2026 se perfila como un año de graves resoluciones, contradicciones y caos.
Trump ordenó el bombardeo de algunas guarniciones militares de Venezuela, encontró y substrajo a Maduro (ahora en una prisión de Brooklyn, NY, junto "Fito"), aquel que tantos millones odian.
Era un hecho anticipado al que solo la vanidad del dictador le dijo no aceptar las salidas que le ofrecieron semanas antes. Como se dirá luego, Maduro no huyó con su mujer por presión familiar y de su círculo (sus narco-sobrinos y al que llamo el Cartel de Cabello y que Trump denomina Cartel de los Soles) o quizá del mismo Putin y Xi Jinping, quienes podrían haber pactado antes del ataque al darse cuenta de que era mejor negociar directamente con Trump que con un Maduro que nunca debió ser, sino que simplemente fue traicionad por su propia gente.
Sin embargo, luego del hecho, las cosas poco a poco van emergiendo como más complejas, turbias y contradictorias. Por ejemplo, nadie en EEUU sabía del ataque, al menos de cuán eminente era y, en realidad, a muy pocos les importaba o afectaba (el precio de la gasolina, hoy por hoy, es el más bajo de los últimos años).
Lo que se suponía ser solo un ataque por el petróleo venezolano (las reservas pesadas más grandes del mundo), eliminación de la cúpula gobernante y substitución con las fuerzas de centro-derecha que ganaron las elecciones, quedó hoy negado por Trump al decir que EEUU estará en Venezuela por lo menos un año, que la líder de la oposición María Corina Machado no tiene respaldo y que están en conversaciones con el resto del gobierno de Maduro. Todo esto sugiere lo contrario de un "cambio de regimen", frase muy rechazada por los trumpistas duros del movimiento MAGA, y más bien un pacto con los mismos destructores de ese país a cambio de petróleo. Lo único que salva este cuadro tétrico es que con Trump nada nunca es seguro, estable, pues hoy dice una cosa ya mañana lo opuesto y así sucesivamente (los que vivimos acá lo vemos a diario y ya nadie se sorprende). Trump no es el cerebro pensante de su administración cuanto el ejecutor de la ultra-derecha fascista de Proyecto 2025.
Hay también una contradiccón implícita entre Trump y su grupo organizador: el primero es muy rústico en pensamiento y su estrategia se reduce a la obtención de dinero. El segundo, en cambio, es mucho más cerebral, metódico y organizado (los billonarios invierten en lo que conocen). Proyecto 2025 es propiamente un grupo que impone una estructura estructurante del modo de vida neo-fascista en el norte. Y en esa contradicción se resolverán el destino de Venezuela, la inversión, saqueo o recuperación de su petróleo para los venezolanos o empresas extranjeras, la redefinición de relaciones de EEUU con Putin y China (hay informes de que los satélites chinos le avisaron a Maduro del ataque inminente al haber detectado la formación militar que realizó la aprehensión del ridículo de Caracas).
A todo esto, hay que sumar los análisis, comentarios, alternativas y manifestaciones en favor o en contra sobre lo que acaba de ocurrir, desde el rechazo a la política imperialista de EEUU en la región (cosa conocida desde el siglo XIX), prolija en invasiones, chantajes y manipulación, hasta la alabanza de lo ocurrido porque era lo único que podía mover las fichas o porque, de una callada manera, todos los latinoamericanos llevamos a un yankee dentro. Nos gusta. Nos identificamos. Queremos ser un poco yankees también.
Los pronunciamientos de los gobiernos ya han empezado y todos son predecibles. Detalles, ambiciones y transacciones se conocerán con los días y no habrá que sorprenderse de que que Trump, con un nivel bajísimo de apoyo, se convierta en una figura libertaria.
¿Cómo impactará este capítulo en la geopolítica mundial? ¿Qué pasará ahora con Ucrania y Taiwan? ¿En qué terminará Irán, hoy con manifestaciones en las calles?
Tales son las características de este año nuevo en el cual la ciudad más vibrante del mundo, mi querida New York City, decidió darle su apoyo a un joven de brillante pedigree, musulmán amigo de judíos y de todos, que manda el mensaje de que Estados Unidos, sea desde el punto que sea, sigue siendo el polo de atención mundial y de que allí conviven Dios y el diablo, de alguna manera, también en nosotros.
Ya veremos cómo se despachan los días.
¡Felíz 2026 a todos!