lunes, 24 de octubre de 2011
[Parte de los] Patriotas del sur (35 años atrás). Foto de Benigno St'Omer
Entre otros: Ojito Rocafuerte (con el afro, a la izquierda), Carlos Ríos (el rubio, en la mitad, con el brazo sobre Benigno. Dios lo tenga en su Gloria), Benigno de camiseta azul y el Dr. Bonilla abrazando a su pana el Cacho Bardales). Bella foto de una noche de panas en la Ciudadela 9 de Octubre, afuera de la casa de Don Chimbacalle.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Mis avatares para publicar en Guayaquil
Hace algunos meses le envié un trabajito medio informal sobre la cultura negra en la Costa de Ecuador, con fotos y todo, a Augusto Rodríguez (para su "Quirófano"), y me dice que no lo puede publicar "porque es muy largo". Ese mismo ensayo, se suponía, debía salir en el segundo número de LiLí/teratura, una revista que organizó el gordo Nieto en México, pero asumo que el segundo número nunca salió (al estilo Sicoseo) o, simplemente, el gordo rehúsa contestarme para no darme la infausta noticia de que mi ensayito prieto no saldrá. Ya van dos rechazos por ese lado, hasta ahora.
De regreso a Estados Unidos, me vine con la consigna de recopilar algunos ensayos de profesores de acá para presentarlos a la revista Forum de la UEES. En realidad, esta iniciativa personal (compartida con Xavier Quintero, un buen colega y amigo) obedecía a mi interés por promover tanto la UEES acá, vías publicación, pues me recibieron muy bien en nuestra primera experiencia (taller de escritura policíaca) y me gusta ser recíproco, como para buscar nexos entre las universidades del norte y la de Guayaquil. Hoy me entero de que los espléndidos ensayos enviados por Humberto Robles (alguien que ha hecho mucho por nuestra cultura e intelectualmente está muy por encima de alguna gente que funge de "editor" de revistas) han sido rechazados porque no usan el método APA (sino el MLA). Al respecto debo anotar, pues parece que el provincianismo es excusa hasta de quienes se creen "cosmopolitas" o filósofos de cafetín, que el MLA es el sistema que más simplifica la presentación de un pensamiento, y el APA el que más lo retrasa. El MLA se usa en EEUU en Literatura, Lenguas Extranjeras y otros campos, el APA cada vez menos, por engorroso y pretencioso, porque detiene la fluidez de la lectura. Finalmente, si se trata de un cambio de APA a MLA,s e lo hace pronto, sin problema. Debo añadir que tanto en México, como en Chile y Argentina, el MLA es el método que se impone. ¿En Europa? No sé, y la verdad Europa me importa muy poco para estos asuntos, pues aún dicen en 1.000 páginas lo que los gringos dicen con brillantez y extraordinario espíritu sintético en 100, o menos. Pero sigamos con estos avatares.
Cuento, además, que tengo en mano tres ensayos escritos (inéditos) por una lumbrera intelectual, desconocido o, debería enfatizar, ignorado en Ecuador: Oswaldo Benavides, guayaquileño Coordinador del Programa de Maestría en Antropología de la U. de Fordham, en NYC (Ph. D. por el CUNY y entrevistado en mi "El águila bajo el sol"). Me gustaría publicarlos en algún lugar y acabo de tocar las puertas de una persona que quizá se interese por ellos. Veremos qué ocurre en las próximas semanas. Con lo acontecido con los ensayos de Robles, ni para qué insistir nuevamente con la mediocridad enquistada entre el dinero, el poder y el oportunismo, pues los empleados privados con mentalidad burocrática también tienen sus rencorcitos, sus bajezas morales y éticas disfrazadas de "razones metodológicas".
De todos modos y para no claudicar ante dicha mediocridad, principal enemigo del conocimiento en Guayaquil, con Xavier hemos pensado en una alternativa, pero eso es aún un asunto que está en veremos. Así que mejor no hablar sobre deseos, peor planes.
Ya en lo estrictamente personal, debo recordarme dos cosas, para terminar con un poco de ánimo este recuento sobre querer que se publiquen trabajos de otros y míos: 1- Que el CEN me ha apoyado desde que conozco a su directora, la Lcda. Susana Cepeda, y todo ha sido muy bueno para mí (Susana es también "gringa", por suerte) en asuntos publicaciones y otras experiencia de enseñanza con ellos; 2- Que, aunque no soy del grupo de sus mimados, diario El Universo, a través de algunos de sus miembros (incluído mi querido Conde Martillo), me ha abierto las puertas para acolitar noticias literarias. Y sería injusto y estúpido no agradecerles públicamente, aunque discrepe en mucho con el trabajo paupérrimo que en asunto editorial hizo el funesto ex-editor Emilio Palacio. Pero El Universo debe saber que, cuando las papas quemen de verdad, estaré a su lado, porque traidor nunca he sido y no lo seré ahora. De manera simultánea, por asuntos que la pequeñez humana ha impuesto en una instancia de la Subsecretaría de Cultura en Guayaquil, así como el espítiru inefable, por decir lo menos, de la Sección Cultural de El Telégrafo (excepción del joven Medina), anoto que ahí las puertas están cerradas para mí.
Para terminar, agradezco públicamente las dos páginas que de manera tan desprendida Ileana Matamoros me dio en la última edición de la revista SoHo, en la Sección ''Me acuerdo...". Si pudiera encontrar en algunos apertura para publicar lo de otros, tanto como la que he encontrado en los medios que anoto arriba, sería, sin duda, una persona felíz. Pero la felicidad es algo por lo que se lucha. Así que veremos cómo rueda el agua en el futuro.
De regreso a Estados Unidos, me vine con la consigna de recopilar algunos ensayos de profesores de acá para presentarlos a la revista Forum de la UEES. En realidad, esta iniciativa personal (compartida con Xavier Quintero, un buen colega y amigo) obedecía a mi interés por promover tanto la UEES acá, vías publicación, pues me recibieron muy bien en nuestra primera experiencia (taller de escritura policíaca) y me gusta ser recíproco, como para buscar nexos entre las universidades del norte y la de Guayaquil. Hoy me entero de que los espléndidos ensayos enviados por Humberto Robles (alguien que ha hecho mucho por nuestra cultura e intelectualmente está muy por encima de alguna gente que funge de "editor" de revistas) han sido rechazados porque no usan el método APA (sino el MLA). Al respecto debo anotar, pues parece que el provincianismo es excusa hasta de quienes se creen "cosmopolitas" o filósofos de cafetín, que el MLA es el sistema que más simplifica la presentación de un pensamiento, y el APA el que más lo retrasa. El MLA se usa en EEUU en Literatura, Lenguas Extranjeras y otros campos, el APA cada vez menos, por engorroso y pretencioso, porque detiene la fluidez de la lectura. Finalmente, si se trata de un cambio de APA a MLA,s e lo hace pronto, sin problema. Debo añadir que tanto en México, como en Chile y Argentina, el MLA es el método que se impone. ¿En Europa? No sé, y la verdad Europa me importa muy poco para estos asuntos, pues aún dicen en 1.000 páginas lo que los gringos dicen con brillantez y extraordinario espíritu sintético en 100, o menos. Pero sigamos con estos avatares.
Cuento, además, que tengo en mano tres ensayos escritos (inéditos) por una lumbrera intelectual, desconocido o, debería enfatizar, ignorado en Ecuador: Oswaldo Benavides, guayaquileño Coordinador del Programa de Maestría en Antropología de la U. de Fordham, en NYC (Ph. D. por el CUNY y entrevistado en mi "El águila bajo el sol"). Me gustaría publicarlos en algún lugar y acabo de tocar las puertas de una persona que quizá se interese por ellos. Veremos qué ocurre en las próximas semanas. Con lo acontecido con los ensayos de Robles, ni para qué insistir nuevamente con la mediocridad enquistada entre el dinero, el poder y el oportunismo, pues los empleados privados con mentalidad burocrática también tienen sus rencorcitos, sus bajezas morales y éticas disfrazadas de "razones metodológicas".
De todos modos y para no claudicar ante dicha mediocridad, principal enemigo del conocimiento en Guayaquil, con Xavier hemos pensado en una alternativa, pero eso es aún un asunto que está en veremos. Así que mejor no hablar sobre deseos, peor planes.
Ya en lo estrictamente personal, debo recordarme dos cosas, para terminar con un poco de ánimo este recuento sobre querer que se publiquen trabajos de otros y míos: 1- Que el CEN me ha apoyado desde que conozco a su directora, la Lcda. Susana Cepeda, y todo ha sido muy bueno para mí (Susana es también "gringa", por suerte) en asuntos publicaciones y otras experiencia de enseñanza con ellos; 2- Que, aunque no soy del grupo de sus mimados, diario El Universo, a través de algunos de sus miembros (incluído mi querido Conde Martillo), me ha abierto las puertas para acolitar noticias literarias. Y sería injusto y estúpido no agradecerles públicamente, aunque discrepe en mucho con el trabajo paupérrimo que en asunto editorial hizo el funesto ex-editor Emilio Palacio. Pero El Universo debe saber que, cuando las papas quemen de verdad, estaré a su lado, porque traidor nunca he sido y no lo seré ahora. De manera simultánea, por asuntos que la pequeñez humana ha impuesto en una instancia de la Subsecretaría de Cultura en Guayaquil, así como el espítiru inefable, por decir lo menos, de la Sección Cultural de El Telégrafo (excepción del joven Medina), anoto que ahí las puertas están cerradas para mí.
Para terminar, agradezco públicamente las dos páginas que de manera tan desprendida Ileana Matamoros me dio en la última edición de la revista SoHo, en la Sección ''Me acuerdo...". Si pudiera encontrar en algunos apertura para publicar lo de otros, tanto como la que he encontrado en los medios que anoto arriba, sería, sin duda, una persona felíz. Pero la felicidad es algo por lo que se lucha. Así que veremos cómo rueda el agua en el futuro.
martes, 9 de agosto de 2011
Dos libros importantes de narrativa
El primero es la novela de Miguel Chávez: La maniobra de Heimlich.
Se trata, en gran parte de una novela de iniciación: un joven publicista vive entre realidad y fantasía, en dos puertos (Buenos Aires y Guayaquil) y debate sus días en diálogos con su casera, un amigo, personajes de la Isla de la Fantasía y acaso algún leve y poco nombrado amor. Está compuesta de pequeños capítulos que, en varias ocasiones, tienen en común la voz narrativa y algunas citas y anécdotas referidas a escritores que se aventuraron en el mundo de la publicidad, a la cual cuestiona y atribuye un despliegue de mentiras o fáciles formas de enganchar al lector. Borges y Guayaquil son tomados como motivos que se repiten y cuestionan. Es una novela de iniciación por la juventud del narrador y personaje por el mundo estudiantil al cual se debe, por el vagar sin rumbo por barrios y calles, por buscar libros para sacar razones y porque es un viaje que quiere terminar convertido en periplo. Su punto más novedoso es la referencia a la publicidad, acaso también su parte más débil, pues es un mundo reducido, que no le ha permitido al personaje aventurarse a la vida de acciones, a la brutal realidad real, a perder mucho de sí para empezar a ser otro (lo cual es parte de la novela de iniciación) cuanto a una vida puertas adentro, u hojas a dentro. Es una lectura refrescante, apta para todo público y, por el cuidado que Miguel le ha puesto a la piel del texto -algo común en su narrativa- hace pensar en que lo que viene será lo mejor. Por este lado entiendo se está escribiendo la narrativa latinoamericana actual y de las nuevas generaciones.
El segundo libro es una colección de cuentos ya vieja, que no recuerdo haber leído: Desde una oscura vigilia de Jorge Velasco Mackenzie.
Luego de haber cometido algunos graves errores, como aquel lamentable cuento de una máscara de payaso, si mal no recuerdo, Velasco reaparece para elaborar con detalle y abrumador talento y delicadeza unos cuentos que nos llevan de la mano por un Guayaquil ya perdido, pero al cual él rescata para devolverle sentido y reivindicar la nostalgia que a veces sentimos frente al avasallo de la urbanización de la ciudad de los últimos años. En estos cuentos Velasco vuelve sobre el camino trazado en su primer libro: De vuelta al paraíso, el mismo que había quedado como un ejemplar solitario del solitario talento de un escritor en esa época muy joven (me refiero al ex-amigo que alguna vez fue al Eloy Alfaro a vender su libro, tarea que con gusto ayudé por ser estudiante de ese curso). En este ejemplar, totalmente ignorado por la crítica, quizá por viejo ya, quizá por la humilde edición, o quizá porque la crítica local aún sigue entrampada en boberías y un lenguaje recóndito que con las justas llega a ocultar la profunda ignorancia y sectarismo que la caracteriza. Si fuera profesor en Guayaquil hace mucho que habría hecho que mis estudiantes leyeran esta pequeña joya, esta maravilla de un gran escritor que, cuando no se pierde en picas personajes, se concentra y demuestra que hay mucha justificación en la fama local que lleva. Ojalá Velasco nos vuelva a dar más de este material y se deje de perder el tiempo en rencillas, activismo y amargura. Hoy por hoy, los más grandes enemigos de su talento.
Se trata, en gran parte de una novela de iniciación: un joven publicista vive entre realidad y fantasía, en dos puertos (Buenos Aires y Guayaquil) y debate sus días en diálogos con su casera, un amigo, personajes de la Isla de la Fantasía y acaso algún leve y poco nombrado amor. Está compuesta de pequeños capítulos que, en varias ocasiones, tienen en común la voz narrativa y algunas citas y anécdotas referidas a escritores que se aventuraron en el mundo de la publicidad, a la cual cuestiona y atribuye un despliegue de mentiras o fáciles formas de enganchar al lector. Borges y Guayaquil son tomados como motivos que se repiten y cuestionan. Es una novela de iniciación por la juventud del narrador y personaje por el mundo estudiantil al cual se debe, por el vagar sin rumbo por barrios y calles, por buscar libros para sacar razones y porque es un viaje que quiere terminar convertido en periplo. Su punto más novedoso es la referencia a la publicidad, acaso también su parte más débil, pues es un mundo reducido, que no le ha permitido al personaje aventurarse a la vida de acciones, a la brutal realidad real, a perder mucho de sí para empezar a ser otro (lo cual es parte de la novela de iniciación) cuanto a una vida puertas adentro, u hojas a dentro. Es una lectura refrescante, apta para todo público y, por el cuidado que Miguel le ha puesto a la piel del texto -algo común en su narrativa- hace pensar en que lo que viene será lo mejor. Por este lado entiendo se está escribiendo la narrativa latinoamericana actual y de las nuevas generaciones.
El segundo libro es una colección de cuentos ya vieja, que no recuerdo haber leído: Desde una oscura vigilia de Jorge Velasco Mackenzie.
Luego de haber cometido algunos graves errores, como aquel lamentable cuento de una máscara de payaso, si mal no recuerdo, Velasco reaparece para elaborar con detalle y abrumador talento y delicadeza unos cuentos que nos llevan de la mano por un Guayaquil ya perdido, pero al cual él rescata para devolverle sentido y reivindicar la nostalgia que a veces sentimos frente al avasallo de la urbanización de la ciudad de los últimos años. En estos cuentos Velasco vuelve sobre el camino trazado en su primer libro: De vuelta al paraíso, el mismo que había quedado como un ejemplar solitario del solitario talento de un escritor en esa época muy joven (me refiero al ex-amigo que alguna vez fue al Eloy Alfaro a vender su libro, tarea que con gusto ayudé por ser estudiante de ese curso). En este ejemplar, totalmente ignorado por la crítica, quizá por viejo ya, quizá por la humilde edición, o quizá porque la crítica local aún sigue entrampada en boberías y un lenguaje recóndito que con las justas llega a ocultar la profunda ignorancia y sectarismo que la caracteriza. Si fuera profesor en Guayaquil hace mucho que habría hecho que mis estudiantes leyeran esta pequeña joya, esta maravilla de un gran escritor que, cuando no se pierde en picas personajes, se concentra y demuestra que hay mucha justificación en la fama local que lleva. Ojalá Velasco nos vuelva a dar más de este material y se deje de perder el tiempo en rencillas, activismo y amargura. Hoy por hoy, los más grandes enemigos de su talento.
lunes, 27 de junio de 2011
¿Por qué no existe una literatura detectivesca en Ecuador?
Les hice esta pregunta a los asistentes a un conversatorio en la Universidad Espírtu Santo de Guayaquil, el lunes pasado. Las respuestas salieron inmediatamente: no tenemos un cuerpo policial que cumpla con sus obligaciones, porque las leyes no se aplican o no funcionan, pretender que haya un Sherlock Holmes entre nosotros sería ridículo ya que no es la misma sociedad (a más de que ni siquiera hay un banco de huellas digitales completo).
Esto me hizo pensar en dos cosas: lo claro que la gente percibe los problemas y los puede abordar de manera directa, y el hecho de que, en general, se asuma como detectivesco solamente el estilo de Sherlock Holmes o Sir Conan Doyle. Lo cual, en realidad, es sólo la tercera parte de esta historia.
Según el material que he recopilado y basado en mi experiencia como lector de autores literarios, así como de críticos (algunas páginas de Mempo Gardinelli, opiniones de Piglia, Rubem Fonseca, pero sobre todo el estupendo trabajo de Amalia Simpson), propondría lo siguiente:
1- hay un estilo clásico, también llamado whodunit, sobre todo de los ingleses, que se caracteriza por tener un detective cerebral, racional que puede resolver los casos sin siquiera salir de su estudio,
2- este estilo ha sido el que más influye e influyó a los pocos latinoamericanos que escribieron algunos textos policíacos, sobre todo Borges y su grupo (en los 40s y 50s), en gran medida como respuesta elevada al acoso del populismo de Perón, que vivieron amargamente,
3- el estilo duro o hardboiled es el estadounidense y su detective es rudo, de acción, de resolver los casos en las calles y las peleas. Es un solitario que lucha por evidenciar las manipulaciones del crimen organizado, la policía y los grandes poderes,
4- este estilo ha tenido menos cultores en América Latina, aunque algunos se han hecho notables en los últimos 30 años, como el grupo de Soriano en la Argentina (Díaz Eterovic en Chile insiste con un detective, medio intelecual -una constante aberración en muchos personajes latinoamericanos- al igual que Paco Ignacio Taibo II con su forzado detective Belascuarán (una pila de lugares comunes muchas veces los caracterizan: que tienen un gato llamado Simenon, que escriben crítica literaria, que saben de Trostky, Marx, Lacan y Freud pero se creen callejeros, etc),
5- las voces que más lejos han llegado en fuerza expresiva, originalidad autorial y representación de la realidad de su tiempo (Mimesis, como diría Auerbach) son Eduardo Mendoza en España, con su notable detective loco en medio de un modelo de novela bizantina, y el gran Rubem Fonseca, que, aunque ha escrito novelas y cuentos, se inclina mucho por los subgéneros policíacos, como el del asesino en serie y el cronista,
6- no existe un literatura detectivesca en Ecuador, así como no existe en América Latina (como grupo o generación) porque nuestra realidad es muy diferente, por la razones que señalaban los asistente al conversatorio y porque lo hecho se basa en modalidades no canónicas, como la subordinación a la denuncia social y no a la resolución de la intriga, o como el uso de la historia nacional como base narrativa. Lo que existe es, a veces, unos escritores que quieren demostrar que ellos también pueden escribir a la inglesa y se meten en unas falsas profundidades y detalles que disuelven cualquier interés de lector. Pero en ningún caso se puede hablar de un estilo latinoamericano, peor ecuatoriano, tal como en el caso inglés o estadounidense.
No me interesan los escritores accidentales de lo policíacos que quieren escribir como Hammett o Chandler, ni los que quieren demostrar que son hábiles como Doyle, y menos aún aquellos pobres esforzados en ser borgesianos, kafkianos o gracquianos. Para eso leo a Doyle, Hammett, Chandler, Borges, Kafka o Gracq. Creo que hay que ser más exigente con uno mismo y buscar su propia voz, crearla, tal como lo hicieron Fonseca y Mendoza. No creer que la voz de otros es la de uno. Es más arduo, hay menos lectores y se escribe de espaldas a los grupillos "intelectuales", pero por lo menos se es fiel a uno mismo y sensato en el contexto de exigirnos mayor calidad en la vida que enfrentamos a diario.
A más de este punteado, incluiría también el decálogo de algunos duros que elaboraron férreos e interesantes puntos de vista con el fin de levantar el peso del género policíaco, tan venido a menos por nuestros intelectuales "profundos" o "europeos forzados", pero eso es tarea de otro momento. Termino con otra pregunta: ¿Por qué en una ciudad como Guayaquil, en la cual la música popular, el humor, los deportes y la política son los grandes ejes informativos de los lectores, (salvo el Grupo Sicoseo) no existe ninguna literatura que los asuma?
Esto me hizo pensar en dos cosas: lo claro que la gente percibe los problemas y los puede abordar de manera directa, y el hecho de que, en general, se asuma como detectivesco solamente el estilo de Sherlock Holmes o Sir Conan Doyle. Lo cual, en realidad, es sólo la tercera parte de esta historia.
Según el material que he recopilado y basado en mi experiencia como lector de autores literarios, así como de críticos (algunas páginas de Mempo Gardinelli, opiniones de Piglia, Rubem Fonseca, pero sobre todo el estupendo trabajo de Amalia Simpson), propondría lo siguiente:
1- hay un estilo clásico, también llamado whodunit, sobre todo de los ingleses, que se caracteriza por tener un detective cerebral, racional que puede resolver los casos sin siquiera salir de su estudio,
2- este estilo ha sido el que más influye e influyó a los pocos latinoamericanos que escribieron algunos textos policíacos, sobre todo Borges y su grupo (en los 40s y 50s), en gran medida como respuesta elevada al acoso del populismo de Perón, que vivieron amargamente,
3- el estilo duro o hardboiled es el estadounidense y su detective es rudo, de acción, de resolver los casos en las calles y las peleas. Es un solitario que lucha por evidenciar las manipulaciones del crimen organizado, la policía y los grandes poderes,
4- este estilo ha tenido menos cultores en América Latina, aunque algunos se han hecho notables en los últimos 30 años, como el grupo de Soriano en la Argentina (Díaz Eterovic en Chile insiste con un detective, medio intelecual -una constante aberración en muchos personajes latinoamericanos- al igual que Paco Ignacio Taibo II con su forzado detective Belascuarán (una pila de lugares comunes muchas veces los caracterizan: que tienen un gato llamado Simenon, que escriben crítica literaria, que saben de Trostky, Marx, Lacan y Freud pero se creen callejeros, etc),
5- las voces que más lejos han llegado en fuerza expresiva, originalidad autorial y representación de la realidad de su tiempo (Mimesis, como diría Auerbach) son Eduardo Mendoza en España, con su notable detective loco en medio de un modelo de novela bizantina, y el gran Rubem Fonseca, que, aunque ha escrito novelas y cuentos, se inclina mucho por los subgéneros policíacos, como el del asesino en serie y el cronista,
6- no existe un literatura detectivesca en Ecuador, así como no existe en América Latina (como grupo o generación) porque nuestra realidad es muy diferente, por la razones que señalaban los asistente al conversatorio y porque lo hecho se basa en modalidades no canónicas, como la subordinación a la denuncia social y no a la resolución de la intriga, o como el uso de la historia nacional como base narrativa. Lo que existe es, a veces, unos escritores que quieren demostrar que ellos también pueden escribir a la inglesa y se meten en unas falsas profundidades y detalles que disuelven cualquier interés de lector. Pero en ningún caso se puede hablar de un estilo latinoamericano, peor ecuatoriano, tal como en el caso inglés o estadounidense.
No me interesan los escritores accidentales de lo policíacos que quieren escribir como Hammett o Chandler, ni los que quieren demostrar que son hábiles como Doyle, y menos aún aquellos pobres esforzados en ser borgesianos, kafkianos o gracquianos. Para eso leo a Doyle, Hammett, Chandler, Borges, Kafka o Gracq. Creo que hay que ser más exigente con uno mismo y buscar su propia voz, crearla, tal como lo hicieron Fonseca y Mendoza. No creer que la voz de otros es la de uno. Es más arduo, hay menos lectores y se escribe de espaldas a los grupillos "intelectuales", pero por lo menos se es fiel a uno mismo y sensato en el contexto de exigirnos mayor calidad en la vida que enfrentamos a diario.
A más de este punteado, incluiría también el decálogo de algunos duros que elaboraron férreos e interesantes puntos de vista con el fin de levantar el peso del género policíaco, tan venido a menos por nuestros intelectuales "profundos" o "europeos forzados", pero eso es tarea de otro momento. Termino con otra pregunta: ¿Por qué en una ciudad como Guayaquil, en la cual la música popular, el humor, los deportes y la política son los grandes ejes informativos de los lectores, (salvo el Grupo Sicoseo) no existe ninguna literatura que los asuma?
viernes, 10 de junio de 2011
An Introduction to Ecuadorian Poetry
[Del libro de poesía ecuatoriana traducida al inglés, publicado en EEUU: "Tapestry of the Sun"]
An Introduction to Ecuadorian Poetry
This is an anthology of some of the most important and diverse poets of Ecuador. Most of these voices come from the rich and largely ignored culture of Guayaquil, the country’s largest city. The texts chosen reflect varied personal views shaped by global and national events, as well as inevitable literary influences from Europe and the United States. Focusing on poetry of the last half century, our selection tries to present a wide range of styles, voices, themes, and gender issues.
Carlos E. Jaramillo, David Ledesma, and Fernando Cazón belong to the so-called Generación Madrugada (Generation of the Dawn) and Generación Huracanada (The Wrecked Generation) of the late fifties and the sixties. The poets of these groups were united in revolt against governmental violence, repression and established social injustice, both domestic and worldwide. During the seventies, the decade of the last Ecuadorian military dictatorship, Agustín Vulgarín, Antonio Preciado, Sonia Manzano, Fernando Nieto, Hernán Zúñiga (best known as a painter), and Hipólito Alvarado were actively involved in developing and experimenting with new forms of poetry. The voice of the poor, represented through the use of urban colloquial language, principally that of Guayaquil, was a special concern of the group Sicoseo, with Fernando Nieto as its mentor and leading adherent. The poetry of Fernando Balseca (also a member of Sicoseo), Maritza Cino, Eduardo Morán, Roy Sigüenza, and Edwin Madrid belongs to the eighties. These poets were highly influenced by their Ecuadorian predecessors, but also by new events of their times: the return of democracy to Ecuador, the end of national and international communist aspirations, and the impact of post-modern culture. The last selected poets, whose work has only appeared in recent years, are Ana Minga, Augusto Rodríguez, Carolina Patiño, and Siomara España. They have been actively involved in public literary events and exchanges with poets from other countries, and are among the most innovative voices of their groups (Buseta de papel, Reverso), making extensive use of blog-writing and integration of poetry with the visual arts.
This anthology is a first attempt to make Ecuadorian poets of recent times available to the American public. Our goal is to stimulate interest in Ecuadorian literature and culture, while suggesting the need for further and more inclusive translations of work from the rich culture that has remained, until now, almost invisible to the non-Hispanic reader.
This book, which we consider a point of departure, started in a classroom setting. The intricacies exposed by the process of translating these poems were indicative of the complexities of moving from one culture to another, from the past to the present, from one linguistic register to another. Students began with an unsophisticated sense of the task before them. They tended to assume that the denotative value of a word was sufficient, even for the translation of poetry. They tended to accept the dictionary as their final authority. They often were unaware how cultural contexts contribute to the tone and the feel of poetic language. But together we all learned. And we must thank all the participants for their enthusiasm and perseverance: our colleage Carolina Ibañez-Murphy and our students Viviana Gómez, Jana Fitzpatrick, Kristine Gagnier, Perliter Walter, Melissa Luciano, Melissa García, Kathryn Fish, María Elena Rafalko, Bebbete López, Ashley Cousens, Brandon Cruz, Joselyn Rivera, Joshua Nolin, Christina Palmieri, Lourdes Santos, and Jennifer Pettis.
To bring this book to its final form, we first reworked all the earlier translations in Plattsburgh. Then we went to Ecuador to revise our work with as many of the original poets as possible. Under the auspices of CEN (Centro Ecuatoriano Norteamericano de Guayaquil), we re-examined our efforts with Fernando Caźon Carlos E. Jaramillo, Hipolito Alvarado, Sonia Manzano, Hernán Zúñiga, Maritza Cino, Eduardo Moran, Fernando Balseca, and Augusto Rodríguez. Alexis then went to Quito to collaborate with Edwin Madrid on revisions of his poems. The following year, again supported by CEN, Alexis again returned to work with two additional young poets, Siomara España and Ana Minga. Translations of the poetry of the collection’s youngest contributor, Carolina Patiño, who had committed suicide the year before, were carefully revised with her fellow poet and founder of Buseta de paper, Augusto Rodríguez. Then the entire text was given a final revision by the two of us in Plattsburgh.
Both of us are dedicated to making the rich diversity of Ecuadorian poetry better known to English language readers. We are intending to follow this volume with other collections focusing mainly on younger contemporary poets. We hope that this book is but a first step towards a growing literary and cultural collaboration between our two countries.
Fernando Iturburu
Alexis Levitin
Guayaquil, Ecuador
Plattsburgh, New York
Spring, 2009
An Introduction to Ecuadorian Poetry
This is an anthology of some of the most important and diverse poets of Ecuador. Most of these voices come from the rich and largely ignored culture of Guayaquil, the country’s largest city. The texts chosen reflect varied personal views shaped by global and national events, as well as inevitable literary influences from Europe and the United States. Focusing on poetry of the last half century, our selection tries to present a wide range of styles, voices, themes, and gender issues.
Carlos E. Jaramillo, David Ledesma, and Fernando Cazón belong to the so-called Generación Madrugada (Generation of the Dawn) and Generación Huracanada (The Wrecked Generation) of the late fifties and the sixties. The poets of these groups were united in revolt against governmental violence, repression and established social injustice, both domestic and worldwide. During the seventies, the decade of the last Ecuadorian military dictatorship, Agustín Vulgarín, Antonio Preciado, Sonia Manzano, Fernando Nieto, Hernán Zúñiga (best known as a painter), and Hipólito Alvarado were actively involved in developing and experimenting with new forms of poetry. The voice of the poor, represented through the use of urban colloquial language, principally that of Guayaquil, was a special concern of the group Sicoseo, with Fernando Nieto as its mentor and leading adherent. The poetry of Fernando Balseca (also a member of Sicoseo), Maritza Cino, Eduardo Morán, Roy Sigüenza, and Edwin Madrid belongs to the eighties. These poets were highly influenced by their Ecuadorian predecessors, but also by new events of their times: the return of democracy to Ecuador, the end of national and international communist aspirations, and the impact of post-modern culture. The last selected poets, whose work has only appeared in recent years, are Ana Minga, Augusto Rodríguez, Carolina Patiño, and Siomara España. They have been actively involved in public literary events and exchanges with poets from other countries, and are among the most innovative voices of their groups (Buseta de papel, Reverso), making extensive use of blog-writing and integration of poetry with the visual arts.
This anthology is a first attempt to make Ecuadorian poets of recent times available to the American public. Our goal is to stimulate interest in Ecuadorian literature and culture, while suggesting the need for further and more inclusive translations of work from the rich culture that has remained, until now, almost invisible to the non-Hispanic reader.
This book, which we consider a point of departure, started in a classroom setting. The intricacies exposed by the process of translating these poems were indicative of the complexities of moving from one culture to another, from the past to the present, from one linguistic register to another. Students began with an unsophisticated sense of the task before them. They tended to assume that the denotative value of a word was sufficient, even for the translation of poetry. They tended to accept the dictionary as their final authority. They often were unaware how cultural contexts contribute to the tone and the feel of poetic language. But together we all learned. And we must thank all the participants for their enthusiasm and perseverance: our colleage Carolina Ibañez-Murphy and our students Viviana Gómez, Jana Fitzpatrick, Kristine Gagnier, Perliter Walter, Melissa Luciano, Melissa García, Kathryn Fish, María Elena Rafalko, Bebbete López, Ashley Cousens, Brandon Cruz, Joselyn Rivera, Joshua Nolin, Christina Palmieri, Lourdes Santos, and Jennifer Pettis.
To bring this book to its final form, we first reworked all the earlier translations in Plattsburgh. Then we went to Ecuador to revise our work with as many of the original poets as possible. Under the auspices of CEN (Centro Ecuatoriano Norteamericano de Guayaquil), we re-examined our efforts with Fernando Caźon Carlos E. Jaramillo, Hipolito Alvarado, Sonia Manzano, Hernán Zúñiga, Maritza Cino, Eduardo Moran, Fernando Balseca, and Augusto Rodríguez. Alexis then went to Quito to collaborate with Edwin Madrid on revisions of his poems. The following year, again supported by CEN, Alexis again returned to work with two additional young poets, Siomara España and Ana Minga. Translations of the poetry of the collection’s youngest contributor, Carolina Patiño, who had committed suicide the year before, were carefully revised with her fellow poet and founder of Buseta de paper, Augusto Rodríguez. Then the entire text was given a final revision by the two of us in Plattsburgh.
Both of us are dedicated to making the rich diversity of Ecuadorian poetry better known to English language readers. We are intending to follow this volume with other collections focusing mainly on younger contemporary poets. We hope that this book is but a first step towards a growing literary and cultural collaboration between our two countries.
Fernando Iturburu
Alexis Levitin
Guayaquil, Ecuador
Plattsburgh, New York
Spring, 2009
viernes, 13 de mayo de 2011
Artistas ecuatorianos: entre el oportunismo y la dignidad
El apoyo de un gobierno y de un Estado hacia sus artistas nunca está de más. Pero la dependencia y compromiso que eso conlleva para que los segundos sean reproductores de la ideología de los primeros son elementos que siempre emergen y se debaten en esa coyuntura. Ocurrió en la ex-Unión Soviética, en las cortes de reyes españoles, en los romanos que escribieron miles de páginas criticando o alabando las bondades del Imperio y también lo hicieron los grandes autores griegos. Ahora, de manera más cercana y polémica lo hacen también Chávez y, en menor medida, Correa.
De lo que he leído del venezolano, a pesar de su imagen de populachero, malcriado y espontáneo, se trata de un político muy hábil y una formación teórica que ya muchos gustarían tener. De lo escrito por Correa, puedo dar fe como lector que escribe muy bien: es claro, didáctico e interesante. No hace falta estar a favor para decirlo así, tan sólo haber leído sus textos y aceptar la idea de que una cosa es la discrepancia política y otra la ceguera radical que muchas veces ocupa las páginas de los diarios de oposición.
Con motivo de la Feria del Libro en Bogotá muchos artistas excluídos salieron al ataque contra Correa, olvidándose de que ellos mismos, en su momento, aunque ocultos bajo la intervención indirecta o de terceros, se beneficiaron de invitaciones que ensayan algunos líderes. Esto evidencia, una vez más, debilidad ideológica e inconsistencia profesional y personal de quienes ayer agredecían y hoy atacan, pero también ponen de manifiesto que esta forma de actuar/ser es parte de la vida misma del medio artístico e intelectual de Ecuador.
De las personas invitadas por el gobierno de Correa para ir a Bogotá conozco sólo a Maritza Cino, y me parece muy bien que se la haya invitado porque la considero una muy buena poeta. Siempre habrá muchos excluídos y descontento, como ocurre cuando se edita una antología. De la auto-promoción que le endilgan a Raúl Vallejo y al mismo presidente, sólo anoto lo siguiente:
1- A pesar de que no creo que la obra de Raúl Vallejo merezca atención (lo mismo que sus vaivenes políticos) no me parece justo que lo critiquen por ocupar un puesto diplomático sin serlo y que, de paso, lo aproveche para autopromocionarse. No porque esté de acuerdo con ello sino porque es la modalidad de muchos escritores y artistas, serranos en su mayoría, que lo vienen haciendo desde que esa agencia de viajes llamada Cancillería existe: lo hicieron de la manera más descarada Jorge Carrera Andrade y Aguilera Malta, por nombrar a dos que me vienen a la memoria (un poco más de tiempo y la lista se ampliaría notablemente). Y DE ELLOS NADIE NUNCA HA DICHO NADA. Lo hiceron también de manera desfachatada la ex-Ministra de Cultura (María Fernanda Espinoza) pero nadie dijo nada en su momento, y lo hace igual la actual Ministra, aunque a ésta la critican un poco. ¿Debemos criticar también al gran Antonio Preciado por ser embajador en Nicaragua?
2- No veo nada de malo tener a un presidente que también sea escritor y que haga el (re)lanzamiento de su obra en una ciudad culturalmente importante como Bogotá, sobre todo por la buena imagen que representa para el país y porque, al igual que el presidente Santos de Colombia, se trata de un autor que sabe de lo que escribe y no tiene necesidad de pegarse a ninguna coyuntura para sacar réditos personales en el campo artístico, comoe, cambio, ocurre con muchos "periodistas" que no lo son.
De toda la comidilla armada con motivo de los artistas ecuatorianos excluídos e incluídos por el gobierno de la Feria de Libros en Bogotá, me queda el amargo sabor de la inconsistencia de muchos de ellos, resentidos porque ahora no los invitan pero callados cuando lo hicieron. Y me molesta también que, de la manera más obvia y barata, seleccionen anécdotas y argumentos para atacar a sus enemigos, pero no para hacer una crítica más global y justa del proceso y mundo intelectual que viven y del cual son culpables. Me molesta la selectividad a la hora de hablar mal de otros. Gramsci siempre insistió en la auto-crítica. En Ecuador, sin embargo, no existe ni en la izquierda ni el la derecha. Todo es un simple fuego cruzado en el cual caen tirios y troyanos sin mayor razón. Es a esta circunstancia que llamo vivir entre el oportunismo y la dignidad.
De lo que he leído del venezolano, a pesar de su imagen de populachero, malcriado y espontáneo, se trata de un político muy hábil y una formación teórica que ya muchos gustarían tener. De lo escrito por Correa, puedo dar fe como lector que escribe muy bien: es claro, didáctico e interesante. No hace falta estar a favor para decirlo así, tan sólo haber leído sus textos y aceptar la idea de que una cosa es la discrepancia política y otra la ceguera radical que muchas veces ocupa las páginas de los diarios de oposición.
Con motivo de la Feria del Libro en Bogotá muchos artistas excluídos salieron al ataque contra Correa, olvidándose de que ellos mismos, en su momento, aunque ocultos bajo la intervención indirecta o de terceros, se beneficiaron de invitaciones que ensayan algunos líderes. Esto evidencia, una vez más, debilidad ideológica e inconsistencia profesional y personal de quienes ayer agredecían y hoy atacan, pero también ponen de manifiesto que esta forma de actuar/ser es parte de la vida misma del medio artístico e intelectual de Ecuador.
De las personas invitadas por el gobierno de Correa para ir a Bogotá conozco sólo a Maritza Cino, y me parece muy bien que se la haya invitado porque la considero una muy buena poeta. Siempre habrá muchos excluídos y descontento, como ocurre cuando se edita una antología. De la auto-promoción que le endilgan a Raúl Vallejo y al mismo presidente, sólo anoto lo siguiente:
1- A pesar de que no creo que la obra de Raúl Vallejo merezca atención (lo mismo que sus vaivenes políticos) no me parece justo que lo critiquen por ocupar un puesto diplomático sin serlo y que, de paso, lo aproveche para autopromocionarse. No porque esté de acuerdo con ello sino porque es la modalidad de muchos escritores y artistas, serranos en su mayoría, que lo vienen haciendo desde que esa agencia de viajes llamada Cancillería existe: lo hicieron de la manera más descarada Jorge Carrera Andrade y Aguilera Malta, por nombrar a dos que me vienen a la memoria (un poco más de tiempo y la lista se ampliaría notablemente). Y DE ELLOS NADIE NUNCA HA DICHO NADA. Lo hiceron también de manera desfachatada la ex-Ministra de Cultura (María Fernanda Espinoza) pero nadie dijo nada en su momento, y lo hace igual la actual Ministra, aunque a ésta la critican un poco. ¿Debemos criticar también al gran Antonio Preciado por ser embajador en Nicaragua?
2- No veo nada de malo tener a un presidente que también sea escritor y que haga el (re)lanzamiento de su obra en una ciudad culturalmente importante como Bogotá, sobre todo por la buena imagen que representa para el país y porque, al igual que el presidente Santos de Colombia, se trata de un autor que sabe de lo que escribe y no tiene necesidad de pegarse a ninguna coyuntura para sacar réditos personales en el campo artístico, comoe, cambio, ocurre con muchos "periodistas" que no lo son.
De toda la comidilla armada con motivo de los artistas ecuatorianos excluídos e incluídos por el gobierno de la Feria de Libros en Bogotá, me queda el amargo sabor de la inconsistencia de muchos de ellos, resentidos porque ahora no los invitan pero callados cuando lo hicieron. Y me molesta también que, de la manera más obvia y barata, seleccionen anécdotas y argumentos para atacar a sus enemigos, pero no para hacer una crítica más global y justa del proceso y mundo intelectual que viven y del cual son culpables. Me molesta la selectividad a la hora de hablar mal de otros. Gramsci siempre insistió en la auto-crítica. En Ecuador, sin embargo, no existe ni en la izquierda ni el la derecha. Todo es un simple fuego cruzado en el cual caen tirios y troyanos sin mayor razón. Es a esta circunstancia que llamo vivir entre el oportunismo y la dignidad.
viernes, 6 de mayo de 2011
Mis estudiantes a finales de semestre
Están molidos, debo decir de entrada. El semestre los está dejando exhaustos y con cierto nerviosismo por el fin de año (para muchos de sus estudios de Licenciatura), las tareas de última hora y los exámenes finales.
En mis clases de español (nivel 2do semestre), reducidas notablemente por los cortes presupuestarios que han puesto a más de un colega fuera de trabajo, quizá esos síntomas se sientan con mayor claridad, pues es muy difícil aprender una segunda lengua asistiendo sólo a tres horas de clase por semana y enfrentarse a un mundo cultural y gramaticalmente diferente del que ellos viven a diario.
Otro nivel de participación, discusión y formulación de problemas, en cambio, se experimentó en mi clase (en inglés ya) de introducción a la literatura latinoamericana y española, en la cual me tomé la libertad de incluir a pintores (Velásquez, Goya, dalí y Picasso), cineastas (Almodóvar, sobre todo) y músicos (Paco Ibañez y los cancioncillas de Góngora, por ejemplo, o los Ketama y Manzanita cantando poemas de Lorca), teniendo siempre los cuentos de Borges como marco de reflexión. Aunque los estudiantes de este pequeño grupo salen de la sección de español, era considerable el descanso que experimentaban al leer traducciones en su lengua materna (el inglés), no obstante lidiar con un material mucho más sofisticado.
Mi cuarta clase, también en inglés, fue una introducción a estudios latinoamericanos (basada sobre todo en historia), desafiante para todos pero igualmente reconfortante. Vi cómo mis estudiantes desde una base cero (a excepción de uno que pertenecía a niveles superiores) fueron adquiriendo una información sólida que los llevó a tareas, exposiciones orales, exámenes y debates individuales sobre Améeirca Latina. Y vi también, para gusto personal, cómo elaboraban de manera muy elaborada algunos problemas y construían respuestas para temas complejos. No deja de sorprenderme que hayan, en general, sido atraídos por tres conclusiones: 1- que en América Latina "las élites" (las clases dominantes, decimos en español) hayan acaparado todo el poder y negado el acceso a la riqueza al resto de la sociedad; 2- que los Estados Unidos hayan tenido siempre una participación radicalmente opuesta a la percepción de gran benefactor que ellos tenían de su propio país; y 3) que resulte casi imposible encontrar una salida a los tantos problemas que tiene América Latina, sobre todo luego de la Independencia y sus varias ''revoluciones''. En los tres casos, se trata para ellos de "novedades" que los han marcado por lo tremendo de las verdades que encierran. Para ser un curso introductorio, los resultados han estado mucho más allá de mis onjetivos trazados.
El fin de semestre se cierra con una ceremonia pública de entrega de premios. Estaré allí para hacerlo con tres activos participantes de mis clases, quienes marcaron la diferencia entre ser un buen y estudiante sobresaliente. Es la cosecha de su esfuerzo, tiempo invertido y consistencia. Lo que ocurrirá con ellos ya pertenece al futuro. Ojalá los desafíos que enfrenten sean menores que los que amenazan hoy por hoy a la sociedad estadounidense, que tiene tanto bueno que ofrecer (y ofrece) y tanto malo que enmendar (sobre todo en los años previos a la asunción del mando de mi presidente, el gran Barack Obama), dentro y fuera de sus fronteras.
En mis clases de español (nivel 2do semestre), reducidas notablemente por los cortes presupuestarios que han puesto a más de un colega fuera de trabajo, quizá esos síntomas se sientan con mayor claridad, pues es muy difícil aprender una segunda lengua asistiendo sólo a tres horas de clase por semana y enfrentarse a un mundo cultural y gramaticalmente diferente del que ellos viven a diario.
Otro nivel de participación, discusión y formulación de problemas, en cambio, se experimentó en mi clase (en inglés ya) de introducción a la literatura latinoamericana y española, en la cual me tomé la libertad de incluir a pintores (Velásquez, Goya, dalí y Picasso), cineastas (Almodóvar, sobre todo) y músicos (Paco Ibañez y los cancioncillas de Góngora, por ejemplo, o los Ketama y Manzanita cantando poemas de Lorca), teniendo siempre los cuentos de Borges como marco de reflexión. Aunque los estudiantes de este pequeño grupo salen de la sección de español, era considerable el descanso que experimentaban al leer traducciones en su lengua materna (el inglés), no obstante lidiar con un material mucho más sofisticado.
Mi cuarta clase, también en inglés, fue una introducción a estudios latinoamericanos (basada sobre todo en historia), desafiante para todos pero igualmente reconfortante. Vi cómo mis estudiantes desde una base cero (a excepción de uno que pertenecía a niveles superiores) fueron adquiriendo una información sólida que los llevó a tareas, exposiciones orales, exámenes y debates individuales sobre Améeirca Latina. Y vi también, para gusto personal, cómo elaboraban de manera muy elaborada algunos problemas y construían respuestas para temas complejos. No deja de sorprenderme que hayan, en general, sido atraídos por tres conclusiones: 1- que en América Latina "las élites" (las clases dominantes, decimos en español) hayan acaparado todo el poder y negado el acceso a la riqueza al resto de la sociedad; 2- que los Estados Unidos hayan tenido siempre una participación radicalmente opuesta a la percepción de gran benefactor que ellos tenían de su propio país; y 3) que resulte casi imposible encontrar una salida a los tantos problemas que tiene América Latina, sobre todo luego de la Independencia y sus varias ''revoluciones''. En los tres casos, se trata para ellos de "novedades" que los han marcado por lo tremendo de las verdades que encierran. Para ser un curso introductorio, los resultados han estado mucho más allá de mis onjetivos trazados.
El fin de semestre se cierra con una ceremonia pública de entrega de premios. Estaré allí para hacerlo con tres activos participantes de mis clases, quienes marcaron la diferencia entre ser un buen y estudiante sobresaliente. Es la cosecha de su esfuerzo, tiempo invertido y consistencia. Lo que ocurrirá con ellos ya pertenece al futuro. Ojalá los desafíos que enfrenten sean menores que los que amenazan hoy por hoy a la sociedad estadounidense, que tiene tanto bueno que ofrecer (y ofrece) y tanto malo que enmendar (sobre todo en los años previos a la asunción del mando de mi presidente, el gran Barack Obama), dentro y fuera de sus fronteras.
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