jueves, 3 de julio de 2014

"Y de pronto, no estaba el pájaro en la rama" (Lorca)


Y de pronto, la mañana estuvo húmeda, las veredas del parque limpias y la estatua de la madre blanca, delgada y alta. Cruzamos hacia el colegio, rompimos las cadenas de la puerta y entramos. 

En el taller de mecánica estaban el negro Bone y el cholo Yagual, riéndose de sus maldades. Los vimos tomar los palillos de soldadura y pegárselos en los traseros a los que por ahí pasaban. Por qué hacen eso, preguntó Fabiana, mientras su hermana se reía. Inmediatamente apareció Vives, el profesor, y les dijo que suficiente, que se dejaran ya de molestar. Ellos agacharon la cabeza pero se lo quedaron mirando con el rabito del ojo hasta que se fue. Y otra vez volvieron a sus maldades en el taller de mecánica. 

En el de ebanistería estaba Valeria. Le decíamos así por la telenovela (Muchacha italiana viene a casarse) pero no se llamaba Valeria ni era mujer ni afeminado. Sólo se dejaba caer un largo mechón de su pelo sobre el rostro. Bueno, Valeria estaba ahí cepillando madera. Se acercó a las niñas y les dio un trapecista de balsa a cada una, de esos que giran en la piola cuando lo apretas con la mano. Por ahí viene Payasito, dijo Valeria, y se puso a arremedarlo con voz de gallina espantada. 

Valeria también vivía en sur, frente al Camal. Le gustaba leer y a veces nos quedábamos conversando de lo que se podía conversar a los catorce años, edad de patriotas. Y también vimos a Soria, que era un cholo fuerte y vivaracho. Una vez desapareció del colegio por dos semanas. A su regreso nos contó que se había ido con su padre en el bote porque era temporada de pesca y había que ayudarlo. Nos habló de las noches y los días tirando y recogiendo redes en alta mar, con el vaiven del viento y el agua. Con Soria a veces íbamos a casa y comíamos algo que preparaba mi vieja. Igual con Patrel, un muchacho flaco, blaco, con el pelo rizado corto y modales de mayor… Pasó el tiempo nuevamente y nunca más supe de ninguno de ellos, ni en los años posteriores del colegio ni nunca más.

Fabia, Fabiana, las escenas se suceden como en un rollo de película mirado a contraluz: el día del examen de matemáticas que tuve que repetir. Siempre fui malo para las matemáticas, como David Ledesma. Nadie entendía qué eran las matemáticas porque nadie nos las había explicado. Un día aparecía un sabio y se ponía a dibujar números y rayitas en la pizarra, otras veces mezclaba letras y números y otras añadía figuras geométricas. Nadie sabía que cada letra era sólo un valor desconocido y que a la postre era sólo un misterio por descifrar, un solo camino y una sola llegada. Nadie sabía eso. Ni Moreano ni yo ni nadie de los que estábamos pasando vergüenza frente a nuestros padres porque no sabíamos la respuesta. El profesor nos dio otra oportunidad para no repetir el año y nos puso las cosas fáciles, pero muchos ya no entendían nada.Así, esa mañana húmeda de Abril y de estudiantes suspensos y aplazados vi a mis compañeros salir con sus padres con la cabeza baja, vencidos por los números y el sistema. No los volví a ver tampoco nunca más en mi vida. 

El colegio era una entrada a un más allá sin retorno. Algunos tomaban un camino, otros otro, pero nunca nadie regresaba de ese viaje. Era imposible detener el tiempo y así lo comprendimos. En pocos días más terminaría la cruel estación de la lluvia y volveríamos al colegio, a un nuevo año de uniformes nuevos y libros nuevos y zapatos nuevos. Los problemas serían los mismos o más graves porque cuando uno crece crecen también los problemas. Ese era, a fin de cuentas, el viaje que cada uno de nosotros tenía que realizar en alta mar, en la noche negra y peligrosa del oleaje. Nosotros éramos Soria y Patrel y Bone y Yagual y Valeria… Cada añ éramos menos inocentes. 

En un bus viajamos a la fría capital y nos tomamos una foto debajo de una inmensa virgen a medio talle que nunca escuchó nuestros rezos. A fin de ese año me prometí que las cosas serían diferentes, tenían que ser diferentes. Y vino ese año y el amor por una niña que desapareció por treinta y cinco años y cuando la volví a ver ya llevaba todo el tiempo del mundo sobre sus hombros. Pero en ese remoto pasado oigo su risa, siento sus labios y estudio mucho y juego volleyball y siento que voy siendo otro, otro más cercano a quien quería ser. Y pasó un año así, rápido y entusiasmado por todo mientras las huelgas colegiales y la dictadura militar copaban nuestros horarios. Hasta que llegó diciembre y todo terminó y mis viejos me mandaron en un barco de guerra a las Galápagos y vi las islas Santa Cruz y Floreana con sus leyendas de alemanes locos y perdidos, y el volcán con su laguna marina en San Cristóbal, y vi que en pocos minutos el terreno daba mangos y guayabas y en lo alto uvas y duraznos. Vi las inmensas tortugas, los piqueros de patas azules, los lobos marinos, las focas y los pingüinos y en el mar un pez que se inflaba para ahuyentar a sus rivales. 

En el buque de la Marina iban también los estudiantes de la Universidad Vargas Torres de Esmeraldas. Y ella estaba junto a ellos y conversamos mucho todo el trayecto. Y jugamos índor contra los marinos en la Isla de Baltra y los goleamos de lo lindo y nos hicieron caminar largos kilómetros de regreso para desquitarse. Muchachas, hay algo extraño en los militares que no saben perder una batalla, con esa gente deben andarse con cuidado. Y estaba el profesor argentino que me habló de Cortázar y me dijo: estoy seguro de que serás un escritor, y cuatro aniñados de colegios religiosos que con los años volví a ver de pasada y un colombiano de Manizales que resultó ser muy buena gente (¿debo contarles que se hicieron arquitectos de la Católica?)

Cuando regresé a Guayaquil, luego de pasar meciéndome tres días en medio de gigantes olas en el océano, ya era otro. Recordaba a la niña de repente, pero más a la chica de Esmeraldas. El tio Kukuku, que siempre viajaba a la provincia verde, una vez le llevó una carta mía y me trajo una de ella. Pero todo se perdió en la distancia. Y cuando empezaron las clases nuevamente, solo pero invencible, fui a ver todas las películas francesas, fui a todos los conciertos de música clásica y leí todos los libros que cayeron en mis manos. En Comala un hijo desesperado busca a su padre en la ventisca y el terreno seco. En Macondo la Bella Remedios se va al cielo y hay mariposas amarillas cuando aparece Mauricio Babilonia y hay fiestas cada fin de semana y bailamos cumbias y música de la Motown. Y En París muere Rocamadeur y la Maga le escribe una larga carta y Oliveira no sabe qué hacer (nunca supo qué hacer) y Traveler regresa a una ciudad llamaba Montevideo (¿o era Buenos Aires?) y yo soy Michel Piccoli y busco a esa mujer vestida de azul en las calles de Paris, a esa mujer de la vida que se enamoró de un policía que fingía de banquero sólo para apresar a una pequeña banda de ladrones. Yo era otro y el pasado ya no existía para mí. Al menos, eso creía…



viernes, 27 de junio de 2014

Ecuador eliminado del Mundial: a pensar en los errores





Dijo Marx que "la religión es el opio del pueblo". Igual se podría decir de los deportes y, en este caso, del fútbol. Como ejemplo, veamos el caso de Ecuador.
Este drama tiene varios actores: el presidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), Rueda, el entrenador de la selección, y los jugadores. Como espectador participante, el mismo presidente Correa, ya veremos cómo.
Desde hace muchos años, Chiriboga es dirimente, siempre a su favor, en el juego político de los dirigentes deportivos. Como tal decide, elige, saca y pone a los actores. Siempre con la sombra de su propio hijo, agente de jugadores, acusado desde hace años de favorecerse de negociaciones de fútbol al convencer a su padre de que los ponga en la vitrina (los partidos) para proyectarlos internacionalmente. ¿Es verdad esto? El silencio y las alineaciones así lo confirman. Pero éste es el menor de los problemas.
La selección de Ecuador, tan variable en sus convocatorias, se mueve con los intereses de este hábil personaje que unas veces hace de Iago, otra de Orfeo, otras de Macbeth y hasta de Otello. El es el que decidió, como lo hizo antes con otros, que Rueda fuera el Director Ténico de la Selección.
Y Rueda, que es humano y hace lo que cree conveniente, le quedó muy corto a las demandas de calidad de las selecciones colombiana y ecuatoriana. Agarró a Honduras -un país en fútbol menos débil que sus colegas centroamericanos (quienes, dicho sea de paso, tiene al beisbol como primer deporte o deporte nacional)- y lo hizo clasificar. Y hasta ahí llegó.
Los otros actores, los jugadores propiamente, son asunto aparte y tienen su propia dinámica que tira más al caos: inconsistentes en sus equipos, acaso lograron un partido interesante durante las eliminatorias y los amistosos. Los cambiaron de puestos en los permanentes experimentos del DT y se llenaron de una vanidad extrema que los hizo esconder y regatear su única herramienta de trabajo: la calidad por la cual fueron convocados. La selección tuvo dos etapas para ir al Mundial, la segunda fue la de su muerte: logró cupo con las justas, en medio de un descalabro increíble (y no anoto la pérdida de Benitez, a quien nunca consideré un gran jugador, cuanto muy hábil con la pelota pero que hizo que su egocentrismo anulara cualquier beneficio).
Así, con un presidente oportunista y sempiterno, que ni siquiera tiene la valentía, la honradez de mostrar las cuentas de la FEF, del sueldo del DT, de su propio sueldo, de los beneficios que recibe, etc, con un DT de dudosa calidad y jugadores en franca caída (salvo Enner y Paredes, acaso el arquero) era fácil pronosticar una presentación insignificante. Cuando algunos dijimos eso nos tacharon de antipatriotas, de malagueros, de sarcásticos, irónicos, etc.
Ya para el Mundial, el patrioterismo que la selección encendía era ciego, peligroso y, sobre todo, un espejismo. Luego vino la derrota con Suiza en un juego que no estuvo mal pero que dejó ver que Ecuador no tenía un DT que les recordara los fundamentos del fútbol: retener la bola o dar un pase seguro, o al arquero salir por lo alto en un centro, sobre todo si mide 1.92, o que hay que patear la pelota frente al arquero, sea como sea, antes de que se la quiten, etc.
Y después vino el triunfo contra Honduras, más por incapacidad de un rival y los aciertos de Enner que por el juego colectivo, que jugó peor que con Suiza. El patrioterismo volaba por las calles y los pueblos de Ecuador. ¿Por qué, si era tan obvio que contra Francia había grandes posibilidades de ser eliminado? Ah... es que la esperanza es lo último que se pierde, todos decían.
Desde las redes saltaban los comentarios, los augurios, los empeños. Y todo fue en vano. Al final, una Francia que hizo descansar a sus jugadores principales, simplemente se conformó con el 0-0. Pero el patrioterismo, ese otro opio del pueblo, herido no dejaba que se dijera nada malo de la selección, un equipo que fuera de Quito puede hacer un papelón (adiós, ventaja de la altura, el próximo es en Rusia, no en los Andes). Pero, de todos modos, algunos comenzaron a pedir la cabeza de Chiriboga y Rueda... Ah, mas el patrioterismo seguía ahí. Ante esto, el actor principal y su bufón aprovechando la coyuntura e inmediatamente declararon que querían quedarse en sus puestos, que el objetivo había sido clasificar al Mundial y se había logrado, que hasta Enner Valencia fue descubierto por el mismo Rueda y que ahora la selección es de jóvenes, asegurado el cambio para un futuro promisorio.
¿Y qué tiene que ver Correa en todo esto? Bueno, el presidente -lo cual fue un error a todas luces desde el principio en que se dejó aliar con una FEF y un DT cuestionables- en varias ocasiones habló linduras de Chiriboga y Rueda, les dio respaldo público, casi de amigo solidario, conocedor del fútbol y sus pasiones. Esta grave falla, resultado de su ceguera deportiva (ya ha demostrado también en otras áreas de la política ser timorato a la hora de ver y reconocer los enemigos de su círculo) ha hecho que la gente, sobre todo quienes lo odian, hagan ecuación de su deseo por ser reelecto con un Chriboga que se hace reelegir cuantas veces le de la gana.
De esta manera, el caso de la selección ecuatoriana nos muestra los síntomas de la cultura popular y de cómo el fútbol ecuatoriano, su dirigencia y el oportunismo de sus actores dice mucho más que un resentimiento o tristeza de todo un pueblo. La eliminación de Ecuador del Mundial de es la saludable bajada de la nube a la cual el patrioterismo y el ideal de "unidad nacional" nos habían subido. Y eso es muy bueno.
Para aquellos que aún se afanan con este tema, quizá la intervención del Ministro de Deportes Cevallos, que sabe bastante de estos asuntos, sea la única posibilidad de acabar con la mediocridad de la FEF, los técnicos que contrata y el devaneo de los jugadores... pero éste es un deseo que choca con el discurso que el presidente impuso en su agenda política-deportiva...En conclusión: muy pocas son las posibilidades de que las cosas mejoren.

lunes, 16 de junio de 2014

Marlon Brando: Una autobiografía

Durante algunos años la imagen de Marlon Brandon me ha llamado la atención: El último tango en Paris, El Padrino, The Freshment, Apocalypsis Now, etc, son algunas de las películas que recuerdo con énfasis. A más del gran actor de personajes intensos, me interesaba también saber de su persona, sobre todo por el rechazo a Hollywood, su reclusión, sus frecuentes viajes de Tahití, su defensa de los indios de EEUU y la merecida fama de irreverente social y símbolo sexual de los 50s, década de la expansión de la clase media norteamericana.  Así, me animé a leer las 468 páginas de su "Brando: Songs my mother taught me", resultado de una serie de entrevistas y conversaciones grabadas y llevadas al papel por el escritor Robert Lindsay y corregidas, editadas y autorizadas por Brando. (Dejaré a los expertos las discusiones sobre el status de la autobiografía como género literario y la realidad/verosimilitud de lo que cuenta).

Como nunca, me dediqué a leer el libro sin subrayarlo para disfrutarlo más libremente. Sus ideas y conclusiones, frases y afirmaciones sobre la vida y varios tópicos aparecen en cada página, pero no tienen la pesadez de ser dichas por alguien que cree saberlo todo. Al contrario: hasta el final de sus días Marlon Brando se confiesa como una persona curiosa, que quiere saber más, aprender más de gente diferente. Su vida empieza en una infancia marcada por una madre alcohólica y un padre (también alcohólico, pero funcional) autoritario, y por lo que él, años después, reconoocerá como el dolor de perder y no poder proteger a un ser querido que siempre estuvo ausente (su madre), lo cual repercutirá en sus diarias citas sexuales con diferentes mujeres a lo largo de su vida ("abandónalas antes de que ellas te abandonen" es el mandato subliminal). Bajo el mismo prisma, la relación con la autoridad es doble: de rebelde y promotor, pues va de un extremo a otro en diferentes campos: desde sus relaciones sentimentales a las laborales, desde su paso por la secundaria hasta el rechazo al Oscar. En este cuadro vital, Brando insiste en el beneficio que la terapia le ofreció, aunque, por haber pasado por varias etapas y terapeutas, reconoce a la gran mayoría de ellos como personas temerosas de sí mismas, incapaces de reconocer sus debilidades y empeñadas a mostrale a otros lo que ellos no pueden mostrarse.

En mi lectura me sorprendió la honestidad y coherencia de sus (buenas o malas) decisiones personales, como por ejemplo los motivos de algunos fracasos de películas que buscaban concientizar al público sobre las injusticias humanas y que desembocaron en pérdidas económicas, o como su diletancia personal aplazada sólo para ganar dinero y costear sus gastos anuales (una película por año y luego una cada cinco o diez años). Quizá era ese quemeimportismo el que me llamaba la atención en alguien tan talentoso. Como diría Brando: "no está mal para alquien que ni siquiera terminó la secundaria".

Me gustó también confirmar otras sospechas (contraria al romanticismo), como la de que el gran actor era también un gran artesano para interpretar/representar, siguiendo el método de Stellar Adler (quien lo aprendió de Constantin Stanislavski) que, como sabe la gente de teatro, demanda estudio e inmersion total en el personaje a representar, vivirlo a tiempo completo (cosa no siempre apropiada para quienes rodean a actores) y que se detalla en diversas áreas, como concentración, modulación de voz, habilidades físicas, memoria emocional (recordar algo personal que realmente haya ocurrido y usarlo en actuación), estudio dramático, etc. Y, corolario a esto, me agradó mucho leer de primera mano el testimonio de Barndo como un ávido lector que hizo las veces de co-director, guionista, director y productor de películas, en la fragua de la acción dramática, en el mismo tablado, en el mismo camerino: a él se debe el torturante y genial monólogo del Coronel perdido en Apocalipsis Now (no a Coppola), y a Brando se deben los cambios que el público jamás vio en The Freshmen. Es a Brando también que Elia Kazan debe algunos cambios y Coppola las gracias por haber hecho del inmortal Vito Corleone un hombre de integridad personal, de fuerza humana en defensa de su familia, y no un asesino vulgar y autoritario, como originalmente estaba en el guión....

Como ven, lo que escribo se queda corto frente a toda una vida bien vivida (dejo de lado lo de los indio americanos, Hollywood como negocio, el conflicto judío-palestino, las decenas de amantes y las anécdotas jocosas, etc). Y esto lo atribuyo no sólo a mi vagancia o talento, tiempo y espacio limitados, sino también a mi voluntad de dejar que fluya el río de la experiencia. La autobiografía de Brando es como un cuadro de Bosh donde cada quien puede detallar su búsqueda en cualquier momento, desde cualquier ángulo. Quiera Dios que otros tengan la oportunidad que he tenido de asomarme a esta vida.


miércoles, 28 de mayo de 2014

Cuatro afirmaciones que siempre oigo y son mentiras

La primera es aquella de que el fútbol no tiene lógica. Todo tiene lógica o, más exactamente dicho: su propia dinámica. Los que afirman semejante barbaridad no quieren recordar que se trata de actividades físicas humanas y que las variantes se evidencian sólo en los momentos de la práctica misma: por eso un partido siempre es diferente a otro y, por ponerlo de manera exagerada, el mismo equipo es otro semana a semana. Lo "accidental" (el estado de preparación mental y física y la aplicación de técnica, por ejemplo) en realidad alteran "lo estable" (el pedigree de los jugadores, por ejemplo).

La segunda afirmación es aquella de que la mujer es un misterio. Como soy enemigo de jueguitos verbales y abstracciones, anoto solamente lo que Mariana Gómez escribió al respecto:  "Sólo a los que no saben leernos les resultamos un misterio".

La tercera es que Dios no existe. Los que se afanan en "demostrar" que Dios no existe por el simple hecho de que "no se lo ve" son los mismos que aún reflexionan si el amor existe. No entro en discusiones sobre si debe durar mucho o no, ni sobre los tipos de amor, sólo anoto un paralelo. Dios es una realidad mental, emocional y simbólica. Existe porque lo sentimos, lo soñamos, lo imaginamos y lo necesitamos. Esto lo saben las personas desde hace muchos siglos, sea en su manifestación rústica como ingobernable fenómeno natural o en su versión privada más controversial: la de los "raptos" que ocurren siempre a los santos... y a varios millones cuando se quedan mirando fijamente al horizonte. Pedirle a la Ciencia que explique la existencia de Dios es pedirle al vecino que cancele lo que le debemos al banco. Sin embargo, debo recordar que solamente el ser humano tiene la capacidad de generar desde sí mismo un sentimiento hacia Dios... Pero no abundemos tampoco en asuntos en los cuales la ciencia está en veremos.

La última de las afirmaciones mentirosas es menos conocida y más especializada, otro flaco invento de algunos despistados (ah, estos escritores del tercer mundo, creyéndose la mamá de Tarzán). Hace unos veinte años mi sobrina Katiuska (ayer Simisterra hoy Scoggin) me preguntó en una entrevista universitaria qué le enseñaba la literatura al periodismo. Me reí y le dije que era lo contrario, aquí resumo mi respuesta: 1- Los periodistas deben escribir, es parte de su trabajo, no necesitan "inspirarse" (como los escritores) sino redactar una noticia/reporte/artículo; es decir: enseñan disciplina y a luchar contra el tiempo y el espacio para las palabras; 2-  Los periodistas salen a buscar la noticia, no se sientan como vagos a esperar que los pajaritos les susurren al oido sobre qué escribir; 3- Los periodistas tienen un lector concreto a quien le escriben: el gran público (con nivel social e intelectual específicos), contrario a los folklóricos escritores que se inventan o sueñan con un "lector ideal" y por ahí mismo las más disparatadas "teorías de la recepción"; 4- Los periodistas viven en un medio laboral de tensiones pero, al final del día, deben salir airosos de esa batalla para llevar pan a la mesa, deben haber producido lo demandado porque tienen que pagar sus cuentas, contrario a "los escritores" que, por lo general, viven evadiendo responsabilidades de adultos. Y basta. Prefiero leer una buena noticia publicada, digamos, en el New York Times (o el New Yorker) que una larga y aburrida novela "bien escrita" por algún ávido empeñoso que quiere demostrar que el sol no sale de día.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Un recital de poesía en Plattsburgh

En general, no me gusta dar recitales, tampoco asistir a ellos. Me aburro por el largo tiempo que demoran. Sin embargo, como parte de una deuda que Alexis Levitin y yo teníamos con nuestro libro de poesia ecuatoriana traducida al inglés (Tapestry of the Sun), aceptamos una invitación de la Galería Rota, un grupo de Plattsburgh, ex-estudiantes del Dto de Inglés de la universidad (uno de ellos ahora da Composición). Jueves 8 de Mayo del 2014.

El local era pequeño y dio cabida a unas 15 o 20 personas. La noche estaba hermosa: cálida, silenciosa y con un cielo muy azul. Conversé con unos jóvenes que llegaron con anticipación, saludé con dos conocidos e intercambié frases con otros asistentes. Alexis leyó en inglés y yo en español y contamos breves anécdotas de los poetas y el proceso de traducción. La lectura propiamente duró unos 45 minutos. Al final nos hicieron preguntas, sobre todo acerca los poetas jóvenes de Guayaquil y Ecuador. Luego se dio paso al público, micrófono abierto, para que leyeran sus poemas. Y ahí aparecieron los anónimos poetas locales que se encuentran en cualquier parte del mundo: un joven tenía una serie de poemas irónicos cuya palabra principal era "Strawberries", otro más joven aún leyó con una voz casi apagada dos poemas cortos, el segundo en español, y sonaban como baladas; luego leyó un hombre serio, alto, flaco, en jean y camiseta blanca y una gorrita. Con Alexis coincidimos en la bondad de su último poema, cuya línea principal decía "I didn't agree with the death of my mother..." (No estuve de acuerdo con la muerte de mi madre...)

Ya eran las 9:30 pm y había sido suficiente. Quería regresar a casa (a esas horas duermo). Me despedí mientras seguían leyendo, salí a la noche encantadora y encendí mi van. Pero tan pronto como lo hice sentí un olor que no era el del transporte y el trajín diarios sino el de una noche antigua en Guayaquil. Automáticamente recordé las veces en que tomaba la van de mi hermano, allá por el 80, y, junto al Conde Martillo, conducía por un Guayaquil de sueños rotos y cansancio. Recordé cuando sacábamos el vehículo del parqueadero, tomábamos la Domingo Comín rumbo al norte, pasábamos por el Malecón y doblábamos por el Cerro hasta llegar al Cementerio y de allí nuevamente al sur, con una parada definitiva en el King, cantina de todos los triunfos y derrotas de esos años. Mientras regresaba a casa en Plattsburgh, cosa de cinco minutos más, escuchaba en la radio las viejas canciones con las que crecí y fui el joven poeta de veinte años, tan joven como los muchachos de pelo largo que leían sus poemas en Plattsburgh.

Ya en casa me quedé pensando, inquieto, atento a lo que sentía en ese momento. Reviví los recitales, la tarde interminable del verano pretérito que se repite en el norte, a tanta luz y tiempo de distancia, y lo que acababa de ocurrir en la Galería Rota: los jóvenes irreverentes, tímidos, vestidos como visten los de su tiempo, preguntando por otros poetas en otra parte del mundo, si acaso viven de la poesía, si acaso escriben lo mismo que ellos, si acaso son felices o trabajan...

Y luego dormí con el peso de una nostalgia viva, de algo inacabado que me estaba llamando, quizá sea el poema que aún me busca para escribirlo o quizá la vida misma revisada.

martes, 29 de abril de 2014

Correa en EEUU y Europa: los cultores de su silenciamiento

No deja de sorprenderme la poca cobertura de la prensa (tanto la corrukta como la gubernamental) a los viajes de Rafael Corera a EEUU y Europa. Su paso por Harvard y Yale fueron desde el inicio torpedeados por los diarios privados que resaltaron lo anecdótico de las preguntas sobre derechos humanos que algunos estudiantes le plantearon con la clara consigna de presionarlo en su posición de respaldo al presidente Maduro. Es obvio que, a este respecto, Correa no puede sino tratar de tomar distancia pero, al mismo tiempo, reconocer la exageración y manipulación informativa de la oposición venezolana, con un acaso tibio reconocimiento de que las fuerzas policiales son tan culpables en su represión como los violentos protestantes. Pero la prensa no publicó ni una sola palabra sobre la estructura de sus exposiciones, ningún debate sobre la pertinencia de sus declaraciones o las contradicciones que se experimentan al interior de los prosesos económicos y educativos de su gobierno. En otras palabras, la prensa ecuatoriana, se ha comportado como siempre: fundamentalmente mediocre, anti-profesional y desfazada de la realidad.

Pero ¿Qué interés tiene alguien en escuchar a/leer sobre un presidente que, a la postre, dirá lo mismo que viene diciendo en sus cadenas, enlaces y conversatorios? Se preguntarán algunos. Justamente eso: que NO es siempre lo mismo y que, a menudo, Correa desmonta las mentiras que le han endilgado y nadie vuelve más a hablar del tema. Pero las acusaciones falsas, menos sus aclaraciones, se almacenan en la mente de quienes no lo consideran un buen presidente. Y eso aflora en el momento de las elecciones, muchas veces con alguno que otro saborcillo local de clase media "emancipada", "crítica", como se demostró en la capital del centralismo (Quito).

Por ejemplo: en los medios, nadie comentó la importancia política, económica y educativa que representa para Ecuador que su presidente haya sido invitado a dar charlas, en medio de acuerdos sobre otros proyectos nacionales (no olvidar la reunión con empresarios de New York, incluído el gran Robert de Niro). Para información de los laicos: en EEUU se cree muy poco en lo que dicen los diarios ecuatorianos cuanto los de EEUU, pues la del norte es una prensa más democrática y menos aliada con los grupos financieros, al menos en la administración de sus noticias. Y es importante la visita de Correa porque, cuando aparece en un programa como el del entrevistador Charlie Rose, se trata de un reconocimiento a su persona y una excelente oportunidad para escuchar su versión de las cosas in situ. Es un aval a su imagen y la seriedad de su trabajo. No es el chabacanismo de Chávez en sus interminables peroratas y tampoco Daniel Ortega, cuyo patrimonio personal y familiar ha crecido tremendamente, en medio de un caos de corrupción, tampoco otros controversiales gobiernos de centro-izquierda.

Correa es percibido como un presidente serio, responsable y sincero. De hecho, hasta ahora las quejas sobre él propiamente se sintetizan en que a muchos no les gusta su sonrisa, o que "insulte", olvidando que se trata de respuestas a ataques previos, públicos y desvergonzados de la oposición (y, como dice él, si a otros les gusta que los insulten y se quedan callados, ese no es su problema).

Creo que la mejor intervención de todas fue la de Universidad de Barcelona, cuando recibió el título de Doctor Honoris Causa. Aunque muy larga, allí desarrolló algunas ideas sobre educación, la oposición política vs vida académica como paralela a la dicotomía verdad/mentira, y rindió homenaje también al gran Serrat. La prensa tampoco hizo hincapié en un dato menor pero significativo: la invitación a mujeres ecuatorianas encargadas de la limpieza del hotel en el que se hospedó, junto a estudiantes becados, como reconocimiento al aporte económico de los inmigrantes, que fueron quienes sostuvieron la economía de Ecuador en los duros años de la crisis, aquella época de asalto de los Iasías y sus políticos al bolsillo del cuentahorrista.

No deja de sorprenderme que no cubran las salidas de Correa al extranjero, ni en noticias ni en editoriales, de una manera equilibrada y necesaria . En un país como Ecuador, el palanqueo, la ceguera, el odio y la corrupción pueden más que la sensatez y la preparación académica. Y a veces tratar de hacer lo mejor es remar contra la corriente. No todo es oro, es sabido, pero estamos mucho mejor que antes, aunque no los de siempre. Por ahora, me queda la inquietud de ofrecer un Seminario, posiblemente en mi universidad de SUNY, sobre Correa, su administración y el contexto político que lo hizo aparecer en escena. Es algo que interes mucho en el norte.

pd: No soy un favorecido de Correa, muy por el contrario; pero no se trata de odiar o alabar.

viernes, 14 de marzo de 2014

Para una teoría sin pelos en la lengua de la novela ecuatoriana

"LITERATOS Y ESCRITORES: mi teoría sobre la novela ecuatoriana es que tiene dos ramales: 

1- la MONOvela, 
2- la noveLONGA. 

La primera se desarrollo hasta los 50; la segunda desde esa época hasta hoy, habiendo ganado adeptos, sobre todo en la juventud, que escriben cualquier pendejada de/sobre y por Quito..... y reciben premios, becas, viajes y publicaciones del Longisterio de Cultura"

Escribí esto en mi página de fb hace unos días. Una persona me pidió desarrollarla. Aquí empieza mi semana de vacaciones y me tomaré algunos minutos en tipear otras ideas.

La intención y la visión son reales: Ecuador es un país en donde se premia lo local porque no existe lo nacional. En ese localismo de todos, algunos escritores de Quito (o que viven en Quito o se benefician de sus palancas culturales) se aventuran con ideas que sólo reflejan la inseguridad en esa identidad que promueven: siempre quieren ser otros, lo que no son y no podrán ser: uno tiene algo llamado "El puerto de Quito" (Quito no tiene puerto), otro: que Quito se destruye por el calor (en Quito no hace calor), otro: que Quito es centro vanguardista (nadie fuera de Quito reconoce a ese grupo)... Sólo por nombrars algunas novelongas que vienen a mi mente vaga. Dejo afuera otras, por aburridas (hagan ustedes la lista).

¿Y por el lado de Guayaquil? NADA. A duras penas unas cuántas páginas de monovelas de Jorge Velasco más algunos jueguitos temporales con lenguaje de computadoras y ipads y fb y hasta tweeter (o como se escriba). ¿Y en las otras provincias? Silencio sepulcral. Damas y caballeros: hasta ahí llega esta historia. ¿Excepciones? Ni las conozco. Esto en cuanto a la creación/escritura propiamente. En el caso de Quito: todo lo que es sobre Quito se publica, dentro del aparato del gobierno y/o Estado, o en imprentas nacionales o colombianas privadas que tienen el aparato del Estado detrás, a veces para ensalzarlo, a veces para criticarlo. Es de payasos creer en unos enemigos del gobierno que se afanan en proponerse como tales, hasta con su ímpetu de eterno insatisfecho, para disfrutar de sus limosnas. Los hechos señalan que escribir,  contra el gobierno o hablar mal, VENDE, incluyendo Quito, ciudad en la cual les da lo mismo tener un gobierno de derecha o izquiera porque, al final de cuentas, tienen sus mecanismos centralistas perfectamente engranados para que funcionen siempre, aunque es cierto que el centralismo se ha robustecido con el gobierno de Correa, es un hecho. Ah, dirá alguien ¿y las escuelas del milenio en la Amazonía? Contesto: El desembolso es mínimo frente a lo que se llevan a Quito y Quito sigue siendo, falsamente, depositario de las rentas del petróleo, como si fueran ellos los que lo producen.... Pero este es el cuento del gallo pelón desde la dictadura militar de los 70s, y Correa se debe a ese proyecto centralista, a esa visión de Ecuador desde Quito, aunque le hayan pagado mal en las últimas elecciones (por la sencilla razón de lo que digo antes: Quito se puede dar el lujo de seguir floreciendo, gracias al centralismo afianzado, a pesar del tinte de los gobiernos).

¿Todo esto ya parece llanto de vieja? Posiblemente lo sea, si reivindicamos como esa vieja llorona al resto del Ecuador que no ha visto mejorar su condición urbana (las carreteras están fuera de las ciudades y los pueblos; y los parques son sólo una pequeña parte de una deuda que lleva pendiente más de 200 años). Pero hay otros servicios, avances, dirán. Claro, pero las migajas son migajas, y la corrupción es peor que antes, y sale desde el mismo grupo de ministros del gobierno, cosa que todo Ecuador sabe menos el presidente, quien insiste en que le den pruebas. O sea, quiere que Ecuador se convierta en el policía que debe hacer su tarea, mientras todos sabemos que estos grupos son maffias que pueden terminar con la vida de cualquiera.... Pero me he apartado del tema, volvamos.

Lo que vive la novela ecuatoriana no es una parálisis creativa sino una enfermedad reflejo de lo que se llama Estado centralista. Es una novela ahora despedazada entre la promoción ex-abrupta de imágenes incongruentes de Quito (esto se lo ve también en varios de los LONGOMETRAJES del centarlismo financiados por el Ministerio de Cultura, que llamo Longosterio de Cultura) y referencias a todo lo que se relaciones, salga de "las redes sociales", como llaman ahora a los interminables medios de comunicación.

¿Quién gana de todo eso? (Alguien siempre gana, alguien siempre pierde): Los que tienen dinero, mucho dinero. A ellos no les afecta el ritmo de la historia, los sucesos diarios, la vida cotidiana. Nacen y mueren, nada más. En ese espasmo que es la vida se farrean lo que puedan y ya. Ah, y los escritores que se bebefician del centralismo y sus publicaciones, públicas o privadas, aunque es un premio a la pequeñez humana y a la ya olvidada calidad artística, al esfuerzo literario... Esas cosas de viejas lloronas. (La cantidad de cosas que uno puede escribir en 40 minutos, con razón...).