lunes, 25 de agosto de 2014

Goldman Sachs en Ecuador

Hace varios meses, el presidente de Ecuador, Rafael Correa, anunció una negociación de varias centenas de millones de dólares en oro (que guardaba el país en un banco suizo) con Goldman Sachs, la compañía bancaria y de transacciones más grande de Estados Unidos, y una de las responsables de la crisis que desde el 2008 se vive en el norte.
Como el nombre Goldman Sachs tiene un tinte altamente negativo entre los estadounidenses, lo primero que sentí fue sorpresa, luego curiosidad y, al final, extrañeza por lo que había hecho el presidente Correa.
Primero, jamás se socializó semejante negociación: no se explicó al ciudadano en qué mismo consistía, peor aún, por qué se había elegido a esta empresa. Segundo: nunca se explicó en detalle la negociación: ni los diarios de oposición ni del estado, ni los políticos del o contra el gobierno, ahondaron en el tema. A lo mucho, alguna vaga consigna a favor o en contra, propia de los actantes de la escena partidista. Tercero: todo el mundo entró en un silencio cómplice, nadie volvió a tocar el asunto y, ahora mismo, es tema olvidado.
Sin embargo, como simple seguidor de la política ecuatoriana, me animé a leer este libro (Money and Power) que detalla el nacimiento y crecimiento de Goldman Sachs. Ahora que entramos a la etapa final del verano, y luego de un período de displicencia o preferencia por temas más apasionantes, lo he terminado.
El libro tiene más de 600 páginas, formato de letra pequeña en la edición de pasta dura. Es un recuento cronológico institucional basado en testimonio personales tomados de varias fuentes (libros, artículos, entrevistas, etcs). Por ello, se resalta mucho la actuación individual, el ímpetu personal, la brillantez y capacidad de los involucrados (algo que, sin duda, podría seducir a cualquier estudiante de economía como ejemplo a seguir).
Sólo a ratos, y casi a pinceladas, se le recuerda al lector que ese proceso individual desembocó en una manipulación inmoral del dinero de los otros, los que confiaron en Goldman Sachs. Muchos de ellos perdieron su dinero pero los jefes de secciones y los clientes importantes ganaron. Inclusive en los años de la crisis (desde el 2008) siguieron ganando, mientras la clase media y los pobres de Estados Unidos fueron en picada social, sin casas, con deudas y con un dólar que ha perdido notablemente su poder adquisitivo.
En esas pinceladas que se pueden perder en medio de tanta cita y detalles personales, se dice también cómo Goldman Sachs sirve a dos amos, a tres o a cuatro, que son ellos mismos, mientras roba, especula, rifa, manipula y despilfarra un dinero ajeno... El factor "suerte", tan citado en el mundo de los negocios, aquí es tal cuando se refiere a ganancia de los inversionistas pequeños, porque lo que se mantiene de manera estable y planificada es la ganancia exclusivamente de los "peces gordos".
A otro nivel, el libro presenta varios problemas serios: a- no demuestra que dicho banco "domine al mundo" (de hecho, hay sólo un par de menciones a Mexico, Indonesia y China, Londres, acaso Francia) y más vale, b- se queda en lo puramente nacional (en EEUU los equipos de béisbol y de baloncesto aún son proclamados "campeones mundiales" aunque nunca hayan jugado con equipo de otro país). Además, c- no analiza de manera la función del banco durante la crisis en EEUU, d- tampoco examina su impacto social en los resultados. En otras palabras, no tiene una visión de conjunto.
El libro reafirma lo que he venido leyendo en los diarios desde que todo este problema empezó. Así que no es material nuevo para mí. Los nombres de los alcahuetes y forjadores de esta crisis, tanto en filas republicanas como demócratas, desde el período anti-regulatorio de Reagan y Bill Clinton hasta el más triste del ya tristemente célebre George Bush, también son conocidos (la conexión Goldman Sachs-Rubin-Paulson, etc) y sabemos que ellos siguen muy campantes, mientras el gobierno de Obama trata de recuperar aunque sea con multas el dinero que el mismo gobierno de Obama le prestó a estos bancos para que no colapsara el sistema financiero.
Luego de esa lectura, las preguntas iniciales se mantienen, pero ya no espero que alguien las conteste: ¿Por qué el gobierno de Ecuador hizo negocios con un banco culpable, con otros, de la debacle financiera en Estados Unidos? ¿Por qué asumen que ganarán algo con ladrones? ¿Por qué ni el gobierno ni la oposición han cuestionado esto?

jueves, 14 de agosto de 2014

Notas de mi aventurada lectura del libro "Capital en el siglo XXI" de Thomas Piketty


"Mas, me parece que todos los cientistas sociales, todos los periodistas y comentadores, todos los activistas en los sindicatos y en la política de cualquier tipo y, especialmente, todos los ciudadanos, deberían tener un serio interés en el dinero, en sus medidas, en los hechos que lo rodean y en su historia. Aquellos que tienen mucho dinero nunca dejan de defender sus intereses. Rechazar el tener que lidiar con números raramente sirve a los intereses de los menos favorecidos" (577)



Para estos días, el libro de este economista francés es ya un best seller. Su impacto en la vida diaria y en la academia, mucho me temo, está aún por verse. De su sonado éxito inicial pasó a un breve silencio en la recepción, luego fue cuestionado por la derecha y sus intelectuales (en algunos artículos de The Economist y The Financial Times y por voceros de Wall Street), para, finalmente, ser otra vez restablecido como un digno capolavoro por el mismo Piketty en sus aclaración y defensa publicada en el New York Times y respaldada por economistas de la talla de Paul Krugman.
¿Por qué el escándalo? Porque el diagnóstico que Piketty hace del Capitalismo, como un orden social y económico intrínsecamente injusto, cae como balde de agua fría a estas alturas, en las que rejuvenecidos derechistas y neoliberales se reorganizan en políticas globales y encuentros internacionales, viajan, se invitan, participan en la escena local o regional con más fuerza que antes, sobre todo en América Latina. En Estados Unidos nunca falta la referencia a la era Reagan y a la idea de que el Mercado es un espacio o sistema que se auto-regula, pues dada su indiscutible bondad es lo mejor para el ser humano (algo en lo que el propio Bill Clinton se afanó en comunicar en el mundo). Sin embargo, tanto el rechazo de la derecha a Piketty y los argumentos utilizados son fácilmente derrumbados: Se lo hace evidencia en mano. Por ejemplo, en un país "laboratorio", como Ecuador, fueron claros los efectos y errores del neoliberalismo, así como las políticas de presión impuestas por el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial a través de los malintencionados contratos entre ellos y los gobiernos de turno. Pero si acaso queda algún novicio que se afana en negar lo rotundo de estos ejemplos, es fácil recordarles el saqueo de la banca ecuatoriana a los fondos de los contribuyentes (hermanos Isaías en Miami) con el favor de los políticos identificados como "la partidocracia".
Pero volvamos al libro de Piketty y su novedad: en poco menos de 700 páginas, el autor da cuenta extremadamente detallada de cómo hoy, así como hace uno o dos siglos atrás (según el país y las estadísticas que maneja) la acumulación de la riqueza ha quedado en menos manos y, lo que es más brutal: no ha cambiado de manos. Para demostrarlo acude a una gran cantidad de fuentes de pago de impuestos y demuestra cómo en torno a la política de recaudación fiscal se tejen y organizan las políticas económicas de los Estados y la manera en que esa riqueza en bruto (la del pago de impuestos de los ricos) no llega a su destino final, es decir, el erario nacional (fuente principal del presupuesto de cada país) sino que se pierde en políticas de inversiones privadas de bonos, acciones, inversiones aquí y allá, en regateos con cobros de herencia, en no pagos o reducción de pagos a los ricos mientras aumentan los impuestos a los pobres y la clase media (esto los estadounidenses lo conocen muy bien), o a través de la simple evasión legalizada: la ganancia es sacada del país y depositada en cuentas internacionales para no pagar impuesto en el lugar en el que fue creada.
El libro de Piketty tiene cuatro partes, cada una con subdivisiones, centradas en diferentes países y áreas económicas. Resaltan los casos de Francia y EEUU porque existe mayor documentación -que es la prueba, la evidencia- al respecto. ¿Y qué es lo que demuestra su libro? En palabras del autor: "La conclusión general de este estudio es que la economía de mercado basada en la propiedad privada, si se la deja sola, contiene poderosas fuerzas de convergencia, asociadas en particular a la difusión de conocimientos y destrezas; pero contiene también poderosas fuerzas de convergencia, las cuales amenzan potencialmente a las sociedades democráticas y a los valores de justicia sobre los cuáles éstas se basan... La principal fuerza desestabilizadora tiene que ver con el hecho de que el volumen privado de la ganancia o retorno del capital puede ser significativamente más alto durante largos períodos que el volumen de aumento de ingresos y egresos per cápita... Esto significa que el volumen de riqueza acumulada en el pasado crece más rápidamente que el de los sueldos... El pasado devora el futuro"  (Traducción mía, desconozco la edición en español).
Obviamente, esta conclusión tiene sentido y validez luego de haber leído con atención el laborioso trabajo de Piketty, caso contrario, puede ser sólo una generalidad o lugar común del discurso marxista.
Sobre este último punto, lo siguiente: refiero como curiosidad erudita y de chismografía la penúltima sección del libro: la de las Notas. Como es obvio, en ésta se explican, amplían o especifican líneas del libro, la mayoría muy interesante. Sin embargo, me llamó la atención una que concentra el delicioso aunque ligero tono revisionista que a veces emerge de la pluma de Piketty: Escribe el francés: "Cuando uno lee filósofos como Jean-Paul Sartre, Luois Althusser y Alain Badiou sobre sus compromisos marxistas y/o comunistas, a veces uno tiene la impresión de que los temas de Capital y desigualdad de clases son sólo de interés moderado para ellos y sirven principalmente como un pretexto para justas de una naturaleza enteramente distinta"

martes, 5 de agosto de 2014

Imágenes de un pasado remoto (Paris)

Esta es la calle d'Eylau, en el barrio16th. Vivía en una de esas bohardillas. Al fondo se ve la Plaza de México, hacia atrás está la Torre Eiffel. Debajo de mi piso quedaba una agencia informativa de EEUU. Un día los árabes pusieron una bomba que, por suerte, no estalló. A mi regreso, la policía tenía acordonada la vereda y debía mostrar mi cédula de identidad cada que vez que entraba al edificio. Lo mejor de esa situación: las policías: eran bellísimas.

Esta es la calle Juge. Viví los primeros meses en un apartamentito húmedo, sucio y caro, frío hasta más no poder. En la esquina, hacia el otro lado de la imagen, había un bar al que íbamos con relativa frecuencia.

Este café, en realidad no existía en mis años parisinos y solo esconde la nostalgia. Queda junto al original, el legendario. En él una vez nos sentamos Miguel Donoso y yo, bebimos vino Beaujolais mirando las pinturas de borrachos campesionos que alegremente cantaban y comían, dibujadas en el techo. Estaba frente a la iglesia de Saint Sulpice. Una tarde caminé desde allí hacia mi antiguo cuarto en la rue Juge, como recogiendo los pasos, y me encontré con un mercado viejo que me recordó mucho al de Guayaquil (detrás del Club de la Unión). Fue una tarde de gloria: yo estaba libre por fin de mí mismo y de todo.

No digo con quién pero muchas veces caminé por estos puentes detrás de la zona de la Bastilla, haciendo la Tournée du Duque, que consiste en probar una cerveza (o vino) diferente en cada bar de la zona...

Nuevamente la calle d'Eylau, esta vez desde la acera del frente y con vista hacia la Torre. 

Imágenes de un pasado remoto (Cholet, Beaupreau, Francia)

Una vez, caminando por la zona de Clichy, me dije: ya es hora. Entré a una iglesia, hablé con el sacerdote y me dio dos direcciones: la de los monjes trapistas (o trapenses) y de los benedictinos. Aceptaron mi visita ambos, poco antes de regresar a Ecuador (dizque con rumbo a EEUU, aunque ese viaje lo pospuse por dos años).

Arriba, el castillo de Beaupreau (o era Cholet, con su mágica, Calle del Fin del Mundo). Me recibieron luego de un viaje de dos horas en tren. Y así, llegué a la Abadía de Bellefontaine.

De estos días recuerdo todo claramente, siempre con mucha gratitud. Hoy Fabia juega a ser un monje y he recordado mis días de conversaciones con el padre Christian, mi trabajo en la selección de frutas y en la sala de huéspedes. Tiempo hermoso, el monje lo llevo dentro.

Imágenes de un pasado remoto (Eugene, Oregon)

La biblioteca de la U de Oregon. Iba de aquí al café Roma, a seguir leyendo. Aunque los viernes por la tarde sólo me ponía a ver películas europeas, sobre todo italianas.

Vista interna del café Roma, en Eugene. El asiento de la izquierda es el mío. Cientos de días bebí café y libros, en un rito interminable por conocer más.

Afuera del café Roma.

El High Street Café, en donde por primera vez bebí cerveza artesanal. Exquisita. Buena comida. Ahí encontré un tipo idéntico a Papa Chola Endara, quien se alegró de saber que tenía un hermano gemelo en Guayaquil.

Este personaje aún sigue ahí.

Ruta de bicicleteo y trote, junto al hermoso Willamette

El día de mi graduación doctoral preferí irme a sentar en este puente y mirar por última vez el río que sabía mucho de mí. Luego me vine a New York.

Rennie's. Bar de combate con amigos y cerveza negra.

Mercado del sábado.

Friendly Hall, en donde recibíamos clases. Oficinas de Lenguas Romances e infiernillo emocional.

jueves, 3 de julio de 2014

"Y de pronto, no estaba el pájaro en la rama" (Lorca)


Y de pronto, la mañana estuvo húmeda, las veredas del parque limpias y la estatua de la madre blanca, delgada y alta. Cruzamos hacia el colegio, rompimos las cadenas de la puerta y entramos. 

En el taller de mecánica estaban el negro Bone y el cholo Yagual, riéndose de sus maldades. Los vimos tomar los palillos de soldadura y pegárselos en los traseros a los que por ahí pasaban. Por qué hacen eso, preguntó Fabiana, mientras su hermana se reía. Inmediatamente apareció Vives, el profesor, y les dijo que suficiente, que se dejaran ya de molestar. Ellos agacharon la cabeza pero se lo quedaron mirando con el rabito del ojo hasta que se fue. Y otra vez volvieron a sus maldades en el taller de mecánica. 

En el de ebanistería estaba Valeria. Le decíamos así por la telenovela (Muchacha italiana viene a casarse) pero no se llamaba Valeria ni era mujer ni afeminado. Sólo se dejaba caer un largo mechón de su pelo sobre el rostro. Bueno, Valeria estaba ahí cepillando madera. Se acercó a las niñas y les dio un trapecista de balsa a cada una, de esos que giran en la piola cuando lo apretas con la mano. Por ahí viene Payasito, dijo Valeria, y se puso a arremedarlo con voz de gallina espantada. 

Valeria también vivía en sur, frente al Camal. Le gustaba leer y a veces nos quedábamos conversando de lo que se podía conversar a los catorce años, edad de patriotas. Y también vimos a Soria, que era un cholo fuerte y vivaracho. Una vez desapareció del colegio por dos semanas. A su regreso nos contó que se había ido con su padre en el bote porque era temporada de pesca y había que ayudarlo. Nos habló de las noches y los días tirando y recogiendo redes en alta mar, con el vaiven del viento y el agua. Con Soria a veces íbamos a casa y comíamos algo que preparaba mi vieja. Igual con Patrel, un muchacho flaco, blaco, con el pelo rizado corto y modales de mayor… Pasó el tiempo nuevamente y nunca más supe de ninguno de ellos, ni en los años posteriores del colegio ni nunca más.

Fabia, Fabiana, las escenas se suceden como en un rollo de película mirado a contraluz: el día del examen de matemáticas que tuve que repetir. Siempre fui malo para las matemáticas, como David Ledesma. Nadie entendía qué eran las matemáticas porque nadie nos las había explicado. Un día aparecía un sabio y se ponía a dibujar números y rayitas en la pizarra, otras veces mezclaba letras y números y otras añadía figuras geométricas. Nadie sabía que cada letra era sólo un valor desconocido y que a la postre era sólo un misterio por descifrar, un solo camino y una sola llegada. Nadie sabía eso. Ni Moreano ni yo ni nadie de los que estábamos pasando vergüenza frente a nuestros padres porque no sabíamos la respuesta. El profesor nos dio otra oportunidad para no repetir el año y nos puso las cosas fáciles, pero muchos ya no entendían nada.Así, esa mañana húmeda de Abril y de estudiantes suspensos y aplazados vi a mis compañeros salir con sus padres con la cabeza baja, vencidos por los números y el sistema. No los volví a ver tampoco nunca más en mi vida. 

El colegio era una entrada a un más allá sin retorno. Algunos tomaban un camino, otros otro, pero nunca nadie regresaba de ese viaje. Era imposible detener el tiempo y así lo comprendimos. En pocos días más terminaría la cruel estación de la lluvia y volveríamos al colegio, a un nuevo año de uniformes nuevos y libros nuevos y zapatos nuevos. Los problemas serían los mismos o más graves porque cuando uno crece crecen también los problemas. Ese era, a fin de cuentas, el viaje que cada uno de nosotros tenía que realizar en alta mar, en la noche negra y peligrosa del oleaje. Nosotros éramos Soria y Patrel y Bone y Yagual y Valeria… Cada añ éramos menos inocentes. 

En un bus viajamos a la fría capital y nos tomamos una foto debajo de una inmensa virgen a medio talle que nunca escuchó nuestros rezos. A fin de ese año me prometí que las cosas serían diferentes, tenían que ser diferentes. Y vino ese año y el amor por una niña que desapareció por treinta y cinco años y cuando la volví a ver ya llevaba todo el tiempo del mundo sobre sus hombros. Pero en ese remoto pasado oigo su risa, siento sus labios y estudio mucho y juego volleyball y siento que voy siendo otro, otro más cercano a quien quería ser. Y pasó un año así, rápido y entusiasmado por todo mientras las huelgas colegiales y la dictadura militar copaban nuestros horarios. Hasta que llegó diciembre y todo terminó y mis viejos me mandaron en un barco de guerra a las Galápagos y vi las islas Santa Cruz y Floreana con sus leyendas de alemanes locos y perdidos, y el volcán con su laguna marina en San Cristóbal, y vi que en pocos minutos el terreno daba mangos y guayabas y en lo alto uvas y duraznos. Vi las inmensas tortugas, los piqueros de patas azules, los lobos marinos, las focas y los pingüinos y en el mar un pez que se inflaba para ahuyentar a sus rivales. 

En el buque de la Marina iban también los estudiantes de la Universidad Vargas Torres de Esmeraldas. Y ella estaba junto a ellos y conversamos mucho todo el trayecto. Y jugamos índor contra los marinos en la Isla de Baltra y los goleamos de lo lindo y nos hicieron caminar largos kilómetros de regreso para desquitarse. Muchachas, hay algo extraño en los militares que no saben perder una batalla, con esa gente deben andarse con cuidado. Y estaba el profesor argentino que me habló de Cortázar y me dijo: estoy seguro de que serás un escritor, y cuatro aniñados de colegios religiosos que con los años volví a ver de pasada y un colombiano de Manizales que resultó ser muy buena gente (¿debo contarles que se hicieron arquitectos de la Católica?)

Cuando regresé a Guayaquil, luego de pasar meciéndome tres días en medio de gigantes olas en el océano, ya era otro. Recordaba a la niña de repente, pero más a la chica de Esmeraldas. El tio Kukuku, que siempre viajaba a la provincia verde, una vez le llevó una carta mía y me trajo una de ella. Pero todo se perdió en la distancia. Y cuando empezaron las clases nuevamente, solo pero invencible, fui a ver todas las películas francesas, fui a todos los conciertos de música clásica y leí todos los libros que cayeron en mis manos. En Comala un hijo desesperado busca a su padre en la ventisca y el terreno seco. En Macondo la Bella Remedios se va al cielo y hay mariposas amarillas cuando aparece Mauricio Babilonia y hay fiestas cada fin de semana y bailamos cumbias y música de la Motown. Y En París muere Rocamadeur y la Maga le escribe una larga carta y Oliveira no sabe qué hacer (nunca supo qué hacer) y Traveler regresa a una ciudad llamaba Montevideo (¿o era Buenos Aires?) y yo soy Michel Piccoli y busco a esa mujer vestida de azul en las calles de Paris, a esa mujer de la vida que se enamoró de un policía que fingía de banquero sólo para apresar a una pequeña banda de ladrones. Yo era otro y el pasado ya no existía para mí. Al menos, eso creía…



viernes, 27 de junio de 2014

Ecuador eliminado del Mundial: a pensar en los errores





Dijo Marx que "la religión es el opio del pueblo". Igual se podría decir de los deportes y, en este caso, del fútbol. Como ejemplo, veamos el caso de Ecuador.
Este drama tiene varios actores: el presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), Rueda, el entrenador de la selección, y los jugadores. Como espectador participante, el mismo presidente Correa, ya veremos cómo.
Desde hace muchos años, Chiriboga es dirimente, siempre a su favor, en el juego político de los dirigentes deportivos. Como tal decide, elige, saca y pone a los actores. Siempre con la sombra de su propio hijo, agente de jugadores, acusado desde hace años de favorecerse de negociaciones de fútbol al convencer a su padre de que los ponga en la vitrina (los partidos) para proyectarlos internacionalmente. ¿Es verdad esto? El silencio y las alineaciones así lo confirman. Pero éste es el menor de los problemas.
La selección de Ecuador, tan variable en sus convocatorias, se mueve con los intereses de este hábil personaje que unas veces hace de Iago, otra de Orfeo, otras de Macbeth y hasta de Otello. El es el que decidió, como lo hizo antes con otros, que Rueda fuera el Director Ténico de la Selección.
Y Rueda, que es humano y hace lo que cree conveniente, le quedó muy corto a las demandas de calidad de las selecciones colombiana y ecuatoriana. Agarró a Honduras -un país en fútbol menos débil que sus colegas centroamericanos (quienes, dicho sea de paso, tiene al beisbol como primer deporte o deporte nacional)- y lo hizo clasificar. Y hasta ahí llegó.
Los otros actores, los jugadores propiamente, son asunto aparte y tienen su propia dinámica que tira más al caos: inconsistentes en sus equipos, acaso lograron un partido interesante durante las eliminatorias y los amistosos. Los cambiaron de puestos en los permanentes experimentos del DT y se llenaron de una vanidad extrema que los hizo esconder y regatear su única herramienta de trabajo: la calidad por la cual fueron convocados. La selección tuvo dos etapas para ir al Mundial, la segunda fue la de su muerte: logró cupo con las justas, en medio de un descalabro increíble (y no anoto la pérdida de Benitez, a quien nunca consideré un gran jugador, cuanto muy hábil con la pelota pero que hizo que su egocentrismo anulara cualquier beneficio).
Así, con un presidente oportunista y sempiterno, que ni siquiera tiene la valentía, la honradez de mostrar las cuentas de la FEF, del sueldo del DT, de su propio sueldo, de los beneficios que recibe, etc, con un DT de dudosa calidad y jugadores en franca caída (salvo Enner y Paredes, acaso el arquero) era fácil pronosticar una presentación insignificante. Cuando algunos dijimos eso nos tacharon de antipatriotas, de malagueros, de sarcásticos, irónicos, etc.
Ya para el Mundial, el patrioterismo que la selección encendía era ciego, peligroso y, sobre todo, un espejismo. Luego vino la derrota con Suiza en un juego que no estuvo mal pero que dejó ver que Ecuador no tenía un DT que les recordara los fundamentos del fútbol: retener la bola o dar un pase seguro, o al arquero salir por lo alto en un centro, sobre todo si mide 1.92, o que hay que patear la pelota frente al arquero, sea como sea, antes de que se la quiten, etc.
Y después vino el triunfo contra Honduras, más por incapacidad de un rival y los aciertos de Enner que por el juego colectivo, que jugó peor que con Suiza. El patrioterismo volaba por las calles y los pueblos de Ecuador. ¿Por qué, si era tan obvio que contra Francia había grandes posibilidades de ser eliminado? Ah... es que la esperanza es lo último que se pierde, todos decían.
Desde las redes saltaban los comentarios, los augurios, los empeños. Y todo fue en vano. Al final, una Francia que hizo descansar a sus jugadores principales, simplemente se conformó con el 0-0. Pero el patrioterismo, ese otro opio del pueblo, herido no dejaba que se dijera nada malo de la selección, un equipo que fuera de Quito puede hacer un papelón (adiós, ventaja de la altura, el próximo es en Rusia, no en los Andes). Pero, de todos modos, algunos comenzaron a pedir la cabeza de Chiriboga y Rueda... Ah, mas el patrioterismo seguía ahí. Ante esto, el actor principal y su bufón aprovechando la coyuntura e inmediatamente declararon que querían quedarse en sus puestos, que el objetivo había sido clasificar al Mundial y se había logrado, que hasta Enner Valencia fue descubierto por el mismo Rueda y que ahora la selección es de jóvenes, asegurado el cambio para un futuro promisorio.
¿Y qué tiene que ver Correa en todo esto? Bueno, el presidente -lo cual fue un error a todas luces desde el principio en que se dejó aliar con una FEF y un DT cuestionables- en varias ocasiones habló linduras de Chiriboga y Rueda, les dio respaldo público, casi de amigo solidario, conocedor del fútbol y sus pasiones. Esta grave falla, resultado de su ceguera deportiva (ya ha demostrado también en otras áreas de la política ser timorato a la hora de ver y reconocer los enemigos de su círculo) ha hecho que la gente, sobre todo quienes lo odian, hagan ecuación de su deseo por ser reelecto con un Chriboga que se hace reelegir cuantas veces le de la gana.
De esta manera, el caso de la selección ecuatoriana nos muestra los síntomas de la cultura popular y de cómo el fútbol ecuatoriano, su dirigencia y el oportunismo de sus actores dice mucho más que un resentimiento o tristeza de todo un pueblo. La eliminación de Ecuador del Mundial de es la saludable bajada de la nube a la cual el patrioterismo y el ideal de "unidad nacional" nos habían subido. Y eso es muy bueno.
Para aquellos que aún se afanan con este tema, quizá la intervención del Ministro de Deportes Cevallos, que sabe bastante de estos asuntos, sea la única posibilidad de acabar con la mediocridad de la FEF, los técnicos que contrata y el devaneo de los jugadores... pero éste es un deseo que choca con el discurso que el presidente impuso en su agenda política-deportiva...En conclusión: muy pocas son las posibilidades de que las cosas mejoren.