Para nadie es novedad que la FIFA es una institución autocrática y corrupta; así como tampoco la interferencia de política en los deportes.
Este mundial es la magnificación de ambas aberraciones.
Primero, lo económico: el proceso de selección de países y ciudades pasa por el compromiso de no pagar impuestos y obtener multimillonarios beneficios municipales (por eso Chicago, por ejemplo, no es sede deportiva, pues de entrada le dijo No a los requisitos de la FIFA). En esta copa, los precios de los tickets, como nunca antes, alcanzaron precios astronómicos, manipulados por las mismas agencias afines a la organizadora: la reventa fue despiadada y sin avisar a las víctimas. (No entro en detalles de mini-regulaciones, como los productos exclusivos que se pueden vender dentro y fuera del estadio).
Segundo, lo político: Infantino, el peor de todos, no tuvo reparos en declarar a Trump héroe de no sé qué y darle una medalla, como si fuera un premio Nóbel, a cambio de pasearse por la Casa Blanca para obtener prebendas para los FIFA mientras Trump lo hacía para sus amigos. De esta saga política lo último fue su llamada telefónica para cambiar una decisión deportiva y así favorecer al equipo de EEUU, que de todos modos fue goleado y eliminado.
Pero el mundial también ha puesto a flote las viejas pasiones y los viejos rencores y amarguras. Confieso aquí que mi propósito es ver un buen partido, entender el juego, su dinámica, el entramado, no apostar ni pelearme por un favoritismo. Paso de eso, lo cual me permite mirar con cierta distancia esto que anoto.
Las fanaticadas nacionales bullangueramente apoyan a sus equipos y en todos anida el secreto deseo de ser campeones mundiales. El problema es cuando los resultados nos traen a la dura realidad de los equipos, nuestros equipos, que es como decir nuestros países. Y como se trata de derrotas y descalificaciones, en ausencia de análisis objetivo buscamos en las pasiones, exageraciones e insultos el combustible para explicarnos lo que ocurrió y por qué ocurrió así:
1- Fue culpa del árbitro (o de la FIFA o del VAR)
2- Jugaron con barra en contra
3- El DT cometió serios errores (todos nos volvemos DTs)
4- La cancha no estaba en buenas condiciones
5- Los jugadores no se dieron el todo por el todo
6- La Federación nacional es corrupta...
He visto y leído todo tipo de reacciones: algunas dan mucha risa, otras sorprenden y otras dan miedo (incluyo aquí lo que siempre hacen aquellos que pierden sus apuestas millonarias, ahora legalizadas en todo el mundo). Pero ninguna dice: no son buenos jugadores para estar en la siguiente ronda, no debimos entusiasmarnos con algo que no depende de nosotros, dejé que la ilusión se conviertiera en realidad, o cualquier otra reflexión apropiada, de sentido común.
Lastimosamente, a todo eso siempre sigue el despecho o la ironía del "otra vez será".
Ahora que Ecuador, México, Brasil, Uruguay, Paraguay y Colombia han sido eliminadas, quizá podamos disfrutar de los partidos. Quizá.... Si es que no nos dejamos llevar por el odio que muchos sienten contra Argentina porque se supone son favorecidos por la FIFA y Messi es un fraude también inventado por la FIFA (el odio siempre es ciego).
De lo visto hasta ahora, me queda claro que las victorias son de los equipos que mejor juegan y de los excelentes arqueros que se han revelado en esta edición. No de los nombres grandes (Ronaldo ya está afuera y Messi claramente está quemando en estos días sus últimos cartuchos) ni de la fama internacional. Esta tendencia se confirma en cada juego, sobre todo la fase final, pues los equipos que flaquearon al inicio hoy están mejores o tienen que enfrentar desafíos que les exigen mucho más.
En casa mis ladies me preguntan cuál es mi equipo favorito y siempre les digo lo mismo: solo quiero ver un buen partido de fútbol. Si insisten, les digo que estoy con el que no es favorito.
Espero con mucho interés los partidos que vienen pues auguran sorpresas gratas. No me afano ni me molesta si Argentina queda otra vez campeón, me gusta la idea de que Inglaterra por fin salga de ese agujero deportivo en el que está desde hace 50 y pico de años, me causa notable admiración lo de Noruega y Marruecos pero Francia es Francia, aunque no tanto como antes de enfrentarse a Paraguay. O sea, nadie es invencible.
Pero las predicciones son la mejor manera de arruinar la fiesta y amargarse in extremis, como bien lo saben la mayoria de Latinoamericanos que aún no se animan a ver todo esto como lo que originariamente es: solo un juego, una fantasía, una actividad regulada durante un corto tiempo que quiere romper con la monotonía de la vida diaria.
Huizinga y Roger Caillois saben mucho de esto, así como los grandes periodistas Enrique Macaya, Jorge Barraza, Ricardo Vasconcellos y Otón Chavez (+) saben mucho más de futbol que nosotros.

