lunes, 4 de febrero de 2013

Música latinoamericana en Plattsburgh, NY

Empezamos clases el lunes anterior. Mi Seminario 470 es sobre Música Popular, en el marco de lo que son los Estudios Culturales (una aproximación discutible a manifestaciones culturales discutibles, para los incrédulos). El objetivo es darle a los estudiantes herramientas teóricas y prácticas para que analicen letras representativas del cancionero popular latinoamericano, lo que incluye algunas del fondo medieval y renacentista español, corridos mexicanos, tangos argentinos, valses peruanos, salsa del Bronx (y otras), boleros (infaltable jj), algo de samba y bossa nova, etc.

Queremos desempotrar las letras y desmitificar lo que haya que desmitificar en las canciones, su conservadurismo o su festividad (¿Adorno versus Williams?) y ver cómo funcionan en el contexto social, cultural, idológico o político. Hoy despachamos con énfasis aplicaciones e ilustraciones de las llamadas "figuras" (definiciones) que incluye Roland Barthes en su precioso libro "Fragmentos de un discurso amoroso". Los estudiantes estadounidenses son muy rápidos para estas tareas. Ellos hicieron lo suyo y entre todos encontramos y dimos ejemplos e instancias y variaciones del discurso amoroso, así como sus oposiciones (la versión de La Barca de Luis Miguel versus Llorarás de Oscar D'León, sobre todo en el lugar del amante que odia o que espera).

Este curso es muy ameno pero también está lleno de responsabilidad académica, pues ni el campo de trabajo está lo suficientemente consolidado, ni el nivel de aceptación es lo suficientemente amplio en el mundo profesional en general. Dicté un curso similar hice hace varios años y quedé muy satisfecho con los resultados. Esta vez, la audiciencia es nueva y en la última década se ha producido un buen volumen de letras que modifican el panorama musical, sobre todo en la parte final del curso, que corresponde a las elecciones de temas para exposiciones y trabajos finales. Veremos qué tanto.

La música ha sido siempre uno de mis mayores placeres, una de mis aventuras y mi compañera de toda la vida. Por la música, muchas veces, mi alma pudo salir a flote. Por la música pude adivinar algunos misterios y construir otros. De todos mis amigos, cercanos y lejanos, con quien más compartí ese universo en sus tantas variaciones, fue con Ricardo Maruri, a quien empiezo a extrañar con más fuerza (sobre todo cuando salto de un género a otro, de un período a otro, y de una lengua a otra), pues pues nos iniciamos al mismo tiempo en la vida y en conocer y gozar de músicas de otros países y en otras lenguas. Al mismo tiempo, me doy cuenta y acepto con gusto que comparto mucho de ese universo musical con los amigos viejos (el Conde o el Cholo Cepeda) o recuperados (como el Príncipe de Haití), amigos que aún no han emprendido el viaje final.

Seamos entonces todos y nuevamente esos que siempre fuimos, porque la fiesta se acaba solamente cuando el dueño de casa nos apaga la luz. Y ahí hay que guardar silencio, o poner la canción "Un vestido bonito", de Guayacán, por más señas.

(copia y ponla: http://www.youtube.com/watch?v=twh_239Gm3o)



domingo, 27 de enero de 2013

Ricardo Maruri ha muerto

Ocurrió hace una semana, justo cuando estaba por regresar al norte.

Ricardo Maruri fue un amigo muy cercano y querido. También fue un excelente poeta, intelectual no-orgánico y músico a tiempo completo (como cantante conocedor de varios géneros musicales) a quien le fascinaba aprender nuevas lenguas (fue profesor de inglés, idioma en el cual era diestro; sin olvidar su dominio del portugués y familiaridad con el alemán). De hecho, su formación artística y filosófica lo acerca a lo que generalmente llamamos "un hombre del Renacimiento".

Mientras compartí con él experiencias de la vida, amores olvidados, lecturas incesantes, nuestro breve paso por los círculos "de izquierda", llegué a conocer al amigo: sus valores, debilidades y fortalezas, y su permanente tranquilidad, así como la escandalosa aceptación de la vida como le llegaba. Eso fue, sobre todo, en la década del 80. En esos años también caí en cuenta de que Ricardo tenía una inteligencia excepcional, un IQ muy elevado. Algo que no se ve con frecuencia en los artistas ecuatorianos, salvo el caso de Miguel Chávez, el (todavía) joven narrador guayaquileño.

Con los años nos fuimos distanciando por cosas del destino, del tiempo (o el destiempo), por mis viajes y la pereza de mantener una amistad frecuentada, aunque así es la vida y los laberintos humanos nos llevan a otras situaciones y contextos. De hecho, en algún momento nuestros gustos ya no fueron los mismos y tuvimos una discrepancia en cuanto al tipo de poesía que estaba escribiendo. Pero eso no importó porque el pasado ya estaba cimentado y nos mandábamos cualquier mensaje por facebook, aludiendo siempre a algo compartido.

Ahora que Ricardo ha muerto lo recuerdo nuevamente en esos años de nuestra gran amistad y complicidad. Lo veo visitando mi casa en la Ciudadela 9 de Octubre, trotando en la mañana por las calles del sur de Guayaquil, terminando con afán todas las cervezas que se pusieran por delante de nosotros en esos "días y noches de amor y de guerra", compartiendo la música que traje de Paris y la que él trajo de Rio de Janeiro, las bromas, las locuras que hicimos (ir a buscar a una joven dama de Guayaquil que se parecía a Doña Bella, una noche que no dieron la telenovela), los interminables bailes y nuestros infaltables "vicios masculinos".

Ha muerto Ricardo Maruri y recuerdo al amigo pero valoro también al intelectual que llevaba dentro y que no pudo desarrollarse en ese medio mezquino y subdesarrollado, en donde la preocupación por figurar hace que los artistas se vendan al mejor postor, como artistas y como seres humanos (o Correa o la derecha). Ricardo ha muerto y la pérdida es grave y a varios niveles. Ojalá ahora no salgan "los poderes" a apropiarse de su recuerdo, tal como lo tratan de hacer con los libros de Carlos Calderón Chico (quieren sus libros pero no a su dueño), otro intelectual que se acaba de ir en este cruel Enero.

En todo caso va, para Ricardo, la mejor celebración con jazz, salsa y mucha música brasileña. Ya nos encontraremos.


viernes, 4 de enero de 2013

Ultimos días en Guayaquil

Un viacrucis por demás largo y exasperante en el aeropuerto de Quito la segunda semana de diciembre quizá auguraba este viaje a mi Guayaquil querido.

Los primeros días fueron de poner al día nuestra casa, por demás sucia y abandonada; y luego, de afianzar un trabajo. Lo primero ocurrió de a poco, lo segundo fue imposible. Dicen que era por el ajetreo de fin de año y porque nadie hace nada a esas alturas. Así que me la he pasado entre el desgano, la forzada vagancia o desempleo y el testimoniar cómo Ecuador sigue siendo un país por demás burocratizado y sumamente corrupto, en todas las instancias y a todos los niveles. Un país en el cual hay que pedirle favores a la dizque izquierda o la no menos despreciativa derecha y su empresa privada. Caso contrario, hay que vivir en la marginalidad. Lastimosamente, peco de ingenuo en los dos frentes y no me queda otra que escuchar testimonios de cómo los de ahora siguen haciendo lo que ya hicieron los de antes: llevarse el país en peso mientras el sector de la construcción se expande y la clase media se achica, y el mashi Correa vive en las nubes.

Todo eso acaso se ha visto tibiamente neutralizado en mis visitas matutinas a mi querido amigo y hermano el conde Martillo, o en las salidas con mi otro hermano el cholo Cepeda. En ambos casos, nunca ha faltado el humor, el bueno, el del barrio,la cerveza helada, condimentado de saludables chismes y, en varias ocasiones, buena música y breves visitas al salón de Rigoberto y al Cabo Rojeño, en medio del espantoso sol y calor de Guayaquil.

Por ahora, en este reporte que se hace en un descuido de mi mujer, desde un cyber en la parte baja de la Ciudadela Bellavista, advierto mi enojo porque, me parece evidente, de a poco se me van cerrando puertas y el cabildeo por el trabajo se hace más duro. El que no llora no mama, es cierto. Obviamente, todo es según el color del cristal con que se mira, pues los que están en la teta engordan que da gusto, y en esos casos noto complicidad entre los corruptos del gobierno y los corruptos de la empresa privada.

¿Y los escándalos públicos de Delgado,con su falso título de economista, y Glass (el futuro vicepresidente de Ecuador) con un claro plagio académico? No son los primeros ni los últimos. En realidad, medio Ecuador ha vivido y vive de las mismas mentiras. Conozco muchos casos, y anoto sólo uno más: en la empresa privada, en una institución educativa clase A, una de sus mayores autoridades se hace llamar Dr. y no tiene título de doctor y se ha pasado con esa mentira desde hace muchos años... ¿Nombre? Les toca averiguarlo.

En todo caso, no soy optimista ni de esta visita ni de Ecuador, país en el cual el presidente Correa ha pasado prontamente a ser llamado el nuevo Velasco Ibarra, por aquello de que todos los que lo rodean roban lo que pueden y sólo él no se da por enterado... Así vamos con Rafael José María, muy posiblemente  a cargo de este país por un período más...

Frente a esto, es inevitable mi ambivalencia por querer regresar pronto a Estados Unidos, y por extrañar a Ecuador desde allá, lejos, a la distancia, con el tiempo de por medio... porque el recuerdo todo lo cambia, todo lo adorna...

viernes, 26 de octubre de 2012

3 poemas inéditos de Fernando Nieto Cadena


14
Viernes 13, ni te cases ni te embarques. Mitología del lugar común, versión Radio Bemba antiguamente conocida como Vox populi vox dei. Por salud mental conviene no adentrarse en los vericuetos laberínticos de la llamada sabiduría popular que dicho al pasar muchas veces ni es sabiduría ni es popular. En el mejor de los casos forma parte del engranaje de la pereza mental. En los subsuelos de la pobreza económica los hoy rebautizados como proles para defenderse se refugian tras los parapetos de la picardía criolla como si esta, la picardía, fuese un don exclusivo de los menesterosos moradores de las villas miseria, ciudades cartón y parentela cuasi urbana que conforman los cinturones de extrema inopia que se conocen como favelas o suburbios. Dejo mis arduas elucubraciones sociologizantes para anegarme con los ritos de la divina salsa. Como si fuera la primera vez que oigo a las estrellas del siempre estrecho cielo de Fania para tanto divo, me entusiasmo, bailoteo sentado mientras copio una parte del cantar que dice así con su ritmo tropical, ae mi socio ae mi hermano. Limo asperezas conmigo mismo. Resucito de una ensoñación donde estaba a punto de dar una charla sobre la eficacia de los epígrafes como antonimiedades de los epílogos, me despierto a tiempo para salir volado al baño con el tiempo justo para levantar la tapa, doblar rodillas, depositar el cagatorio y descargar la conciencia como si lo mereciera. De la suspensión de mi lectura hasta este momento ha pasado ya más de media hora que medio dormitaba. La pobrecita tele en su loca manipulación desinformativa estuvo al pie del cañón trasmitiendo lo que su pobrecito cerebro piensa es noticia. Regreso. Lo que todavía queda de mí tras el desahogo que los exquisitos llaman del dos se sienta frente a la laptop, apaga de una vez por todas la tele y selecciona otro disco para dejarse arrastrar a las cavernas de la instintividad identitaria con la negridad más que con la negritud, si el buen Aimé Césaire sigue teniendo el hocico hinchado de razón al proponer esta clarificación conceptual para evitar caer en un racismo al revés. No está mal volver a recuperar los pasos perdidos en la euforia del crecimiento cognoscitivo. Nótese que para no desmerecer hasta me vuelvo sedentario convencional lexicólogo de fonda vespertina dominguera. Intento una nueva partida para estrenar la posible celada que quiero perpetrar si este robot se deja. Fracaso total por pendejo y mal cantante. La derrota cayó fulminante en el movimiento 23. Con una torre, un alfil y tres peones menos jamás será posible ver a un cadáver cargar ladrillos para su tumba. Me rindo. Otra vez será en un futuro amanecer sin importar que Leonardo Favio siga sonando en el piso de abajo gracias al flamante estreno de un, me imagino, nuevo equipo de sonido. Ismael Miranda se une a Ismael Rivera, Cortijo y su Combo se van de farra larga con la Sonora Ponceña. Casi me euforizo para decir que se puede vivir. En los últimos años no he podido usar una de mis frases memorables, si no tienen posibilidades para qué invitan. Gadejos del destino que hiere sin compasión, gime el valsecito en la voz inmortal del siempre inmortal Olimpo Cárdenas, total que no hay nada ni nadie que calme este dolor ¿de vivir? ¿de amar? Sepa la condená. Como quien dice el mundo es redondo y a la vuelta volveremos a encontrarnos.


15
¿Debería cuidarme de que no me contagien la alegría los que aún la conservan? Begoña Abad de la Parte lo escribió con el dolor de reconocer que le jode tanto eso de dejar estas cosas, ahora que empiezan a gustarme. No sé si ya lo dije antes pero los amores que duran más de un mes corren el riesgo de convertirse en una plaga o algo así canta una saeta cordobesa. En fin, me confirman que he reprobado mi diplomado de suicida. No sirvo para eso, será en otra vida, en otra galaxia cuando vuelva a plantearme repetir. Debo aceptar sin falsa modestia mi absoluta ineptitud para sacarme por mano propia la tarjeta roja que me lance al desempleo de seguir sobre este planeta. La chévere salsita en voz de don Héctor Lavoe llega puntual, con lo santo no se juega, parodio, con lo suicida no se juega y si juegas ten cuidado, coño, se te acalambren las neuronas y en un guan tu tri te sueltes a bailar con la más roñosa y fea de las parcas más parcas del panteón de tus cotidianidades. Lo dicho, dicho está. No sirvo. No aprobé ninguna de esas arduas materias, no me corre prisa, todavía puedo ser un poco más aguafiestas de lo acostumbrado. Mi estrellita marinera de buen suicida se la regalo al primer volátil místico entrepiernado con la muerte.


16
Un día casi me emociono cuando me invitaron a una corrida de toros con el Minotauro de torero y al tal por cual Dédalo de banderillero para lidiar sin límite de tiempo a un miura inmemorial con una cruz nazi herrada en su frente. Como en definitiva no tengo el mismo gusto de las vacas dije no gracias, ya ni siquiera visito las capillas de mi religión futbolera ni voy a las pagodas beisboleras. Es más, ya no frecuento las jubilosas catedrales bebestibles. No voy no porque ninguna puta voz celestial me rescató del pecado sino por un simple afán de supervivencia vía receta médica que me prohíbe el trasiego cantinero. De vez en cuando abuso de mí, me acoso y me dejo llevar por la insobornable irresponsabilidad de ser un mal guarura de mi salud ¡salud! pues que como ya lo dijo Mario, QEPD ¿qué entonces pedimos dos?