sábado, 16 de abril de 2016

A Book Review by Fabia Iturburu-Ayala:The Contagious Colors of Mumpley Middle School Middle School





My daughter Fabia wrote this. She's 10 years old. I liked it. Hope you do too.








 


The Contagious Colors of Mumpley Middle School Middle School is a fiction book written by Fowler Dewitt and illustrated by Rodolfo Montalvo. It is about a boy named Wilmer and how he tries to solve a mystery about his classmates changing color. He tries to come up with a cure and find out what is causing the contagious colors. He has a journal where he writes in. Also, Wilmer is very smart and curious. On a scale of 1-10, 10 being the best, I rate this book an 8 3/4.


The main character is Wilmer Dooley, an 11 year old boy. Wilmer is a bright kid who loves science. He has a mom who loves to cook, a dad who is a scientist, a 7 year old brother, Sherman, that is full of energy and loves sugar. Wilmer, unlike Sherman, does not like sugar. His father has a saying that is "OBSERVE”. He says, it is what every good scientist does. Anyway, Sherman's favorite candy is SugarBUZZZZ, a type of candy. I almost forgot to mention Wilmer's 8 month old brother, Preston. Preston usually tastes Mrs. Dooley's odd foods. Wilmer also has a crush on Roxie McGhee, the star reporter of the school newspaper, Mumpley Musings. He has a best friend named Ernie Rinehart. Still though, he has an archenemy, Claudius Dill. Once when Wilmer saved the class hamster Claudius took all the credit. Claudius's father, Dr. Fernando Dill has MD, PhD, AOCN, AARCF, BVMS, CHES, CST, DCP, DPH, DMS, and about 126 more degrees that went down the alphabet. Wilmer is also writing a history paper on medieval diseases. I think it is hard to be Wilmer because he has 2 younger brothers and having such a mean kid in his class.


Now that we discussed Wilmer, it’s time to talk about the contagious colors. It turns out that all the kids that get the colors have a lot of energy. But then they start to get sick and stop running around. Wilmer comes up with a cure called The Dooley Dose until it goes missing. He suspects Claudius. But Claudius came up with his own medicine that made people get worse. Claudius's medicine turned out to be SugarBUZZZZ, which is what made the whole thing start. If you ask me, Claudius seems like a horrible, sneaky, lair!!!!!!!!!


It turns out that everybody wanted a refund for the Claudius Cure. And Claudius did steal the Dooley Dose from Wilmer's backpack. Then Ernie, Roxie, and Wilmer told on the announcements that the Claudius Cure was fake and The Dooley Dose worked. At the end, Claudius and Wilmer were friends. They learned they have something in common. The ending was okay, I think.


I rate the plot on an 8 scale of 1-10. The ending a 7 5/8, and how its organized 7 3/4. It contains 261 pages so it could take a week or two to read it. Or half a month. It has about 12 pictures. If you try to read it all in one day I recommend a 10-20 minute break every time you get to picture or you might just get a headache! So if you like science I highly recommend this book


Fabia Iturburu-Ayala

sábado, 19 de marzo de 2016

Celebración de la lectura / Réquiem por la escritura

La lectura ha sido mi primera actividad desde los 15 años. Sin embargo, mi biblioteca ha sufrido tres veces los ataques de mi pobreza y desapego a Guayaquil: cada una de mis largas salidas del Puerto estuvo marcada por la venta parcial de mis libros, los que había leído y no volvería a leer, como la Obra Completa del Che Guevara y otros marxistas, antes de ir a Francia, en 1984); o como los de Crítica Literaria y del "boom" que aún me quedaban del período de la Católica, en mi viaje a EEUU, en 1990. Mi tercera traición ocurrió en el 95, cuando decidí que ya no regresaría a Ecuador.
Para compensar, me traje mis libros más cercanos (sobre todo de literatura clásica, francesa y americana del siglo XX, algo de crítica social, la edición de la Biblia de los Testigosde Jehová, entre otros) y me siguen acompañando en mi oficina. Dejé también encargados otros que aún están en mi casa de Bellavista. Pero como la ciudad que fue mía ya no existe y Ecuador está tomado artística y culturalmente por lo que considero mi antítesis, pedí que me trajeran los viejos y escuálidos tomos de la colección Ariel ecuatoriano, publicados en los 70s, de enorme valor sentimental y documental para mí. Así, celebro libros y lectura como rito, actividad diaria y herida personal.

Esa trilogía que menciono arriba se verifica a veces de manera trágica: por ejemplo, trato de completar lecturas por cerrar un ciclo, busco volver a ser el que fui en ese pasado para dejar de serlo definitivamente: hoy terminé un librito maravilloso y sobrio de Theodor Adorno llamado "Mínima Moralia. Reflexiones desde la vida dañada", fragmentos escritos en varios tiempos del fervor nazi, bajo el acoso y el temor de quien asume con valentía el peligro de su tiempo. (Subrayé muchas líneas y escribí comentarios marginales con la esperanza de que algún días mis hijas los encuentren y continuen este diálogo con ellas). Hoy, muchos ingenuos ven con entusiasmo el crecimiento del nacional-socialismo en Estados Unidos y se alegran de que este país pueda caer en manos del odio y la pillería. De hecho, creen que América Latina se beneficiará del racismo de Donald Trump, cosa que también pensaron en su momento los fascistas latinoamericanos durante la II Guerra Mundial.
En un descanso de mi lectura de Adorno, cayó en mis manos José de la Cuadra (el mejor escritor ecuatoriano) y con alegría confirmé que mi herida personal se encarnaba también en sus cuentos (El Cóndor de Oro, Los monos enloquecidos, por citar dos obras). Y supe que no era casualidad que él y Adorno hubieran unido el tono personal con el relato inconcluso y la reflexión sobre situaciones concretas con episodios imaginarios.

He venido leyendo de esta manera desde hace muchos años:  tres o cuatro libros a vez, o en una sola jornada, como aquel dia de lectura de siete libros que me dejaron molido, triste, cansado y viendo estrellas mientras caminaba con mi bicicleta por las calles de Eugene, Oregon. También he leído con largas pausas -la vida ha cambiado tanto- en estos últimos años en Plattsburgh, New York. Con seguridad, lo seguiré haciendo,  a lo mejor de manera más enfática, ahora que tengo los tomillos de Ariel y se mezclan con apuntes de esto y lo otro. (Enfatizo: "apuntes", no obras ni proyectos).
A veces me preguntan si sigo escribiendo. La respuesta es no. Sólo leo. Quizá cuando tenga algo que decir, lo diga. Vivo esta situación de desgano de mucho porque escribir lleva tiempo, y escribir mejor lleva mucho más tiempo. Y ya he escrito lo que quería. No siempre hay algo que decir, y cuando hay, vale pensarlo bien pues eso ya ha sido dicho de mejor manera por otros. Pienso que es mejor dejar que el tigre siga su camino en vez de pretender que un animal que más tira a perro pretenda suplantarlo (esta es una imagen de Borges, el mejor de todos).
Pero hay muchas cosas que simplemente no leo, por ejemplo lo que escriben los ganadores de concursos y premiados en genral (son tantos ahora, uno más desconocido que otro, uno más devaluado que otro pero todos injustamente promocionados). Hay que ser caradura para publicar ciertas cosas, me digo. Es tanta la repetición, la deshonestidad intelectual y artística, la mediocridad, no sólo en Ecuador sino en todas partes, que no pierdo nada al no entrar al ruedo.
Así, la celebración de la lectura va de la mano del réquiem por la escritura. En mi caso, es una lección aprendida: más vale leer cosas buenas que escribir cosas malas.
 

lunes, 22 de febrero de 2016

Donald Trump, Rafael Correa y "el impacto de lo altamente improbable"


(Lo que aquí llamamos un Cisne Negro (y con mayúscula) es un evento con los tres atributos siguientes. En primer lugar, es un caso atípico, ya que se encuentra fuera del ámbito de las expectativas regulares, porque no hay nada en el pasado que puede apuntar de manera convincente a su posibilidad. En segundo lugar, conlleva a un impacto extremo. En tercer lugar, a pesar de su condición de rareza, la naturaleza humana nos hace inventar explicaciones de su presencia después de los hechos, por lo que es explicable y predecible.
Me detengo y resumo el triplete: rareza, impacto extremo y retrospectiva (aunque no prospectiva). Una pequeña cantidad de Cisnes Negros explica casi todo en nuestro mundo, desde el éxito de las ideas y las religiones, a la dinámica de los acontecimientos históricos, hasta los elementos de nuestra vida personal.) TALEB

Fanático de las obras de Nassim Nicholas Taleb, me interesó mucho un artículo sobre su teoría del "cisne negro" aplicada a la actualidad electoral de Estados Unidos: http://www.politico.com/magazine/story/2016/01/donald-trump-2016-black-swan-213571
En éste se lee una síntesis del pensamiento de Taleb y una larga y aburrida aplicación al inesperado ascenso político de Donald Trump ("aburrida" porque lo que se puede decir en cinco líneas, se debe decir sólo en cinco líneas).
Para el lector laico, resumo la narración original: todos creemos que los cisnes son blancos (es lo que vemos), hasta que aparece uno negro y altera esa creencia y trae grandes consecuencias. Lo podemos aplicar a la vida: a veces un recuerdo fijo es cambiado por una nueva fuente informativa sobre ese mismo recuerdo, a todos los sistemas políticos, ideológicos, financieros y científicos.

El último gran "cisne negro" fue la crisis financiera y de bienes raíces que se dio hace nueve años en Estados Unidos. Nadie pensó que podía ocurrir porque "los bancos eran muy grandes para quebrar" (cisne blanco) o porque todo estaba en aparente orden. Hasta que empezaron los síntomas de destrucción y se descubrió que "lo estable" había sido una burbuja creada por gerentes multimillonarios, contadores y financistas corruptos que llevaban dobles cuentas (tipo Enron) y prestamistas irresponsables que dieron mucho crédito con intereses abiertos y vendieron esos préstamos para que los nuevos dueños de las deudas los aumentaran exhorbitantemente y, al final, nadie pudiera pagarlos.

Quebraron los bancos pero el gobierno de Obama, con dinero del pueblo americano, los salvó. Sin embargo, no hubo un solo preso por corrupción. Nadie fue la cárcel. Todavía se determinan los montos, pero no hay un solo culpable. Aquellos que ocasionaron el advenimiento de ese "cisne negro" siguen ganando cientos de millones anuales. Como siempre, después de la tormenta todos se declaran meteorólogos y "expertos en crisis", justamente lo contrario de lo que Taleb demuestra en sus libros.
A ese "cisne negro" lo sucedió otro en la política de Estados Unidos: Donald Trump.
Este millonrio que ha vendido su apellido para ponerlo en casinos, bares, hoteles y edificios, heredó de su padre una gran fortuna acrecentada también gracias a sus negociados en bienes raíces y televisión, como candidato ha sido, desde el principio, directo y chabacano, vulgar y fascista. Tiene más visos de peluconcito grintón e ignorante que de líder político, sin excluir ratos de franca locura e histrionismo, a lo Abdalá Bucaram. Así lo perciben las élites intelectuales, los medios de comunicación y muchos otros.

Pero la gran mayoría de sus seguidores lo ve como el mesías que hará de Estados Unidos un país nuevamente seguro y próspero, mejor que en toda su historia, según él mismo repite. Trump es el "cisne negro" de la política que ha desmovilizado a la dirección del Partido Republicano, muy cómoda contando dinero de Wall Street, y a los millonarios de ultra-derecha, acostumbrados a manipular a sus títeres del Congreso (hablo de los fabricantes de armas, medicinas y petro-químicos). Esta es la hora de la rebelión del conservadurismo político de base nacional-socialista y de millones de desencantados (de esos que aún creen que Obama nació en Kenya y es musulmán). Trump expresa el rechazo a la inoperancia del bi-partidismo y el odio a un presidente negro que vive en la Casa Blanca. Y en sus filas se encuentra también lo peor de la sociedad: desde el Klu Klux Klan y conocidos racistas anti-inmigrantes y anti-mexicanos, pasando por el desinformado en todo, hasta los que se oponen irracional o religiosamente al aborto, aunque sea resultado de violaciones o abuso sexual a menores de edad.
El "cisne negro" visita ahora también Ecuador, luego de su paso por Venezuela y Argentina, en donde se manifestó para las últimas elecciones y demostró que la oposición al ignorante Maduro y al kirchenerismo tiene más respaldo de lo que todos pensaban, incluyendo la misma oposición. Recuerdo aquí que "el cisne negro" no tiene bandera sino que es un hecho desestabilizador que derrumba lo que se cree eterno, normal o consolidado.
En Ecuador es muy claro: el petróleo, base de la economía y el funcionamiento del Estado, tenía un precio que en menos de un año se desplomó. Ninguno de los tantos "expertos en crisis", que abundan en los gobiernos de nuestras repúblicas tercermundistas, fue capaz de preveerlo. Máximo mencionaban la extinción del petróleo, "en veinte años", según lo repitió Correa tantas veces en sus sabatinas. Ahora que "el cisne negro" ha demostrado la debilidad de su sistema de reflexión y la inmadurez financiera de su programa, empiezan a aparecer graves síntomas de inestabilidad social: en menos de cinco días dos empresas han despedido a más de mil trabajadores, solo por citar un ejemplo. Y se evidencia la fragilidad de un sistema que se presentaba (y presenta) como sólido. Recientemente, Correa ha afirmado que el petróleo llegará a los 200 dólares. Asumo que lo dice por aquello de que todo lo que baja sube (y viceversa) y porque cree en la robustez de acuerdos políticos, aunque quienes los firmen no tengan políticas sólidas globalmente coherentes (cosa imposible a todas luces para cualquiera).

Esto demuestra que el "cisne negro" no ha sido reconocido y se lo prefiere ver más como un elemento estructural, propio del "sistema capitalista" (asumo prefiere no hablar de las pulverizadas economías socialistas de antaño), pues es así como lo aprendió en sus clases de economía... aunque un trabajador pobre sabe mucho más que un economista cómo funcionan la economía y la vida misma.
Hay un cisne negro instalado, hoy por hoy, en Estados Unidos, financiera y políticamente. Este es un período de un largo resfriado social en el norte. El problema es que, como bien dicen los viejos políticos: "Cuando Estados Unidos estornuda al resto del mundo le da gripe"


jueves, 14 de enero de 2016

Aniversario de mi mala experiencia con el "Proyecto Prometeo"





Hace un año conté en detalle mi mala experiencia con el Proyecto Prometeo del gobierno de Correa (Ecuador).
http://fernandoiturburu.blogspot.com/2015/01/mi-experiencia-con-el-proyecto-prometeo.html

Hasta ahora es mi post mas leído (2 mil y pico de veces).

Durante doce meses, varias personas me han escrito preguntando más detalles del "proceso", solidarizándose conmigo, contando sus propios casos (todos muy parecidos a los míos) y hasta pidiéndome empleo; también para agradecerme por haberles evitado la molestia de querer participar a ciegas o seguir participando. Todos, sin excepción, se quejaban de dos cosas: 1- el tremendo burocratismo del Proyecto, y  2- la poca preparación de los burócratas encomendados.

Desde esa fecha, de lo que sé, el agua ha seguido corriendo su curso de trabas y mediocridad académica, unida a escándalos más o menos públicos y noticias que demandan mayor revisión de la política educativa del actual gobierno, tan dado a proclamas e inauguraciones de "escuelas del milenio" que no han tenido impacto real en la búsqueda del "cambio de matriz productiva"  (otra de las tantas muletillas de moda). Muy por el contrario: se mezcla con denuncias por despilfarros, supersueldos, amiguismo y palanqueo de puestos académicos entre parientes, autoridades y allegados al gobierno de Correa. Por todo esto, resulta obvio que el balance puramente académico es negativo (sin contar con la también kafkiana situación de la Universidad de Guayaquil, entre otras), no se diga el aspecto económico, peor el regional; este último, abanderando un centralismo ultra enfermizo y un regionalismo andinista que va en detrimento de las culturas costeñas, de Guayaquil y la región amazónica. Basta darle un vistazo a ese también fallido proceso educativo llamado Univerdidad de las Artes (aunque Universidad De Lo Que Sea le va mejor) para verificar cada una de las apreciaciones que menciono arriba.

Pero ese es el Ecuador que ya dejé. El resto es memoria del sur, chateos y mensajes con algunos amigos que aún me soportan y sufren por no encontrar trabajo estable o no poder ser optimistas con el futuro. Pero esa gente, mi gente, sigue en la lucha, como Quijotes enfrentando molinos de viento que son la realidad laboral y las cansinas promesas de un gobierno endeudado que se felicita en extremo por no ser como los de antes, aunque nunca deja de parecérseles.

 




domingo, 27 de diciembre de 2015

Historias de fin de año

1- A los tres años, para que no le arrebataran la comida, rodeaba el plato con un brazo mientras se llenaba la boca hasta tener las mejillas hinchadas. Como un roedor, la masticaba poco a poco. Cuando lo trajimos, cada vez que estaba contento y quería más, solo se frotaba rápidamente las manos. Tenía un agujero en el paladar que le causaba infección. Ahora está bien. No se acuerda de nada de esto.

2- Mi padre me iba a ver a casa los domingos. Yo era una niña pero recuerdo claramente que salíamos de Brooklyn hacia el Central Park. Ahí nos sentábamos todo el día en la misma banca, religiosamente, mientras él bebía vodka de su botella escondida en una funda de papel. Conocíamos a todos los que pasaban. Hasta les habíamos puesto nombres.  Así me acostumbré a ver a la gente, creo que así comenzó todo.

3- Luego que supe la historia, era comprensible que dejaran que la casa se destruyera.
Siempre hay algo inconcluso en el sótano que tiene que ver con la limpieza, el orden, el exceso de juguetes, ropa o utensilios. Lo he pintado, está muy claro y se ve agradable. Pero aún no me gusta su olor y hay mucho por hacer. Cuando no quiero algo lo pongo afuera de la casa y se lo llevan. Funciona algunas veces, otras no: puse dos televisores (de los viejos) y nadie se los llevó. Tengo aún en el patio el trampolín, desmantelado por suerte, en el cual saltaban las muchachas desde el techo. También sus palos de jugar jockey, los patines de hielo y una caja con decenas de pelotas viejas y sucias. Además de sus trofeos y posters, dejaron prendas de vestir, botellas de vodka y tarros de cerveza. Asumo que el gato era el que tenía pulgas.

4-   El 25 se batió record de calor: 69 o 70 y pico de grados Fahrenheit. Las nenas estaban contentas con los regalos. Me pasé viendo películas y deportes en la televisión. Oyendo música. Hace mucho que dejé la literatura. No tengo tiempo ni ganas. Vincent me enseñó sus últimos artículos y entusiasmado me dijo: los escoceses peleaban con el sonido de las gaitas de fondo, con falda y sin calzoncillo, cuchillo en mano. Ya no escribo ni publico, le comenté. Me miró extrañado. Rumbo al Coliseo hablamos de los hijos, la familia, el divorcio. Siempre terminamos hablando de lo mismo con Vincent. Fuimos los primeros en llegar. La ceremonia empezó con un breve retraso pero la banda de gaiteros sonaba espléndida.

5- Hacía tiempo que no veía a Erin. Estaba sentada junto a un profesor de Historia. Conversamos. Es muy amena, directa y con un buen sentido de humor. Desde que murió Rick me he pasado oyendo a Sinatra, le dije. Es mi favorito, contestó. Conozco toda su obra. Creo que la única persona a la que no le gusta es a Sinead O'Conner. "Si fuera hombre le sacaba la cresta" dijo Sinatra cuando ella rompió una foto del Papa. Conversamos un rato más y luego salí. Era temprano pero ya estaba oscuro, oscuro y frío. Era domingo. Recorrí las calles y vi algunas casas iluminadas con luces de colores. Compré unas cervezas y regresé a casa a seguir oyendo a Sinatra.

lunes, 12 de octubre de 2015

Caravaggio y Villon en La Habana


"Trilogía sucia de la Habana" es una larga serie de crónicas, historias, estampas, cuentos o episodios de una novela incompleta, como se la quiera llamar. Desfilan en sus páginas desempleados, vagabundos, prostitutas, chulos, vecinos de solares y edificios por caer, pordioseros, basureros, policías. Todos ellos unidos por la hambruna, el exceso sexual, el voyerismo y la pornografía, acaso también la desesperación por el tiempo vacío y la falta de alternativas de ocio. Encuadrados en humor picaresco, los personajes, sus acciones y la urbe, acaso el mar, sucumben a la pluma desaforada de Pedro Juan Gutiérrez.
Su prosa sencilla, austera, de diálogos apropiados y cautivadores, rechaza el tosco sentido de "profundidad" que buscan los lectores hipócritas (no los que refería Baudelaire ni Benjamin, sino los que mienten y se mienten) y los autores sin personalidad, tan de moda en nuestras débiles democracias tercermundistas.
Gutiérrez deja hablar a la gente, deja que el tiempo pase y se abran las puertas de un Paraiso al revés, donde lo divino es lo más terrenal que queda: el insulto en la conversación, la soledad de un paseo, la masturbación en ausencia de compañía, una pelea, un robo, acaso un asesinato... En esta poética del exceso encontramos la herencia de Caravaggio, por su realismo salvaje y la elección de seres humanos pobres, reales, a los que viste de modelos para sus cuadros. Gutiérrez es Caravaggio por pantagruélico, pero siendo fiel a su tropicalidad blanca y santera de habanero de cepa. Y también es Villon porque sus personajes, de alguna manera, ya han muerto, se acaban de colgar y sus almas errantes no pueden alcanzar el cielo.


En esa poética del desperdicio, en ese festival y homenaje humano al desarraigo de una Cuba que nos llega también vías Reynaldo Arenas y Virgilio Piñera (quizá también, aunque más tibiamente, Cabrera Infante), veo el mejor aporte de Gutiérrez a las letras. Lo creo tan firme y sincero como Rubem Fonseca, como Cervantes, Lope de Vega y una larga lista de escritores que hoy son pan apetecido de jovencitos (y no tan jovencitos) que se afanan en jugar a ser marginales.
Como cualquier lector del Puerto, leyendo a Gutiérrez he recordado los tugurios de Guayaquil, que a lo mejor ya no existen, no son los mismos de antes o ya son cosa del pasado, pero todavía forjan nuestra identidad porque vienen de un tiempo antiguo llamado "pobreza", la inextinguible, la eterna.
Leyendo sus páginas, lo que menos me resulto interesante fue el corte hipersexual que se le endilga, porque fui viendo todo como un teatro, una tremenda y triste comedia de enredos en la que cada uno solo trata de subsistir y, de paso, tirarle de las orejas al lector pequeño-burgués, tan acostumbrado a quedarse en la superficie de las cosas. Ese lector (o autor), confundidísimo, en realidad cree que la obra de Gutiérrez trata de sexo, y se esfuerza en copiar, en adaptar, en ver su propia sexualidad como rasgo distintivo de lo que escribe... pero sin verse al espejo.
Así, Pedro Juan, el personaje y narrador de "Trilogía sucia de la Habana", devoto de Ogún, es rebajado a categoría de lamentable reality show que cualquier confundido cree que puede copiar, pues no hay que ser actor para ser mejor que las Kardashians.
He terminado mi segunda lectura de la Trilogía De Gutiérrez (imposible olvidar la "Crucifixión en Rosa" de Henry Miller) y me pregunto, hoy, cuál es mi Habana imaginada, en mi pueblo del norte, donde el hermoso otoño tiene las hojas secas corriendo las calles vacías este día de feriado.