viernes, 28 de septiembre de 2012

Navegando por las aguas del Pacífico ecuatorial (Borrador, va sin fotos esta vez)



Navegando por las aguas del Pacífico ecuatorial
Fernando Iturburu
State University of New York en Plattsburgh
                                                                                                In Memoriam Justino Cornejo

Guayaquileña

(Vals de Julio Jaramillo Laurido)

Al volver, después de un año entero
de haber deseado este momento
quiero ser el motivo que llene todo tu pensamiento
Para ver si con el  tiempo
no has olvidado esta promesa
de amarme siempre auque mi ausencia sea tu tristeza (bis)

Guayaquilleña, linda florcita de primavera
de los jardines la más bonita por ser morena,
Guayaquilleña te entrego toda mi vida entera,
con mi canción tambien te entrego el corazón.

(itálicas mías)
En 1974, el sabio ecuatoriano Justino Cornejo  (1904-1988) inicia su libro Los que tenemos de mandinga diciendo:  “Voy en pos de una conciencia negra” . Así resume la necesidad de comprender ampliamente la cultura y situación de los afro-ecuatorianos, no sólo desde el momento en que esta comunidad se funda sino también durante su proceso histórico,  mezcla y discriminación racial, participación y reivindicación social, que deben ser vistos como componentes del movimiento de los demás grupos marginados por el Estado ecuatoriano, sobre todo los indios, montuvios (campesinos de la Costa de Ecuador), mujeres y demás sectores populares. Las páginas  a continuación buscan ofrecer una panorámica de la situación de los afro-ecuatorianos para promover un interés más a fondo sobre el mismo.
En la actualidad, sin que se llegue a un acuerdo total en cifras, se acepta la idea de que, por lo menos, un 10% de la pobración ecuatoriana es negra, una mayoría relative acentada en la provincial de Esmeraldas y, en mucha menor cantidad, aunque de manera concentrada, en el andino Valle del Chota. Ambas geografías con consideradas cunas de la cultura afro-ecuatoriana. Los negros han tenido siempre participación en la política nacional, sea partidaria, sindical o profesional.  Pero, como ocurre en toda sociedad basada en la discriminación, el proceso de mejora humana y social ha sido muy lento. A esto debemos añadir que la investigación especializada,  así como el “pensamiento oficial” de la intelectualidad ecuatoriana, tienden a negar su influencia en el resto de la sociedad ecuatoriana, en un proceso de franco “invisibilización”. Esto, se nota también en la negación del elemento “afro” en otros grupos humanos, sea cultural o biológicamente hablando, lo cual es parte del proceso de “blanqueamiento” de la sociedad. De esa manera, se excluyen otras geografías, como al Costa ecuatoriana, sobre todo la ciudad de Guayaquil, ampliamente marcada por lo “afro”. Los censos también han pasado por alto la importancia de esta ampliación cultural/racial, mencionando como núcleos solamente a Esmeraldas y el Chota, inclusive Quito, ciudad en la cual la presencia afro jamás ha tenido incidencia decisiva.
La realidad obliga, sin embargo, a integrar a Guayaquil, la ciudad más poblada del Ecuador y centro de inmigración nacional, en esta panorámica, pues,  desde hace varios siglos, allí vive una parte muy importante, acaso la mayoría, de los afro-ecuatorianos. Guayaquil, con todo su fervor porteño y  la generosidad de su gente, es también  un  campo de represión, resistencia y florecimiento cultural afro-ecuatoriano. Veamos el inicio general de esta historia.
Una crónica de Cabello de Balboa establece que la historia de los afro-ecuatorianos empieza en la provincial de Esmeraldas, norte costero de Ecuador, hacia 1570, cuando un barco con esclavos de Guinea, en su ruta de Panamá a Perú, naufragó frente a las costas ecuatorianas. Los esclavos alcanzaron  la playa y se establecieron en el territorio que va desde Manta hasta lo que hoy es frontera con Colombia. Luego de luchar contra los indios y estableciendo pactos con ellos, así como casándose con sus mujeres, aparece la primera generación de “zambos” (término usado por los españoles para refererirse a los descendiente de indios y negros), lo que dio lugar a  una “república de zambos” . Este capítulo de libertad y alianzas llega a su máxima expresión cuando los “zambos” ecuatorianos firman un pacto de no agresión con los españoles, quienes, luego de varios intentos, se dieron cuenta de que no podrían doblegar militarmete a los zambos.  Estsos, a cambio, se comprometieron a reconocer la autoridad del rey de España. El cuadro que se reproduce abajo corresponde al día en que los “zambos” se engalanaron para celebrar el acuerdo. Nótese el ornamento y su alto sincretismo: los negros libres llevan narigueras, aretes y lanzas indígenas, pero visten con galas españolas (Phelan 1-11).
[Cuadro pintado y firmado por el indio Adrián Sánchez Gualque,  hacia 1600, exhibido en el Museo de América en Madrid]
Otros investigadores, como el guayaquileño Abel Romeo Castillo, retomando pasajes de crónicas y documentos legales de la Colonia, evidencia  que los negros vivían en Ecuador y formaban parte activa de la economía imperial, como esclavos o libertos que usaban estrategias de negociación hacia una mayor  movilidad social con las autoridades civiles y eclesiásticas (182-191).
La historiadora española María Eugenia Chaves, revisa también las relaciones entre amos y esclavos en el Tardío Colonial, centrándose en el caso de la negra María Chiquinquirá Díaz, quien debió librar una dura y astuta batalla legal en el siglo XVIII de Guayaquil por su emancipación.
Encontramos  testimonios de la presencia de los afro-ecuatorianos también en los manuscritos de algunas religiosas coloniales, como Gertrudis de San Ildefonso, llamada la Perla Mística (Iturburu 2002, 135-171), así como en los relatos biográficos de Santa Marianita de Jesús, la primera santa ecuatoriana (ver cuadro más abajo). En ellas, el personaje afro-ecuatoriano aparece como elemento integral de la historia religiosa del Nuevo Mundo.
[Imagen reproducida por Phelan]
Durante el inicio del siglo XX, la participación de los afro-ecuatorianos en la historia se registra en su participación en las fuerzas liberales de la Costa, representando al sector agro-exportador y financiero, bajo el mando del general Eloy Alfaro, contra los conservadores andinos, los mismos que mayoritariamente favorecían el latifundio, el huasipungo y otras formas de explotación, remozamientos de las mitas.  En este capítulo, Luis Vargas Torres y Carlos Concha Torres, líderes militares esmeraldeños no negros,  aparecen dirigiendo las montoneras afro-ecuatorianas que apoyabas a Alfaro. En este apartado vale mencionar que la historia militar del Ecuador reconoce el aporte de los afro-ecuatorianos como baluarte de las Fuerzas Armadas, unas veces participando como fuerzas regulares, otras como batallones especializados.
Para 1910, fecha en la cual el general Eloy Alfaro era presidente, en Guayaquil, por ejemplo, se registra la participación de afro-ecuatoriano a distintos niveles sociales: como obreros de los ferrocarriles (aproximadamente cuatro mil jamaicanos fueron contratados para ello, de los cuales, unos trescientos se quedaron en Ecuador), o empleados en la recolección y selección de la pepa del cacao (Clark 89), pero también en el proceso educativo. En la foto siguiente, aquí abajo, la orquesta de la Escuela Filantrópica es dirigida por el niño negro Nicolás Mestanza, lo cual fue registrado como todo un acontecimiento social. Nótese también la presencia de otros niños afro-descendientes o de piel oscura.
[Foto tomada de Guayaquil a la vista. Colección de fototipias, de Juan B. Ceriola, presbítero. Barcelona: Casa Viuda de Luis Tasso, 1910)
El gran investigador estadounidense Norman Whitten, quien a lo largo de más de cuarenta y cinco años ha escrito sobre Ecuador, es el pilar indiscutible de los estudios de los afro-ecuatorianos de la provincial de Esmeraldas. En su obra se aprecia el sofisticado mundo de los afro-ecuatorianos, su religión,  música y bailes (de marimba sobre todo), ritos y ceremonias de nacimiento y muerte (arrullos, alabaos, currulaos, chigualos), instrumentos que se utilizan en los conjuntos representatives (cununo, bombo y guasá). Whitten ha demostrado la manera en que “lo nacional” (ecuatoriano) se funde con lo local y lo racial (esmeraldeño y choteño), así como las contradicciones internas de todo proceso de sincretización, tanto en la vida diaria como en los ritos (1974).  Su trabajo, así como el de sus seguidores, reconoce la gran influencia de la cultura negra colombiana en los esmeraldeños (sobre todo los de San Lorenzo, baluarte de la cultura esmeraldeña) y los andinos del Chota, influencia asumida como un “préstamo cultural”. A este capítulo de influencia “externa” cultural, se debe añadir la de los jamaicanos, quienes llegaron vía Panamá para continuar la construcción del ferrocarril (Clark).




[Aquí se aprecia al grupo Bambuco un conjunto de marimba esmeraldeña. La marimba es tocada muchas veces a cuatro manos. Vemos también el bombo, el cununo y la/el guasá]
Junto a la magna obra de Whitten se registran otros esfuerzos, mucho menores pero necesario reconocer. En ellos se evidencian los síntomas del racismo , tanto como complejo asumido,  consciente e inconscientemente por  la misma comunidad afro en su proceso de “blanqueamiento”, muchas veces bajo el eufemismo de “mestizaje”, así como por el resto de la sociedad ecuatoriana. Esto es claro en áreas como la publicidad y la organización de las noticias en los medios de comunicación, el fútbol (la selección ecuatoriana de fútbol está compuesta mayoritariamente de afro-ecuatorianos), en los concursos de belleza de mujeres (una reina nacional o urbana es motivo de escándalo), en la política (el asesinato de Jaime Hurtado, ex-candidato a la presidencia de Ecuador, militante de izquierda que murió a manos del sicariato, como represalia por su investigación en casos de narcotráfico).
[La selección ecuatoriana de fútbol ha clasificado dos veces a los mundiales. La mayoría de sus miembros son afro-ecuatorianos de Esmeraldas y el Chota, o de ciudades con una gran influencia afro, como Guayaquil]
La manera en la cual los medios de comunicación retratan a los afro-ecuatorianos, así como otros grupos marginados, demuestra no sólo el racism nacional como ideología imperante sino también el límite de su lugar en la economía nacional: la mayor revista de Ecuador, Vistazo, a lo largo de su historia ha dado pruebas contundente de una clasificación puramente racista de los afro-ecuatorianos, quienes aparecen “realzados” a través de estereotipos, siendo finalmente sublimados y convertidos en objeto de terror o de deseo sexual (Rahier).  Hasta ahora no ha habido una valoración justa ni amplia sobre los afro-ecuatorianos, salvo recientes execepciones como la de los periodistas Francisco Santana (diario El Telégrafo de Guayaquil) y Juan Montaño Escobar (diario Hoy de Quito), quienes combinan la crítica social junto a la recopilación de testimonios personales de afro-ecuatorianos en crónicas y entrevistas.


[Nótese el lugar doblemente marginal que ocupa la mujer afro-ecuatoriana en el Guayaquil de los cuarentas: en esta caricature ella es una empleada doméstica y no tiene voz en el diálogo. Las referencias al tema de la salud –tan importante en una ciudad húmeda y tropical- no deja de tener un tinte irónico sexualizado, aunque no se puede descartar una lectura entre-líneas que sugiere que el cuerpo de una mujer blanca merece más cuidado, “respeto”  y derecho que el cuerpo de una mujer negra. Tomada de Los tiempos pasados fueron mejores,Volumen II, de Jaime Salinas]

[En esta caricatura se observa nuevamente la ideología nacional sobre el negro militarizado. En Los tiempos pasados fueron mejores,Volumen II, de Jaime Salinas]
De la misma manera en que los afro-ecuatorianos no son solamente aquellos que viven en el norte de Ecuador, sea la provincia de Esmeraldas o el valle andino del Chota, sino todos los que viven en el territorio nacional (hay inclusive grupos en la Amazonía y en el sur costeño, por ejemplo), su presencia cultural cruza a otros niveles de mayor conflictividad, pues aparecene en el centro mismo del problema de la identidad “nacional” y la representación “individual”. Veamos el caso del poeta Medardo Angel Silva.
El antropólogo guayaquileño Hugo Benavides, en su libro The Politics of Sentiment. Imagining and Remembering Guayaquil , dedica varias páginas al caso del celebrado poeta Medardo Angel Silva. Este autor del poema “El alma en los labios”, emblemático en la voz de Julio Jaramillo, en una de sus cartas se quejaba del color de su piel, de su físico de “moro”, cuando, argumentaba Silva, él era descendiente de españoles blancos. Benavides reflexiona sobre la contradicción personal y la palabra del poeta, pero, más que nada, a partir de entrevistas y la recepción de Silva en algunos guayaquileños, evidencia que los lectores de Silva jamás ni siquiera han pensado la idea de que su poeta favorito, el más nombrado de Ecuador,  sea descendiente de negros.

Este dilema entre lo personal y lo social en Silva nos interroga, al mismo tiempo, sobre lo que podríamos llamar “otro dilema de la dentidad ecuatoriana”.  ¿Quiénes están autorizados a hablar en nombre de la raza negra? ¿Los biologistas o los culturalistas? ¿Solamente los negros? Varias veces me he topado con afro-ecuatorianos que quisieran ser llamados simplemente por su nombre, o que prefieren la palabra “negro” en vez de la políticamente correcta “afro-ecuatoriano”, pues les suena más a eufemismo. Para los biologistas la solución es de una ortodoxia brutal, enraizada generalmente en la reivindicación romántica (aunque quizá necesaria) de una “Africa” únicamente formada por “negros”: el color de la piel  es lo que decide la membresía cultural.  Para los culturalistas la respuesta viene dada a través del debate de lo que es “poesía negra” versus “poesía negrista” (algo que Jorge Luis Borges veía en términos de “poesía gaucha” versos “poesía gauchesca”), tan importante para el movimiento de la “negritud”, el mismo que desplegó dudas epistémicas sobre los conceptos de raza,  valores sociales y tradición literaria.
Esta segunda perspectiva, en el caso de la cultura y literaturas afro-ecuatorianas, se muestra como más democrático  e incluyente, pues el color de la piel es subordinado a las determintes históricas, en las cuales priman lo social y económico, junto a lo ideológico y lo individual. Así, podríamos decir con felicidad que en Ecuador somos negros también los que llevamos algo de negro o adoptamos lo negro como parte de lo que somos.  De esta manera, todo aquello que se refiere a los afro-ecuatorianos sería patrimonio ya no de una raza o una provincia o valle andino sino de todos los habitantes que se reconocen en ese espítiru, en esa cultura, en esa experiencia humana.  Se puede, entonces, entender que lo negro, la negritud de los ecuatorianos, está tanto en el estudiante que emigró de Esmeraldas  a Guayquil siendo muy joven y se hizo médico y vive para siempre en la urbe porteña, como en los que comparten esta experiencia de emigración, tropicalidad y mantenimiento de las costumbres. Paralelamente, se debe entender que ese mismo medico hace de su experiencia cultural y personal un element más de la experiencia de la inmigración en Ecuador y de la misma experiencia humana. Asumo que de esta manera se puede comprender mejor del legado “negro” .
En estas mismas coordenadas de asunción del legado afro podemos integrar el trabajo del poeta y cronista afroguayaquileño Jorge Martillo Monserrate,  así como parte de la obra del escritor Jorge Velasco Mackenzie (Handelsman),  así como la poesía de Agustín Vulgarín y Fernando Nieto Cadena, a quien le gusta recordar la cita de citar a Arrom que dice: “Guayaquil es el último Puerto del Caribe” (Iturburu 2006, 72-73), donde el que no tiene de inga tiene de mandinga.
En el estudio regular de los escritores propiamente afro-ecuatorianos (o quizá deberíamos decir de lo afro-ecuatoriano en la literatura) nos encontramos con los nombres de Adalberto Ortiz, autor de la novela Juyungo, el escritor Nelson Estupiñán Bass y el poeta Antonio Preciado.  Al inicio de sus carreras, dichos escritores realzan a su raza a través de la reproducción fonética del habla cotidiana en sus obras para luego abrazar causas más universales, dando una idea de comunidad racial más compleja y enriquecida, como corresponde a un programa de “etonopoética” (Jackson).
[Fotografía del poeta esmeraldeño Antonio Preciado, el poeta afro-ecuatoriano más estudiado y traducido. Actualmente -2008- es Embajador de Ecuador en Nicaragua, luego de haber sido Ministro de Cultura, delegado a la Unesco -2006- y funcionario del Banco Central]
A más de estos tres escritores, poco es lo que se sabe (¿o se produce?) de la literatura afro-ecuatoriana, tanto en Esmeraldas como en el Chota.  Constance Garcia-Barrio, escritora e investigadora, es una de las que se ha adentrado en el tema.  Sorprendentemente, en su ensayo “Blacks in Ecuadorian Literature” estudia a autores  totalmente desconocidos en el resto de Ecuador, como Julio Estupiñán Tello, Mireya Ramírez, José Ortíz Urriola, Héctor Casierra Perlaza, y el inédito Nelson Ortíz Estafanuto, entre otros. En ellos encuentra una persistente representación del personaje negro, a caballo entre lo “típico” y lo experimental.
Al entender la situación de los afro-ecuatorianos en el contexto de los demás habitantes de Ecuador, sobre todo de la clase media y popular, la cultura amplía su radio de influencia y “lo afro” pasa a ser mecanismo de identidad de un grupo mayor.  En Ecuador, los casos de los poetas guayaquileños  Agustín Vulgarín (1938-1986) y Fernando Nieto Cadena, ilustran la manera en la cual la poesía ecuatoriana asume el legado afro por encima de las determinaciones raciales.  Y, como obvio resultado, generan una poética que rebasa en mucho las limitaciones geográficas, no obstante estar fuertemente enraizadas en el habla y la vida cotidianas de su entorno.
Hemos navegado brevemente por las aguas ecuatoriales “en pos de una conciencia negra”.  Detrás de la historia iniciada hace más de cuatro siglos, detrás de los guerilleros liberales, los futbolistas, las reinas de belleza, los politicos, los profesionales y escritoires afro-ecuatorianos, están también todos aquellos que contribuyen a esta historia y que la taxonomía racist ha calificado de morenos, niches, negros, zambos, mulatos , esos que con orgullo Justino Cornejo, viéndose a si mismo dentro del mosaic, reconocía diciendo “los que tenemos de mandinga”.
Obras citadas
Benavides, O. Hugo. The Politics of Sentiment. Imagining and Remembering Guayaquil . Austin: U of Texas P, 2006.

Castillo, Abel Romeo. Los gobernadores de Guayaquil del siglo XVIII. (Notas para la historia de la ciudad durante los años de 1763 a 1803). Madrid: Galo Sáenz, 1931.

Ceriola, Juan B. Guayaquil a la vista. Colección de fototipias. Barcelona: Casa Viuda de Luis Tasso, 1910.

Chaves, María Eugenia. María Chiquinquirá Díaz, una esclava del siglo XVIII. Acerca de las identidades de amo y esclavo en el Puerto colonial de Guayaquil. Guayaquil: Archivo Histórico del Guayas, 1998.
Clark, A. Kim. The redemptive work. Railway and nation in Ecuador, 1895-1930. Wilmington, Del: SR Books, 1998.
Cornejo, Justino. Los que tenemos de mandinga. Portoviejo, Ecuador : Gregorio, 1974.

García-Barrio, Constance. “Blacks in Ecuadorian Literature” en Cultural Transformations and Ethnicity in Modern Ecuador. Norman Whitten Jr., ed. Urbana: U of Illinois P, 1981.
Handelsman, Michael. Lo afro y la plurinacionalidad: el caso ecuatoriano visto desde su literatura. Romance Monographs Number 54, University of Mississippi, 1999.
Iturburu, Fernando. El eco de un tambor. Entrevistas a seis escritoires ecuatorianos. Quito: Centro Ecuatoriano Norteamericano, 2006.
---. Lecturas prohibidas de la literatura ecuatoriana. Guayaquil: U Católica de Guayaquil, 2002.
---. Black writers in Latin America. Albuquerque: U of New Mexico P, 1979.
Phelan, John Leddy. The Kingdom of Quito in the Seventeenth Century. Bureaucratic Politics in Spanish Empire. Madison: U of Wisconsin P, 1967.
Rahier, Jean Muteba. “Blackness, the Racial/Spatial Order. Migrations, and Miss Ecuador 1995-96”. American Anthropologist. New Series. Vol 100, number 2. (1998) 421-430.
---. “El Mundial de Fútbol 2006 y la Selección Ecuatoriana. Discurso de Alteridad en la Internet y en la Prensa. Discurso & Sociedad.  (2008), 2(3) 609-641.

---. ‘“Mami, ¿qué será lo que quiere el negro?': Representaciones racistas en la revista Vistazo, 1957-1991,” in Ecuador racista: imágenes e identidades , Emma Cervone and Fredy Rivera Ed., Quito: FLACSO-Sede Ecuador (1999) 73-110.

Salinas, Jaime. Los tiempos pasados fueron mejores. Guayaquil: La Prensa, 1944.
Whitten, Norman Jr.  Black Frontiersmen. A South American Case. New York: Halsted P, 1974.
---  Blackness in Latin America and The Caribbean: Social Dynamics and Cultural Transformations. Volume I. Bloomington: Indiana UP, 1998.




viernes, 31 de agosto de 2012

Rosa Primavera: Letra: Fernando Iturburu. Música: Rick Davies

Me  contaba Rick que en Colombia (Cali) esta canción se escuchaba con fuerza y era la primera de ese momento o estaba entre las primeras, y que lo entrevistaban a él con afán en las radios (buen dato). Esta canción de amor la escribí para mi madre, Armenia Matilde Rivadeneira Peralta, luego de que ella murió, cuando me di cuenta de que siempre iba a estar conmigo y yo con ella, como ocurre generalmente con todo hijo y sus padres (de ellos venimos y a ellos vamos)... La parte que dice "eres fruta, eres canción" es un reciclaje del título/unas líneas de un cuento de la Generación del 30 (les pongo de tarea el autor y el título). Quizá es la más personal y afanosa. El cantante es el mismo de Salsa Picante y, asumo, por eso quizá no se preocupó del mensaje romántico, cuanto de dejarla como parte del estido "salsa dura" (o gorda, como dicen los boricuas).

jueves, 30 de agosto de 2012

BAILE DE AMOR. Música: Rick Davies, Letra: Fernando Iturburu

Es una canción escrita pensando en mi hija mayor, mi amada Fabia Matilde, es también un tema de amor y, recuerdo, es muy autobiográfico, pues recién hace pocos años descubrí la felicidad de ser padre (el tiempo pasó pasó... etc). la parte que dice: muero por sus grandes ojos hechiceros... son los ojos de mi hija: oscuros, grandes y hermosos. El cantante, sin embargo, me pidió permiso para hacer unos breves cambios y aumentar la tensión sensual, desconociendo él la razón original, y pensando -por suerte- más en la manera de captar la etención de los bailadores y las parejas. pero es originalmente una canción pensando en mi Fabia Matilde.

REQUIEM POR UN AMIGO: Música: Rick Davies, Letra: Fernando Iturburu

Aquí una canción que escribí pensando en El Justiciero, aquel personaje del "bajo mundo" de Manabí. Esta es su historia, tal como me la contaron, pero también es la historia de mi querido Memo (La Memoria) y un poquito la del Chugo, de Carlos Ríos, de Monín Tenén, David Ruiz, Bolivar Rodríguez y la de todos nuestros muertos siempre vivos y la de todos los que crecimos en el barrio, allá en el sur de Guayaquil. Ya le rindo homenaje (aún estando en vida, sin que él lo hubiera sabido) en unas páginas del tercer libro del Cholo Cepeda (La Trilogía Chola): El regreso del Cholo Cepeda.

¿Quién dice que no se puede escribir letras de salsa?

Aquí la portada del último CD de Rick Davies que incluye cuatro canciones de autoría de este bello ejemplar del Trópico, otrora zambo y meluna, agora ya calvino. Las canciones son: Baile de amor, Requiem por un amigo, Lady K, y El hombre de Panamá. Anteriormente salieron Rosa Primavera, Fiesta en el Bronx, Habana nocturna, que posteo y comento de puro vanidoso.

El proceso de escritura de las letras de canciones para Rick Davies ha sido siempre muy divertido: él me pasa la banda musical y yo trabajo la letra. Por respeto, siempre le pregunto si tiene alguna sugerencia temática, pero él más o menos pasa de eso, y tengo total libertad para introducir material personal o de otro tipo. Una vez que la escucho hago el conteo silábico y trabajo con rima, generalmente asonante. Los versos pueden ser dividios en dos partes. La canción, como toda canción de género popular, debe contar una historia, algo que recuerde el bailador, el que escucha, la pareja. Una vez que tengo lista la letra me doy unos días para pulirla. Nunca le dedico mucho tiempo a la primera versión y la hago en tiempo cerrado, muy limitado, unas pocas horas (bielas incluídas, pero nada de emplutarse), hasta tener la melodía bajo control y dejar que las palabras fluyan naturalmente. Al final, me reúno con Rick en su estudio y hacemos las correcciones necesarias según el corte de la canción. El resto pertenece al gordo y al cantante.

Sería bueno que este espíritu de colaboración, claramente beneficioso, existiera entre músicos salseros y otros y poetas o escritores de Ecuador y el mundo. Es escandaloso que habiendo tantos poemas hermosos en, por ejemplo, Ecuador, los músicos nacionales se conformen con la repetición o con textos grotescos (es decir, que mezclan lo bello y lo repugnante) como se nota en varias letras de cantantes "urbanos" (ponle tú los nombres que quieras, que para achaque hasta ahí nomás llego).

Ahora, mira más arriba en donde incluyo las cancones en youtube: salen ya.

(quedan doa que aún nadie ha subido/posteado, en mi archivo un bolerito viejo y otra salsa-jazz que espera su oportunidad).


martes, 28 de agosto de 2012

Gramsci on "the formation of intellectuals"


en: http://www.workersliberty.org/story/2010/10/06/gramsci-formation-intellectuals

Gramsci on "the formation of intellectuals"

Gramsci
Author: 
 Antonio Gramsci
The problem of creating a new stratum of intellectuals consists in the critical elaboration of the intellectual activity that exists in everyone at a certain degree of development...
The traditional and vulgarised type of the intellectual is given by the man of letters, the philosopher, the artist. Therefore journalists, who claim to be men of letters, philosophers, artists, also regard themselves as the "true" intellectuals. In the modern world, technical education, closely bound to industrial labour even at the most primitive and unqualified level, must form the basis of the new type of intellectual.
On this basis the weekly Ordine Nuovo [edited by Gramsci in Turin from 1919] worked to develop certain forms of new intellectualism and to determine its new concepts, and this was not the least of the reasons for its success, since such a conception corresponded to latent aspirations and conformed to the development of the real forms of life.
The mode of being of the new intellectual can no longer consist in eloquence, which is an exterior and momentary mover of feelings and passions, but in active participation in practical life, as constructor, organiser, "permanent persuader" and not just a simple orator (but superior at the same time to the abstract mathematical spirit); from technique-as-work one proceeds to technique-as-science and to the humanistic conception of history, without which one remains "specialised" and does not become "directive" (specialised and political).
Thus there are historically formed specialised categories for the exercise of the intellectual function. They are formed in connection with all social groups, but especially in connection with the more important, and they undergo more extensive and complex elaboration in connection with the dominant social group.
One of the most important characteristics of any group that is developing towards dominance is its struggle to assimilate and to conquer "ideologically" the traditional intellectuals, but this assimilation and conquest is made quicker and more efficacious the more the group in question succeeds in simultaneously elaborating its own organic intellectuals.
The enormous development of activity and organisation of education in the broad sense in the societies that emerged from the medieval world is an index of the importance assumed in the modern world by intellectual functions and categories. Parallel with the attempt to deepen and to broaden the "intellectuality" of each individual, there has also been an attempt to multiply and narrow the various specialisations. This can be seen from educational institutions at all levels, up to and including the organisms that exist to promote so-called "high culture" in all fields of science and technology...
It is worth noting that the elaboration of intellectual strata in concrete reality does not take place on the terrain of abstract democracy but in accordance with very concrete traditional historical processes. Strata have grown up which traditionally "produce" intellectuals and these strata coincide with those which have specialised in "saving", i.e. the petty and middle landed bourgeoisie and certain strata of the petty and middle urban bourgeoisie.
The varying distribution of different types of school (classical and professional) over the "economic" territory and the varying aspirations of different categories within these strata determine, or give form to, the production of various branches of intellectual specialisation. Thus in Italy the rural bourgeoisie produces in particular state functionaries and professional people, whereas the urban bourgeoisie produces technicians for industry. Consequently it is largely northern Italy which produces technicians and the South which produces functionaries and professional men.
The relationship between the intellectuals and the world of production is not as direct as it is with the fundamental social groups but is, in varying degrees, "mediated" by the whole fabric of society and by the complex of superstructures, of which the intellectuals are, precisely, the "functionaries". It should be possible both to measure the "organic quality" [organicità] of the various intellectual strata and their degree of connection with a fundamental social group, and to establish a gradation of their functions and of the superstructures from the bottom to the top (from the structural base upwards).
What we can do, for the moment, is to fix two major superstructural "levels": the one that can be called "civil society", that is the ensemble of organisms commonly called "private", and that of "political society" or "the State". These two levels correspond on the one hand to the function of "hegemony" which the dominant group exercises throughout society and on the other hand to that of "direct domination" or command exercised through the State and "juridical" government.
The functions in question are precisely organisational and connective. The intellectuals are the dominant group’s "deputies" exercising the subaltern functions of social hegemony and political government. These comprise:
1. The "spontaneous" consent given by the great masses of the population to the general direction imposed on social life by the dominant fundamental group; this consent is "historically" caused by the prestige (and consequent confidence) which the dominant group enjoys because of its position and function in the world of production.
2. The apparatus of state coercive power which "legally" enforces discipline on those groups who do not "consent" either actively or passively. This apparatus is, however, constituted for the whole of society in anticipation of moments of crisis of command and direction when spontaneous consent has failed.
This way of posing the problem has as a result a considerable extension of the concept of intellectual, but it is the only way which enables one to reach a concrete approximation of reality...
The political party for some social groups is nothing other than their specific way of elaborating their own category of organic intellectuals directly in the political and philosophical field and not just in the field of productive technique. These intellectuals are formed in this way and cannot indeed be formed in any other way, given the general character and the conditions of formation, life and development of the social group...
That all members of a political party should be regarded as intellectuals is an affirmation that can easily lend itself to mockery and caricature. But if one thinks about it nothing could be more exact. There are of course distinctions of level to be made. A party might have a greater or lesser proportion of members in the higher grades or in the lower, but this is not the point. What matters is the function, which is directive and organisational, i.e. educative, i.e. intellectual...
From The Formation of Intellectuals, in Selections from the Prison Notebooks.

domingo, 29 de julio de 2012

Rafael Castañeda García Intimidades enclaustradas: sexualidad y moral. Entrevista con Asunción Lavrin (Guanajuato, Mexico, agosto 2011) Cloistered intimacy: sexuality and morality. Interview with Asuncion Lavrin [11/07/2012]


Texto integral

Introducción

1La doctora Asunción Lavrin es profesora emérita del departamento de Historia de Arizona State University. Nacida en Cuba, realizó sus estudios de posgrado en Estados Unidos en la Universidad de Harvard, y en 1963 concluyó su doctorado con la tesis “Religious Life of Mexican Women in the Eighteenth Century”. A partir de entonces ha investigado múltiples intereses alrededor de la historia de la mujer mexicana, y latinoamericana en el período virreinal y del siglo XX respectivamente. Ha sido defensora del género literario testimonial femenino, y ha escrito varios trabajos historiográficos sobre la mujer en América Latina. Durante el período 2001-2002 ocupó el cargo de presidente de la Conferencia sobre Historia Latinoamericana (CLAH), y recibió la beca John Simon Guggenheim, 2002-2003. En noviembre 2011 fue electa miembro corresponsal de la Academia Mexicana de la Historia.
2Fue la primera mujer en dar una conferencia magistral en un Congreso Internacional Americanista, el realizado en Quito en 1997. Ha escrito numerosos artículos y capítulos de libros en inglés y español. Es autora, coordinadora, y co-editora de varias obras entre las que se pueden citar: Latin American Women: Historical Perspectivas; Sexuality and Marriage in Colonial Latin America; Women. Feminism and Social Change: Argentina, Chile and Uruguay 1890-1940; Monjas y beatas: la escritura femenina en la espiritualidad barroca novohispana, siglos XVII y XVIII; Diálogos espirituales. Manuscritos femeninos hispanoamericanos, siglos XVI-XIX; Brides of Christ. Coventual Life in Colonial México.
(jpeg, 2,2M)Dra. Asunción Lavrin, 27 de agosto de 2011, Guanajuato (México).
  • 1  Entrevista realizada el 27 de agosto de 2011 en la ciudad de Guanajuato, Gto., (México). Agradezco(...)
3Con motivo de las IX Jornadas de Historia, la Universidad de Guanajuato organizó un coloquio dedicado al tema “Fiestas, devociones y religiosidad en Nueva España” donde participaron destacados académicos. Entre ellos se contó con la presencia de la Dra. Asunción Lavrin quien amablemente aceptó la invitación a compartirnos sus vivencias personales y reflexiones historiográficas sobre su trayectoria intelectual[1].

Entrevista

4Rafael Castañeda: Quiero comenzar esta entrevista pidiéndole que contextualice de qué manera se interesó por el estudio de la mujer y cuáles fueron las preguntas que desde la academia se hacían en aquel entonces respecto a este tema.
  • 2  Robert Padden escribió varios libros en la década de 1960, la mayoría sobre México:The Hummingbir (...)
  • 3  Antes de 1960 la historiadora Josefina Muriel había publicado dos libros sobre el tema: Conventos (...)
5Asunción Lavrin: Me interesé en el tema de la mujer desde que llegué a la escuela de posgrado. Mi preparación anterior había sido muy clásica pero cuando ingresé a la academia en los Estados Unidos, por una razón que no te puedo explicar porque no soy muy religiosa, me atrajo el estudio de la Iglesia, como institución. En ese entonces el profesor Robert Padden de la Universidad de California, Berkeley,[2] me sugirió realizar una investigación sobre monjas debido a que en ese momento sólo existían los textos de la historiadora Josefina Muriel.[3] Así que acepté la invitación y vine a México por primera vez, creo que en 1961, y me adentré en el estudio de la historia de la mujer sin un sentido feminista. Cuando concluí mi doctorado me casé y empecé a tener a mi familia, siempre consideré que mi familia y matrimonio eran prioridad y mi carrera después, sin embargo no iba a sacrificar la profesión; se podían manejar ambas.
6A principios de la década de los setenta, se inició en los Estados Unidos el análisis académico sobre la mujer para rehabilitar su memoria dentro de la historia y me fascinó ese nuevo ángulo. Claro, al abordar el tema sobre monjas cualquiera pensaría que se trataba sólo de mujeres enclaustradas, sin embargo, representaban también parte del acervo femenino, ya que muchas de ellas fueron intelectuales que dejaron una gran huella en la historia. Así que el tema no me inhibió porque estaba aprendiendo sobre la historia de la mujer, con especialistas del más alto nivel.
7Asistí a conferencias y a algunos congresos donde empecé a participar con todas las mujeres de avanzada, que también investigaban sobre el tema y me di cuenta que era necesario promover estos estudios sobre la mujer no sólo en México sino en Hispanoamérica, porque había pocas investigaciones al respecto. Tres o cuatro años después me convertí en una de esas mujeres especialistas dentro del escenario norteamericano.
8Desde entonces, ese ha sido mi papel y me han llamado pionera en el ámbito académico norteamericano e hispanoamericano, al abrir nuevos cauces históricos sobre el tema. En los años setenta no había casi nada académico, sólo historias de heroínas pero yo no me dedique a elogiar a las heroínas ni a las madres de la patria. Había que estudiar a la mujer común y corriente dentro de su medio, como persona y personaje histórico, tanto en la época colonial como en los siglos XIX y XX. A partir de ese momento se abrió el camino que he seguido.
9RC: ¿Podría explicar la diferencia entre estudios de género y estudios de la mujer, o es lo mismo?
10AL: No, no es lo mismo. La historia de la mujer se inicio con lo que llamaban de compensación, compensar la falta de la presencia femenina, y había que crear los fundamentos del conocimiento de la mujer per se. En los ochenta, destacados críticos, apoyados en una amplia bibliografía e importantes acervos históricos, demostraron que la historia de la mujer yacía en un vacío y como ente social había también que estudiar el género para saber cómo la sociedad designaba a los individuos un determinado rol. El género se refiere al modo en qué la sociedad condiciona y permite o no permite, restringe a veces, la expresión del ser biológico. Porque una mujer puede nacer mujer pero no necesariamente responder a su ser biológico, lo mismo puede suceder con un hombre. Un niño o una niña tienen toda una serie de presiones sociales que los van encaminando hacía un ser femenino o masculino, y es precisamente eso lo que la historia de género se dispuso a realizar. Ver la formación de una identidad como producto del condicionamiento social.
  • 4  Sobre este tema véase: Asunción Lavrin, “Género e Historia: Una conjunción a finales del siglo XX”(...)
11La historia de la mujer y la historia del género son dos formas complementarias; sin haber echado los fundamentos de la historia de la mujer no hubiera podido haber historia de género. Por ello, hoy en día se hacen estudios de género de la masculinidad en forma paralela a los de la mujer y la feminidad, si bien la historia siempre ha dado cuenta del hombre por haber sido su único protagonista.[4]
12RC: Usted se ha interesado sobre la mujer en el ámbito conventual, su espiritualidad a través de los escritos de monjas. Nos puede decir los tipos de manuscritos o literatura monacal qué existen y ¿cuál son sus características como fuente para entender la religiosidad de las mujeres enclaustradas?
  • 5  México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Pueb (...)
13AL: Recomiendo a los estudiantes que lean un libro que coedité con Rosalva Loreto, que se llama Diálogos espirituales. Manuscritos femeninos hispanoamericanos, siglos XVI-XIX,[5] porque ahí hay un abanico de fuentes no solamente mexicanas sino de toda Hispanoamérica. Además de Sor Juana, de quien no me ocupo mucho porque hay centenares de personas estudiándola, hay que tomar en cuenta que las monjas fueron de las pocas mujeres cultas que podían escribir y leer libros en el período virreinal. Muchas de ellas escribían sobre sus necesidades espirituales, con la anuencia y, en ocasiones, a petición de sus confesores o directores espirituales, quienes deseaban conocer cuál era su proceso religioso y asegurarse que no fueran engañadas por el demonio o que pensaran herejías. A esos escritos se les llaman escritos de mandato.
14Ahora, cuando una monja escribe lo que siente, estamos ante un proceso de creatividad y, eso es lo que quiero subrayar, una mujer con pluma y papel se convierte en escritora. El tema era personal y, a veces, de género menor porque esa no es su tradición ni su formación, aunque desde la Edad Media, las mujeres comenzaron a escribir sobre temas religiosos; era lo más natural, algunas incluso, se entrenaron en el arte epistolar porque era la única forma de comunicarse.
15En el siglo XVI, en España, algunas mujeres comenzaron a escribir novelas; en el período virreinal, en Perú, hubo algunas mujeres poetas; en la Nueva España, algunas otras estudiaron poesía, pero todo era de “puerta adentro”. Las monjas sólo escribían para su núcleo, salvo, Sor Juana, que fue una mujer excepcional que logró publicar sus escritos. Es este proceso de creatividad en el cual la persona vuelca todo su mundo interior sobre el papel, el que otorga a los historiadores la oportunidad de conocer su personalidad. Para valorar su mundo, es importante conocer lo que era la religiosidad del momento, debido a que las monjas muestran ese otro matiz de la espiritualidad femenina, ya que siempre se hablaba de la religiosidad de los grandes maestros espirituales: Fray Luis de Granada o Fray Luis de León, y Santa Teresa.
16En el siglo XVII, se le dio tanto a la mujer española como a la virreinal, la oportunidad de escribir. Los confesores se preocupaban de lo que podían pensar las monjas, por lo que se les otorgó la libertad de expresarse y, a veces, se sorprendían de su vida interior y se volvían adeptos a sus escritos y las protegían. En España se publicaban los manuscritos de monjas o se utilizaban como fuentes informativas para escribir las biografías de esas grandes mujeres.
17Por ejemplo, Sigüenza y Góngora en México recopiló las biografías de monjas ejemplares escritas por religiosas y las incorporó en su libro Parayso Occidental. Otro ejemplo de escritura y creatividad femenina, además de Sor Juana, fue también Sor María Anna Águeda de San Ignacio, en Puebla, quien en el siglo XVIII logró el apoyo del obispo de esa ciudad para publicar sus manuscritos que eran de carácter didáctico-religioso y devocional.
18Cuando se estudian los textos monacales no se debe esperar que sean textos literarios sino más bien historias comunes que las monjas hacían dentro de un ámbito místico-acético, usualmente están hablando de sus raptos, de sus arrobos, lo cual tendría que analizarse bajo otra perspectiva porque hoy, en pleno siglo XXI, existen muchas dudas sobre este tipo de experiencia. Supongamos que ellas sí creyeron que estaban hablando con Dios, se tendría que analizar la forma en que escriben, si usan el diálogo o la forma epistolar, el cariz de su mensaje, y usar esos documentos para tratar de comprender su mundo.
  • 6 Brides of Christ. Coventual Life in Colonial México, Stanford, California, Stanford University Pres (...)
19Precisamente, ahora estudio un epistolario que me permite ver el mundo espiritual de una clarisa queretana. A veces, los escritos semanales de las monjas conformaban un libro al mes y éste constituía un volumen, en él se registraba toda su vida espiritual durante un año, al tiempo que el texto proporcionaba datos históricos sobre su convivencia cotidiana, y esa ha sido mi intención en mi último libro Brides of Christ,[6] que espero se publique en México en el futuro, cuyo propósito es analizar el mundo conventual tal y como ellas lo vivieron. En él se mezclan diversas metodologías, fuentes económicas y conventuales, crónicas de conventos. De hecho, el último capítulo del libro se basa en textos de monjas mexicanas, de los cuales he escogido unos ocho o diez, pero hay muchos más por descubrirse.
  • 7  Lincoln, Nebraska, University of Nebraska Press, 1989, 349 p. La edición en español se publicó en (...)
20RC: Cambiemos la temática de la entrevista, vayamos de las mujeres enclaustradas a un tema más profano como el de la sexualidad, en 1989, coordinó el libro Sexuality and Marriage in Colonial Latin America.[7] A partir de esta experiencia, ¿qué nos puede decir sobre el concepto de sexualidad para las sociedades de antiguo régimen?
21AL: Se trata de un estudio sobre el comportamiento sexual-social del individuo, no es una cuestión meramente biológica sino cómo la sociedad conforma esta actitud en los hombres y mujeres, las restricciones que les imponen y las formas en que se rompe esa sexualidad. Hoy en día el lesbianismo y la homosexualidad también son formas aceptadas de sexualidad, lo que significa que no hay una sexualidad unívoca, hay formas de comportamiento que son mucho más amplias y, al mismo tiempo, es interesante saber cómo reacciona la sociedad con respecto a esas formas de expresión biológica-cultural. La sexualidad también es la base de la familia y, en ese sentido, siempre ha habido una regulación implícita, lo único es que antes no se le llamaba por su nombre.
  • 8  Asunción Lavrin, “Intimidades”, en Alain Musset y Thomas Calvo, editores, Des Indies Occidentales (...)
22Precisamente mi interés por publicar ese libro se debió a que en México, particular, y en Hispanoamérica, en general, no había referencia alguna sobre el tema, por lo que realicé una colaboración colectiva, en la cual diversos colegas aportaron lo que sabían sobre varias regiones y épocas, fue una obra que disfruté mucho porque después de lidiar tanto con monjas y cuestiones piadosas, ver el otro lado de la cara de la luna fue para mi un descubrimiento tremendo. Junto al conocimiento de la sexualidad está el de la intimidad social, en ese sentido escribí un artículo que se llama “Intimidades”,[8] que da la posibilidad de hacer una historia sobre la intimidad de un hombre y una mujer en el hogar, la forma de cómo se manifiesta el amor, su despliegue en gestos y la manera de conducirse unos con otros, así como hasta qué punto la vida intima de una pareja está vigilada y controlada desde el exterior, y qué espacios tiene una pareja para expresar su relación.
23Así que existen muchas formas de aproximarse a la sexualidad, un tema, que llama la atención precisamente porque las personas hoy en día están muy interesadas en ese aspecto de la vida, lo que nos lleva a la búsqueda de una nueva metodología para poder comprender el comportamiento de las personas.
24RC: También se ha insertado en el estudio de la masculinidad, y el uso de su cuerpo, podría exponernos, ¿cuál es la perspectiva de sus estudios y qué nos pueden decir sobre la mentalidad de aquellos hombres y su sociedad?
25AL: Investigo sobres las presiones sociales, educacionales y culturales, que conducen al ser biológico masculino a actuar como un hombre dentro de la sociedad. Claro que un hombre en Nueva Guinea, en Polonia, en Bolivia, en cualquier momento de su historia, son muy diferentes unos de otros. En el estudio de la masculinidad se trata de hallar el origen de lo qué son esas presiones culturales y cómo la conforman, ¿cuántas posibilidades de expresarse tiene un ser biológicamente masculino de ser aceptado como tal dentro de su época? Dentro de la historiografía colonial esta aproximación se podría aplicar a todos los hombres, pero específicamente elegí el mundo de los frailes de las órdenes mendicantes. Todos los frailes fueron niños que se educaron de acuerdo con la sensibilidad de su época, sin embargo, no escogieron ser caballeros, letrados u hombres de armas, eligieron la religión porque les ofrecía una forma de ser diferentes pero aceptables dentro de su contexto.
26Las preguntas que me hago son: ¿qué cosa es ser un hombre religioso, un individuo que nunca ha perdido su hombría, que es respetado y su formación es aceptada, pero que es diferente a una persona letrada, a un soldado, a un príncipe o aristócrata. ¿Cuál es la masculinidad especifica de esos grupos? ¿Pero también cuál es la masculinidad en general de una época? Es una forma nueva de estudiar al hombre dentro de su devenir, no como una persona que ha hecho historia sino sobre su formación específica a una época y a una clase social; esos son valores culturales de los que estoy hablando.
  • 9  Asunción Lavrín, “La construcción de la niñez en la vida religiosa. El caso novohispano”, en Pablo (...)
27RC: En este mismo tenor, quisiera que abordara el tema de la construcción de la niñez en la vida religiosa, sobre lo cual usted tiene un artículo.[9] ¿Existe una moral de la niñez? ¿O cuáles son los mensajes qué manda la iglesia sobre la espiritualidad de estos infantes?
28AL: La niñez es un tema metodológicamente nuevo. Hace veinte o treinta años nadie pensaba que los niños tenían historia, pero los historiadores sociales se han dado cuenta que existe un período muy importante de la vida, que es la infancia. Los niños no tienen voz ni voluntad propia, entonces, ¿cómo hacerlos sujetos de la historia? Se comenzó en Europa con el estudio de la educación, de la expectativa de vida, métodos de crianza, y otras modalidades sociales, pero hoy en día el análisis de la niñez se ha centrado en cómo la sociedad trata de formar a los niños, en definir su masculinidad o feminidad, y sobre cómo son recibidas las doctrinas morales y espirituales. En realidad no hay una moralidad de la niñez porque ésta la aplican los adultos a los niños, ya que son dúctiles y flexibles. Tu pregunta se refiere a la formación moral de la niñez, la cual ha estado a cargo de la religión, cuyas normas éticas de comportamiento se han traducido en leyes civiles.
29Específicamente, me dediqué a buscar datos sobre la niñezsanta porque me interesaba estudiar la masculinidad de un cierto tipo de hombres. ¿Hasta qué punto un niño de siete u ocho años puede tener un futuro religioso o no? ¿Cómo se percataba en ese momento de su vida, si tenía o no vocación, cómo se diferenciaba la educación de un niño cuando comenzaba a delinearse la diferencia entre infancia, niñez y pubertad?
30Un hombre en la edad moderna temprana, tenía que decidir su rol en la sociedad entre los siete y los quince años de edad. En varias ocasiones su futuro está predeterminado por la falta de opciones, como por ejemplo, un campesino aprendía lo que su padre le enseñaba y comenzaba a trabajar en el campo. Por otro lado, la educación de los hombres en la época pre moderna es un tópico que no ha recibido mucha atención, incluso se ha analizado más la educación femenina, precisamente por el auge que recibió la historia de la mujer. Pero necesitamos preguntarnos sobre los factores que conforman a un hombre para que sea aceptado dentro de su sociedad.
31Lo que he visto hasta el momento es una base moral similar para todos, sin embargo, cuando llega la edad de tomar una decisión, la persona que ha pensado tener una enseñanza religiosa decide si ingresa o no a una orden eclesiástica. Esto es lo que llamamos una niñez santa, las memorias que un adulto tiene respecto al despertar de su vocación religiosa, una especia de reconstrucción hagiográfica con perspectiva de su niñez, pero hay que tener cuidado con estos datos porque la persona siempre se verá como quiere verse y no necesariamente como es. Estos escritos representan una fuente, pero hay otros, como los libros de instrucción y moralidad que siempre tienen definiciones de lo que un hombre puede hacer, de lo bueno y de lo malo, de cómo se encamina el hombre hacía la realización de su masculinidad y de su aceptación como tal.
32En realidad mi interés sobre la niñez fue averiguar cuándo un individuo reflexiona sobre su vida, cómo hace retroactiva su personalidad religiosa de sus años infantiles. Las otras fuentes son las crónicas religiosas que se refieren a los niños, de las cuales hay muy pocos datos que puedan informar de su formación moral.
  • 10  Véase Asunción Lavrin, Mujeres, feminismo y cambio social en Argentina, Chile y Uruguay 1890-1940,(...)
33RC: Usted ha estudiado a la mujer en las sociedades de antiguo régimen para México, y contemporánea para Chile, Argentina y Uruguay,[10] ¿Qué enfoques metodológicos recomendaría a los estudiantes que se interesan por estos temas? Y cuando se analiza una sociedad contemporánea, ¿en qué medida esta metodología debe ser modificada?
34AL: La metodología para la historia del período moderno, premoderno o colonial porque la gente ya no quiere usar esa palabra, virreinal si quieres, es esencialmente una investigación de archivo, porque hay mucha distancia de la época. Primero, se tiene que fundamentar la base histórica. Las mujeres tenían un lugar muy restringido, muy bien definido dentro de la sociedad y las preguntas que se pueden plantear deben estar a la par con la actitud mental de ese momento. No se le puede pedir a una mujer del siglo XVII que tenga un discurso feminista como en el siglo XX. En ese sentido, el desafío para comprender una mentalidad de la época virreinal es mucho más difícil que la del siglo XX, porque aún estamos conectados con el siglo XX; nosotras nacimos en el siglo pasado y tenemos abuelas casi del siglo XIX.
35La historia de la mujer en el siglo XIX y XX ya tiene otras fuentes que la enriquecen y aunque el uso de archivos es menos importante -lo cual no quiere decir que se dejan de utilizar- existen nuevas fuentes: documentos que emiten instituciones gubernamentales nacionales e internacionales, revistas, libros. Es decir, es mucho más complicado hacer una historia de la mujer en el siglo XX que del siglo XVI, en el sentido que hay que consultar más información. Por otra parte, hoy estamos más cerca de lo que es la sensibilidad y actitudes del siglo XX; cuando digo sensibilidad me refiero al conjunto de emociones y fuerzas intelectuales que actúan sobre el individuo. En cuanto a la metodología, es bastante compleja porque tenemos la intrusión de varias disciplinas, los historiadores ya no son únicamente especialistas en historia sino con conocimientos de sociología, psicología, economía e historia cultural.
36Hay que poner a los actores de la historia dentro de su ámbito cultural, y la cultura es algo difícil de definir. La historia cultural también es otra parte de la metodología. Esto es, el estudioso del siglo XX y por supuesto el historiador de la época premoderna tiene que darse cuenta que no es simplemente historiador, tiene que afinar su sensibilidad, tratar de ver otras conexiones que puede tener la protagonista con su medio ambiente, porque tanto la mujer como el hombre en el siglo XX están bajo la presión de intereses económicos y sociales y tienen muchas más opciones en la vida. En la sociedad contemporánea la formación de la mujer y del hombre está más entretejida entre sí, porque en la época virreinal ella tenía una línea de conducta, o era ama de casa o se dedicaba a la religión. La metodología entonces tiene que ser amplia para acomodar visiones más allá del relato de los hechos y, desde luego, la interpretación siempre tiene que estar sujeta a su contexto social. Por ello, no se puede juzgar a una persona de 1950 con la mentalidad de 2011, eso no le hace justicia a la historia ni a la persona.
37Finalmente, hoy en día tenemos nuevas preguntas. Hace 30 o 40 años se hacían cuestionamientos respecto a la educación de la mujer y cuáles eran sus opciones en la vida. Actualmente las preguntas van más allá, por ejemplo, la cuestión de las actitudes sexuales que nadie se preguntaba en 1950 y que era un tabú. Hoy en día nos estamos adentrando en la vida privada para ver cómo se reflejaba en la vida social de las personas. Lo que queremos es simplemente adentrarnos un poco más en el sujeto en estudio.
38RC: Sobre la cuestión historiográfica nace la última pregunta ¿Cuál debería ser el futuro de los estudios de la mujer y del hombre? ¿Qué temas o preguntas están esperando respuestas?
39AL: No se puede hacer una separación nítida, por eso están los estudios genéricos. Creo que la generación de estudiantes mexicanos de hoy está mucho más apercibida de las corrientes intelectuales y de la historia, así que veo cierta inclinación muy seria para hacer estudios de la mujer y del hombre en general.
40No se puede hacer una historia de la mujer sin relacionarla con los hombres, con su familia, su matrimonio y su religión. Tampoco se debe hacer una historia del hombre como un ser alejado de una vida personal, matrimonial, emotiva. Eso es lo que hacía la historia política, era una historia de un ser masculino, con una gran expresión de su autoridad, desvinculado de su entorno familiar. Para validar una biografía masculina es esencial colocar al hombre dentro un ambiente que lo relacione con el otro género, con su madre, con sus hermanas, con sus novias, con sus esposas, con las mujeres. En la actualidad una biografía de un político requiere conocer si es un hombre abierto a la potencialidad de la mujer dentro de nuestro ámbito.
41Así que sugiero para el futuro una historia que sea más completa desde el punto de vista de géneros, tanto secular como religiosa. Por ejemplo, cuando estudié la historia del feminismo en Sudamérica, siempre me referí a los hombres que impulsaron a las mujeres, ya que sin ellos, las mujeres no habrían podido adelantar sus programas porque necesitaban su apoyo en el poder. En su discurso feminista, reflejado en periódicos y revistas, muchos hombres estuvieron a favor del voto, del divorcio y de la integración de la mujer en la economía. Igualmente, hoy en día, cualquier tema de la historia secular tanto virreinal como la historia republicana de México tiene que tener la sensibilidad para recoger una historia global y cultural dentro de la cual se considere al hombre en constante diálogo con la sociedad y con el otro sexo.
42En cuanto a las temáticas que esperan, yo me siento un poco humilde en sugerir que problemáticas abordar, pero creo que una historia cultural sobre la masculinidad en México, que analice el militarismo podría arrojar qué tipo de formación cultural o social ha influido en la formación política de un hombre mandatario. Eso sería un tema en el cual el asunto de la masculinidad se incorporaría, no simplemente sobre los resortes políticos de los que se valió para hacerse un líder político, sino analizar la cultura que le ha permitido a ese hombre formarse como mandatario y lograr el apoyo como tal, así como cuáles son aquellos temas que un político tiene en su repertorio que refuerzan su personalidad, lo hacen ver ante el electorado como un hombre líder. Eso sería una nueva forma de ver a un hombre.
43En cuanto a la historia de las mujeres, hay muchos temas por explorar, además de su integración en la economía, del estudio de las fuerzas sociales y culturales que la conforman y que la dividen, no tanto en clases sino en actitudes. También investigar cómo persisten algunos valores culturales de antaño expresados aún hoy en día. Por ejemplo, la atracción física de la mujer cómo se expresa en mujeres que son líderes; la maternidad como tal, hay mujeres políticas que apelan a la maternidad en su rol político porque encuentran resonancia de ese tema dentro de un electorado; o veamos cómo la imagen de la mujer es presentada en la televisión, en los periódicos y revistas, en los anuncios. Todo eso es parte de una visión femenina, y qué tipo de mujer se representa allí, y cómo ésta se supone moderna o está en contraste con una campesina o con una trabajadora; hay una discrepancia tremenda entre los medios de comunicación y la realidad de la mujer mexicana.
44Eso sería la temática. Ahora el tema esta dentro de la mentalidad de cada persona, creo que en la formación histórica de los jóvenes, le corresponde a los formadores académicos dar al estudiante una idea de la amplitud metodológica y de la variedad de temas que deben escoger, que no traten de preformar al alumno a seguir fórmulas habituales de investigar, sino que pregunten, que cuestionen cosas que aparentemente son obvias, por ejemplo, cómo se representa hoy a la mujer mexicana, cuál es la discrepancia entre lo qué es una representación y lo que es una realidad.
45Igualmente, está como tema el machismo mexicano, pienso que el machismo existe donde quiera, ¿hay de verdad un macho mexicano? Dudo mucho que la mayor parte de los hombres modernos, jóvenes y estudiantes se vean como parte de esa tipología. Como te digo, esa es una pregunta, la más difícil quizás que me has hecho, porque la temática es tan amplia como el horizonte, lo único que es importante es tener una mente abierta a todo.

Notas

[1]  Entrevista realizada el 27 de agosto de 2011 en la ciudad de Guanajuato, Gto., (México). Agradezco a Gloria Guarneros su colaboración en el proceso de edición.
[2]  Robert Padden escribió varios libros en la década de 1960, la mayoría sobre México: The Hummingbird and the HawkConquest and Sovereignty in the Valley of Mexico, 1503-1541The Colonial Church in New Spain: Era of Establishment;Eclesiastical Conflict in New Spain, 1553-1574; y Cultural Change and Military Resistance in Araucanian Chile, 1550-1730, entre otros.
[3]  Antes de 1960 la historiadora Josefina Muriel había publicado dos libros sobre el tema: Conventos de monjas en la Nueva España, México, Santiago, 1946; 553 p. y Retratos de monjas, México, Banco Industrial de Jalisco, 1952, 227 p.
[4]  Sobre este tema véase: Asunción Lavrin, “Género e Historia: Una conjunción a finales del siglo XX”, en Memorias, 49° Congreso Internacional de Americanistas,Quito, Secretaría General 49° ICA, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, y Ediciones Abya-Yala, 1997, p. 57-90.
[5]  México, Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla – Universidad de las Américas, Puebla, 2006.
[6] Brides of Christ. Coventual Life in Colonial México, Stanford, California, Stanford University Press, 2008.
[7]  Lincoln, Nebraska, University of Nebraska Press, 1989, 349 p. La edición en español se publicó en México en 1990 por la editorial Grijalbo y coeditado por el Consejo Nacional Para la Cultura y las Artes. Un trabajo más reciente sobre este mismo tema es: “La sexualidad y las normas de la moral sexual”, en Antonio Rubial, coordinador, Historia de la vida cotidiana en México II, La ciudad Barroca,México, Fondo de Cultura Económica – El Colegio de México, 2005, p. 489-517, ISBN: 968-16-6830-8
[8]  Asunción Lavrin, “Intimidades”, en Alain Musset y Thomas Calvo, editores,Des Indies Occidentales à l’Amerique Latina à Jean-Pierre Berthe, vol. 1, París, Fontenay/Saint-Cloud, CEMCA, 1997, p. 195-218.
[9]  Asunción Lavrín, “La construcción de la niñez en la vida religiosa. El caso novohispano”, en Pablo Rodrigo Jiménez y María Emma Manarelli, coordinadores,Historia de la infancia en América Latina, Bogotá, Universidad Externado de Colombia, 2007, p. 123-144.
[10]  Véase Asunción Lavrin, Mujeres, feminismo y cambio social en Argentina, Chile y Uruguay 1890-1940, Santiago de Chile, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2005.