienes saben que se parapeta en
mis textos. También leí Motke, el ladrón de cuyo autor nunca he logrado saber
ni recordar su nombre. Mi tío paterno me regaló El muro de Jean Paul Sartre que
contribuyó a incrementar mi confusión general y mi incipiente pero ya creciente
desdén por el mundo establecido que para entonces se resumía en la autoridad
civil, militar y religiosa. Después cayó en mis manos un libro de un francés de
quien tampoco recuerdo su nombre pero si el título de su libro, Corrientes
filosóficas contemporáneas, un estudio sobre el marxismo, el existencialismo y
el personalismo cristiano. Al rato leí Sobre la educación de Nina Kroskaia –o
algo así, luego supe que fue la esposa de Lenin. Paralelamente un amigo
militante de urje (unión revolucionaria de la juventud ecuatoriana) me invitaba
a su casa por las noches para escuchar los discursos maratónicos de Fidel
Castro que Radio Habana transmitía tras el triunfo guerrillero. Todo esto
mientras devoraba los cuadernillos de poesía de Simón Latino que me puso en
contacto con los principales poetas latinoamericanos, donde el inefable Neruda
incluido junto a Porfirio Barba-Jacob o José Asunción Silva me entusiasmaban
mientras iba descubriendo a Euler Granda, Jorge Carrera Andrade, Alfredo
Gangotena y en un suplemento, creo de El Universo, Un hombre muerto a puntapiés
de Pablo Palacio, y en Vistazo sale un reportaje sobre los Tzántzicos a
pretexto del Café 77. Justo terminó mis estudios secundarios y me trepó a Quito
para estudiar literatura en la Universidad Católica, donde me encuentro con
Raúl Pérez Reyes, Gustavo Cabrera y Julio Pazos. Los dos primeros tuvieron
prisa en fugarse de la vida, sobre todo Gustavo que se fue a comienzos de los
setenta. En la universidad conocí a Francisco Tobar García, con quien tuve
alguna desavenencia política y a quien nunca pude agradecerle por todo lo que
aprendí más que en sus clases en su poesía. A él le debo mi acercamiento a
Rilke, Novalis, Hölderlin, Stefan George, Takl, Michaux (Gangotena de por
medio),Ezra Pound, Eliot, Oscar de Lubicz Milozs, Ungareti, Seferis y el Ulises
de Joyce y Contrapunto de Aldous Huxley y la Feria de vanidades de Thackeray y,
dicho en términos mexicanos, un rechingo de obras como Cien años de Soledad y
Paradiso, a pocos meses de haber salido de las editoriales y a escritores como
Borges, Cabrera Infante, Juan Lizcano, Leopoldo Marechal, Vargas Llosa, Rulfo y
valga el lugar común, muchos más. Rayuela la leí en el 66 por culpa de un amigo
de Gustavo Cabrera que fue a México donde vivía un pintor ambateño amigo suyo y
regresó entre otras cosas con ese libro y la revista El corno emplumado. Por
culpa de esta revista supe de la generación beat, leí fragmentos de Aullido,
disfruté ya por mi cuenta de En el camino de Kerouac, de los nadaístas
colombianos (de ellos supe por una maestra de Estilística que provocó mi
primera lectura pública como poeta ante mis compañeros). Y así, en abril de
1970, regresé a Guayaquil, para iniciar el primer cierre de mi turno al bate
que dio lugar a Sicoseo de breve pero enjundiosa memoria, sobre todo por lo que
no hicimos (o no fuimos capaces de hacer) aunque eso sí nos sicoseamos y
sicoseamos sabroso el mate entre cerveza y cerveza para descomponer el mundo
que ni siquiera se dio por aludido. Fin de la primera llamada.
Dentro de ese proceso,
qué importancia tuvo y tendrá (luego ya, en Sicoseo, en el FADI –Frente Amplio
de Izquierda-, el Frente Cultural) la política, el marxismo, las dictaduras
militares y el rol de lo que Gramsci llamaba el intelectual orgánico? ¿Y de qué
manera tus poemas se ven afectados por esas coyunturas?
Bueno, creo que nuestro comportamiento era más de
intelectuales orgásmicos que orgánicos, con un venturoso ingenuo romanticismo
presuntamente de intelectual comprometido, a la manera de un siempre mal
asimilado Sartre, en espera de tropezarnos con la revolución a la vuelta de la
esquina estando muchos de nosotros (ah, los de entonces que ya no bebemos ni
escribimos la mismo) de regreso de donde nunca estuvimos. El candor juvenil
dirían los abuelos.
De pronto me vuelvo a encontrar sicoseándome el mate para
descubrir a balón pasado cómo la cuestión política se empiernó con mi trabajo
literario.
Desde hace mucho, desde que asumí mi elemental y primitiva condición de pobrecito poeta (a la
manera del fraterno Roque Dalton), algo así como un desescritor de
cotidianidades, mi consigna existencial ha sido que todo tiempo pasado siempre
fue peor. Trato de recordar y me encuentro que en realidad quiero saber si
existió algo que de manera tan solemne, grave y almidonada respondió al
membrete de fadi, como casi todo, imitación servil de lo que se hacía en otros
territorios, Uruguay concretamente. Lo del Frente Cultural fue una vaina de la
gente abrigada por La bufanda del sol, a la que Sicoseo correspondió por
aquello de que también los guayacos nos vestimos con las modas de la culta
izquierda que oraculizaban el advenimiento triunfal de esos tiempos que el
delirante/hilarante (hoy lo sabemos) Bob Dylan proclamó que estaban cambiando.
Y ya hemos visto cómo cambiaron. Eran los tiempos gozosos cuando el Che todavía
no era una camiseta de consumo de post adolescente clasemierdero y hasta nos
creímos que la palabra, la poesía era un arma de combate sin percatarnos de la
admonición anticipativa de lo dicho por Alberti a través de Serrat, se equivocó
la paloma. No porque haya sido un error abrazar el marxismo y abrasarnos con
sus enseñanzas que no pudimos, no quisimos o no supimos vivirlas más allá de la
pose a lo pensador de Rodin que tanto disfrutó mostrar como el mejor perfil de
nuestra infantil (Lenin al bate) militancia de intelectuales con pretensiones
de bocineros de los desheredados, ay, de la fortuna, uf.
Eduardo Galeano alguna vez dijo que los asumidos como
intelectuales de izquierda por nuestra propia cuenta y vanidad nos convencimos
que el pueblo (esa entelequia que nunca comprendimos bien qué denotaba el
vocablo) no sólo era mudo (por aquello de prestarle la voz) sino también sordo
ya que nunca escuchó nuestras iluminadas palabras y siguió votando por sus
explotadores de ayer, hoy y siempre. Sólo que ese indescifrable pueblo ni era
mudo ni era sordo. Sucedió que no servimos para ser la conciencia crítica de
nadie porque ni siquiera supimos ser conciencia crítica de nosotros mismos.
Esto resume, supongo,
y explica por que escribí lo que escribí y cómo lo escribí y por qué ahora
escribo lo que escribo y por qué escribo cómo escribo. Tal vez esto me salvó de
caer en el panfleto y me evitó la vergüenza de escribir loas y advenimientos de
insurrecciones triunfantes a punta de versos bien intencionados para conmover a
los comisarios de turno.
Cada vez que puedo
repito lo que el enfebrecido Hölderlin mascullaba en sus repentinos saltos a la
cordura, para qué poetas en tiempos de miseria. Todo mi trabajo literario
pretende ser más que una respuesta a esa pregunta, una constante indagación
para descubrir para qué la poesía en un país como el nuestro, dolarizadamente
corrupto, derrotado por la mediocridad cobarde de los cobardes mediocres. Lo de
dolarizado no significa que sólo a partir de la dolarización la clase
gobernante-dominante (para usar un viejo memorable estribillo de aquellos
edénicos tiempos cuando aspirábamos a ser algo así como los animales puros
entre los políticos animales del aforismo aristotélico) sea corrupta. Siempre
lo fue, desde mucho antes de inventarse a nuestro paisito de bolsillo.
Aunque siga siendo
cierto eso de que nosotros los de entonces ya no somos los mismos (reprise
nerudiano), lo que alguna vez dijo Willington Paredes sobre mi poesía es justo
recordarlo, es como hacer un hueco en la cotidianidad para mirar hacia dentro
de la cotidianidad (más o menos sic). Si mi trabajo siempre ha rondado las
esquinas de la cotidianidad es inevitable que eso que de algún modo reconocemos
como realidad exterior ha dictado, determinado, impuesto, sugerido mi
escritura. En los años setenta cuando padecimos las ridículas dictaduras de
pacotilla, mi poesía respondió a ese avatar (para usar la palabrita que tanto
onanizan los felizmente filosófica-política-poéticamente correctos).
Si de algo presumo y
conservo de aquellos fundacionales (je je) tiempos sicoseantes es mi capacidad
para seguirme indignando ante los desmierdes del mundo, conservo casi intacta
mi capacidad para pelearme y buscarme enemigos por el simple hecho de
contradecir la estupidez humana cuando osa tropezar conmigo. Como quien dice,
desde mi más temprana edad eso que llaman inteligencia emocional la mandé al
carajo. Y en esto algo o mucho tuvieron que ver los no muy sacros textos
marxistas que me convirtieron en la oveja roja de mi familia.
Esto nos lleva a
plantearnos cómo los filtros del mundo exterior se tradujeron en los filtros
poéticos de tu trabajo, cómo el mundo circundante fue también el mundo poético.
¿Hasta dónde el cartelismo, hasta dónde la proclama en tu poesía? ¿Cómo la
diferencias de poemas declarativos y simples reproductores de lo externo?
Uno de los textos que determinaron mi percepción de la vida
para el intento de elaborar mi personal cosmogonía poética, oh la la, fue La
feria de Juan José Arreola. Se sumó a lo que percutía en mi sicoseado cerebro a
partir de los textos de Joyce, del Trilce vallejiano y los cantares de Ezra
Pound. Todo este revoltijo junto a Rilke, Seferis, Aimé Cesaire, algo de Neruda
en sus residencias terrestres y la desmesura de los beats, se confabularon para
que mi poesía asumiera un cierto exteriorismo, a la manera de primer Ernesto
Cardenal, y se ocupara en recuperar viejas adolescentes obsesiones donde el
tañer de timbales, congas y bongós -sin haberlo sabido- percutían lo que
devendría mi pertenencia y presencia en estos costados del planeta. Por abrazar
y abrasarme en las indagaciones afrocaribes, uno de los cuestionamientos que me
hicieron fue que siendo un blanquiñoso de mierda cómo podía apropiarme de la
tradición musical afrocaribe. En un extremo racista a la inversa, que eso era
vaina de negros no de blanquiñosos. Puerilidades aparte, no creo haberme
revolcado –literariamente- en el cartelismo, para sufrimiento y desespero de
algunos comisarios del manualismo marxiano que vieron y deploraron en Sicoseo,
por aquello de la divina salsa, una expresión de colonialismo cultural, vaina
que sólo sus anteojeras partidistas de revolucionarios a la vuelta de la
esquina les hizo ver. Lo que hubo, supongo, o mejor dicho hay en mi poesía, la
de entonces y la de ahora, es una testificación del tiempo vivido con algo,
para no desdeñar viejos membretes, de conciencia social atestiguadora del
desmadre colectivo que es nuestro narcisista subdesarrollo político, económico,
cultural (en su noción vulgar como sinónimo de producción artística) y mental.
Los de entonces eran poemas exterioristas (si algo denota esta palabreja, un
poco a la manera de Cardenal y Nicanor Parra). Ahora, pienso, son intimistas
pero curiosamente su forma es un tanto épica en el sentido de pretender
construir una epicidad que rumie las entrañas más íntimas de una intimidatoria
cotidianidad no siempre lo suficientemente existencializada. Tal vez por eso se
piense que soy reiterativo, porque reincido una y otra vez en hurgar aquello
que menos conozco, los múltiples yos que se ensimisman y empecinan en resucitar
el cadáver que alguna vez llegaré a ser. No creo necesario insistir en que si
es cierta la afirmación ortegagasetiana del ser y su circunstancia, han sido
precisamente las circunstancias de una asordinada vida azarosa la que dicta
todo mi discurso poético, si no resulta excesivo y agobiante presumir de un
discurso personal no intransferible.
Ya en Sicoseo ¿Cómo se
redefinió tu trabajo poético, qué cambió en tu persona privada y artística?
¿Qué valor le das al breve lapso que duró el grupo y, no obstante, dejó algunas
cosas expuestas en el tapete?
Más que una redefinición de mi trabajo poético, Sicoseo fue
un punto de partida para esclarecer el cómo y por qué de un discurso que
trastabillaba sin encontrar una tradición que no sea la complacencia
perdonavidas de la mediocridad asfixiante. La fugacidad de Sicoseo sirvió para
desolemnizarme y mirar con desconfianza la vocinglería retórica, municipal y
espesa de esos tiempos que supongo fueron iniciáticos en más de un sentido para
quienes intentábamos encontrar una personalidad más allá del provinciano
aplauso que se regodeaba con el recuerdo de los tótems nutricios de una
ecuatorianidad nunca demostrada su existencia pero autosatisfecha en su
lamentación acomplejada. En realidad me ayudó a faltarle el respeto a los
nombres y mitos consagrados y definitorios dentro de eso que ahora la moda
llama canon y que no ha sido más que una triste procesión de nichos mortuorios
bobaliconamente venerados. De pronto descubrí que no tenía un pasado al cual
asirme por lo que debí fabular una tradición fuera de la patriótica histeria
historiográfica y encontrar apoyos en literaturas que después de todo nunca
fueron foráneas si es cierto eso de que la patria de los escritores es el
lenguaje. Contradictoriamente tal vez fui excesivamente cartesiano en eso de la
duda metódica aunque en realidad para mí la consigna precisa nunca fue el
cogito ergo sum sino el coito ego sum. Sospecho que lo más relevante de Sicoseo
fue que mantuvimos durante algún tiempo, unos más otros menos, una actitud algo
homogénea ante la literatura que por entonces fue también una actitud ante la
vida. No duro mucho porque la vida es intransigente y se dedicó a cooptarnos,
también a unos más y a otros menos, dentro de ese carnaval de vanidades bien
administradas que presuntamente es lo que de alguna manera llamamos carrera
literaria, como si fuera una carrera de galgos tras la liebre sinuosa de la
elusiva abusiva posteridad, es decir, la fama y sus oropeles grandilocuentes.
Por otra parte Sicoseo me ayudó a autoconvencerme que la única manera de
escapar al enmohecimiento literario era escapar del solar nativo para desde
lejos asistir a la parodia de país donde nacimos, sumido en un país (aquí donde
he decidido quedarme) que como bien se sabe tampoco canta mal las rancheras de
la mixtificación social.
Has mencionado
"timbales, congas y bongós", luego hecho mención a un
"ensimismamientos de yos". ¿Por qué esos referentes culturales? ¿Por
qué la salsa y lo afro (o africano) si, viniendo como vienes, del trópico
ecuatoriano, y de Guayaquil más concretamente, en esta ciudad los
contribuyentes son también indígenas andinos, montuvios (o montubios), es
decir, del campesinado costero, que no es precisamente negro? ¿Qué es lo que te
permite asumir lo afro en relación a la indagación interna de esos "yos"
que mencionas?
Te decía que de pronto me encontré con que no tenía,
literariamente, un pasado al cual asirme por lo que debí inventarme una
tradición fuera de la histeria patriotoide. Uno de mis descubrimientos, vía la
revisión de ese cuento de la patria, fue el hallazgo de unos recuerdos
infantiles donde la música afrocaribe era el armazón de unas noches marcadas
por las películas mexicanas de los años cincuenta, cuando Ninón Sevilla y María
Antonieta Pons, entre otras rumberas, eran las diosas tormentosas de mi futura
búsqueda de una identidad cultural fragmentada. Aquí lo chévere de todo es que
fueron películas no vistas sino oídas. En la primera mitad de los cincuenta mi
familia vivía en Lorenzo de Garaicoa entre Aguirre y Clemente Ballén (si nos le
han cambiado el nombre a esas calles). La pared trasera de la casa colindaba
con la parte trasera, justo por ahí debió estar la pantalla, del cine Apolo,
sito en la calle 6 de Marzo hasta el incendio punitivo con que el público
soberano redujo a cenizas (al cine Apolo, no a mi casa; dicho sea de paso, no
sé si todavía a los cines se les sigue diciendo teatro) porque el capitán del
ritmo, don Daniel Santos, no pudo cantar gracias a una excesiva dosis de
alcohol y marihuana –dixit la voz de dios o sea la voz del pueblo que nunca
miente. Bueno, sucede que mi dormitorio quedaba en la parte de atrás de la casa
por lo que estuve condenado a escuchar todas las películas que pasaban en ese
cine y de paso a los artistas que se presentaban en los intermedios de las dos
películas que usualmente se pasaban entonces en las funciones de matiné y
noche. Después supe que esa música era música de negros, una música que me
cosquilla los pies cuando los tambores reclaman el imperio de una sensualidad
aún no descubierta. Por otra parte, dentro de la blanquiñosidad familiar mi
mamá era la negra por su piel acanelada que de alguna manera me hizo pensar,
conocidas las leyes mendelianas de la herencia, que algún niche berraco en
alguna lejana generación de los Cadena Gudiño se empiernó con alguna antepasada
mía, o acaso fue un antepasado que pasó por sobre el ardoroso cuerpo de una
morena del valle del Chota (la sección materna de quien soy proviene del
Imbabura, de Atuntaqui). En fin, nunca me interesó la arqueología familiar ni
me preocupé de establecer ningún árbol genealógico. Sospecho que por algún
costado de la sección materna de mis apellidos la negritud se coló. Esto lo
asumí como explicación de por qué al escuchar esa música me tamborilea el
corazón y me arrastran esos tañidos hacia una necesidad de soñar en una edad
feliz –que no es la martiana- donde agazapados tótems nutricios tratan de
resucitarme una herencia desteñida por el tiempo. A partir de esto la
posibilidad de instalarme en la comodidad de un yo único, irreversible e intransferible
se perdió para siempre. Así empecé a desarrollar mi propio exilio, existencial
y literario, para arroparme con los yos necesario para ir articulando un
discurso presuntuosamente personal, como si tal despropósito fuera posible en
tiempos como los nuestros, bárbaramente poéticos –dixit Cardenal. En lo que se
refiere a Guayaquil. Alguna vez el lexicólogo cubano Juan José Arrom (desde
antes del triunfó de la revolución vivió en Nueva York, donde murió hace ya
algunos años que cada vez son muchos más) durante una charla en La Habana me
confirmó que la zona de influencia cultural del Caribe llegaba por el Pacífico,
en América del Sur, hasta Guayaquil. Sigo pensando que llega hasta Moquegua, al
sur del Perú, pero si él lo decía quién soy yo para contradecirle. Todo esta
vida fuera de Guayaquil me ha ratificado que Guayaquil, a pesar de estar en el
Pacífico es un puerto caribe. Como sabes nadie ni nada, en vainas de cultura y
razas es químicamente cien por cierto puro. Cierto, hay una presencia andina en
lo que podríamos llamar como, doblemente entrecursivado, cultura guayaquileña.
Sucede pues que si bien lo de la identidad es inevitable y quiérase o no uno
debe asumir su pertenencia a una identidad, yo, en pleno derecho de mis muy
personales-egoístas-contradictorios-irracionales derechos que me imagino algo
tienen que ver con mi libre albedrío, decidí alguna vez que el rasgo de mi
identidad cultural como guayaquileño –ojo. guayaquileño digo, no ecuatoriano-
que privilegio como factotum de mi ser y estar sobre este planeta es la parte
tangencial o diametral que tiene que ver con la afrocaribeñidad. Si esto no
convence, molesta o resulta incomprensible para algunos alguienes embadurnados
por el cordón umbilical de la patria equinoccial y su tricolor bandera de oro
azul y grana, peor para ellos.
Tienes referentes
culturales y literarios nacionales e internacionales, locales y clásicos, de la
"alta y baja" cultura. ¿Cómo describirías tu trabajo en el contexto
de esas influencias? ¿Qué es lo nuevo que tú crees ofrecer a Ecuador, a México,
a tus lectores y a ti mismo?
Supongo necesario para ir entrando en calor recapitular un
poco y enfatizar algo más sobre uno de los nombres que mencioné antes, el de
James Joyce, de quien suelo decir para remarcar lo mucho que le debo literaria
y vivencialmente que me copia mucho. Así resumo y presumo una de las más
fuertes influencias que he recibido, asumido y espero que asimilado.
La otra es la de César Vallejo. Hay una que ha pasado
desapercibida en Ecuador, fuera es lógico que no pudieran detectarla. La de
Medardo Ángel Silva, que para muchos podrá resultar contradictoria pero es la
que marca esa visión realista que los normales y políticamente correctos llaman
pesimismo en mis textos y que no es otra cosa que intentar la vieja enseñanza
de Pablo Palacio, el descrédito de la realidad presente o, regresando al
reviejo joven Joyce, evidenciar la futilidad y anarquía –yo diría
irracionalidad deshumanizada- de la historia contemporánea como dictaminó Eliot
al reseñar el Ulises por todos –casi todos- venerado. Supongo que lo novedoso
de mi propuesta fue el hecho de pedir prestado ciertas voces y ambientes de los
llamados marginales para instaurar un discurso lejano a las complacencias de
los hedonistas y estetas por resentimiento y confusión sociales. Por un lado
fue la comprensión de exilio –autoexilio sería más preciso- que se me vino de
golpe sin carnaval ni comparsa tras el saqueo a mansalva que hice de los textos
joyceanos que desde más o menos 1967 cayeron por mis manos, siempre en
fragmentos. En el descubrimiento de Joyce, nuevamente la culpa fue de Paco
Tobar, quien me prestó la versión argentina de la editorial Rueda del Ulises.
Para completar esta zona de agradecimientos debo apuntar que también a Paco
Tobar debo la lectura de Bajo el volcán de Malcolm Lowry, por 1968. Después
conseguí Dublinenses y el Retrato de un artista adolescente, el texto previo de
Stephen Hero, otra versión previa más del Retrato y otra más versión previa del
Ulises, todo por vía de la Editorial Rueda. Después leí Exiliados en Seix
Barral, Música de Cámara en Visor y las Cartas a Nora, Premiá Editores. De
Finegans Wake sólo tenía datos, referencias y la presunta constatación de la
imposibilidad de verlo traducido, por lo que en México pude comprarlo en la
versión de Penguin Book sin que haya podido avanzar mucho en su lectura pero
como soy creyente de los letrados críticos de las bellas letras comulgo con la
afirmación de que es la obra catedralicia de don Joyce, a quien pese a sus
poemas sigo considerando el escritor más importante de todos los tiempos, todas
las épocas y todas las lenguas. Si es una exageración, sí ¿y qué? a lo mucho lo
que demostrará es que mi ignorancia sigue siendo la mayor virtud que puedo
exhibir. Y eso que no soy socrático. En fin, lo que pude ofrecer de nuevo es
cosa que lo digan los críticos. De vez en cuando jóvenes escritores
guayaquileños me escriben y me confían que en mis textos encontraron asideros
para dedicarse a la literatura. Sigo pensando que el mejor comentario, la mayor
crítica que se le puede hacer a un escritor es que otro escritor le diga que se
hizo escritor por la lectura de sus textos. o como la crítica que me hizo un
anciano en el reclusorio de la ciudad de Celaya, Guanajuato, quien me dijo que
si seguía escribiendo como escribía –esto fue por 1984- terminaría por llegar a
escribir como Agustín Lara. Esto nos sitúa en la otra vertiente de mis
influencias o referentes culturales: la mal llamada cultura popular. Desde hace
muchos años por aquello de que veinte años no es nada, dejé de ponerle apellido
a la cultura. De todas maneras a mí me influyó mucho eso que el cervecero
Carlitos Marx categorizó como lumpem proletariat, que en él fue una categoría
descriptiva pero que sus epígonos y adversarios convirtieron en racismo, en
discriminación clasista. Todo esto porque tras vivir en la contra espalda del
teatro(cine) Apolo nos pasamos a vivir muy cerca, demasiado cerca del parque
Victoria, en Pedro Moncayo y 10 de Agosto. El mercado central estaba cerca,
frente a la casa se ponía una feria (en México les llaman tianguis) de
pescadores que para variar entre aguardiente Traguito, añejado como güisqui, y
marihuana vendían lo capturado en la madrugada. Entre ellos el hermano de un
entonces ya olvidado delincuente porteño, Noterrías. Susanboy fue otro
personajes de los llamados héroes populares. Y por supuesto aquí tiene que ver
el mano a mano entre Olimpo Cárdenas y Julio Jaramillo en el teatro (cine pues)
Central, debieron sacar altoparlantes a la calle para que el respetable público
que no pudo entrar pudiera escucharlos. Todo esto aderezado con el fulbito
callejero nuestro de los sábados y oh, prodigio y maravilla clase mediera, unos
amagos de béisbol en el abandonado y destartalado Reed Park. Por supuesto que
no faltó la sazón de los salones cerveceros donde la rokola era el altar mayor
para acercarse a la guarachita sandunguera o al bolero diván psicoanalista para
confesar fracasos de amor. Mi trabajo lírico se inserta no en un rescate de lo
popular sino en su aprendizaje, por eso se me hace difícil esbozar qué pude
ofrecer al Ecuador ya que fue mucho más lo que recibí de eso que
presuntuosamente seguimos llamando pueblo. Acá en México creo que si algohe
aportado ha sido por mi trabajo como coordinador de talleres literarios (dentro
de una perspectiva y metodología implementada por Miguel Donoso Pareja cuando
estuvo por estos costillares planetarios)) que podría resumir como ofrecer una
percepción distinta del hecho literario, donde la literatura sea una actitud ante
la vida, un modo de ser, vivir y actuar, y no un canibalesco torneo de cruzados
en pos de un nuevo peldaño más en el escalafón camino a la inmortalidad.
Después de todo para mí escribir es un sólo un oficio más para testimoniar la
vida cotidiana a partir de una experimentación lúdica del lenguaje sin
descuidar los contenidos semántico-ideológico-estéticos de ese lenguaje.
Completo la pregunta
anterior: ¿Cuáles son las diferencias entonces entre tu trabajo en Ecuador y en
México? ¿Cómo ha cambiado tu punto de vista y tu poesía? ¿Cuál ha sido o es el
resultado de ese viaje a tu interior que ocupa tu poesía?
Pienso que la
diferencia es más de orden formal más que cualitativo. Mientras estuve en
Guayaquil fue una visión exterior ya que estaba inserto en la vorágine de esa
esquizofrenia social de la presunta patria, nación, país o lo que fuere. No es,
espero, contradictorio que estando en el ojo del huracán histérico-histórico mi
expresión haya sido exterior a partir del humor, la ironía sobre todo y un cierto
desenfado ante las inclemencias del cruel destino que nos recetó una patria así
(los peruanos, creo recordar, dicen que ser peruano no es un sentimiento sino
un castigo, y eso vale también para nosotros). En todo caso fueron recursos más
bien para la supervivencia emocional e intelectual frente a tanto desmadre de
corrupción, hipocresía y oportunismo en todos los órdenes de la vida social,
política, económica y cultural. Y conste que nadie estaba libre de culpas para
soltar el primer madrazo, dicho en términos mexicanos. Esto quiere decir que el
cambio se dio hacia una introyección, un intimismo que no sólo ha servido para
intimar y/o intimidad a mis íntimas, sino para hacer una revisión de todo lo
vivido, y todo lo vivido va en función de la vida concreta y lo soñado y lo
deseado, lo alcanzado y lo fracasado. Es curioso, cuando era exteriorista, con
algún tinte cardenaliano –no cardenalicio, mi poesía no era de versos largos
pero poco a poco se fue extendiendo, hasta ser lo que ahora es, algo así como una
épica intimista sustentada en versículos cada vez más dilatados, anchos antes
que extensos. El resultado es lo que ahora perpetro. Para algunos será una
repetición de lo ya dicho por esta compulsiva y convulsiva obsesión de
regodearme en esta casi necropsia taxidermista de mi vida cotidiana. Ahora que
lo digo me convenzo en lo cierto de esa frase con brochazo de sabiduría
popular, el pez por su boca muere. Alguna vez dije que la insoportable levedad
de la poesía de Mario Benedetti era que se autoplagiaba, se copiaba a sí mismo.
Mutatis mutandis lo mismo digo de mi trabajo, sólo que en descargo rezongo que
no busco más que testimoniar los múltiples azarosos yos que me acompañan desde
mi más intrauterina adolescencia de escritor nacido en un país imaginario con
nombre de línea imaginaria.
Tu trabajo aborda la
crítica literaria y cultural ¿Qué temas, puntos de vista y autores se vuelven
fundamentales para ti? ¿Cuál es el límite de la crítica literaria, sobre todo
en relación a la seducción intelectual que representa y que ha hecho que muchos
poetas o narradores, finalmente, se concentren más en la crítica y dejen a un
lado lo creativo literario?
Comencemos por las obviedades. El tema que predomina en mis
escarceos intelectuales es la negritud con casi todas sus consecuencias, desde
el afroamericanismo pasando por la afrocaribeñidad y uno que otro tímido (por
la carencia documental ya que sé que se está trabajando no sé si poco o mucho
pero desconozco todo, bueno, casi todo –este casi no creo pase de un dos por
ciento de todo lo que se está haciendo) de lo afroecuatoriano. Los autores
fundamentales que continuamente releo son Joyce, César Vallejo, Ezra Pound,
Allen Ginsberg, Derek Walcott, Aimé Cesaire, Arthur Rimbaud, Rainer María
Rilke, Julio Cortázar -particularmente Rayuela, Pablo Palacio, Jorge Enrique
Adoum. He re regresado a mi vieja obsesión por la narrativa policíaca con la
obra de James Ellroy. Por ahora me interesa esclarecer hasta qué punto Fernando
Vallejo y Roberto Bolaño son los escritores rementados que son hoy por su
calidad y no por el exotismo escandaloso de su presunta niñez terrible. Como
ves son creadores los que me interesan no los teóricos ni los académicos de
quienes cada vez olvido más sus iluminados nombres. Me preocupa el presente que
es mucho más que esta vergüenza efímera que nos arrastra la insustanciabilidad
del tiempo y por ende del espacio. No me angustia el futuro ni sus grandes
cataclismos venideros por el derrumbe ecológico porque no estaré presente. Las
futuras generaciones ya sabrán qué hacer. No me siento partícipe ni asumo la
culpa colectiva por el deterioro del planeta. Hay otros mierdas que sí son
responsables y nada les dicen por su humanicidio, sólo que son presidentes,
reyes, primeros ministros o pontífices. Del pasado que siempre fue peor trato
de sacar alguna enseñanza para seguir tropezándome en la misma piedra. Los
límites de la crítica literaria sospecho son los mismo de cualquier otra
actividad humana, social pues. Nada contra el ser humano, todo si es a su
favor. mi candor me hace parodiar aquello de todo dentro de la revolución nada
contra la revolución. Y vale. Los límites de la crítica deben ser el de no
rebasar el pudor de la interpretación para degenerar en una bizantina
sobre-interpretación, en los términos que el siempre lúcido Umberto Eco planteó
durante unas conferencias en Inglaterra hace quién sabe cuántos años. El hecho
de que muchos escritores dejen de producir creativamente para devenir críticos
literarios es sólo una coartada para disimular, disfrazar o no reconocer su
esterilidad de manera franca, abierta y digna. Espero no me pase algo parecido.
Ahora tu experiencia
en México: ¿Cómo llegaste? ¿Cómo fuiste recibido? ¿Qué pasó en el DF y qué
cambios en Villahermosa e Isla del Carmen? ¿Cómo te ha servido ese cambio del
"centro" cultural a lo que podría ser "la periferia"? ¿Vale
la dicotomía?
Llegué a México, cesarvallejaniamente hablando, un día del
cual tengo ya el recuerdo. Fue el 26 de abril de 1978, abreviemos la anécdota,
justo cuando México enfrentaba en Madrid a España en un juego amistoso rumbo al
mundial de fútbol en Argentina. Pienso que he sido y sigo siendo bien recibido,
que nunca me he sentido extranjero en este país, ni siquiera cuando debo pagar
impuestos por el derecho de continuar residiendo aquí. Como siempre, mis fugas
dicen una que otra amiga cariñosa, generalmente han tenido que ver con rupturas
sentimentales en las que lo que siempre he perdido son libros y discos para
volver a comenzar casi de cero esa acumulación primitivo-obsesiva de capital
libresco. Mi salida del DF fue, además, porque repentinamente la nostalgia del
mar me castigó más de lo soportable. Fue así como salí para Villahermosa que
está a una hora del mar, y luego a la isla, ciudad y puerto del Carmen que ya
tu ves, isla al fin tiene al mar por todos sus costados, como sentenciaría el
docto doctor Perogrullo. El hecho de estar por estas playas de alguna manera es
un exilio dentro de un exilio mayor. Frente al exilio de la presunta madrastra
patria (lo de madrastra no es queja ni reproche sino simple descripción
constativa) busqué un exilio interior en una isla que lo es geográfica pero
también lo es existencialmente en dos sentidos: en uno, la isla es metáfora de
la mujer-isla que busco, encuentro y finalmente me desampara para que no se
cumpla el ritual edípico mariano del no me desampares de noche ni de día; el
otro exilio existencial es personal y por lo tanto intransferible, es mi
soledad-isla, con toda la tristeza a cuestas –nuevamente el cholo Vallejo-
porque en definitiva nunca he estado solo asó como nunca he estado triste.
Sucede que soy triste y soy un hombre solo. Lo que de ninguna manera justifica
ni garantiza ni avala que se diga que estoy triste o estoy solo. El cambio de
aires me ha servido para dedicarme a escribir a diestra y siniestra. Reviso lo
escrito y el cidi me dice que entre 1988 y el 2005 he escrito 27 poemas que en
realidad cada uno es un libro, entre 60-80 páginas tamaño carta a renglón
seguido en 14 puntos Times New Roman y 2.5 cms. de margen por lado, y con el
consabido versículo que hoy utilizo. A eso deben sumarse tres novelas (tríada
sobre la isla-ciudad), un libro de ensayos y una estrepitosa cantidad de
artículos, reseñas, ponencias, conferencias y una que otra carta de
recomendación para amigas y algún amigo. Debe añadirse uno que otro zafarrancho
seudo intelectual con las glorias municipales y bien espesas locales que no
cejan en ejercer su poco discreto encanto de mediocres cobardes esclerotizados
en la contemplación de sus neardenthalistas ombligos. En otras palabras, el
aldeano provincianismo es el mismo en México que en Ecuador, por lo tanto será
el mismo en el resto de América Latina y, como no me chupo el dedo, es lo mismo
en Estados Unidos y Europa, sin olvidar África, Asia y Oceanía, para completar
el atlas. La dicotomía pues funciona y es válida, con el agravante de que al
estar por acá si me invitan a un encuentro o foro en Monterrey, Guadalajara o
Cancún, como no tienen mi dirección mandan el oficio a los centros culturales
burocráticos de esta isla donde esconden el sobre o se olvidan que existo. De
todas maneras mantengo contactos con el mundo exterior y de rato en rato
participo en festivales, desencuentros o congresos para el lucimiento
intelectual y social de los intelectuales de pro. La dicotomía existe porque el
centralismo aunque esta sea una federación si no se vive en México o sus anexos
alrededores, uno no está en México. Casi es vivir en el DF o morir.
¿Qué te ofrece como
poeta y como hombre el vivir en Isla del Carmen? ¿Cómo te afecta o no la falta
de movimiento cultural que se encuentra en las grandes ciudades? ¿Acaso tu
futuro literario puede prescindir ahora de ese contexto más dinámico?
Con todas sus limitaciones, propias de una ciudad
petrolizada que no se resigna a asumirse como ciudad chica aunque le avergüence
seguir siendo pueblo grande, me permite la libertad de hacer lo que quiero
hacer con plena dedicación, al servicio de y para vivir en olor de
literaturalidad. Lo que no significa refugiarme en presuntos librescos
castillos babélicos sino el de participar con todo lo que soy en este riesgo y
audacia de pretender ser escritor en sociedades como las nuestras donde uno
debe justificarse todos los días por el desacato, la transgresión de escribir
¡en tiempos como estos, padre Nabor! dicen los mexicanos y lo asumo. Vivir por
estos playones me permite cultivar la nostalgia de lo que voluntariamente dejé,
la ciudad de de México que con todo lo que se pueda decir en contra me parece
una ciudad fuera de serie con un solo defecto, estar –en autobús- a seis horas
del mar, y eso sí es imperdonable para una ciudad que merezca ser habitable. El
escaso, ninguno, movimiento cultural no me afecta porque de todas maneras busco
actualizarme y mantenerme con los ojos abiertos para percibir las pulsiones del
‘mundo exterior’. Por lo demás la vida intelectual en esencia es la misma en
todos los sitios, pequeñas o mega ciudades, se vive en medio de la vorágine de
prejuicios, envidias, hipocresías, malversaciones mentales y muchos etcéteras
más que sirven para darle más sabor al mondongo reducido a una lastimosa feria
de vanidades. Esto no quiere decir que he logrado arribar a la cumbre del
cinismo estoico o estoicismo cínico que mira olímpicamente con desdén
dionisiaco las miserias de la antropofagia intelectual. No estoy más allá del
bien y del mal, no estoy de regreso de donde nunca estuve ni fui. No puedo, no
debo ni quiero prescindir del contexto mucho más dinámico y creativo de las
grandes ciudades. Es obvio que me afecta porque no puedo tener al alcance de
mis manos los libros que agobiantemente salen a diario pero, consuelo de tontos
talvez, me consuela que aunque estuviera en el DF tampoco podría satisfacer mi
voracidad de lector pantagruélico (como hace algunos años me describiste cuando
salió Los des(en)tierros del caminante), tampoco podría ir a los ‘actos
culturales’ que cada vez son más eventos sociales para exhibir los últimos
modelos copiados de algún figurín de tercera mano. por supuesto lo que sí
lamento es no poder estar en un clásico Chivas-América o en el clásico
beisbolero Diablos rojos –Tigres. A cambio, puedo salir en una lancha –cayuco,
en términos tabasqueños- a dar una vuelta alrededor de la isla y bajar en el
islote de los pájaros ver a los delfines saltar a menos de diez metros. Esto
que no tiene nada de bucolismo marino es sólo el ejercicio de mi realismo
pesimista para contrarrestar las carencias de la posmodernidad intelectual;
sobre todo si tengo a mano el siempre refrescante disfrute de la amiga cariñosa
que por hoy es la mujer de mi vida.
¿A dónde crees que vas
en tu vida poética? A más de escribir nuevos poemas, o participar en charlas o
talleres y otras actividades ¿Crees necesario un cambio de perspectiva o
sientes que "has llegado" o "estás cerca de ser lo que siempre quisiste
ser"?
Desde hace unos años
mis amistades de por acá me soportan con una cantaleta que en realidad es un
ensalmo. Antes de cumplir los cincuenta años decía que de esa edad no pasaba;
luego dije que de los cincuenticinco no pasaba, después que de los sesenta, y
ahora digo que de los sesenticinco. Esto suena a plan quinquenal y lo es. Me da
margen para desarrollar proyectos de escritura que van acompañados de amores
más o menos intensos pero siempre perecederos porque definitivamente no sirvo
para soportarme a mí mismo y menos para obligar a una mujer a soportarme. En
todo caso mientras viva la necesidad de escribir y amar, mi ensalmo-cantaleta
se irá prorrogando quinquenalmente. Esto significa que no he cerrado ninguna
posibilidad de conocer y experimentar nuevos conocimientos y medios expresivos,
siempre y cuando no me separen de esta isla donde hoy estoy aunque no sea de
donde soy –cosa que por otra parte me tiene sin cuidado el ser y no ser donde
quiera que esté. No me preocupa saber si llegué o no a alguna parte,
literariamente hablando. Hace poco escribí que no me interesa tanto que
comprendan lo que escribo sino que sientan el mismo placer que siento cuando
escribo. Si lograra esto podría pensar que estoy empezando mi cuesta arriba en
la rodada para pretender estar al menos en los inicios de ese oficio de
pesadumbres, nuevamente Huidobro, en los primeros pasos para esa larga odisea
del espacio que es aspirar a ser escritor, algo que siempre he soñado y he
deseado ser. Sospecho que alguna vez moriré en el intento porque, el chiste es
reviejo y qué, nadie saldrá vivo de este mundo.
¿Cuál es la pregunta
que quisiste responder y no te hice o han hecho?
En alguna oportunidad tuvimos un malentendido por un una
expresión tuya en un texto sobre mi poesía que después lo aclaramos. Lo traigo
a cuento porque acabo de ver en El pez que fuma una observación más general
sobre la ausencia en la poesía ecuatoriana del ámbito familiar y doméstico. En
mi caso es evidente y no se requiere ninguna perspicacia comprobarlo. Muy pocas
veces menciono a mi familia si no es sólo por alusión en ráfaga, sin
profundizar. Hago muy pocas menciones de mis hermanas, de mi hermano o de mis
papás. Creo que he hecho más alusiones de mi mamá que de mi papá. Esto
posiblemente hizo pensar a más de uno una supuesta ausencia paterna. Al
contrario. Uno de los modelos de hombre, por integridad, honestidad y entereza
que he tenido es precisamente mi papá. Lo mismo digo de mi mamá respecto a la
imagen de la mujer. Los dos, por si fuera poco, fueron un ejemplo de abnegación
y compromiso paternos para la formación de sus cuatro hijos. Ya sé que esto
ronda la huachafería entusiasta de no hay papás como los míos pero ni modos,
dicen los mexicanos. Es la verdad. Tal vez por esto, porque mi vida personal
respecto a lo doméstico es todo lo contrario de lo que experimenté
familiarmente, hay un poco o mucho de pudor que pienso más bien es respeto para
no mencionarlos como se lo merecían. Si no puse en práctica lo que ellos me
enseñaron no era muy lógico que escribiera textos con el peligro de terminar en
un libro de recortes familiar o en el álbum del nicho del recuerdo. Por eso
siempre mis alusiones siempre fueron en abstracto de la familia, ese animal
feroz que es la familia (para repetir un verso de una cubana, Georgina Herrera
creo). Además el mito o leyenda de mi proclive malafesidad irónica, volviendo a
lo del pudor y respeto, me impedía que mencionara ‘seriamente’ a mis padres o a
mis hermanos. De todas maneras me parece un tema, el de la ausencia de lo
doméstico-familiar en la poesía ecuatoriana contemporánea, muy pero muy
importante, tanto que los investigadores literarios podrán entretenerse sabrosamente
para documentar todas sus inquinas y proyecciones edípicas. Tema que por otra
parte seguirá siendo marginal en mi quehacer poético.
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