miércoles, 1 de agosto de 2018

Ultima relectura de "Rayuela"

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La primera ocurrió antes de mis 20 años. Las posteriores poco después, convirtiéndose en consultas para cotejar cómo estaba viviendo mi vida versus cómo quería vivirla. Así, durante algunos años de militancia política fui Horacio Oliveira en busca de la Maga imposible, como se confirma en mi hace mucho regalada copia de Sudamericana, con subrayados, algún comentario marginal y una fe ciega en que estaba haciendo lo correcto, viviendo lo que me tocaba vivir. A años luz de esas lecturas, incluyendo las pocas que hice desde mis treinta hasta el presente, pienso que:

1-  Léo Ferré lleva razón en su canción "Veinte años": "Como equipaje total uno tiene 20 años/ tiene solo la experiencia de los padres / no le importa nada, ni lo uno ni lo otro... cuando uno ama es para toda vida..."

2- Salvatore Adamo, en su ya olvidado repertorio, favorece también mi lectura, tanto "En bandolera" como en "Nada que hacer"

3- Rayuela no es una novela sino un inmenso libro de juego de palabras, filosofía poco profunda, desprovista de Fuertes momentos narrativos, sin acciones en desarrollo, climax o resoluciones, carente de personajes que van de A a B, etc. Es un escrito existencialista y redundante sobre un grupo de intelectuales (o que creen serlo) que oyen jazz, pajarean de lo lindo, cuarentones que no tienen responsabilidades en el mundo y se las ingenian para no madurar (ah, es que eso sería burgués), como ocurre en la lamentable película "El lado oscuro del corazón". Para ellos realzan la "quiromancia ambulatoria", "gíglico" y el sarcasmo

4- Las varias referencias al jazz dejan un sabor a tomadura de pelo para cualquier interesado, a "literización" del gusto por la música al cual quieren describir sin éxito y todo termina siendo una lista de adjetivos (hay una columna musical, muy mala, en diario El Universo, que es también así)

5- La Maga es mucho menos interesante de lo que suponía, al igual que Oliveira y todo ese mundo descrito con cansinos diminutivos enternecedores que, más o menos y al final, me terminan aburriendo... Ah, y esas partecitas en que la tratan a la patada, como a una perfecta pendeja (la teoría del lector-hembra que años después el mismo Cortázar eliminó)

6- Los dos capítulos más fuertes siguen siendo la descripción del beso y la carta de la Maga al hijo que deja morir (aunque todos más o menos lo dejan morir

7- Las "morelllianas", que con tanto afán busqué, hoy no me dicen nada. Más vale, me parecen muy trilladas, lugares comunes que limitan el texto

8- Obviamente, explico mi actual reacción de desánimo por Rayuela porque dejé de vivirla hace muchos años. Ya no me atrae perder el tiempo, posiblemente porque ya no tengo tiempo que perder. Y pasada la barrera de los cuarenta (en esto concuerdo con Cortázar cuando establece un puente entre los 20 y los 40, como también lo hizo el gran Príncipe de la canción José José) creerse de veinte no es solo ridículo sino bochornoso

9- La libertad literaria, sin embargo, ocurre en la imaginación y en el derecho a (di)sentir. En esa medida, acepto que los cambios de gusto no deben ser asumidos como errores, sino tan solo como cambios de etapa, de ciclo o de la vida misma. Y esa es una reivindicación que, si es vista con detenimiento, reivindica también la libertad de mandar a la mierda un libro ahora sin mayor sentido

10- Cortázar, el gran escritor, está en sus cuentos. Ahora que termino estas líneas, recuerdo a mi llorado Fernando Nieto cuando me explicaba su silencio frente al vendaval revolucionario en el que andaba a los 20 años: "Me parecía que estaban en lo correcto y me quedé callado. Era como decir: antes yo era malo y le pegaba a mi mujer, ahora ya soy bueno y no le pego". Que no sean mis 50 un retorno a mis 20, espero.



martes, 12 de junio de 2018

Requiem por Anthony Bourdain

Murió hace pocos días en una ciudad de Francia. La fecha y los detalles de cómo terminó su vida son de dominio común. Aquí quiero valorar al ser humano que fue, al mismo tiempo, personaje de su propia obra.


A pesar de que se trata de un escritor culinario y de ficción, Bourdain fue mundialmente conocido por sus programas de televisión filmados en lugares poco frecuentados. Para él, disfrutar platos nacionales era adentrarse en la vida del ciudadano común y del país anfitrión. Los ingredients usados, el proceso de cocción, los comensales y las conversaciones eran su fuerte y la base para crear cercanía con el público. Impecablemente producidos, sus programas también dejaron ver las hendijas del existencialismo de un hombre calmado y reflexive pero listo para el combate verbal (y físico acaso, por aquello de que era devoto practicante del ju-jitsu). Conocedor de sí mismo y sus demonios, alerta al día a día, Bourdain siempre tuvo una posición democrática, realista y dinámica. Para él, el mejor escenario para afianzar el contacto humano era sentarse a la misma mesa y compartir. En ese sentido, Bourdain era como esos personajes que menciona Machado: "donde hay vino beben vino, donde no hay vino agua fresca".
Era un trotamundos. El gringo que el mundo forja y desea ver en los habitantes del país del norte: amigable, informal, inteligente, cosmopolita y honesto. Quizá por eso detestaba al gobierno de Trump, tan ocupado en destruir el sistema social de EEUU a la par que profesa una superioridad étnica que expone la ideología de un gobierno populista y fascista.
Bourdain era también "humano, demasiado humano". Sus primeros años como aprendiz de chef -en realidad lavaplatos- en un pueblo pesquero de Massachussets, fueron su primera experiencia a fondo en el mundo del carpe diem, las drogas (heroína y marihuana, sobre todo), el movimiento hippie y la lucha política. Esta información, no condensada aún dado su sorpresiva muerte, se la puede rastrear a lo largo de su obra (me refiero a los episodios televisivos, la magna y real obra de Bourdain, en donde es autor y personaje).


El activismo político tampoco le fue ajeno: en las calles, junto a  su padre, protestó por la injusticia en su país. Y últimamente, se involucró con férrea solidaridad con el movimiento feminista que lucha contra el acoso y la violación sexual. En su ensayo seminal sobre el mundo de la cocina y restaurantes en EEUU, dice que ese mundo es como un submarino, pues quienes allí trabajan lo hacen a todas horas, de manera incansable y nadie siquiera sabe o se pone a pensar que todo funciona por gente como ellos. Menciona en más de una ocasión el aporte de ecuatorianos, salvadoreños y mexicanos a ese submarino urbano y culinario que Bourdain habitaba.


Anoche escuché a un comentarista radial de Artes Marciales Mezcladas (MMA) que era su amigo: "Fue en Montana. Estábamos de cacería, y matamos un reno. Tony lo preparó de manera exquisita y lo comimos con gusto. Bebimos whisky en abundancia y él , ya rumbo al fondo, preguntó: ¿"en dónde está la yerba?". Como muchos saben, alcohol y otras drogas son patrimonio cultural e individual, aunque también rasgos de generaciones artísticas e intelectuales.
Sea desde la perspectiva que uno lo quiera tomar, Bourdan puede ser entendido como miembro de cualquier grupo. Y ese es su valor universal. Cuando estaba en la mesa, era uno más, y su ofrenda eran su amistad y su palabra. Era como en la canción "El Viejo", del primer Hugo Idrovo: "y me dijo que en los viejos días fue el dueño de toda la región / y de un castillo dentro de la montaña / custodiado por un perro y un querubín / que era suyo y de todo aquel / que gustara charlar y de un aguardiente".



Bourdain anduvo por Ecuador. Me interesa su paso por la playa y Guayaquil. En la primera disfrutó del esplendoroso localismo de los pescadores, de un plato exclusivamente preparado en un pequeño restaurant a nivel del mar. En Guayaquil, paladeó encebollados, cangrejos y cerveza Club.


Luego vendrían muchos episodios más. De ellos, hay tres que sobresalen: el que graba en Hanoi, con mi presidente Obama como compañero de mesa, el que graba de regreso a su lugar de inicio profesional (del cual dijo: "Yo sabía que de cada cinco heroinómanos solo uno sobrevive. Y ese era yo"), y el episodio grabado en la cruel Rusia de Putin.


Para muchos, Bourdain era un antropólogo, un ciudadano del mundo, un artista, un intelectual. Algunos creen que era un chef (y lo era, aunque nunca se promocionó como tal cuanto como comensal) pero su fama y seguidores nunca lo buscaron por eso sino porque destilaba curiosidad y honestidad existencial.
Ha muerto Bourdain y aún nadie sabe exacatmanete por qué. Todos suponen una depresión repentina, enmarcada en el cuadro de acelerada vida, aunque esto contradice una afirmación radical que él mismo hizo: "Mi mayor felicidad es ir a ver a mi hija a la escuela". Pero uno nunca conoce los vaivenes de la depresión, esa ola que cae repetidamente en arrecifes.
Ha muerto Anthony Bourdain y hay un vacío en la televisión y en la cultura de Estados Unidos. Es una pérdida irreparable. Yo diría: histórica, pues augura tiempos peores.
Le he preguntado a Fabiola si ha vuelto a ver alguno de sus episodios, y me dice que no, que no está preparada para hacerlo mientras sus ojos se llenan de lágrimas.

 
 
 
 




viernes, 11 de mayo de 2018

De "Aquellos ojos verdes"


Estás desorientado y no sabés qué trole hay que tomar... Santiago, preguntó Cepeda: ¿Cuándo terminó la revolución? Nunca empezó, le contesté. Era un sueño, una utopía. Las paredes se fueron cayendo de a poco y al final solo quedó un campo abierto, un desierto, un afiche de película con los de siempre sin saber en dónde estábamos. En esas me encontraba, ya con un par de cervezas en la cabeza, cuando empezó la lluvia. Trae dos más Gato, escuché que gritó Cepeda. Al rato llegó su hija, la gatita, con dos botellas frías. Las abrimos y frente a nosotros la lluvia se instalaba ¿o era solo una fina garúa? Ya no importaba. Aguatábamos la inclemencia del tiempo sentados en los escalones de la vieja casa. El Gato se acercó desde adentro hacia la ventana. Nos miró, inspeccionó el vecindario, las calles vacías, otras casas abandonadas. Luego volvió a perderse detrás de la cortina que separaba la sala del resto de la casa.
No volví a ver a Lucía. Recordaba su figura, su firme cuerpo tallado hermosamente en la oscuridad, su aliento. La había perdido de manera consciente porque todo se había acabado de manera clara e inapelable. Caminamos un día cerca del estadio, más allá del Forestal, besándonos entre los árboles que arruinaban las veredas, los viejos bloques del Seguro rumbo al sur. David estaba junto a Sofía y Ricardo con Ana. Corramos, recuerdo que dijo David, dejémoslas solas y vámonos corriendo. Me reí y le dije: si lo hacemos a la vuelta de la esquina ya habrán encontrado nuevos amantes...
Santiago, dijo Cepeda entusiasmado, bebe por la maldita. Volví a la certeza de la lluvia esa tarde de tangos y boleros. Vivo solo sin ti, sin poderte olvidar ni un momento nomás. No haía otra manera de matar el tiempo. Llamaré a Clara, pensé, el amor de todos, el amor también perdido.  Sin amor uno envejece pronto, la vida no se llama vida. Me sentía ya un anciano, como si hubieran pasado muchos años, muchos. Cepeda me hablaba casi desde la lejanía. En mi mente solo desfilaban títulos de cientos de libros, nombres de calles poco transitadas, barrios pobres en donde transcurrí, fotos del colegio Eloy Alfaro, rostros de compañeros que habían huído, muerto o desaparecido. ¿Qué será de Antonio? El era un muchacho del campo, alto y flaco, que vi por última vez por el centro de la ciudad. Vamos a otro lado, le dije a Cepeda. No, contestó, con esta lluvia de aquí no me muevo. Me miró fijo y añadió: todo pasa pana, solo debes ser paciente, mantener la mente ocupada.
Gato, gritó nuevamente, dos más, y ponte una música alegre que acá el hombre anda kikiri.


martes, 20 de marzo de 2018

En pos de una herencia musical africana

Hasta hoy, hemos revisado algunas canciones del período colonial de Bolivia: el dialecto afro-americano de los Andes sin dudas traduce mucho del sincretismo diario de esos siglos. En el Perú de esa época encontramos también canciones escritas y cantadas en quechua, pero aferradas al modelo gregoriano español (de arraigo popular que se verifica inclusive en boca de Quilapayún e Inti-Illimani) lo cual oficializa la base triétnica de América del Sur. Con el mismo espíritu volvimos nuestros oidos al Caribe.
En los orígenes del merengue (República Dominicana), del son (Cuba) y de la bomba (Puerto Rico) vemos similares manifestaciones identitarias en constante fricción y negociación, para expresar las comunidades en la cual fueron producidas. La presencia del jíbaro, el guajiro, la alabanza del paisaje tropical o las exuberantes formas comunicativas regionales, por ejemplo, forman la base cultural oral e imaginaria de la música popular de esos tres países.

Ya entrados al siglo XX, la cultura campesina invade la ciudad e impone tradiciones y derroteros que serán constantemente modificados, actualizados o modernizados en el proceso de urbanización de la metrópoli. Algo similar a la experiencia caribeña se puede decir del tango (cayengue primero y de salón después), que viene de la milonga y el candombe, el cual aún sufre una crisis de identidad propia de sociedades resistentes a la realidad multiétnica, aferradas a un tradicionalismo que se viste muchas veces de racismo y "blanqueamiento", constatables en los endebles estudios académicos de la influencia africana en el tango (y Argentina), así como en los comentarios en redes sociales sobre el tema.

De estos momentos inaugurales se pasa a un sostenido procesos de "estatización" y diseminación del "gusto nacional", y la identidad del conjunto opta o favorece una expresión por encima de otras, muchas veces agregándole el adjetivo regional: en Ecuador el pasillo (originario de Colombia) pasa a convertirse en el género de todos (aunque yaravíes y albazos, marimba o valses, reclaman también su lugar en el pentagrama nacional). En México, país rico en géneros musicales, el corrido valseado aparece en películas inmortales venciendo a huapangos y polkas, hasta convertirse en el medio preferido para contar historias de los Carteles de las drogas. En República Dominicana, el merengue de alabanza al dictador Trujillo crece y deviene en producto de exportación, a veces en tono romántico, a veces con humor (Mon Rivera, Mr. Trabalenguas, merece un estudio aparte desde la teoría del juego de Huizinga y Roger Callois). Y así, en la mayoría de países latinoamericanos.
Resta ver cómo otros géneros -pensar en la cumbia o el vallenato (Colombia), el flamenco de la vieja España, la música protesta, metalera, la salsa choque o el reguetón, etc- nos muestran otros procesos de la identidad latinoamericana.

 


martes, 27 de febrero de 2018

Letras de canciones populares (Notas de curso)

Este es un curso que ya he dado, tanto en EEUU como Ecuador. Los niveles son diferentes, obviamente, y algunas veces he incluído en este blog notas sobre el mismo. Ahora quiero hacerlo de manera más amplia.

La importancia del tema radica en el impacto y representatividad cultural que tienen las letras (canciones populares, poesía oral, etc) en la construcción de identidades sociales e individuales, pues esos textos nos revelan, expresan, guían, catalogan y advierten nuestros sentimientos, puntos de vista y activismo diario o histórico. Así, el comentario parte de dos ejes textuales de la vieja España que se extendieron por América, asimilándose, redefiniéndose o inaugurando necesidades expresivas de nuestra geografía con historias de mestizaje, mulataje o criollización de los nuevos países (ya en la era republicana). De estas formas españolas, dadas como coplas, décimas y refranes, las predominantes son las jarchas y el romancero. Las primeras con énfasis emocional en el discurso amoroso (el Barthes del Fragmentos de un discurso amoroso será ideal para organizar este repertorio; y para contextualizar las lecturas: los clásicos Spitzer, Curtius, Auberbach y Huizinga); el segundo para rastrear letras que dan cabida a información histórica, tales como el corrido mexicano (y de manera  más general la música ranchera y de mariachis), muchos merengues "oficiales" (impulsados por el dictador dominicano) y tangos de la primera etapa, entre otros.

El gran volumen investigativo que este curso abraza coteja tesis teóricas con letras representativas actuales, pues se trata de entender las complejidades del trajín diario, no el pasado remoto. En EEUU y el mundo entero, la canción "Despacito" (comparable al éxito que en su época tuvo "Livin' la vida loca" de Ricky Martin) muestra los mismos elementos estilísticos de canciones antiguas, regados en diferentes épocas en Latinoaméeirca, con el aditivo de la actualización que corresponde al momento del consume comercial y el tipo de audiencia del siglo XXI. Veamos esto:

La canción se abre con referencias directas de voyerismo a la amante, cortejo sensual salpicado de palabras en inglés y contrapunteo verbal (Walter Ong en su Orality and Literacy), metáforas de los órganos sexuales y la relación amorosa (violencia anti-cortés, propias del reguetón y el rap), combinadas con la repetición de la palabra "despacito" para provocar un balance en la carga anti-climática,  escenario geográfico preciso (algo muy comun en los corridos mexicanos). Esta canción, al igual que miles producidas tanto en Europa como en América (incluída la América del norte que habla español) condensa parte de ese proceso. Para una mejor lectura, creo útil leer el ensayo  de Geoffrey L. Stagg The origins of the Peninsular Lyric and European Folklore, pues enlista características de las jarchas y la poesía española que hacen evidente el legado.

Luego de las jarchas, se cubre sin mayor problema lo que contienen las Cantigas galaico-portuguesas de la era de Alfonso El Sabio, con sus correspondientes divisiones (divinas o terrenales), temas elevados o de baja cultura (rasgo medieval y renacentista, como lo demuestra una edición completa de los Carmina Burana); y posteriormente con las atractivas piezas del llamado Cancionero de Palacio (en sus varias compilaciones). Luego de eso, saltando al Nuevo Mundo conquistado y colonizado por los españoles y portugueses, se verifica el preponderante rol de la Iglesia Católica en la promoción de valores de su fe, a veces de manera dogmática, a veces siguiendo su propia tradición de unir valores autóctonos con discurso oficial (cualquier lector que se haya aventurado en, por ejemplo, una historia de la Iglesia Católica en Irlanda puede aceptar sin problema esta tesis). Este rol de educador y evangelizador deviene en traslado del arte musical y cancioneril de España y Europa, aupa el florecimiento del Barroco de Indias y da cabida a expresiones que, a su modo, ya eran comunes en la península, al usar formas dialectales, locales y regionales, en las composiciones musicales. Si la adorable Tres morillas me enamoran revela dos culturas en España, Esa noche yo bailá hace lo mismo en la Bolivia colonial entre negros y peninsulares y, de manera más radical, hasta cierto punto opuesta, la conocida pieza del Corpus Cristi del Cuzco: Hanacpachap Cussicuinin con sus resonancias gregorianas. (El sencillo pero bien documentado blog de Lynn Gumert puede ayudar mucho al lector anglo no especializado: ver su Music in the Vice-Royalties of New Spain and Peru).

Llegados a este punto, una vez que los interesados han ganado velocidad y confianza en leer canciones como documentos arqueológicos (a la manera del llorado Michel Foucault), se vuelve apropiado un hincapié panorámico de cualquier historia de la música de América Latina (la entrada de Gerard Béhague que contiene la Enciclopedia Británica satisfice plenamente este afán), así como una reflexión sobre las funciones de la música (10, para el caso de la lista que manejamos).

Vueltos a las canciones de viejo origen pero que forjan o incluyen un "sello nacional", encontramos la bachata (cuya denominación sufre un cambio), que empieza siendo una palabra genérica que agrupa canciones románticas (boleros, sones), inicialmente de los bajos fondos dominicanos, y luego gana personalidad con el predominio de la guitarra (requinto) arpegiada, el uso y reemplazo de las maracas por el guallo, y el bongó que cede paso a la tambora para la bachata-merengue. El rápido ascenso e internacionalización de la bachata, en realidad, se registra en los últimos diez años, pero su historia, que arranca en 1961 con la obra de José Manuel Calderon, tiene al menos tres momentos importantes: los años 70s, cuando poco a poco perdía su fama de "música de amargue", de prostíbulos y cantinas (Leonardo Paniagua aparece frecuentemente), luego la llegada de Juan Luis Guerra (Bachata Rosa), quien la presenta como un producto musical y literariamente más elaborado que, sin embargo, mantiene la sencillez del gusto popular; y finalmente, el período en cual aparecen el grupo Aventura y su líder Romeo Santos. Para el comentario del lenguaje amoroso Barthes sigue siendo ideal, pero con apartes relacionados con la producción visual (las canciones son ya video-canciones) y las demandas del mercado de las grandes urbes mundiales, sobre todo de Estados Unidos, así como el uso del Spanglish.

No obstante el sello nacional dominicano, claramente registrable en la música romántica llamada bachata, hay otras letras que abanderan no solo una nacionalidad sino también todo un proceso histórico: sus eventos principales, actantes, escenarios y escenas que pasan a la posteridad. Es el caso del corrido mexicano, acaso el género musical más estudiado en lengua española, tanto al norte como al sur del Rio Grande. En este punto, puesto que se trata de que cada interesado en el tenga guías y ejemplos claros de qué y cómo escribir, apropiado es revisar ejemplos como el de María del Carmen Garza de Koiecki, en su El corrido de Rosita Alvírez. Su estructura narrativa, el cual demanda también una síntesis de las funciones de Vladimir Propp inluídas en su Morfología del cuento folkórico.

miércoles, 10 de enero de 2018

¿Cómo es la influencia de Estados Unidos en América Latina?

Esta fue la pregunta que contestamos en mi último seminario. En EEUU es común encontrar clases con el tema contrario (la influencia hispana en EEUU); por ello, me propuse desarollar algo diferente.

Para hacerlo, dividí el programa en varios subtemas: político (histórico, militar), profesional, educativo, artístico, linguístico, inmigración y situación actual (gobierno de Trump). Como de costumbre, dejé un amplio margen para aventurarme en áreas y polémicas que no había estudiado en detalle. (Creo que todo profesor debe darse un tiempo para aprender de su curso y evitar repeticiones y anquilosamientos investigativos). Un felíz osbtáculo fue notar que no hay libro sobre este tema, lo cual me permitió armar una bibliografía interdisciplinaria, tanto en inglés como en español (y ahorrar de paso una buena cantidad de dinero a los estudiantes; teniendo grandes bases de datos es innecesario comprar material impreso).

Bajo los conceptos de hegemonía, colonialismo, neo-colonialismo e imperialismo, discutimos las formas de relación entre los dos bloques geográficos.



La primera conclusión fue epistémica: existe una historia documentada de la relación, bajo formas del "gran garrote", "política del buen vecino", de presión indirecta durante el período de la Guerra Fría y del desdén experimentado desde el gobierno de Bill Clinton, pasando por Bush y Obama, hasta el del actual presidente. EEUU dejó de interesarse en América Latina y dio prioridad a Asia (China, sobre todo, ahora también Rusia) y el Medio Oriente. La segunda conclusion fue que el retiro de EEUU de la política latinoamericana ha dejado un vacío de poder internacional que otras potencias e inversores buscan llenar (desde Irán hasta Rusia o China, a través de préstamos e inversiones).

A la par que existe una historia de intromisión de EEUU en los asuntos latinoamericanos (lugar común aceptado por el ciudadano), lo cual incluye apoyar golpes de estado o boicotear gobiernos contrarios a la política estadounidense, se verifica que efectos o soportes estructurales de la misma han pasado por una promoción de la lengua y culturas de dicho país: el inglés fue y es la lingua franca del mundo: los negocios o asuntos internacionales se ventilan en inglés (el francés es un caso ya minoritario en el concierto internacional) lo cual afecta al mundo profesional en general: los cuadros profesionales deben dominar o tener acceso a esta lengua, como mínimo, lo cual acentúa el caracter de dependencia y las formas neo-coloniales de relación bilateral.


El tema más complejo del curso fue la función del arte y los medios de comunicación (canciones, cine y tv incluídos) pues combinan formas libertarias de creación -como el movimiento hippie y la cultura beat de los 60, el jazz o la pintura- con modelos de comportamiento y distribución de estereotipos articulados desde Hollywood. La influencia, por ejemplo, de esta industria en México es muy clara en el desarrollo de la "época de oro" del cine azteca. En el caso más actual, la producción en América Latina de películas "independientes" apoyadas por HBO o Netflix, son claramente superiores a las que se hacían localmente. Sin embargo, es obvio que el público que las aprecia se debe a una estética forjada por las mismas cadenas transnacionales. He ahí la complejidad de la influencia: aumenta la calidad artística pero es inmediatamente integrada a un modelo estético estadounidense que descarta lo nacional de los países latinoamericanos.



Cuando abordamos el tema de la inmigración, legal e ilegal, lo hicimos asumiendo que los 11 (o 16) millones de ilegales que viven en EEUU, de los que tanto se habla, son en realidad trabajadores formados en Latinoamérica. Su educación, alimentación, desarrollo humano y crecimiento en general, ocurrieron gracias a la inversión que cada país latinoamericano hizo, pero cuyo fruto es aprovechado solamente por Estados Unidos: jóvenes de educación secundaria son la mejor mano de obra barata por la cual fábricas y fincas pagan menos del salario mínimo. Vimos cómo América Latina había perdido esa inversión y los EEUU la gozaban a cambio de nada. Esta perspectiva no se compadece con la creencia de que los emigrantes hispanoamericanos ilegales son una carga social para el Estado.

La situación actual de la influencia ha entrado en un período recesivo. Aunque no fue creado por Trump, éste es su mejor abanderado, quien añade una altísima carga de hostilidad e animadversión contra los emigrantes, fruto de su ignorancia personal aunque también de la dura realidad de la violencia de la frontera del sur (lugar en el cual muchos hispanos estadounidenses apoyan la construcción de una gran pared que contenga la emigración que tantos males les ha traído) y de la pérdida de empleos de trabajadores de EEUU por el desmantelamiento de industrias y su traslado a México. (Esto del apoyo de los hispanos que viven en la frontera a la idea del muro fue una gran sorpresa para mis estudiantes, todos ellos en contra de lo que Trump representa).



Al responder la pregunta del curso vimos que la influencia es un hecho, ha tenido varias momentos, existe a distintos niveles y ha pasado de una forma imperial a una neo-colonial mucho más discreta. El gobierno de Trump, simplemente ha pasado a un momento de mayor agresividad contra "el otro", lo cual tiene mucho que ver con el funcionamiento de NAFTA y los acuerdos comerciales, la negligencia social propia del capitalismo hacia los trabajadores de EEUU y el racismo reprimido de muchos estadounidenses, mezclado con su proverbial ignorancia y espíritu aldeano, algo que coincide con los sectores más pobres y marginados por el neo-capitalismo y la globalización, verificables en otras partes del mundo.


miércoles, 3 de enero de 2018

Funes en los portales (hace 30 años)


(Incluído en mi "Rumor de inventario")
 
De “Funes, en los portales” (1988)

[Más de diez años me tomó volver con énfasis a la prosa (de fines de los 70 a fines de los 80), en gran parte porque el discurso poético, en mi caso, estaba agotado. En mi primer viaje a Nueva York (1988), escribí fragmentos que no supe encasillar pero que eran importantes para mí: una manera de verme diariamente en una rutina de la cual luchaba por escapar con la imaginación y mi corta estadía en el Monasterio de Bellefontaine (Francia), con la comunidad cisterciense. Impactado por un Dios que no conocí sino hasta muchos años después, estos fragmentos fueron publicados en una edición de 50 o 100 ejemplares. Creo las siguientes partes pueden ser provisionalmente salvadas del fuego.]


Ayer

Para los espiritualistas orientales, los seguidores de Dios deben ser fuertes, constantes y tener como único fin el triunfo de esa magna idea que llaman El Pre-Existente. En casa, durante largos períodos, yo también trataba de ganar una forma de disciplina ligada a una intención desconocida. A eso de las tres de la madrugada, totalmente despierto y con ganas de practicar la vigilia, me levantaba. Escribía y oraba. Ponía mi habitación en orden. Luego me instalaba en el escritorio con la Biblia frente a mí. Leía pasajes y proverbios una y otra vez. Lentamente, como quien inicia una larga travesía por el mar. Iba del Génesis al Eclesiastés y luego saltaba a Jonás. Yo era ese hombre atrapado en tres días de eterna oscuridad. Mi vida era el gran y temible Leviatán del cual no podía escapar. Un animal huidizo cuyo sentido perseguía desde hacía siglos, desde mis otras vidas. En cada uno de esos momentos, la privacidad, el monólogo, las confesiones hechas a seres amados, todo era un abanico que se abría y buscaba con afán explicaciones a los momentos desconocidos.

De regreso al mundo de los muertos, nuevamente en mi habitación, cerraba el libro sagrado. Esperaba la inmediata claridad del día, quería terminar el combate contra las tinieblas. A eso de las seis venía la luz. El cielo era de un azul intenso, violeta, turquesa, celeste, y las primeras nubes se distinguían en lo alto. Mi corazón seguía vacío pero podía escuchar y disfrutar del canto de los pájaros, de la tibieza de la mañana ecuatorial. Cuando la claridad invadía todo, me daba cuenta de que también luchaba contra ella y mi metamorfosis interior. Tendía a ser otro pese a guarder la calma. El enfrentamiento no era contra la dispersion sino contra lo pagano y lo vulgar que estructuraba el mundo y las acciones de los hombres. Veía gente vacía, falsa. Hombres que hablaban de cosas que no sabían ni sentían pero que les reportaban réditos y el temible reconocimiento público. Sus palabras eran remedo de un discurso muy distante de Dios. Durante el día podía hacer cualquier cosa, cualquier intento de rectificación de mi propia vida. A menudo terminaba bebiendo en suburbios y cantinas margianles, en casas ajenas. O arrimado a árboles y portales. Esperaba la noche hasta que el mareo apareciera. Y, como el más elemental y común de los mortales, regresaba a acostarme y dormir. En el fondo, no pasaba de ser un hombre corriente con largos ratos de contemplación, con silencios ayudados de imágenes y citas. Era un tipo viviendo en medio del transcurrir de los días. No estaba preparado para ir más lejos. A lo mejor no lo estaría nunca. Mi situación, eso que llaman “el aceptarse tal como uno es”, era un asunto doble: el paganismo diario y una subversión pecaminosa de todo orden personal.


Hoy

Es probable que también lleves en tu vida un gran dolor, un asunto pendiente y grave del cual no puedes desprenderte. Sin embargo, llega un día esplendoroso en que tienes en la cabeza sonidos e imágenes que se repiten y fluyen como un caudaloso río que desemboca en el océano. Así, aparecen viejas escenas…

* * *

En la tierra hay diminutos pedazos de madera. El río se va con un cerro de balsa. Los barcos cambian de posición con la marea. Cruza un hombre como un espectro. Pasa lento, hunde el remo en el agua y la barca se desliza con suavidad. Me ve, hace un saludo con la mano y se pierde en los muelles inservibles. George Séferis habla de ese hombre que vemos desnudo a media noche frente al espejo, del reflejo o sombra que se apropiará algún día de nuestro cuerpo. Mi cuerpo y mi alma verdaderos están libres y aún me pertenecen. Y, no obstante, buscan otra dimensión para unir el trabajo, la necesidad de vivir y la pasión por la vida. Hay una separación irremediable entre el mundo, Dios y el hombre. Esa trilogía, si alguna vez existió, ya está más. Por lo tanto: jodámonos o alegrémonos. Segunda reflexión simple…

* * *

Un líquido lubrica la matriz, los pétalos de esa rosa delgada y profunda se abren poco a poco. El olor es una mezcla de miel, sal y ostras. Es hermoso el cántaro protegido por arbustos oscuros y claros. El bosque encantado que tiene un recipiente en el cual el hombre bebe hasta olvidarse y el gran dolor comienza a pasar. Una marejada que desciende y deja la orilla descubierta, sucia y llena de residuos. La tranquilidad inicia su regreso. Echas una piedra al río haciendo un círculo en la superficie. La orilla de enfrente, la isla, está muy distante. Es difícil verla con claridad.

* * *

Después de leer un cuento de Borges tuve un sueño obsesivo: era un tigre que estaba enjaulado. Una extraña fuerza me impedía luchar contra ese encierro. No intenté saber qué significaba el sueño. Comencé a leer todo lo que podía y me llevaría al mundo onírico, al lugar sin repeticiones. Quizá esté imitando a ese tigre extraño y fantástico y un día me apropie de él, aunque sin tener nada original que añadir. He unido felízmente el gusto con el grado superior de la imitación, con la asunción total de la otra identidad. A lo mejor luego acepte que después de esta etapa de climax en el reconocimiento de uno mismo, viene la verdadera madurez. Pero, por ahora, no tengo el más mínimo interés en llegar a ese momento. Nada interesante encuentro en jugar a entenderlo todo. No he tenido nunca identidad, ni vida autónoma ni original. Por la calle lo que camina es la sombra de ese muchacho que creció en la Ciudadela 9 de Octubre. Mi antiguo cuerpo yace en el corazón de una muchacha o en las líneas de libros no vendidos…

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Strinberg sueña con dragones y lenguas de fuego que surgen en medio del carbón de su cocina. Yo era Strinberg mientras escribía mi diario oculto, mi libro negro. Queriendo mostrar una pretendida pluralidad, nunca salí de las frases ampulosas, de los lloriqueos confesionales en los que repetía una y otra vez que algo me faltaba. Paris también se podía ir a la mierda. Volvía en esos momentos a mi número favorito, al legendario cero y sus variables: cero a la izquierda, cero tachado, cero mejor no escribo, cero no vale nada, etc. Retomo la marcha y busco el bar de Rumichaca y Ayacucho para escuchar algo de Benny Moré…

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¿Qué sentido tiene buscar en la infancia las cosas gratas? Si sacamos bien las cuentas, hay más cosas tristes por decir. Debe haber algo, aunque sea ficticio, que nos ayude a creer que ese tiempo fue de felicidad, porque el otro, el que uno arrastra consigo mientras crece, está lleno de desconfianza o exceso de conciencia, o de desiluciones, que son la forma más contundente de la tristeza…

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Cuando el amor llegaba con el paso de los primeros días no sabía quién era yo. Me diluía completamente en el otro cuerpo. No era yo sino otro el que estaba allí. Fabricaba un lenguaje distinto, más real y abierto, un nuevo contacto con el cosmos. Podía percibir claramente el universo. Las vibraciones de las personas que se acercaban a mí me parecían buenas, excelentes, porque el amor es una droga que provoca lucidez: Toda mujer resume a esa muchacha de la infancia que desaparece en medio de un tiempo que nos da largos descansos, hasta que después de varios años surge nuevamente, con el impetu del sol o de las primeras lluvias de Enero.

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Llueve aún. La lluvia también nos pone tristes. Pero si hay a tu lado una mujer con quien puedas caminar por las calles, ese momento es toda la gloria. Y la lluvia es como una capa que Dios envía a sus hijos para que protejan lo más hermoso de sí mismos, para que mantengan el reencuentro con ese ser perdido en la prehistoria. Si esa mujer te habla y da lo que ella es, y si por acaso aquellos coincide con lo mejor que te ha pasado en el día, la lluvia será un gran tiempo festivo, la dignificación de la especie. Pero solos, así como estamos y vivimos, la lluvia es nada más que un montón de agua que jode y llena las calles de lodo y basura y trae mosquitos y enfermedades y todo apesta. Tú apestas, la vida y la ciudad entera apestan.


Ayer

Con todo el tiempo de ocio a mi favor solía abrir mi imaginación por caminos que nada ni nadie podían destruir. Pensaba en ballenas grises y azules, podia tocar los enormes cetáceos mientras se formaban olas gigantescas en la superficie y el chorro de agua surgía de sus prominentes lomos. Un cuerpo descomunal se deslizaba como si fuera una frágil hoja que cae y es llevada por la corriente. Veía a un hombre escribiendo una novela en un papel interminable, la historia del género humano, de tribus precolombinas y dialectos mayas, de fragmentos por ordenar y escrituras de otras épocas. La historia deslizándose apacible o cruentamente a través del tiempo, cruzando los límites de la razón y los géneros literarios. Yo estaba nuevamente ahí, viendo al hombre que se deslizaba como el gran Leviatán del que nos habla la Biblia.

Con ese tiempo de ocio descubría también que estaba aplazando algo. Sentía a veces un oleaje que empezaba a tomar fuerza y me podía hacer cometer actos bárbaros, realmente idiotas o intrépidos. Un oleaje que disminuía cuando volvía la calma, cuando tenía el cuerpo de una mujer frente a mí y entraba en él, o cuando el sol y la brisa de la tarde caían sobre mí como un baño de naturaleza y divinidad.

Ese algo desconocido me remitía a anécdotas inconclusas, al temor de verme nuevamente con los fantasmas de otras épocas. No, es mejor destruir las cartas de amor pasados los primeros meses, cuando la fantasía se termina y adviene el tiempo de la conciencia y el hastío.


Ayer, después

Pasado el tiempo de histerias y caminatas en búsqueda de mí y del otro que fui, pasado el lapso del reconocimiento de los colores del cielo, de la caída del sol en dirección al mar, pasados los días de cicatriz y nuevas heridas, como un demente que necesita salir a encontar otras palabras, llegué a Nueva York, the Big Apple, the other hole of the world, la casa de mi hermana y su familia. Sí, estaba en Nueva York…

Sin embargo, no aparecían nuevas historias. No veía a Henry Miller por ningún lado. Lo busqué en los muelles, en los interminables edificios de ladrillo, y nada. Se había mudado, supe que lo había hecho y para siempre, según sus palabras. Me decían que estaba en California o en Grecia, pero yo intuía que había vuelto a Francia, que a esas horas estaría dándose un paeo en bicicleta por Avignnon, Place de Clichy o por los canales de Jaurés, encontrándose con Alfred Perles, Cendrars o algún hindú que lo hubiera reconocido por la calle.

Lo veía otra vez sentado en La Coupole, tomándose un trago con Marlon Brando. Un Brando herido, repitiendo mágicos monólogos de Apocalipsis Now o The Last Tango in Paris. Podía escuchar sus palabras, sus ironies acerca de la literature y su eternal pobreza. Lo veía entrar a Villa Seurat y perderse en la multitud que invadía los boulevares. Lo veía inclusive en California, sentado en un bar con una cantante japonesa. Pero nunca en Nueva York. El viejo Miller había vuelto a ua vida sin responsabilidades, a un tiempo que lo santificaba todo.


Ayer

Pasaban meses lenta y duramente y yo seguía ahí. Cada mañana deseaba que ese día transcurriera pronto, lo más pronto possible. ¿Qué hacía? Lo mismo: leía, escribía, trabajaba (o a la inversa). Recibía correspondencia del país invisible, de Paris y de otros lugares remotos. Ya no podía estar en Nueva York, ya no quería estar y no sabía a qué lugar ir. Pensaba en Australia, en Moscú o en alguna aldea rusa, en los monasterios del Tíbet y en la selva amazónica. Tal como estaba, era capaz de amar, de encantarme por la forma de un clavo o por el recorrido acuático de una tortuga.


Hoy

No hay portales. El caudal del Hudson me regresa al Puerto Invisible. Un río recorre el alma de los hombres, un poema hermético que no puede ser descifrado sino expuesto como jeroglífico milenario en paredes, como quipus o palimpsestos sobre los cuales caen el sol y la memoria fragmentada y todo se escribe nuevamente.

Aún “el río se emborracha con aceite” y sigue el hombre saludándome con la mano mientras hunde el remo en el agua.