miércoles, 18 de febrero de 2015
viernes, 13 de febrero de 2015
miércoles, 4 de febrero de 2015
Historia subjetiva de la miseria en Cuba
En estas últimas semanas he leído mucho de Pedro Juan Gutiérrez, el escritor cubano.
Mi primer encuentro con su literatura fue en Arizona, hace mucho ya. Me prestaron la "Trilogía sucia de la Habana". La leí prontamente y con fastidio me quedé con la certeza de que era una copia, adaptación tropical, de Henry Miller, el maestro de la literatura porno-existencial. Recuerdo que aparecía mucho la palabra: asere (pana, yunta, man, bróder, panelia, ñero). Y es es todo lo que recuerdo.

Hace un par de años, en una de mis visitas de verano a Guayaquil, sin entusiasmo me llevé prestados dos libros de Gutiérrez. Los leí y tuve una impresión similar: un mundo que estaba a la mano y de la mano de Henry Miller llegaba al mismo cubano y a los lectores que lo veneran. Pero reconocí, al final, algo de coherencia del protagonista: por su escepticismo renunció a todo espejismo y se fue a vivir con una mujer amada, en un bohío. Pero mi entusiasmo no cambió la percepción de Arizona. (Dice mi maiztra Asuncion Lavrin que es dificil ser original en un país donde no existe libertad. Se refiere a Cuba y ella conoce muy bien el asunto. Imposible discutirle).
En mis lecturas recientes me he topado con un escritor que se repite a sí mismo, una y otra vez (lo cual ya hizo Miller). Y, en ese estilo que forja en su adapción tropical, aparece el tiempo histórico revisado, criticado y amargo hasta la locura en los 50 años de revolución. El mensaje es obvio: Cuba es una isla de zombies, de gente muerta de hambre que sólo tiene sexo, tabaco y ron como únicas agarraderas de vida. Ni siquiera huir le interesa. La putería zumba, la homosexualidad está a la vuelta de la esquina y el militarismo se junta con la corruptela. Un país sin esperanza.

Por otro lado, tratando de hacer justicia y contra-balancear mi primera impresión, me parece que la obra de Gutiérrez está bien escrita. Esta construída a base de frases cortas, lenguaje coloquial, acciones que se amontonan a punta de diálogos chispeantes, combinados con alguna referencia literaria, humor político negro y ligero, y tres obsesiones: sexo, ron y tabaco. Todo escrito el primera persona, en una interminable y circular autobiografía y crónica de una sociedad, un país que se cae a pedazos desde el mismo día en que llegó Fidel al poder. Todos los libros van resultando testimonios de un voyerista, un caminante y viajero urbano o rural que se debate entre erecciones y autopromoción del tamaño de su pene a través de la masturbación, la penetración o la contemplación. Tal es el mundo de Henry Miller en el Paris de la entre-guerras y tal es el mundo de la Habana desde los años sesentas.
En mis lecturas a destiempos de Gutiérrez varias ideas me han venido a la cabeza: 1- copiar su estilo, cosa aparentemente fácil; 2- hacer una lista de cómo hacerlo; también asunto aparentemente fácil (de hecho, ya hay por ahí algunos despistados que juegan a ser "sucios", a lo Pedro Juan) porque creen que del dicho al hecho no hay mucho trecho... 3- tratar de responder la pregunta: ¿Por qué no se han rebelado los cubanos ante tanta miseria? que es la única pregunta que se me ocurre con sentido cuando el "realismo sucio" tiene asidero en un país latinoamericano; 4- escribir un ensayo sobre los dilemas de una figura masculina que vive enamorada de su propio pene; o sobre cómo son descritas las mujeres; o sobre el papel que juega la música en la poética de Gutiérrez...
Otra idea que se me cruzó fue, y con el ánimo de desofender al autor cubano; reconocer que la brevedad, el mensaje directo, el humor y el dato mordaz con pinceladas poéticas, existen en la gran literatura de Cuba (y a pesar de Fidel) antes de que la fiebre henrymilleriana fuera puesta nuevamente en boga por Gutiérrez. Así lo demuestran Guillermo Cabrera Infante (en su "Habana para un Infante difunto"), Virgilio Piñera (en "La carne de René") y el deslumbrante Reynaldo Arenas (desde "Antes que anochezca" hasta "El color del verano"). No es justo entonces, creer que todo es influencia de Miller en Gutiérrez.
Pero esos ya son temas de vago.... Seguiré llenando esta páginas mientras siga leyendo.

Mi primer encuentro con su literatura fue en Arizona, hace mucho ya. Me prestaron la "Trilogía sucia de la Habana". La leí prontamente y con fastidio me quedé con la certeza de que era una copia, adaptación tropical, de Henry Miller, el maestro de la literatura porno-existencial. Recuerdo que aparecía mucho la palabra: asere (pana, yunta, man, bróder, panelia, ñero). Y es es todo lo que recuerdo.
Hace un par de años, en una de mis visitas de verano a Guayaquil, sin entusiasmo me llevé prestados dos libros de Gutiérrez. Los leí y tuve una impresión similar: un mundo que estaba a la mano y de la mano de Henry Miller llegaba al mismo cubano y a los lectores que lo veneran. Pero reconocí, al final, algo de coherencia del protagonista: por su escepticismo renunció a todo espejismo y se fue a vivir con una mujer amada, en un bohío. Pero mi entusiasmo no cambió la percepción de Arizona. (Dice mi maiztra Asuncion Lavrin que es dificil ser original en un país donde no existe libertad. Se refiere a Cuba y ella conoce muy bien el asunto. Imposible discutirle).
En mis lecturas recientes me he topado con un escritor que se repite a sí mismo, una y otra vez (lo cual ya hizo Miller). Y, en ese estilo que forja en su adapción tropical, aparece el tiempo histórico revisado, criticado y amargo hasta la locura en los 50 años de revolución. El mensaje es obvio: Cuba es una isla de zombies, de gente muerta de hambre que sólo tiene sexo, tabaco y ron como únicas agarraderas de vida. Ni siquiera huir le interesa. La putería zumba, la homosexualidad está a la vuelta de la esquina y el militarismo se junta con la corruptela. Un país sin esperanza.
Por otro lado, tratando de hacer justicia y contra-balancear mi primera impresión, me parece que la obra de Gutiérrez está bien escrita. Esta construída a base de frases cortas, lenguaje coloquial, acciones que se amontonan a punta de diálogos chispeantes, combinados con alguna referencia literaria, humor político negro y ligero, y tres obsesiones: sexo, ron y tabaco. Todo escrito el primera persona, en una interminable y circular autobiografía y crónica de una sociedad, un país que se cae a pedazos desde el mismo día en que llegó Fidel al poder. Todos los libros van resultando testimonios de un voyerista, un caminante y viajero urbano o rural que se debate entre erecciones y autopromoción del tamaño de su pene a través de la masturbación, la penetración o la contemplación. Tal es el mundo de Henry Miller en el Paris de la entre-guerras y tal es el mundo de la Habana desde los años sesentas.
En mis lecturas a destiempos de Gutiérrez varias ideas me han venido a la cabeza: 1- copiar su estilo, cosa aparentemente fácil; 2- hacer una lista de cómo hacerlo; también asunto aparentemente fácil (de hecho, ya hay por ahí algunos despistados que juegan a ser "sucios", a lo Pedro Juan) porque creen que del dicho al hecho no hay mucho trecho... 3- tratar de responder la pregunta: ¿Por qué no se han rebelado los cubanos ante tanta miseria? que es la única pregunta que se me ocurre con sentido cuando el "realismo sucio" tiene asidero en un país latinoamericano; 4- escribir un ensayo sobre los dilemas de una figura masculina que vive enamorada de su propio pene; o sobre cómo son descritas las mujeres; o sobre el papel que juega la música en la poética de Gutiérrez...
Otra idea que se me cruzó fue, y con el ánimo de desofender al autor cubano; reconocer que la brevedad, el mensaje directo, el humor y el dato mordaz con pinceladas poéticas, existen en la gran literatura de Cuba (y a pesar de Fidel) antes de que la fiebre henrymilleriana fuera puesta nuevamente en boga por Gutiérrez. Así lo demuestran Guillermo Cabrera Infante (en su "Habana para un Infante difunto"), Virgilio Piñera (en "La carne de René") y el deslumbrante Reynaldo Arenas (desde "Antes que anochezca" hasta "El color del verano"). No es justo entonces, creer que todo es influencia de Miller en Gutiérrez.
Pero esos ya son temas de vago.... Seguiré llenando esta páginas mientras siga leyendo.
miércoles, 28 de enero de 2015
Un hermoso soneto de Nicolás Guillén con música de Amaury Pérez
¿Por qué noche decir, si es mediodía?
Si arde mi piel, ¿por qué la tuya es fría?
si digo vida yo, ¿por qué tú muerte?
Ay, ¿por qué este tenerte sin tenerte?
Este llanto ¿por qué, no la alegría?
¿Por qué de mi camino te desvía
quien me vence tal vez sin ser más fuerte?
Silencio. Nadie a mi dolor responde.
Tus labios callan y tu voz se esconde.
¿A quién decir lo que mi pecho siente?
A ti, François Villón, poeta triste,
lejana sombra que también supiste
lo que es morir de sed junto a la fuente.
viernes, 16 de enero de 2015
Mi experiencia con el Proyecto Prometeo (o Joseph K frente al castillo)
El Proyecto Prometeo del gobierno de Ecuador busca captar profesionales con Ph.D. o Maestrías que trabajen en el extranjero para que ayuden a mejorar la calidad de la educación. Es un muy buen esfuerzo... en teoría. Pero, en lo personal: ¿Por qué dejaría mi cátedra titular en EEUU para ir a Ecuador a ganar menos trabajando cuatro veces más? ¿Por qué cambiaría la excelente educación pública de mis hijas en EEUU por la de escuelas caras y/o de dudosa calidad en Guayaquil? Dos fuertes razones determinaron que tratara de participar en este Proyecto hace ocho meses: 1-Me gusta aceptar un desafío si puedo ayudar a mejorar la educación. 2- Mi esposa no se siente cómoda en Plattsburgh, New York: no le gusta el frío, extraña e idealiza Ecuador y su actual gobierno, quiere estar entre sus amigas, en su linda casa del sur. Lo que escribo a continuación es la crónica de un fracaso frente a la burocracia con la que tuve que lidiar. Mis objetivos son ayudar a que los interesados no repitan mis errores y esquiven las taras administrativas del sistema implantado.
En Mayo del 2014 llené el formulario en línea para inscribirme en el Proyecto Prometeo. Luego de tres meses fui contactado para "aclarar" detalles que, en realidad, ya estaban en el formulario pero no fueron leídos por los encargados. Fines de Julio, tres meses solo para eso.

En Septiembre del 2014 me escribieron desde Yachay. Hablé con un coodinador y el rector, ambos muy educados, cálidos y directos en su propuesta para que trabajara desde Octubre. Esto me sorprendió gratamente. Sin embargo, tuve que dejar pasar la oportunidad. Habría sido irresponsable abandonar mi trabajo repentinamente. Les agradecí y manifesté que estaría encantado de hacerlo el año siguiente, de ser comunicado con la debida anticipación. (En EEUU, generalmente, se hace una propuesta de trabajo en firme muchos meses antes de empezar las clases). Me gusta la gente profesional que hace bien su trabajo. Lamentablemente, semanas después se inició otro proceso que fue sufrir el infierno de trámites interminables: a fines de Septiembre del 2014, los encargados del Proyecto Prometeo, por su cuenta, decidieron ubicarme en la Universidad Estatal de Guayaquil (UG).
En esta crónica usaré letras, en vez de nombres, para no auspiciar una cacería administrativa (esa es tarea de la policía o el mismo gobierno, si es que les interesa mejorar el personal de servicio) o servir a los que se oponen irracionalmente a la actual administración.
La persona de Prometeo que me escribió fue Y, diciéndome que debía ponerme en contacto con X, quien me guiaría en este proceso. X era "la parte técnica" encargada de que los documentos estuvieran tal como lo querían los que tomaban decisiones en Quito (una "parte técnica" que, como se verá, jamás hizo bien su trabajo). De entrada, X me envió un formulario con errores que luego tuvo que corregir; y semanas después otro. Me puso en contacto con XX, un docente de una carrera diferente a la mía para que trabajaramos juntos la Propuesta que se debía enviar al Proyecto (a través de Y). Luego de varios días de mensajes que tanto X como yo le enviamos a XX, nos dimos cuenta de que nunca nos contestaría. En Octubre, X me puso en contacto con XXX, otro docente que tampoco era de mi área. Este, al igual que XX, tampoco contestó nuestros mensajes. Los días pasaban. Al final, nombraron a Z para producir la Propuesta de trabajo. Por suerte, yo conocía a Z y sabía que la información fluiría entre ambos.
Z me contó que estaba fuera de lo administrativo pero que me ayudaría. Z tuvo que bregar para encontrar a X disponible. X debía explicarle a Z lo que debía hacer, pues Z era "el contacto académico". Z asistió a charlas y cursillos en donde iluminaban a los asistentes en la oculta ciencia de la formulogía. Cuando Z tuvo la información cumplió su labor con eficacia y paciencia. Listo todo, lo enviamos a X quien, a su vez, lo enviaba a Y. A pesar de que lo hacíamos con Z, y luego X lo "revisaba", los de"arriba" devolvían lo enviado porque tal cosa estaba mal. A veces, el mismo X nos decía poner algo y luego que no, que había estado bien. Incluyo las varias veces en que los formularios enviados no fueron aceptados por las computadoras de mi universidad, protegidas por el sistema de potenciales virus; y las varias veces en que no pudieron ser "guardados" e hicieron que se cayera el sistema. Así se fueron Octubre y parte de Noviembre.
Completar los dos documentos, incluyendo consultas, borradores, revisiones y resultado final, no toma más de diez horas.... si es que dan instrucciones claras y detalladas de antemano y una sola persona tiene el conocimiento y poder para definir las cosas. Pero en este caso ocurrió justamente lo contrario. Anoto abajo una breve descripción de los dos formularios.
El Cronograma es un documento de una página en Excel que debe contener números de clases, semestre, años y porcentajes de actividades, todo lo cual debe obviamente completar un 100% de tiempo trabajado. La Propuesta es un documento de cinco páginas en PDF de contenidos de clases, actividades administrativas y académicas. ¿Cuál es el problema entonces? Los intermediarios, "filtros" y "Comités" de Prometeo nunca dicen qué quieren encontrar con precisión. (Este es otro mal del mundo académico ecuatoriano: la falta de previsión y especificidad). Algunas categorías y ventanillas del PDF son de contenido obvio (por ejemplo: datos personales), otras ambiguas por la ausencia de instrucciones; o sea, se puede poner lo que uno crea conveniente pero nunca acertar.
La Propuesta fue el problema mayor del proceso y, a su vez, el símbolo del burocratismo prometeico porque hay que llenarlo jugando a la adivinanza. Z y yo nunca supimos, hasta hoy, exactamente lo que "los fitros" esperaban encontrar. Hacer perder el tiempo a los ciudadanos es la razón de ser, la justificación principal de los burócratas. Lo supieron Kafka y Kundera. (Cualquiera que haya leído "El Proceso" o "El Castillo", la misma "En la Colonia Penitenciaria" o "La insoportable levedad del ser" sabe a qué me refiero). ¿Mala fe de los funcionarios? No creo. ¿Sentirse importantes por el poder de decidir sobre otros? A lo mejor, es parte de su estilo de vida. ¿Centralismo? Es la regla en Ecuador. Pero, como diría el mismo Correa hablando de los pelucones: "Es normal para ellos. Así son, así crecieron. No son personas malas. Posiblemente ni siquiera se dan cuenta del daño que hacen". A pesar de que Z y yo hicimos todo el trabajo siempre, la Propuesta aparecía firmada por X.
En uno de nuestros tantos cruces de documentos, de repente, apareció un nuevo "filtro". Recibimos a través de Y reparos a la Propuesta de la mano de Y2. Ya no éramos el triángulo de siempre (X,Z y yo), tampoco el cuadrado de a veces (Y, X, Z y yo). Ahora, desde los márgenes, en ventanillas amarillas, aparecía la voz de Y2 que nos decía aquí está mal, a empezar de nuevo. Esto, obviamente, ya nos tenía cansados y creó molestias. Ni yo ni Z teníamos tiempo para perderlo pues no vivimos de la tramitología ni del reunionismo. No es nuestro trabajo. No nos pagan por eso. A veces, X se desaparecía durante varios días y era otro tiempo perdido. Una vez le escribí a Y sobre el asunto y medio le tiraron de las orejas. Pero, sabiduría burocrática ante todo, sotto voce X me pidió que no le informara a Y de lo que hacía sin primero comunicárselo. Entiendo, repliqué, pero Y me pidió que lo hiciera. X replicó que, de hacerlo así, Y podría mandar al traste la Propuesta para siempre. Sí, tales fueron, a grandes rasgos, las idas y venidas de esas semanas de Octubre a Diciembre. Veamos otros detalles que provocan risa de lo absurdo.

Recordemos nuevamente que Z me está haciéndo un favor y no puedo pedir caridad con escopeta. Pasamos días produciendo, puliendo, aclarando y definiendo la Propuesta, armando la bibliografía, los cursos, elaborando ideas para el cambio de la malla curricular o la Certificación de la UG. En medio de esto, ocurrían cosas extrañas. Por ejemplo, una vez recibí de X, quizá por error, una lista de más de cien nombres de ingenieros, con sus números de cédulas ¿Para qué? Ni idea. Cuando le pregunté no hubo respuesta. Otra vez, supongo por error también, Y me envió una lista de unos cuarenta Prometeos a quienes les pedía que apresuraran sus Propuestas porque se acercaba la fecha tope. Noté que algunos tenían más de tres meses de atraso, lo cual me dio tranquilidad porque supe no era el único que no podía entrar al castillo kafkiano. Eso incluyó varias veces el mandato de Y de cambiar todo y aplicarlo a un nuevo formulario, siempre un día antes de la fecha límite (borra y va de nuevo por enésima vez). Un día Y me informó que yo no era un Prometeo sino un Ateneo (categoría creada por ellos días antes), es decir, era un docente no-investigador (aunque, en la Propuesta, Y2 me exigió que incluyera una investigación). Por ser ahora Ateneo tenía que cambiar nuevamente el formulario. Ahí me dije a mis adentros: "Prometeos: mejor ateneos".
En Noviembre del 2014, en mi universidad (SUNY-Plattsburgh) me pidieron que definiera el asunto, pues de quedarme tendría que asumir la Dirección del Departamento o, en caso de irme, ellos contratar mi reemplazo y buscar un nuevo Director. Me dieron hasta el 15 de Enero del 2015 para hacerlo (recuerden, esto empezó en Mayo del 2014), y así se lo comuniqué a Y quien, inmediatemente, se desentendió del problema diciendo que no podía darme fechas, que había filtros, que esto y lo otro y que a lo mejor yo no obtendría nada (recuerden que ellos fueron los que me pusieron en la UG). O sea, Y no tenía el "sentido de urgencia" que Correa tanto reclama a los burócratas. Mi deseo de hacer lo posible para que mi esposa viviera un año en Guayaquil estaba en pié, pero nunca dependió de mí. Prometeos: no prometais si no está en vuestras manos cumplir, mejor ateneos.
Para principios de Diciembre estaba ya fundido y harto de todo esto. Mi paciencia se terminó y también mis deseos de servicio o trabajo en circunstancias adversas. Pero gracias a un esfuerzo grande de Z (había una circunstancia personal muy dura con la que tuvo que bregar) hicimos el último envío el 11 de Diciembre, con la esperanza de que lo revisaran el 15 de Diciembre y tener una respuesta en firme antes de mediados de Enero del 2015. Luego del envío no volví a saber nada de Y ni de X, ni de los filtros, ni los Comités, tampoco de Y2. Llegó el fin de año y le dije felíz navidad y próspero año a Z.
El 8 de Enero del 2015, solo para cerrar oficialmente el proceso, le pregunté a Y sobre el estatus de la Propuesta. Luego de varios mensajes admitió que ni siquiera la había enviado ni discutido, pues, ¿qué creen? estaba "pasando por filtros de corrección" y que a lo mejor se la discutiría a fines de Enero, o sea después del límite dado por Plattsburgh. Ese "a lo mejor" que Y anunció no era el momento final del proceso sino, a lo más, el paso a otros "filtros" y "Comités de revisión". Es decir, la cosa podía seguir quién sabe hasta cuándo. No son malos funcionarios, simplemente trabajan así, es el estilo made in Quito-Ecuador, debería decir Correa.
A todo esto: ¿Qué hizo X, como "parte técnica" y responsable de que la Propuesta llegara a los filtros ya corregida? Simplemente nada. X nunca hizo su trabajo. Su presencia fue innecesaria porque su labor fue de simple intermediario. De hecho, una vez descubrí que había enviado una versión con varias fallas ortográficas, las mismas que Y2 tampoco había revisado en la devolución. O sea, la versión "final", cada vez que pasó por X, era mandaba con nuevos errores que ni Z ni yo descubrimos a tiempo.
Hoy es 16 de Enero y se ha vencido el plazo dado por Plattsburgh. No sé nada más del Proyecto Prometeo y ya no importa. Lo único bueno es que he terminado estos largos e inútiles meses de tiempo perdido, todo por ser coherente con mi palabra como esposo.
Pero, como se dice en la calle: las cosas ocurren por algo. De pronto, es mejor quedarse aquí en vez de ir a Guayaquil a tener que lidiar con X,Y, Y2, los filtros, el "Comité" y el otro "Comité", aunque solo sería una cyber-molestia porque los reyes de la tramitología y el reunionismo son de o viven en Quito, aunque resuelvan los destinos de la Universidad de Guayaquil. Como siempre hay alguien que me dirá que no hice todo lo que podía haber hecho, informo que contacté a ZR, una persona en la UG que estaba en posición de ver qué mismo ocurría con mi situación. ZR me dijo que me contestaría a la semana siguiente pero nunca lo hizo. Nunca fui buen diplomático ni amarrador, está claro. No volví a buscar la "influencia" de ZR.
Ahora mi esposa está frustrada con lo ocurrido, un poco molesta, pero no conmigo (dice ella). Sigue creyendo en Correa y la Revolución Ciudadana, piensa que en Ecuador todo es lindo y mejor que acá. El calor, que en Guayaquil nadie soporta, ella lo ve como bendición, comparado con el frío de aquí. Por el contrario, para mí, a estas alturas de mi vida y con dos niñas que criar, lo único que cuenta es tener trabajo para pagar las facturas. Pienso en los meses perdidos y me doy cuenta de que a pesar de no ser el típico militante de derecha, ni empresario ni del MPD, a pesar de que no ser de la Conaie ni de los partidos políticos de oposición, no tengo un lugar en el Ecuador de La Revolución Ciudadana. Tampoco estoy afiliado a Alianza País, no he tenido cargo ni trabajo directo o indirecto por/con ellos y mi posición personal ha sido crítica o de apoyo, según, Tengo un lugar en EEUU, mi país adoptivo, pero no en Ecuador. A lo mejor más que antes, muchos, todos tienen nuevas oportunidades, pero yo no: el centralismo nunca me favoreció, tampoco la derecha. Siempre hay un precio que pagar en la vida y, en mi caso, este es uno de ellos. Asumo que, hasta que me jubile, mi residencia seguirá en Plattsburgh, NY. Aquí nacieron mis hijas y aquí son felices a su manera.
Espero que este largo recuento sirva para que otros puedan sortear el burocratismo que me tocó vivir en el Proyecto Prometeo. Como siempre, en todas partes hay gente valiosa y pragmática (como Z en Guayaquil y los de Yachay, que me trataron tan bien), pero también hay gente lamentable, como X, o Y con su auto-exclusión de problemas que ellos crean. Ambos son prescindibles en este trámite. Los llamados "filtros", "Comités", o personas como Y2, viven jugando a la adivinanza y corrigiendo una cosa y otra no sin decir de antemano qué mismo es lo que quieren. Propician lo que se llama: PERDER EL TIEMPO. El peligro de fondo es que gente así decide los rumbos de la educación en Ecuador, una burocracia mal preparada y entrampada en superficialidades. ¿Por qué no dan instrucciones específicas desde el principio? Porque no las tienen o no saben el ABC de la metodología más elemental. Como ocurre en la obra de Kafka, personas así tienen el poder de decisión sobre otros sin ninguna justificación ética. Juegan con un fuego que no conocen, y no es el fuego de Prometeo, tampoco la sabiduría de Atenea.
Por lo demás, me toca ahora ser el nuevo Director del Departamento de Culturas y Lenguas Modernas en SUNY-Plattsburgh. En mis funciones, espero no lidiar nuevamente con futuros X o Y, o Y2 para no convertirme en "un monstruoso insecto", como ocurrió con Gregorio Samsa (otra vez Kafka en "La Metamorfosis"). Después de todo, la incompetencia burocrática y la evasión de responsabilidades son problemas universales, aunque la culpa de los errores siempre cae solo sobre el ciudadano.
atte: Joseph K
En Mayo del 2014 llené el formulario en línea para inscribirme en el Proyecto Prometeo. Luego de tres meses fui contactado para "aclarar" detalles que, en realidad, ya estaban en el formulario pero no fueron leídos por los encargados. Fines de Julio, tres meses solo para eso.
En Septiembre del 2014 me escribieron desde Yachay. Hablé con un coodinador y el rector, ambos muy educados, cálidos y directos en su propuesta para que trabajara desde Octubre. Esto me sorprendió gratamente. Sin embargo, tuve que dejar pasar la oportunidad. Habría sido irresponsable abandonar mi trabajo repentinamente. Les agradecí y manifesté que estaría encantado de hacerlo el año siguiente, de ser comunicado con la debida anticipación. (En EEUU, generalmente, se hace una propuesta de trabajo en firme muchos meses antes de empezar las clases). Me gusta la gente profesional que hace bien su trabajo. Lamentablemente, semanas después se inició otro proceso que fue sufrir el infierno de trámites interminables: a fines de Septiembre del 2014, los encargados del Proyecto Prometeo, por su cuenta, decidieron ubicarme en la Universidad Estatal de Guayaquil (UG).
En esta crónica usaré letras, en vez de nombres, para no auspiciar una cacería administrativa (esa es tarea de la policía o el mismo gobierno, si es que les interesa mejorar el personal de servicio) o servir a los que se oponen irracionalmente a la actual administración.
La persona de Prometeo que me escribió fue Y, diciéndome que debía ponerme en contacto con X, quien me guiaría en este proceso. X era "la parte técnica" encargada de que los documentos estuvieran tal como lo querían los que tomaban decisiones en Quito (una "parte técnica" que, como se verá, jamás hizo bien su trabajo). De entrada, X me envió un formulario con errores que luego tuvo que corregir; y semanas después otro. Me puso en contacto con XX, un docente de una carrera diferente a la mía para que trabajaramos juntos la Propuesta que se debía enviar al Proyecto (a través de Y). Luego de varios días de mensajes que tanto X como yo le enviamos a XX, nos dimos cuenta de que nunca nos contestaría. En Octubre, X me puso en contacto con XXX, otro docente que tampoco era de mi área. Este, al igual que XX, tampoco contestó nuestros mensajes. Los días pasaban. Al final, nombraron a Z para producir la Propuesta de trabajo. Por suerte, yo conocía a Z y sabía que la información fluiría entre ambos.
Z me contó que estaba fuera de lo administrativo pero que me ayudaría. Z tuvo que bregar para encontrar a X disponible. X debía explicarle a Z lo que debía hacer, pues Z era "el contacto académico". Z asistió a charlas y cursillos en donde iluminaban a los asistentes en la oculta ciencia de la formulogía. Cuando Z tuvo la información cumplió su labor con eficacia y paciencia. Listo todo, lo enviamos a X quien, a su vez, lo enviaba a Y. A pesar de que lo hacíamos con Z, y luego X lo "revisaba", los de"arriba" devolvían lo enviado porque tal cosa estaba mal. A veces, el mismo X nos decía poner algo y luego que no, que había estado bien. Incluyo las varias veces en que los formularios enviados no fueron aceptados por las computadoras de mi universidad, protegidas por el sistema de potenciales virus; y las varias veces en que no pudieron ser "guardados" e hicieron que se cayera el sistema. Así se fueron Octubre y parte de Noviembre.
Completar los dos documentos, incluyendo consultas, borradores, revisiones y resultado final, no toma más de diez horas.... si es que dan instrucciones claras y detalladas de antemano y una sola persona tiene el conocimiento y poder para definir las cosas. Pero en este caso ocurrió justamente lo contrario. Anoto abajo una breve descripción de los dos formularios.
El Cronograma es un documento de una página en Excel que debe contener números de clases, semestre, años y porcentajes de actividades, todo lo cual debe obviamente completar un 100% de tiempo trabajado. La Propuesta es un documento de cinco páginas en PDF de contenidos de clases, actividades administrativas y académicas. ¿Cuál es el problema entonces? Los intermediarios, "filtros" y "Comités" de Prometeo nunca dicen qué quieren encontrar con precisión. (Este es otro mal del mundo académico ecuatoriano: la falta de previsión y especificidad). Algunas categorías y ventanillas del PDF son de contenido obvio (por ejemplo: datos personales), otras ambiguas por la ausencia de instrucciones; o sea, se puede poner lo que uno crea conveniente pero nunca acertar.
La Propuesta fue el problema mayor del proceso y, a su vez, el símbolo del burocratismo prometeico porque hay que llenarlo jugando a la adivinanza. Z y yo nunca supimos, hasta hoy, exactamente lo que "los fitros" esperaban encontrar. Hacer perder el tiempo a los ciudadanos es la razón de ser, la justificación principal de los burócratas. Lo supieron Kafka y Kundera. (Cualquiera que haya leído "El Proceso" o "El Castillo", la misma "En la Colonia Penitenciaria" o "La insoportable levedad del ser" sabe a qué me refiero). ¿Mala fe de los funcionarios? No creo. ¿Sentirse importantes por el poder de decidir sobre otros? A lo mejor, es parte de su estilo de vida. ¿Centralismo? Es la regla en Ecuador. Pero, como diría el mismo Correa hablando de los pelucones: "Es normal para ellos. Así son, así crecieron. No son personas malas. Posiblemente ni siquiera se dan cuenta del daño que hacen". A pesar de que Z y yo hicimos todo el trabajo siempre, la Propuesta aparecía firmada por X.
En uno de nuestros tantos cruces de documentos, de repente, apareció un nuevo "filtro". Recibimos a través de Y reparos a la Propuesta de la mano de Y2. Ya no éramos el triángulo de siempre (X,Z y yo), tampoco el cuadrado de a veces (Y, X, Z y yo). Ahora, desde los márgenes, en ventanillas amarillas, aparecía la voz de Y2 que nos decía aquí está mal, a empezar de nuevo. Esto, obviamente, ya nos tenía cansados y creó molestias. Ni yo ni Z teníamos tiempo para perderlo pues no vivimos de la tramitología ni del reunionismo. No es nuestro trabajo. No nos pagan por eso. A veces, X se desaparecía durante varios días y era otro tiempo perdido. Una vez le escribí a Y sobre el asunto y medio le tiraron de las orejas. Pero, sabiduría burocrática ante todo, sotto voce X me pidió que no le informara a Y de lo que hacía sin primero comunicárselo. Entiendo, repliqué, pero Y me pidió que lo hiciera. X replicó que, de hacerlo así, Y podría mandar al traste la Propuesta para siempre. Sí, tales fueron, a grandes rasgos, las idas y venidas de esas semanas de Octubre a Diciembre. Veamos otros detalles que provocan risa de lo absurdo.

Recordemos nuevamente que Z me está haciéndo un favor y no puedo pedir caridad con escopeta. Pasamos días produciendo, puliendo, aclarando y definiendo la Propuesta, armando la bibliografía, los cursos, elaborando ideas para el cambio de la malla curricular o la Certificación de la UG. En medio de esto, ocurrían cosas extrañas. Por ejemplo, una vez recibí de X, quizá por error, una lista de más de cien nombres de ingenieros, con sus números de cédulas ¿Para qué? Ni idea. Cuando le pregunté no hubo respuesta. Otra vez, supongo por error también, Y me envió una lista de unos cuarenta Prometeos a quienes les pedía que apresuraran sus Propuestas porque se acercaba la fecha tope. Noté que algunos tenían más de tres meses de atraso, lo cual me dio tranquilidad porque supe no era el único que no podía entrar al castillo kafkiano. Eso incluyó varias veces el mandato de Y de cambiar todo y aplicarlo a un nuevo formulario, siempre un día antes de la fecha límite (borra y va de nuevo por enésima vez). Un día Y me informó que yo no era un Prometeo sino un Ateneo (categoría creada por ellos días antes), es decir, era un docente no-investigador (aunque, en la Propuesta, Y2 me exigió que incluyera una investigación). Por ser ahora Ateneo tenía que cambiar nuevamente el formulario. Ahí me dije a mis adentros: "Prometeos: mejor ateneos".
En Noviembre del 2014, en mi universidad (SUNY-Plattsburgh) me pidieron que definiera el asunto, pues de quedarme tendría que asumir la Dirección del Departamento o, en caso de irme, ellos contratar mi reemplazo y buscar un nuevo Director. Me dieron hasta el 15 de Enero del 2015 para hacerlo (recuerden, esto empezó en Mayo del 2014), y así se lo comuniqué a Y quien, inmediatemente, se desentendió del problema diciendo que no podía darme fechas, que había filtros, que esto y lo otro y que a lo mejor yo no obtendría nada (recuerden que ellos fueron los que me pusieron en la UG). O sea, Y no tenía el "sentido de urgencia" que Correa tanto reclama a los burócratas. Mi deseo de hacer lo posible para que mi esposa viviera un año en Guayaquil estaba en pié, pero nunca dependió de mí. Prometeos: no prometais si no está en vuestras manos cumplir, mejor ateneos.
Para principios de Diciembre estaba ya fundido y harto de todo esto. Mi paciencia se terminó y también mis deseos de servicio o trabajo en circunstancias adversas. Pero gracias a un esfuerzo grande de Z (había una circunstancia personal muy dura con la que tuvo que bregar) hicimos el último envío el 11 de Diciembre, con la esperanza de que lo revisaran el 15 de Diciembre y tener una respuesta en firme antes de mediados de Enero del 2015. Luego del envío no volví a saber nada de Y ni de X, ni de los filtros, ni los Comités, tampoco de Y2. Llegó el fin de año y le dije felíz navidad y próspero año a Z.
El 8 de Enero del 2015, solo para cerrar oficialmente el proceso, le pregunté a Y sobre el estatus de la Propuesta. Luego de varios mensajes admitió que ni siquiera la había enviado ni discutido, pues, ¿qué creen? estaba "pasando por filtros de corrección" y que a lo mejor se la discutiría a fines de Enero, o sea después del límite dado por Plattsburgh. Ese "a lo mejor" que Y anunció no era el momento final del proceso sino, a lo más, el paso a otros "filtros" y "Comités de revisión". Es decir, la cosa podía seguir quién sabe hasta cuándo. No son malos funcionarios, simplemente trabajan así, es el estilo made in Quito-Ecuador, debería decir Correa.
A todo esto: ¿Qué hizo X, como "parte técnica" y responsable de que la Propuesta llegara a los filtros ya corregida? Simplemente nada. X nunca hizo su trabajo. Su presencia fue innecesaria porque su labor fue de simple intermediario. De hecho, una vez descubrí que había enviado una versión con varias fallas ortográficas, las mismas que Y2 tampoco había revisado en la devolución. O sea, la versión "final", cada vez que pasó por X, era mandaba con nuevos errores que ni Z ni yo descubrimos a tiempo.
Hoy es 16 de Enero y se ha vencido el plazo dado por Plattsburgh. No sé nada más del Proyecto Prometeo y ya no importa. Lo único bueno es que he terminado estos largos e inútiles meses de tiempo perdido, todo por ser coherente con mi palabra como esposo.
Pero, como se dice en la calle: las cosas ocurren por algo. De pronto, es mejor quedarse aquí en vez de ir a Guayaquil a tener que lidiar con X,Y, Y2, los filtros, el "Comité" y el otro "Comité", aunque solo sería una cyber-molestia porque los reyes de la tramitología y el reunionismo son de o viven en Quito, aunque resuelvan los destinos de la Universidad de Guayaquil. Como siempre hay alguien que me dirá que no hice todo lo que podía haber hecho, informo que contacté a ZR, una persona en la UG que estaba en posición de ver qué mismo ocurría con mi situación. ZR me dijo que me contestaría a la semana siguiente pero nunca lo hizo. Nunca fui buen diplomático ni amarrador, está claro. No volví a buscar la "influencia" de ZR.
Ahora mi esposa está frustrada con lo ocurrido, un poco molesta, pero no conmigo (dice ella). Sigue creyendo en Correa y la Revolución Ciudadana, piensa que en Ecuador todo es lindo y mejor que acá. El calor, que en Guayaquil nadie soporta, ella lo ve como bendición, comparado con el frío de aquí. Por el contrario, para mí, a estas alturas de mi vida y con dos niñas que criar, lo único que cuenta es tener trabajo para pagar las facturas. Pienso en los meses perdidos y me doy cuenta de que a pesar de no ser el típico militante de derecha, ni empresario ni del MPD, a pesar de que no ser de la Conaie ni de los partidos políticos de oposición, no tengo un lugar en el Ecuador de La Revolución Ciudadana. Tampoco estoy afiliado a Alianza País, no he tenido cargo ni trabajo directo o indirecto por/con ellos y mi posición personal ha sido crítica o de apoyo, según, Tengo un lugar en EEUU, mi país adoptivo, pero no en Ecuador. A lo mejor más que antes, muchos, todos tienen nuevas oportunidades, pero yo no: el centralismo nunca me favoreció, tampoco la derecha. Siempre hay un precio que pagar en la vida y, en mi caso, este es uno de ellos. Asumo que, hasta que me jubile, mi residencia seguirá en Plattsburgh, NY. Aquí nacieron mis hijas y aquí son felices a su manera.
Espero que este largo recuento sirva para que otros puedan sortear el burocratismo que me tocó vivir en el Proyecto Prometeo. Como siempre, en todas partes hay gente valiosa y pragmática (como Z en Guayaquil y los de Yachay, que me trataron tan bien), pero también hay gente lamentable, como X, o Y con su auto-exclusión de problemas que ellos crean. Ambos son prescindibles en este trámite. Los llamados "filtros", "Comités", o personas como Y2, viven jugando a la adivinanza y corrigiendo una cosa y otra no sin decir de antemano qué mismo es lo que quieren. Propician lo que se llama: PERDER EL TIEMPO. El peligro de fondo es que gente así decide los rumbos de la educación en Ecuador, una burocracia mal preparada y entrampada en superficialidades. ¿Por qué no dan instrucciones específicas desde el principio? Porque no las tienen o no saben el ABC de la metodología más elemental. Como ocurre en la obra de Kafka, personas así tienen el poder de decisión sobre otros sin ninguna justificación ética. Juegan con un fuego que no conocen, y no es el fuego de Prometeo, tampoco la sabiduría de Atenea.
Por lo demás, me toca ahora ser el nuevo Director del Departamento de Culturas y Lenguas Modernas en SUNY-Plattsburgh. En mis funciones, espero no lidiar nuevamente con futuros X o Y, o Y2 para no convertirme en "un monstruoso insecto", como ocurrió con Gregorio Samsa (otra vez Kafka en "La Metamorfosis"). Después de todo, la incompetencia burocrática y la evasión de responsabilidades son problemas universales, aunque la culpa de los errores siempre cae solo sobre el ciudadano.
atte: Joseph K
lunes, 5 de enero de 2015
Los Ensayos de Montaigne y el marxismo de Terry Eagleton
La edad y el tiempo siguen siendo benignos conmigo y mantienen vivo mi interés por la lectura: he terminado, luego de varios años de ir de tranco en tranco, el Volumen II de los Ensayos de Montaigne, en la antigua edición de Garnier Hermanos (quiero pensar que el Volumen I, en la edición original francesa de Garnier, descansa en mi biblioteca en Guayaquil). La apretada y menuda letra en tan reducido espacio nunca fue atractiva pero siempre secundaria comparada con la pluma del gran autor. El resultado es constatación, asombro, interrogación personal y, de alguna manera, recordatorio.
Constato el tremendo peso del clasicismo greco-latino en la obra de los renacentistas: todo es citas y reflexión sobre lo escrito por Homero, Séneca, Tucídedes y Tácito. Todo es ellos ya lo dijeron y yo, acaso, lo amplifico de manera innovadora (Teoría de la preponderante Imitatio), si el destino lo resuelve de esa manera. Constato que Montaigne conocía al dedillo a esos autores y cotejaba sus enseñanzas con la vida diaria del siglo que le tocó. Es en ese diálogo entre su presente y la herencia de siglos que se fragua, construye y estructura la identidad del "hombre de letras", abierto a la diversidad y buscando siempre, afanosamente, llegar a nuevo puerto. Los Ensayos abrazan todo tema y se muestran como guías de vida, lecciones a seguir o a tomar en cuenta. Y, como dije al principio, a mi edad eso se vuelve mucho más importante que hace treinta años, época en la que tomé en serio la lectura de los clásicos.
El asombro como lector ocurre a diferentes niveles: me abruma tanta sabiduría y facilidad de palabra de Montaigne, su flexibilidad bibliográfica y puesta en escena del conocimiento almacenado. Me asombra que aborde de manera enciclopédica tantos temas y resuelva incógnitas y reflexione meta-teóricamente sobre cómo se originan las preguntas en un texto. En realidad, la abundancia de detalles crea, en determinados momentos, un vértigo intelectual que encuentra sosiego solo cuando cambia de tema o se detiene ex profeso para armar una transición.
Los Ensayos interrogan a cualquier lector de manera doble: directamente, la actualidad de sus temas resulta avasalladora (de alguna manera, seguimos siendo hijos de la Modernidad que inauguró su tiempo); indirectamente, la profundidad de sus reflexiones genera un proceso de aceptación para el procesamiento del material intelectual. Sin embargo, es justo decirlo, sus interrogantes van más allá de lo personal y lo privado y llegan a la discusión social propiamente, no sólo la de su tiempo o la que ocurrió dos o tres siglos más tarde, sino la de hoy, la de estos nuevos días del año 2015.
Leer los Ensayos de Montaigne es un recordatorio de "la insoportable levedad del ser": cuando aparece la llamada de la vida y de la muerte y el francés se interroga sobre el sentido de ambas, de cómo debemos vivir la vida y prepararnos para la muerte. Esto no debería ser mayor dilema si mi lectura (o relectura) no ocurriese ahora, hoy, en estos días, porque a partir de cierta edad se empieza a reflexionar no en el futuro, ni en el pasado, sino en el límite del camino y en el final del viaje. Y a este respecto, sólo incluyo una doble coincidencia: mi lectura de un libro de Taleb (sobre el cual ya escribí algo) y su confesión de que Séneca lo acompaña a todas partes; y el hecho de que en mi oficina los libros de Séneca ya fueron subrayados por un joven ambicioso de conocimiento hace más de treinta años. Así, es como si las coincidencias dejaran de ser tales y todo fuera agarrando forma, sentido, coherencia.
El primer libro que leí este año fue Why Marx Was Right, de Terry Eagleton. Para asombro de muchos, el autor deja su tono sobrio y árido (predominante en su The Ideology of Aesthetics, que empecé hace pocas horas) para captar lectores que se decepcionaron del marxismo o se quieren iniciar en dicha teoría, y ubica su lectura como parte de un esfuerzo idealista -acaso también oportunista, revisionista- aunque intelectualmente honesto. Eagleton debate diez estereotipos endilgados por la derecha, los capitalistas y los ultraizquierdistas (entre otros grupos) a Marx y, a partir de referencias bibliográficas, hechos, circunstancias y anécdotas, nos muestra un marxismo vivo, cercano, disciplinado pero también flexible en sus bases epistémicas que se muestran dispuestas al cambio y a la reinterpretación (algo que vienen haciendo los teólogos del cristianismo desde que éste existe y la teoría civil conoce como Hermenéutica. No rechacemos entonces ese esfuerzo de Eagleton). Pero, ya que escribiendo sobre el renacentista francés di paso a una perspectiva más personal y subjetiva, es legítimo preguntarme: ¿Qué tiene que ver Eagleton con Montaigne salvo el capricho de mi elección como lector?
Mi profesión demanda un mínimo de lecturas actualizadas en el campo de trabajo, es cierto. Pero en ese cumplimiento de tarea trato de relacionar un aspecto con otro: personalmente, Eagleton revisa un cuerpo establecido y asumido de diferentes maneras por millones de personas, muchas de ellas ahora padeciendo de un deprimente desencanto político, mientras que Montaigne hace exactamente lo mismo pero desde el camino opuesto: ambos atacan el tema central pero desde tradiciones opuestas: lo de Eagleton es desde Marx, lo de Montaigne desde muchos autores.
Sin embargo, en ambos se nota un profundo y respetable amor por lo que escriben, un respeto al lector (lo que se llama: solidaridad) porque el autor es, a fin de cuentas, el mismo lector y viceversa. Los dos escritores se ven enfrentados a una distorsión que, de seguir así, entrañará viejos y nuevos peligros, y, por lo tanto, hay que corregir de manera inmediata.
Irónicamente, para hacerlo, Eagleton integra, aunque tardíamente, el concepto del "cuerpo" (muy a la moda desde Barthes y Foucault) y la idea de Dios (un Dios que jamás fue atacado o negado por Marx cuanto la fuerza opresiva de las religiones, "el opio del pueblo", en una sociedad en la cual éstas eran básicamente refuncionalizadas por los poderes de explotación al pobre). Ambos conceptos, en un marxista confeso, llaman la atención pero se explican en los nuevos vientos que se respiran en el mundo.
Montaigne, en cambio, conectado con el poder real (de realeza) y lo más elevado de las autoridades intelectuales de su tiempo, lo hace desde un reposicionamiento de sí mismo no como "autoridad" sino como distribuidor, intermediario, repartidor de ideas, como un ser limítrofe entre el lector de sus años y el pasado remoto que activaba de manera apasionada en sus páginas.
Así, en esta doble lectura singular, tanto Eagleton como Montaigne me devuelven al intercambio informativo y a plantearme nuevamente la idea de que es hora de volver a leer mis libros de Séneca y Tucídedes, tal como lo hice hace más de treinta años. Tal como lo hace Taleb, pues siempre sentimos que nos va llegando la hora de recoger los bártulos.
martes, 23 de diciembre de 2014
Ring Lardner: ideas para escribir nuevos cuentos
La calefacción hace un ruidito medio extraño. Hay mucha nieve aún aunque cae un poco de agua. Las diablas se quedaron jugando en casa con una amiga. No me han llamado. Querían deslizarse en la nieve desde una lomita. Pero no me han llamado. Mejor. Mucho peligro. Debajo de la nieve está el hielo y una caída te rompe un hueso o la cabeza. Suena el teléfono. Es la García Moreno. Que le compre algo a la amiguita, que le trajo un regalo a la diabla mayor y hay que ser recíprocos. Veremos, le dije. Me llamas si se te ocurre algo. Está bien, contestó resignada.
Terminé el libro de Ring Lardner. Magistral. Es un periodista deportivo que escribía excelentes cuentos, la mayoría muy cortos. Argumentos novedosos pero más me lleva su estilo: suelto, sin pelos en la lengua, con música y humor. Es al final una cuestión de gustos, admito. Pero me aburre la literatura seria tanto como los escritores (en realidad, me aburren más los escritores), me causan bostezo sus puerilidades y su mundo. Y cuando agarran el micrófono, pore favore (dijo Bonafont) no paran de hablar güevadas. Qué manera. Y cuando ganan premios, es peor todavía. Por eso siempre preferí leer a los periodistas deportivos y de crónica roja que los del periódico cultural.
Creo que el teléfono no va sonar por un buen rato. Detrás de mí está el libro de Piketty, Capital in the Twenty First Century. Ahí lo veo parqueado en la biblioteca, con el rabito del ojo nomás. No te entusiasmes Piketty que ya te di brisa. A estas alturas, todo el mundo lo comenta pero dudo que lo hayan leído completo. En estos días de vacaciones agarré el impulso para terminarlo. Gran libro, pero se corre el peligro de que una mano salga con un garrote de las páginas y te deje soñado. Hay que tener mucha valentía y fuerza para terminarlo. ¿Y qué dice? Nada nuevo: que estamos en la damier. Lo diferente es que tiene prueba en mano: el 1% de la humanidad se lleva el 70% de la riqueza del mundo. Usa declaraciones de impuestos y propiedades de Francia, Inglaterra y Estados Unidos. Algo dice de Asia pero cuando llega a América Latina se topa con la graciosa sorpresa de que no hay información. El pobre, recién se entera de que allá nadie paga impuestos, y si los pagan es como que les arrancaran las extremidades. Luego de unas páginas, y en un caballeroso y muy francés tono acepta que más o menos la gente hace lo que le da la regalada gana por esos rumbos. Y cuando encuentra información de Colombia y México, simplemente desconfía, huele que algo flota sobre el wáter. Los esquemas, figuritas y fórmulas abundan grafican la condición económica actual para la mayoría mundial: estuvimos, estamos y estaremos en la mierda por algunos cientos de años más, a no ser que todo el mundo pague sus impuestos, que estos sean más altos para los que más tienen y que haya una central mundial que concentre la información para que nadie saque ese dinero de un lado para esconderlo en algún huequito del mundo. Ajá. Esperemos sentados. ¿Chao Piketty? No todavía.
Mientras devoraba el libraco de Piketty terminaba otro: Tales of Two Cities. Más o menos lo usé, ya en las páginas finales, para comprobar lo que Piketty dice: que el robo es planificado y que en la tan famosa Revolución Francesa hubo cambios sociales, políticos y filosóficos, pero que el dinero, el tuco, el guayabo y la guanábana se quedaron en las mismas manos de antes. Por ahí alguna ratita guillotina en mano logró su tajadita pero el resto nanay. Piketty es un genio. Cuando leía, en el libro de Dickens, las alegres ceremonias de separación de la cabeza del resto del cuerpo, gracias a la afilada cuchilla que se venía en picada, empecé a imaginarme las escenas como la historia misma. Y terminé deprimido. A mi auxilio vino otro libro, esta vez una novela detectivesca del londinense Mark Billingham (In the Dark). Pero entre toda la vivacidad de los diálogos de los pandilleros asesinos y de los policías, en medio de la descripción de lugares, veía desde Piketty las calles del Londres que caminé hace como treinta años. Fue un día radiante que no describiré. Me preguntaba ¿para qué vivir si al final la miseria será la misma? Ya no importa la respuesta: con las diablas no me puedo dar ese lujo. Hasta ahí llega el existencialismo y la tristeza de ser pobre.
Leyendo a Lardner vienen ideas nuevas y caminos de desarrollo porque toda lectura buena estimula la creatividad. Y estoy seguro de que cualquier persona, por más ignorante, poco educada y hasta medio bestia que sea (que hay muchos de esos) puede terminar escribiendo un gran cuento, a lo Lardner. Sólo es de sentarse, escribir, ordenar las ideas, corregir, volver a darle, pulir la vaina. Pero eso no es serio, dirán algunos. Eso es plagio. Para nada, les digo. Hay que ir solamente a la calle, encontrar los hechos y escribirlos de manera personal, captar el tufito que hace que los lectores digan: así escribe tal persona (cosa que, en la actualidad, solamente se le puede reconocer al conde Martillo). Hay un payaso longuito que escribe en El Perverso, se hace el cómico los domingos y a la peluconería le gusta porque ridiculiza al mashi (es decir, a Correa, del que dicen anda prendido del poder como garrapata en oreja de vaca). Bueno, este longuito de a risa no tiene estilo, sólo imita lo que se imagina la gente habla en la calle… Como ven, la imitación verdadera es un arte. El plagio es otra cosa. Por ejemplo: plagio es lo que escriben los poetas “malditos” (que el mismo conde Martillo califica de “malitos). Esos agarran un libro famoso y le dan vuelta, se inventan una contra-respuesta, se pegan sus malabares y pajareos verbales y ya: listo el cadáver y agarra lo que puedas.
Con Lardner es diferente: hay buen humor, tragedia, música, realidad literaria (esa hermosa invención de la ficción), hasta unas obritas de teatro y crónicas se hacen posibles leyendo a Lardner. Llegados a este punto, confieso que es mucha mi envidia y falta de tiempo por escribir como Lardner. Así que mejor escribo unas ideas al apuro, a ver si alguien las recoge, antes de que suene el teléfono para que compre algo que las diablas quieren:
1- Escribir cuentos de personajes secundarios del deporte, la música o la crónica roja, pero desde su punto de vista: el masajista, el médico, el guardián del gimnasio, el que riega la cancha y le pone la cal a las rayas, el que limpia el camerino, el que reproduce cds, el que los vende, el que viaja a una feria de pueblo a vender sus cachivaches… Cualquiera de ellos convertido en voz narrativa o personaje porque tiene una posición privilegiada: tiene acceso a información que otros no, y desde ahí se puede ver la miseria humana. No hay que abrir libros ni cuentas bancarias. Estas ideas salen de “Caddy”, un cuento de Lardner.
2- Escribir cuentos de personajes callejeros relacionados con la autoridad pero puestos en una situación extraordinaria: Una historia de un Dj que pone música en una salsoteca en la cual pasa lo bueno y lo malo (te recuerdo querido Camareta del Cabo), conoce amores infieles y sabe quién y cuándo llegan a transar operaciones ilegales (el barman también puede ser usado como personaje, el guardián de carros, el vendedor ambulante). Recuerdo a organizador de ligas barriales, de partidos en canchas polvorientas. Era un viejo y gordo ya mayor, de bigotito. Tenía un amate que lo mató y hasta ahí llegó el cuento. Hay muchas historias así pero nadie las ha escrito con dignidad, a lo más burlándose de las debilidades humanas. Estas ideas salen directo de “Haircut” y de “There are Smiles” de Lardner.
3- Escribir cuentos de pelucones (pero hay que ser pelucón de verdad o tener acceso a la peluconería para hacerlo). Describirlos en su complejidad y sin resentimientos sociales, que un cuento de amargura personal del autor es siempre una porquería literaria. Cuentos de pelucones y de peluconas. Si lo hace una mujer periodista de crónica roja o deportiva, mucho mejor: entre ladies se conocen mejor los truquitos, no importa la clase social. Hay millares de historia pero son tabú en el medio. De joven me contaron varios casos de peluconcitas que practicaban el libertinaje sexual pero, antes de casarse, se hacían coser el clítoris para pretender ser vírgenes al llegar matrimonio, lo cual en sí es de admirar (la presión del machismo es muy fuerte y hay tantos cerebros masculinos talla small que aún se preocupan de esa pendejada). Cualquiera que sea parte de ese grupo, lea a Lerdner y tenga la verraquera de escribir sobre la trágica ruindad de su propia clase social, venderá más libros que Jaime Bayly, lo cual es un mérito a todas luces (leer a este peruano nunca está de más).
La calefacción nunca dejó de hacer ese ruidito medio extraño. Sigue cayendo agua pero creo que mañana nevará otra vez. Nunca se sabe. La García Moreno no me ha llamado. Ya está oscureciendo. A ver si a las diablas no se les ocurre ahora querer deslizarse en esa lomita que, como dije, se pueden romper el mate.
Y bueno, por ahí andaría la cosa deportiva y de crónica roja si leen a Lardner y se dejan influir por él de manera actualizada, aplicando su experiencia escritural y su estilo hasta que hallen el suyo propio. O a lo mejor también se aventuran por el lado musical (la literatura ecuatoriana, salvo poquísimas excepciones, no tiene música, aunque el pueblo siempre canta y baila). Lardner también lo hizo. Anoto su “Night and Day”, una deliciosa crónica basada en un juego de palabras sobre la letra de la canción de Cole Porter Despido el año con un abrazo a todos y una de las versiones de Sinatra:
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